Capítulo 3º.- Sombra

La lluvia caía sin pausa, embarrando el camino que seguían bajo los árboles; como habían acordado, ambos grupos avanzaban separados pero en paralelo, uno más adelantado que el otro. Nanoha, que iba en vanguardia, comprobaba cada varios minutos la dirección que seguían, resultaría fácil perderse en aquel bosque de naves sombrías y densas, donde distinguir el norte del sur resultaba algo casi imposible sin el equipo adecuado. Por precaución, todos habían activado sus dispositivos y vestían las barriers jackets; se movían en parejas, siempre atentos a los sonidos y movimientos a su alrededor. Llevaban horas caminando, finalmente habían decidido no volar, la espesura de los árboles, sus ramas bajas lo volvían peligroso y más lento aún que andar; nadie se quejaba ni sugería hacer un alto, encontrar a Light era su máxima prioridad, ayudar a los compañeros abatidos cuanto antes su objetivo principal.

Fate-chan, ¿puedes oírme?

Pero Nanoha no obtuvo respuesta alguna, sin embargo no se permitió llegar a conclusiones preocupantes, a dejarse arrastrar por el temor que comenzaba a sentir; que no contestará no significaba necesariamente algo malo, sino que aún estaban lejos para poder comunicarse de aquella manera. Debía ser optimista y mantener el pensamiento de que los encontrarían pronto.

—Conozco a la mayoría de los chicos de Light, no se rendirán fácilmente, seguro que ahora mismo vienen de camino a nosotros —comentó Navara, la morena soldado de primera clase, experta maga de combate en tierra, cuyo báculo era un tridente de puntas afiladas; sus ojos ambarinos se cruzaron un instante con los de Nanoha—. Y la fama de la Enforcer Testarossa es conocida en toda la flota. No te preocupes, teniente, estarán bien.

La joven sonrió en un claro intento de animar a Nanoha; la Instructora no creía que sus emociones se leyesen con tanta facilidad, estaba segura de que su cara no mostraba ningún tipo de expresión, salvo determinación, pero parecía que Navara había visto claramente lo que pasaba por su mente, la ansiedad que empezaba a atormentarla.

—Tienes razón —dijo, en parte para convencerse a sí misma, debía confiar en que Fate y los demás lo conseguirían.

—Puedo entender cómo te sientes —retomó la palabra Navara minutos después—, Lenko es uno de mis mejores amigos, no me lo perdonaría si le pasase algo y yo no pudiera estar allí para ayudarlo.

Navara miraba al frente ahora, como si no quisiera que Nanoha viera su expresión, aún con eso, su voz sonó animada, confiando en que todo saldría bien. Lenko, la pelirroja recordó a un joven de no más de veinte años, pelo oscuro y ojos claros, poco hablador y de ademanes serios, como ella, era un mago aéreo.

—Los encontraremos —dijo Nanoha con verdadera seguridad— y cuando volvamos a estar todos juntos, terminaremos esta misión y volveremos a la nave sanos y salvos.

—Sí señora —asintió la joven, sonriendo.

Los vieron mucho antes de que ellos se percataran si quiera de su cercanía; eran dos hombres, vestían las ropas verde oscuro de un uniforme desconocido, estaban sentados sobre unos troncos, como si se estuviesen tomando un descanso, junto a sus piernas, recostadas sobre los tocones descansaban sus extrañas armas, hablaban entre ellos, relajados, ajenos a los ojos que les acechaban.

Nanoha dio la orden de rodearlos, su grupo había sido el primero en verlos y, tras comunicárselo a Sikes, se desplegaron en torno a ellos, asegurándose de que estaban realmente solos. Tomadas las posiciones, les hizo esperar listos para entrar en acción, aunque si todo iba bien, no sería necesario. Dio la señal, Vassan y Mara, sus especialistas en magia de apoyo, apresaron a los dos enemigos con ligaduras mágicas; los hombres se levantaron exclamando una andanada de improperios, al tiempo que intentaban soltarse de sus ataduras.

—Es inútil, la fuerza bruta no os bastará para liberaros —les dijo Nanoha saliendo ante ellos, ambos pararon sus forcejeos, sus ojos brillaban llenos de odio.

—Magos —escupió uno de ellos, el que parecía más veterano, al ver salir al resto del escuadrón—. Ja, has visto, Liu, les hacen falta nueve de ellos para apresar a dos de nosotros por la espalda.

—¿Y qué se puede esperar de estos cobardes, Milter? —contestó el tal Liu, más joven, pero igual de mordaz y arrogante.

—Yo no soy mago, a ver si sabéis diferenciar, ratas —les soltó Gabriel—. Me pregunto si fuisteis vosotros quiénes nos dispararon hace un rato, porque si es así… —no terminó la frase, pero la amenaza estaba clara.

—No, amigo, no fuimos nosotros, pero fue un bonito espectáculo ver caer a esos estúpidos al suelo —rió Liu.

—Serás…

—¡Basta, sargento! —Nanoha detuvo al soldado por el hombro, obligándole a retroceder tras ella, no era el momento de perder la calma, aunque su mano apretaba con fuerza Raising Heart y su voz sonaba dura y cortante como el metal.

—Ah, así que esta muchachita está al mando —dijo irónico Milter—, eso explica la torpeza con la que habéis bajado a este planeta. Me pregunto si en la otra lanzadera iba también alguien tan joven y…

—Cállate —acero frío y cortante, ni siquiera le hizo falta levantar la voz para que el hombre dejase de hablar—. No eres tú ni tu amigo quienes hacen las preguntas, os reís de nosotros, pero sois vosotros los que estáis en una posición delicada. Con sólo ordenarlo, esas ligaduras pueden apretaros hasta partiros en dos.

Pudo ver cierto asombro en los ojos de su equipo, no le extrañaba, la mayoría de la gente que no la conocía demasiado, sólo veía su cara amable, sus sonrisas y su carácter agradable y abierto, sin embargo en su interior, profundamente enterrada, también podía encontrarse una naturaleza más oscura, aquella que salía cuando se encontraba frente a enemigos que de humanos sólo tenían el nombre, a criminales a quienes no importaban las vidas de los demás, que se reían de la muerte y la desgracia ajenas, que disfrutaban con ello. Entonces la Nanoha amable dejaba paso a esa otra persona, aquella por la que se había ganado el sobrenombre de Demonio Blanco.

En los ojos de sus dos enemigos el odio se tiñó de miedo y guardaron silencio, amedrentados por esa mirada azul cargada de hierro.

Nanoha se acercó a ellos y tomó una de las armas, era pesada, hecha de alguna clase de metal oscuro, tenía una pequeña mira y un largo cargador que sobresalía por debajo del gatillo. Había visto armas similares en otro lugar, a muchos mundos de distancia.

—¿Por qué armas de fuego? —preguntó a los dos hombres.

—Porque nos gustan —contestó Liu, atrevido, irónico. Nanoha decidió ignorar la pulla por el momento.

—Son armas prohibidas por la Administración, ¿de qué mundo sois?

—Je, de uno en el que vuestra preciada Administración no ha puesto sus garras —Liu pretendía ser mordaz, pero algo en su tono de voz, una leve vacilación restó fuerza a su intención. A Nanoha le sonó a resentimiento, aunque no entendía por qué.

—No pienses que te lo vamos a decir, maga —terció Milter—, no somos unos traidores.

Eso estaba claro, hasta ella, pese a su corta edad, podía verlo, no sólo eran soldados entrenados, eran leales para con su causa y su gente, jamás dirían nada por las buenas y puede que tampoco por las malas. Al menos, pensó, esa tarea no le competía a ella.

—Armas de fuego, nunca había visto una —comentó Navara cogiendo el otro subfusil, que manipuló con extremo cuidado.

—Puede que la próxima vez que lo veas, una de sus balas te esté atravesando de parte a parte —Liu volvió a su ataque verbal, mas esta vez uno de los magos aéreos, Nalo, le cruzó la cara de un golpe.

—Cierra tu mierda de boca —le espetó, veterano de muchas batallas, su paciencia parecía haber alcanzado su límite—. Lo siento, señora, pero no aguanto a bastardos como estos —se disculpó con Nanoha.

—Tranquilo, cabo, a mi también empieza a hartarme —dijo ella.

—Teniente, mire esto, parece un cargador, pero notó algo extraño en él —Yuan, otro de los magos aéreos, le tendió un cargador que había recogido de la bolsa de uno de los hombres.

Nanoha enseguida notó aquello a lo que se refería el soldado, era una pulsación fuerte, como si alguna clase de energía latiera dentro del cargador, no, se corrigió, provenía de las balas que lo llenaban.

—Este tipo de armas —decía Ethan, otro de los magos de tierra, a sus compañeros— existen en otros mundos donde la magia no se ha desarrollado, son temibles. Ha diferencia de un ataque mágico, que puedes manipular para que no hiera de gravedad o mate a tu oponente, éstas han sido diseñadas para herir y matar, para hacer todo el daño posible…

Nanoha sintió cómo un escalofrío recorría su espalda, "herir y matar", pero ¿qué daño puede hacer una bala a un mago protegido por sus defensas mágicas?, imposible que atravesarán una barrera o una barrier jacket, simplemente serían repelidas, sin embargo…

—Esquirlas —dijo volviéndose a los cautivos—, eso es lo que llevan estas balas, ¿no? Le habéis incrustado Esquirlas a vuestra munición.

—Ah, parece que la muchachita no es tan inútil —sonrió Milter—. Sí, no te lo niego porque es obvio que puedes sentirlas. ¿Sabes ya por qué están ahí? —su sonrisa se ensanchó en una desagradable mueca—. Me pregunto si tus amigos perdidos ya lo habrán descubierto, puede que si os dais prisa lleguéis a ver parte de la diversión.

Y entonces reparó en las radios a sus pies, un temor creciente se apoderaba de ella por momentos, pero debía permanecer fría, tranquila.

—¿Qué sabéis? —inquirió duramente.

—Mmm, no mucho, que algunos de nuestros compañeros han localizado a su presa —aquella maldita sonrisa no desaparecía de su rostro.

—Nos vamos —dijo a sus hombres—, Mara, Vassan y Gabriel quedaros con ellos y seguirnos a cierta distancia. Los demás, conmigo.

Asintieron a sus órdenes y se pusieron en marcha. La lluvia seguía cayendo, aunque ahora con menos fuerza. Las carcajadas de Milter se clavaron en su mente como estacas, hasta que alguno de los que quedaban atrás lo silenció de un golpe. No se volvió.

Vamos a ir lo más rápido posible, pero con precaución, no les serviremos de nada a Light si nos descubren antes de encontrarlos —dijo a su equipo—. Actuaremos según la situación que encontremos. Y una última cosa, no dejéis que esas balas os alcancen, es muy probable que atreviesen vuestras barriers jackets o cualquier barrera que alcéis. Y cuidado con intentar hacerlas detonar con magia, llevan Esquirlas en su interior, no sabemos cómo pueden reaccionar.

—¿Alguien quería las cosas fáciles? —bromeó Navara.

Volaban tan rápido como las ramas de los árboles se lo permitían, los magos aéreos llevando a los de tierra y aunque veloces, Nanoha no podía dejar de sentir que el tiempo corría en su contra, sin tan sólo pudiese salir a cielo abierto, pero era demasiado arriesgado, como le había dicho a su equipo, no podían delatarse antes de sorprender a su enemigo. Volvió a comprobar la dirección, iban por la ruta elegida, esperaba que fuese la acertada, que les llevase hasta Light, hasta Fate.

El terreno fue cambiando, las colinas comenzaron a juntarse, creando un desfiladero por el que discurría una estrecha corriente de agua, los árboles crecían más prietos ahora, aunque sobre la garganta el espacio estaba más despejado, lo que les permitió acelerar un poco más.

El sonido de los disparos les advirtió de la cercanía de su objetivo, frenaron su velocidad y descendieron al suelo; silenciosos, moviéndose de manera coordinada, avanzaron siguiendo las deflagraciones, las voces invocando hechizos también llegaron a sus oídos, Light estaba luchando. Pese a que sabía que lo primero que debía hacer era evaluar la situación para elaborar la mejor estrategia a seguir, su juicio se nubló cuando toda la escena se desplegó ante sus ojos; Light luchaba, sí, pero estaba perdiendo, varios de sus miembros yacían ya en el suelo, alcanzados por las balas cargadas con Esquirlas, sus defensas mágicas nada habían podido hacer. Y el resto del mundo pareció dejar de existir cuando la vio a ella; no podía saber si acababa de caer o no, si todavía respiraba o…, prefirió no pensarlo, tan sólo era consciente de la mancha escarlata que se extendía por su espalda.

—Fate-chan… —algo entre la rabia y el dolor ardió con fuerza en su interior y sin decir una sola palabra a sus hombres, ni una orden, actuó por su cuenta—. Raising Heart, ¡Accel Shoot!

Las balas mágicas salieron disparadas, buscando a sus objetivos, Nanoha las controlaba evitando que dieran a sus compañeros; algunos enemigos se percataron de su presencia y volvieron sus armas hacia ella, pero ni siquiera les prestó atención, lo único en lo que podía pensar era en detenerlos para poder correr hacia la única persona que en ese momento más le importaba. No fue suerte que su escuadrón la cubriera, lanzando ataques a distancia sobre el enemigo, ocultos aún entre los árboles, los componentes de Shadow estaban entrenados, alerta y cuando vieron claras las intenciones de su líder, pese a que no hubo orden de ningún tipo, se prepararon para entrar en acción.

Pillados por sorpresa cuando ya se creían vencedores, los soldados enemigos fueron abatidos con facilidad, algo a lo que contribuyó notablemente el ataque de Nanoha, que dejó a todos inconscientes. Alguno de sus hombres comenzó a atarlos con ligaduras mágicas, mientras los demás corrían a atender a sus compañeros caídos, ningún miembro de Light quedaba ya en pie.

Nanoha se arrodilló junto a Fate, las manos con que la volvió delicadamente boca arriba le temblaban, ni siquiera era consciente de que estaba conteniendo el aliento, hasta que exhaló un suspiro al comprobar que Fate todavía respiraba. La sangre manaba de dos terribles heridas, una en el hombro y otra en el costado derecho, Nanoha se quedó helada, demasiada sangre… era demasiada sangre…

—Please, help my sir —la voz de Baradiche, caído junto a la Enforcer, la devolvió a la realidad.

—¡Yuan! —llamó al médico de su equipo, que en ese momento estaba inclinado sobre otro de los magos, Lenko pensó, al ver a Navara junto a ellos. Por la desalentada expresión de ambos, el joven debía estar herido de gravedad.

"Maldita sea, todos los miembros de Light están heridos y sólo contamos con un médico…". Comenzaba a perder las pocas esperanzas que le quedaban, entonces una mano aferró la suya débilmente. Miró hacia abajo, era la mano de Fate, tenía los ojos entre abiertos, vidriados, pero parecía haberla reconocido.

—La… bala… ase… asegúrate de que ha… que ha salido… —dijo entre jadeos—. Tien… tienen Esquirlas… Si no han…

—Shsss, lo sé, trata de ahorrar fuerzas —apretó su mano y acarició sus cabellos, trató de mostrarse fuerte, segura—. Aguanta, Fate-chan, todo saldrá bien.

Buscó con la mirada a Yuan, pero el mago seguía afanándose sobre Lenko, el resto de su equipo atendía lo mejor que podía a los otros heridos, algunos estaban conscientes y parecían menos graves, tal vez las balas habían evitado sus puntos vitales. Fate tosió y un borbotón de sangre manchó sus labios, los ojos volvieron a cerrársele, su respiración empezó a debilitarse.

—Aguanta, no se te ocurra rendirte… —Quiso gritarle a Yuan que fuera hasta ellas, que se olvidará de Lenko y se ocupara de salvar a Fate, pero no pudo hacerlo, no podía sacrificar una vida a cambio de otra, por mucho que ésta significara para ella, y sabía que Fate nunca se lo perdonaría. Se mordió los labios, deseando tener algún conocimiento de sanación, haberle preguntado a Yûno alguna vez o pedido a Shamal que le enseñarán lo básico. Las lágrimas inundaron sus ojos, apenas podía contenerlas. Nunca se había sentido tan impotente y asustada como ahora, ni siquiera cuando su propia vida había estado en peligro. Y es que la persona que yacía inconsciente en el suelo a su lado era más importante que su propia existencia. Y lo único que podía hacer era taponar las heridas con sus manos en un intento vano de frenar la hemorragia que gota a gota se iba llevando las fuerzas de Fate. Las lágrimas escaparon de sus ojos.

—Yo me ocuparé —se volvió a la débil voz que le hablaba, era Aldian, la sargento mayor se apretaba la cadera izquierda, la sangre manchaba su barrier jacket.

—Pero tú también estás herida —su protesta fue débil, pero era algo que no podía evitar cuando un rayo de esperanza aparecía ante ella.

—No es nada, la bala me rozó, pero no llegó a herirme, es peor el efecto de la Esquirla… —jadeó—, pero ya se empieza a pasar. Déjame.

Nanoha se cambió de posición, reposando la cabeza de Fate sobre sus rodillas, dejó que Aldian se colocase al lado derecho de la Enforcer; la sargento comenzó su trabajo en el costado, la herida más grave sin duda, logró que dejará de sangrar y la restañó como mejor pudo. Después se encargó del hombro.

—Ya no perderá más sangre, pero está muy débil, deben atenderla en la enfermería de la astronave, sobre todo si queremos salvar su hombro.

Nanoha asintió, el miedo aún la atenazaba, pero tenía que sobreponerse, actuar como la líder que era. Dejando a Fate a cargo de Aldian, se levantó y comprobó el estado del resto de los heridos; Lenko era el más grave junto a Fate, una bala había perforado su estómago y reventado su columna, si salía de esa no volvería a ser el mismo, pero Yuan no se rendía y bajo la preocupada mirada de Navara, seguía intentando salvar su vida. Ledri, el joven especialista, tenía dos heridas de bala en la pierna izquierda, sus gestos de dolor delataban que los proyectiles con la Esquirla aún estaban alojados en su interior. Lya estaba inconsciente, una bala le había pasado rozando la sien, pero afortunadamente sobreviviría. Asier se miraba aturdido la mano derecha destrozada, apenas un amasijo de sangre, hueso y tendones, era como si no pudiese creer que aquella era su mano, Ethan estaba junto a él, le hablaba en voz queda, debían ser amigos. Jenn, junto a Aldian, era la que mejor suerte había corrido, tan sólo varios rasguños marcaban su piel, balas que no habían logrado impactarla. Y de Bedra, aquel soldado de ojos alegres, y el piloto no había ni rastro, Nanoha supuso que debían haber muerto cuando la lanzadera se estrelló.

—Necesitamos contactar con el Ice Breaker —le dijo a Sikes cuando llegó a su altura, el cabo velaba la inconsciencia de Lya.

—Gabriel tiene la radio, es probable que ya podamos contactar con ellos. Además, parece que los soles se van a dejar ver, la tormenta nos da un respiro, es probable que podamos comunicarnos con la nave.

Nanoha miró al cielo, era cierto, más allá de los árboles se veían aparecer tenues rayos de sol, como si tímidamente se abrieran paso entre las nubes. Tenían que intentarlo, pedir ayuda para que les sacasen de allí, al menos la misión estaba cumplida, habían apresado a varios enemigos que podrían ser interrogados.

Vassan, ¿me oyes? —trató de establecer contacto con uno de los hombres que había dejado atrás.

Sí señora.

—Tenéis que intentar contactar con la nave y comunicadle lo siguiente… —le transmitió todo lo ocurrido allí, para que informará al Capitán Demy y pidieran un transporte urgente para sacar a los heridos de allí.

Entendido… Espera. —Nanoha aguardó unos largos segundos, hasta que Vassan volvió a hablarle—. Gabriel ha conseguido hablar con el capitán, ahora mismo le informa de todo… —Otra pausa—. La ayuda ya está en camino, sin embargo no pueden aterrizar en vuestra posición, debéis dirigiros a… —le dio unas coordenadas y cortaron la comunicación.

Nanoha organizó junto a Yuan y Aldian el traslado de los heridos, mientras Sikes se quedaba vigilando a los prisioneros, ninguno de ellos había recuperado todavía el conocimiento ni lo harían hasta dentro de varias horas, esa había sido la intención de Nanoha.

La llegada de las lanzaderas se les hizo eterna a todos, deseosos por estar de vuelta en la astronave, donde sus compañeros serían mejor atendidos. En esa ocasión varios cazas escoltaron el descenso de las naves, para protegerlas de posibles ataques como el que ellos habían sufrido, sin embargo, no se produjo ningún disparo, tal vez el enemigo, si es quedaban todavía más en el planeta, prefería ocultarse o se encontraba disperso en otras zonas.

Tras subir en una de las lanzadera, Nanoha no se apartó de Fate en ningún momento, aferrando, sin querer soltarla, una de sus manos. Quiso la casualidad que en la misma viajará uno de los prisioneros, Milter, de nuevo consciente, sentado junto a Nalo.

—Ah, veo que al final llegasteis demasiado tarde —sonrió con malicia el soldado enemigo—. Lástima que perdieseis tanto tiempo con nosotros. ¿Es alguien importante? —señaló con la cabeza a Fate—. Dudo que se salve, pero eso a mí no m…

El veterano volvió a noquearlo y esta vez no tuvo que disculparse ante su superior, realmente, para Nanoha, en ese mismo instante, el mundo sólo giraba entorno a la mano que aferraba en las suyas, a aquellos ojos carmesí que deseaba más que nunca volver a ver abiertos.

—No te mueras… —susurró muy quedamente.