Capítulo 4º.- Situación. Quedarse atrás

—Eso es todo, señor.

Nanoha terminó de informar al Capitán Demy de lo ocurrido durante la misión, cómo los habían derribado y separado de Light, el primer encuentro con el enemigo y el rescate de Light, no trató de excusar ni ocultar sus acciones ni cómo actúo sin evaluar antes la situación. Esperaba que el capitán no quisiera hacerle más preguntas o repasar alguna parte en concreto, pues lo que más deseaba en aquel momento era ir a la enfermería y ver cómo se encontraba Fate; nada más arribar al Ice Breaker XV varios miembros del equipo médico ya les estaban esperando para trasladar y atender cuanto antes a los heridos más graves, Nanoha nada podía hacer ya más que dejarla en sus manos, así que por eso había ido a cumplir con su deber de informar a su superior al mando, pero quería estar al lado de Fate cuando recobrara la conciencia.

—Muy bien, teniente, por el momento puede retirarse. —Casi suspiró de alivio al oír aquellas palabras—. No obstante, quiero también un informe por escrito. Si la sargento mayor Aldian se encuentra en condiciones, que se ocupe del informe de Light.

—Sí, señor —se cuadró y se volvió para marcharse.

—Ah, teniente —se detuvo y miró al capitán—, estoy seguro de que la Enforcer Testarossa saldrá bien de ésta —lo dijo mientras comenzaba a teclear en su consola, pero Nanoha sonrió agradeciendo sus palabras. El Capitán Demy era también un hombre observador.

Caminó tan rápido como podía hacia la cubierta en la que se encontraba la enfermería; el ambiente a bordo de la nave no se diferenciaba mucho del de otros días, aunque Nanoha notaba el silencio con el que todos parecían moverse, la muerte de tres compañeros era un peso que toda la tripulación compartía. Para la joven Instructora aquella era una situación dolorosamente nueva, era la primera vez que veía morir a camaradas, gente con la que había compartido parte de su tiempo a bordo de la nave mientras se aproximaban a su objetivo, había hablado y reído con algunos de ellos; hasta ahora, en ninguna de sus anteriores misiones, la muerte le había rondado tan cerca, sus ojos no habían sido testigos de la vida que se va en el campo de batalla… Y nunca hasta ese momento había sentido el deseo de hacer daño de verdad a alguien, de incluso llegar a matar…, mas cuando vio a Fate caída en el suelo, desangrándose, su único pensamiento había sido destrozar a los culpables. De no haber estado sus compañeros de por medio, seguramente hubiese usado su ataque más devastador, el Divine Buster, y reducido a la nada a sus enemigos, sin importarle si sobrevivían o no, como era el objetivo de su misión. Y aunque ahora se encontraba más tranquila, era muy consciente del sentimiento de venganza que había arraigado en su corazón.

Los miembros de Light habían llenado todas las camas de la pequeña enfermería, Fate descansaba, eso le gustaba pensar a Nanoha (no que estaba inconsciente), en una de ellas, separada de los demás por un cortinaje blanco; una vía iba del gotero a su brazo, las sábanas la cubrían hasta la cintura, dejando al descubierto su torso vendando, el hombro también estaba envuelto en vendas, el corte de la frente había sido cerrado y apenas quedaba ya una pequeña marca. Según el jefe médico, la intervención había ido bien, las balas la habían atravesado sin tocar ningún punto vital, por lo que ninguna Esquirla había quedado en su interior. Ahora sólo restaba esperar a que despertara.

Nanoha se sentó al borde de la cama, por unos segundos simplemente observó el pecho de Fate subir y bajar a un ritmo reposado, normal, lejos de aquella respiración débil con que la había encontrado en el planeta. Tomó una de sus manos y dio gracias porque se hubiese salvado. Otros no habían tenido tanta suerte; la Instructora podía recordar claramente la cara de profundo sufrimiento de Navara, sus ojos enrojecidos e inundados de lágrimas, las manos cerradas en apretados puños, cuando le comunicaron que nada podían hacer por Lenko, el joven mago no lo había logrado, sus heridas eran demasiado graves, las balas le habían destrozado por dentro. La muchacha se dejó caer sin fuerzas sobre el suelo, llorando en un silencio que conmovía a cualquiera que la mirará; Nanoha no supo que decirle, ni siquiera se sentía con derecho a hacerlo, pero finalmente se acercó a ella y apoyó una mano en su hombro, estrechándolo y entonces oyó sus susurros cargados de odio.

—Jamás me lo perdonaré… Jamás se lo perdonaré…

Y no dijo nada, porque ahora ella conocía el regusto amargo de la victoria en la que se pierden vidas valiosas, porque ahora conocía el deseo de venganza, ese sentimiento ardiente y frío que se puede llevar todo lo demás.

—Nanoha… —la suave voz y los ojos carmesí que la miraban dibujaron en su rostro una amplia sonrisa.

—Fate-chan, por fin despiertas… No, no te muevas, las heridas aún están recientes, no tienes que hacer ningún esfuerzo —la obligó suavemente a permanecer recostada.

—Estoy en la enfermería de la nave, ¿no?

—Sí, te hirieron en el planeta, estabas inconsciente cuando te trajimos aquí…

—¿Y los demás? ¿El resto de mi equipo?

Ya se esperaba esa pregunta, antes que preocuparse por sí misma, Fate se interesaba por el estado de sus compañeros; no había razones para ocultarle la verdad, por dolorosa que fuera, más tarde o más temprano acabaría sabiéndolo, Nanoha prefería decírselo ella misma.

—Algunos mejor que otros, sin embargo, Lenko ha muerto, no pudo superar sus heridas —Fate encajó la noticia apretando la mano que Nanoha sostenía, no dijo nada, pero por su expresión, sus pensamientos no debían estar muy alejados de los de Navara—. Asier ha perdido la mano derecha, Ledri, Aldian, Lya y Jenn están bien, recuperándose de sus heridas, todos estarán de vuelta al servicio en unos días.

La Enforcer exhaló un suspiro, sin duda aliviada porque el resto hubiesen salido mejor librados, sin embargo no olvidaba que tres vidas de su escuadrón se habían perdido, hombres bajo su mando y su responsabilidad, si tan sólo se hubiera dado cuenta antes de la función de las Esquirlas en aquellas armas, tal vez Lenko aún estaría vivo y Asier no habría perdido la mano. No podía perdonarse el error que había cometido, porque cómo podría hacerlo, aquellas muertes pesarían siempre en su conciencia, no había podido protegerlos y ahora…

—Fate-chan, no lo hagas —dijo de repente Nanoha, mientras acariciaba su cara—, no te culpes por lo ocurrido. Nadie podía saber que esa gente utilizaba las Esquirlas con ese propósito, nos dimos cuenta demasiado tarde, todos. Lenko, Bedra y el piloto Sail no han muerto por tu culpa, no cargues con ese peso tu sola.

—No puedo olvidar…

—No te estoy pidiendo eso, sólo que no te atormentes con ello. Si necesitas hablarlo, desahogarte, yo estoy aquí, a tu lado.

—Está bien… —las lágrimas brillaron en sus ojos y las dejó ir en silencio, lamentando aquellas muertes, saboreando una vez más la amargura que deviene de la batalla.

Durante unos minutos ninguna de las dos dijo nada, Fate lloraba y Nanoha sostenía su mano y acariciaba sus cabellos.

—¿Y la misión? —preguntó Fate cuando se calmó.

—Logramos apresar a varios enemigos, ahora mismo están en las celdas de detención de la bodega, pronto empezarán a interrogarlos.

—Al menos podemos decir "misión cumplida", aunque no me siento como si hubiésemos ganado…

—Te entiendo.

—Ah, teniente, disculpe —una enfermera se acercó a ellas—, pero ella debería descansar, ha perdido mucha sangre y necesita reposar.

—Lo siento, tienes razón —Nanoha sonrió llevándose una mano a la cabeza—, ya me voy.

—Bien —la enfermera las dejó solas para que se despidieran.

—En fin, ya has oído, tienes que descansar —se levantó y se inclinó sobre ella para besarla, primero en la frente, luego en los labios—, recuerda lo que te he dicho, no te atormentes. Volveré a verte cuando tenga un descanso.

—De acuerdo. Y Nanoha…

—¿Sí?

—Tú tampoco te atormentes con ello —le dijo sonriendo, la conocía demasiado bien.

En los días que siguieron, el Ice Breaker XV siguió orbitando el planeta, mientras, los prisioneros fueron interrogados sobre su presencia en él, sus objetivos, por qué querían el poder de las Esquirlas, de qué mundo procedían… Pero no obtenían ningún tipo de respuesta, todo apuntaba a que los interrogadores de la Oficina Principal se tendrían que ocupar de indagar en el interior de sus mentes con métodos más expeditivos. Por otro lado, los heridos abandonaron la enfermería y retomaron sus puestos a bordo de la nave, incluso Asier parecía haber recuperado parte de su humor, aunque a veces se le podía ver mirándose pensativo el muñón en el que acababa su brazo ahora. Fate también había vuelto a su cuarto, pero por el momento sólo se le permitía hacer trabajo de oficina, aunque como Enforcer a bordo, estaba ocupándose, junto al capitán, de toda la investigación en torno a los enemigos y el planeta sobre el que la nave se movía. Un inusitado buen tiempo en el mismo, vino traerles un nuevo enigma.

—Ahí está —dijo Leon, señalando una mancha sobre una imagen satélite de la superficie—. Es una nave, clase crucero, con capacidad para despegar y atravesar la atmósfera sin cohetes de apoyo.

—Esa zona está cerca de las ruinas del norte del planeta, ¿no? —inquirió el capitán.

—Así es, señor —asintió el oficial.

—¿Se ha detectado algún tipo de actividad que indique que la nave no ha sido abandonada?

—Nada concluyente, señor, nuestras cámaras no llegan a tanto, la única manera de cerciorarnos sería enviando naves allí abajo de nuevo.

—Hm —el capitán se frotó el mentón, reflexivo—. Como Enforcer, ¿qué piensa, usted? Sé que ha llevado algunas investigaciones de esta clase —se volvió hacia Fate. Ella y Nanoha, junto a Aldian y Sikes se encontraban reunidos en la sala táctica con el capitán y Leon, habían sido llamados nada más detectarse la presencia de la nave sobre la superficie del planeta.

—No puedo asegurarlo totalmente, pero todo apunta a que sea lo que sea que vinieron a hacer aquí, aún no lo han terminado, tal vez en esas ruinas haya más Esquirlas o algo que les haga falta —explicó Fate—. ¿Los prisioneros han dicho algo al respecto?

—Nada —negó Sikes, al que habían hecho responsable de los interrogatorios junto con el Cabo Nalo—, se niegan a contestar a nuestras preguntas.

—Así que la única forma de descubrir algo es yendo allí nosotros —apuntó Nanoha.

—Parece ser la opción más adecuada —asintió el capitán—, pero no me agrada volver a enviarles allí abajo, aunque ahora sabemos a qué atenernos. Todo sería más fácil si pudiésemos contactar con el Almirante Harlaown, pero el Asura o cualquier otra nave de la Administración está fuera de nuestro alcance. Estamos solos y la decisión nos compete únicamente a nosotros tomarla. Por eso también les he hecho llamar, como capitán podría ordenarles que bajaran a investigar esas ruinas, pero antes quiero oír sus opiniones, qué piensan al respecto.

"Ésta es la situación en la que nos hayamos ahora, bien podemos decidir que hemos cumplido con nuestra misión y llevar a los prisioneros y las Esquirlas recuperadas a la Oficina Principal, o bien podemos tratar de averiguar qué es lo que andan haciendo aquí y en particular en esas ruinas.

Durante unos minutos reflexionaron en silencio, sopesando las posibilidades que tenían ante sí. Fue Fate la primera en hablar.

—Creo que deberíamos intentar averiguar tanto como podamos, si nos retiramos ahora, puede que perdamos una buena oportunidad para hacerlo. Y si resulta que lo que hay en esas ruinas son Esquirlas, entonces es mejor asegurarnos de que no se hacen con ellas.

—Estoy de acuerdo con la Enforcer Testarossa —abundó Leon—, puede que ésta sea la única manera de descubrir algo más sobre este enemigo.

—Yo también pienso que eso es lo mejor que podemos hacer —dijo Nanoha, no tenía más que añadir a lo dicho por Fate y el oficial de comunicaciones.

Sikes y Aldian manifestaron su acuerdo y el capitán asintió.

—Muy bien, volveremos a bajar a ese planeta, aunque esta vez irá un solo equipo, más pequeño, ya que será una misión de infiltración, evitando en lo posible el encuentro con el enemigo, para recabar información sobre lo que están haciendo en esas ruinas. Una vez sepamos eso, mandaremos refuerzos en función de la situación. Ya sólo queda decidir quién irá —miró a Fate—. Aunque sé lo mucho que desea terminar lo que empezó, me temo que en esta ocasión se quedará atrás…

—Señor… —Fate trató de protestar.

—No, usted no está en condiciones de realizar esta misión, aún está recuperándose de sus heridas. No me miré así, apenas es capaz de mover su hombro derecho, se lo acaban de reconstruir, no es conveniente que lo sobre esfuerce tan pronto. No, esta vez la teniente Takamachi y la sargento mayor Aldian estarán a cargo de la operación. Y no admito discusión alguna, es una orden.

—Sí, señor —asintió a regañadientes Fate.

—Bien, teniente —se volvió a Nanoha—, su grupo se moverá bajo el nombre en clave Mist y lo compondrán cinco miembros en total, dejo a su criterio la elección de sus hombres.

—Entendido, señor.

—Bien, estén preparados para mañana en la noche, aprovecharemos la oscuridad para movernos. Eso es todo, pueden retirarse.

Abandonaron la sala, Leon y el capitán volvieron al puente de mando, mientras que los otros cuatro se dirigían a la zona de descanso.

—Sikes —dijo Nanoha—, me gustaría que formarás parte del equipo, si Aldian no tiene ningún inconveniente, ya he pensado en quiénes más nos acompañarán.

—Ningún problema, señora, confío en que habrás elegido a los más adecuados —comentó la sargento.

—Puedes contar conmigo, teniente —asintió Sikes.

—Bien, entonces me encargaré de reunir al resto del grupo, quisiera mantener una charla con todos antes de esta noche. Reunámonos en una hora en la sala común de la cubierta C —esa era el aérea de descanso, donde se encontraban los cuartos de la tripulación.

—A la orden.

—Fate-chan, te veré más tarde.

—Bien —contestó ésta con tono ausente.

—Sé cómo te sientes, pero órdenes son órdenes, ¿no? Trata de que no te afecte mucho.

—Lo sé, no te preocupes, ve a reunir a tu gente. —Nanoha la dejó camino al cuarto de ambas, no le gustaba ver a Fate de aquel humor, pero el capitán tenía razón, la Enforcer no estaba en condiciones de afrontar ningún tipo de misión.

Al cuarto componente de Mist lo encontró en el hangar de cazas, el soldado de unos veinti pocos años pasaba gran parte de su tiempo libre allí abajo, ayudando a los mecánicos y aprendiendo cuanto podía de aquellas rápidas aeronaves que eran su pasión, no era piloto, pero se había hecho un hueco entre ellos, todos le conocían y le trataban como a un amigo más. En ese momento estaba hurgando en la panza de uno de los cazas bajo la atenta mirada del Jefe de mecánicos.

—Vassan, alguien quiere hablar contigo —le avisó el Jefe al ver a Nanoha.

El mago de cabellos rubio oscuro salió de debajo del caza, un manchurrón de grasa escurría por su mejilla derecha, se levantó como un resorte y saludó a su superior.

—Descanse, soldado —sonrió Nanoha—, ¿quieres acompañarme un momento?

—Claro, señora —le tendió las herramientas al Jefe y se limpió las manos y la cara con un trapo, mientras seguía a Nanoha a una zona más tranquilla del hangar.

Allí, la Instructora le explicó toda la situación y la nueva misión que el capitán les había encomendado.

—Será tan arriesgado o más que lo del otro día, pero es algo que debemos hacer, si no quieres participar, lo entenderé.

—No querer…, claro que quiero unirme a Mist —se apresuró a contestar, los ojos verdes brillantes—. Cualquier cosa con tal de devolverles el golpe a esos bastardos.

—Muy bien, cuento contigo, soldado —le dijo donde se reunirían en un rato y fue en busca del último miembro de su grupo.

No había tenido que darle muchas vueltas, a Vassan lo había escogido por su capacidad como mago de apoyo y sus dotes bien conocidas para la infiltración, pero al último miembro lo elegía por motivos más personales y menos objetivos, aunque no dudaba de sus habilidades ni de que cumpliría con su deber. La encontró en la popa de la nave, el único lugar donde se abría un ventanal al espacio, desde allí parecía observar la infinitud del universo con expresión ausente.

—Navara —llamó con voz suave, la soldado se volvió al oír su nombre, los ojos ambarinos apagados, ni siquiera saludó o se cuadro, pero a Nanoha no le importó lo más mínimo.

—Teniente…

—Puedes llamarme Nanoha. Yo… siento la muerte de Lenko…

—Murió cumpliendo su deber… en el fondo sé que eso es algo que le habrá hecho feliz, pero… —su voz se apagó, como si no tuviese fuerzas para seguir.

—Mañana por la noche llevaremos a cabo una nueva misión en el planeta, nos infiltraremos entre el enemigo, bajaremos a las ruinas para tratar de descubrir que se proponen. Será un equipo de cinco personas, he pensado que tal vez querrías unirte.

Navara la miró, en sus ojos se encendió un brillo peligroso, una luz que hablaba de deseos de venganza, de dar un sentido a la muerte de su amigo. A Nanoha no le hizo falta oír su respuesta, la sabía perfectamente.

—Ahí estaré —dijo la joven.

Con Mist formado, tuvo lugar la reunión que Nanoha había sugerido, quería repasar con ellos toda la información que tenían y preparar de antemano una estrategia a seguir, aunque fuera lo más básico a esperas de saber lo que se iban a encontrar en aquellas ruinas.

—La idea es descender al planeta en una lanzadera, pero esta vez nos dejará a media altura, desde allí seguiremos nosotros solos hasta un punto aproximado a las ruinas. Lo haremos durante la noche. La climatología también parece acompañarnos esta vez, el cielo se mantendrá despejado durante unos días, así que no tendremos problemas para contactar con la lanzadera o la nave, aunque durante la misión habrá silencio de radio y nos comunicaremos entre nosotros con la mente. No vamos a un enfrentamiento abierto, sino a recabar información, no creo que haga falta decir que la discreción y el sigilo serán esenciales. Pero si inevitablemente nos topamos con algún enemigo, entonces cuento con vuestra habilidad para librarnos de él sin levantar sospechas o llamar la atención de sus amigos.

Los cuatro soldados la escuchaban atentamente, asintiendo a sus palabras e indicaciones.

—No tienes de que preocuparte, Nanoha, cumpliremos con éxito esta misión y si a algún enemigo se le ocurre aparecer ante nosotros no dejaremos que nos delate —Navara hablaba con determinación y fuego en la mirada, aunque todos estaban motivados, ella lo parecía aun más.

—Puedes contar con ello, teniente —abundó Vassan.

—Bien, eso es todo, descansad bien hoy, mañana será nuestro turno de tomarnos la revancha. Les enseñaremos lo que los magos de combate somos capaces de hacer.

—Sí, señora.

Los cuatro abandonaron la sala común y Nanoha se disponía a seguirlos cuando se encontró a Leon en la puerta, el veterano la miraba sonriente y dio un par de palmadas.

—Buen discurso, teniente, no está mal para una muchacha de dieciséis años.

—No te burles de mí.

—No me burlo, hablo en serio, has elegido a un buen grupo y has sabido hablarles como la líder que eres, te seguirán sin poner en duda tus órdenes a dónde quiera que les envíes.

Nanoha se sonrojó ante los cumplidos del oficial.

—Sólo espero traerlos a todos de vuelta —dijo la joven, recordando a los compañeros caídos.

—Sé, como ellos lo saben, que harás todo lo que esté en tu mano para que así sea, pero el futuro es imprevisible, eso es algo que aprendemos todos con el tiempo, como que este trabajo entraña una considerable cantidad de riesgo; nuestras vidas serán puestas en juego más de una vez y mientras nosotros creamos que lo que hacemos es justo y necesario, no nos importará volverlas a arriesgar.

—Fate-chan piensa lo mismo.

—Sí, ya vi cómo le sentó el que el capitán le ordenara quedarse atrás. —La sonrisa de Leon se ensanchó, como si se le hubiese ocurrido algo divertido—. Los jóvenes a veces sois unos impacientes y algo imprudentes.

—No es verdad, lo que pasa es que Fate-chan no soporta que otros corran peligro en su lugar —dijo Nanoha en defensa de la Enforcer.

—Ya, ya, lo que yo digo, aunque en eso no os diferenciáis, las dos lo dais todo por proteger a los demás, aunque a veces actuéis sin pensar. Sí, he oído lo que hiciste ahí abajo cuando encontrasteis a Light —comentó Leon—. En fin, no te culpo ni nada de eso, con el tiempo, según terminéis de madurar, aprenderéis a enfriar la cabeza y a pensar antes de actuar, sea cual sea la situación.

Nanoha no supo que responder o decir ante las palabras del veterano, en el fondo sabía que tenía razón y sentía lo último que había dicho como una especie de enseñanza, así que guardó aquello en su mente.

—Bueno, teniente, te dejo que vuelvas a tu cuarto… Creo que esta vez me ahorraré la broma al respecto. Buenas noches.

—Buenas noches, Leon y gracias por tus palabras.

—No hay de qué, teniente —le guiñó un ojo y se fue.

Fate estaba sentada a la mesa, repasando informes y contrastando información para la misión del día siguiente; no dijo nada cuando Nanoha entró en el cuarto, ni siquiera apartó los ojos de la pantalla que tenía abierta.

—No te va a servir de nada enfadarte —comentó Nanoha mientras se cambiaba de ropa.

—No estoy enfadada.

—¿Y ese silencio, entonces?

—Es sólo que no me gusta… Si llego a saber que te enviarían sola no hubiese propuesto el volver a bajar al planeta.

—No voy a estar sola, y lo que te fastidia es no poder venir tú… Sé que no soportas que los demás corramos peligro y no puedas hacer nada para evitarlo, para protegernos —le puso las manos sobre los hombros.

—…

—Fate-chan…

—Lo siento, no puedo evitarlo, es verdad, odio quedarme atrás, especialmente cuando tú vas a participar en la misión. Siempre que llevamos una misión a cabo juntas, nunca nos separamos, por eso, ahora…

—Ahora entenderás cómo me siento yo cuando tú te embarcas durante días en una nave y no te veo hasta que vuelves.

—Eso no es justo.

—Lo sé, pero es la verdad. Fate-chan —se puso frente a ella, agachándose para poder mirarla directamente a los ojos—, tenemos que acostumbrarnos a estas situaciones, cuando terminemos el instituto y pasemos a trabajar a tiempo completo, será lo más habitual… Me gusta tan poco como a ti, pero es el destino que hemos elegido. Tenemos que confiar en que mantendremos la promesa que nos hicimos una vez; que siempre volveríamos sanas y salvas la una junto a la otra.

Por toda respuesta, la rubia se inclinó hacia ella para abrazarla, aunque lo hizo sólo con el brazo izquierdo, ya que por su hombro herido, el otro lo mantenía casi inmóvil. Nanoha la envolvió a su vez en sus brazos.

—Está bien, tienes razón —dijo Fate—, confiaré en nuestra promesa… Pero seguiré detestando el quedarme atrás.

—Mou, Fate-chan, eres imposible —rió la pelirroja—, pero me conformo con eso.

Se separaron para mirarse unos segundos y acabar besándose.

—Se supone que esta noche tienes que descansar, mañana te espera una importante misión.

—Mmm…, pero será por la noche, seguro que no pasa nada si me levantó un poco más tarde de lo habitual —contestó Nanoha con una sonrisa traviesa, mientras arrastraba a Fate a la litera.

—Tú si que eres imposible.

Las carcajadas resonaron en la pequeña habitación.

La noche siguiente, Mist fue enviado al planeta, la nave en la que descendían hacia su atmósfera era pilotada por Gabriel, en esta ocasión la lanzadera contaba con dos cañones y escudos deflectores para poder repeler posibles ataques, habían sido instalados el día anterior por los mecánicos del Ice Breaker XV. La noche les envolvió al penetrar el cielo, las nubes se movían veloces por él, sin llegar a encapotarlo, tres lunas brillaban en sus cuartos menguantes, la oscuridad sería casi completa.

Cuando alcanzaron la altura deseada, la lanzadera se detuvo y pasó a vuelo estacionario, Gabriel abrió la compuerta trasera y el escuadrón se dispuso a saltar, Aldian llevaría a Sikes y Vassan a Navara, mientras Nanoha volaría sola.

—Ha llegado la hora, a partir de aquí estamos nosotros solos —les dijo agarrada junto a la compuerta, mientras el viento azotaba su largo cabello—. Adelante, Mist.

—Sí, señora.

Los cuatro saltaron al vacío al tiempo, sus dispositivos ya activados. Nanoha se dispuso a saltar, en su mano derecha apretaba a Raising Heart.

—Buena suerte, teniente —le deseó Gabriel—. Les estaré esperando para recogerles.

Nanoha asintió y saltó a la negrura que se abría ante sus ojos, al tiempo que invocaba el poder de Raising Heart y la luz la envolvía durante unos segundos, vistiendo su cuerpo con la barrier jacket; dejó de caer para volar junto a su equipo; esta vez, se dijo, no habría fallos y todos volverían a casa.