Capítulo 5º.- La verdad que esconden las ruinas
La brisa que revolvía sus cabellos traía el olor salitre del mar, que unos metros más abajo se estrellaba implacable contra las rocas. Llevaban casi una hora caminando por aquellos acantilados de aristas afiladas y piedras resbaladizas de humedad, guiados tan sólo por las tenues luces que divisaban al norte de su posición, la oscuridad era casi completa y avanzaban lentamente, ayudándose de sus manos para no alejarse de la pared y acercarse demasiado al borde; sería más fácil ir volando, pero temían ser vistos en el negro cielo nocturno. Habían optado por aquella ruta porque, según las fotos que las cámaras de la astronave habían tomado, conducía bordeando la costa sobre la que se alzaban las ruinas que eran su objetivo; contaban con que allí la vigilancia fuera escasa o nula, ya que el mar y los vertiginosos acantilados servían como protección natural.
Apenas hablaban entre ellos, concentrados en el camino que seguían; Nanoha abría la marcha en cabeza, seguida de Aldian, Navara, Vassan y Sikes cerrando la fila en la que se movían. Cada vez estaban más cerca de las ruinas, aún no sabían cómo accederían a ellas, ya que se encontraban varios metros por debajo, pero confiaban en hallar una forma segura de hacerlo o cuando menos, que no llamase la atención del enemigo; no estaban seguros de la cantidad de hombres que podría haber apostados allí arriba, si serían muchos o apenas un puñado de guardia, pero el que su nave espacial se encontrase a pocos kilómetros de distancia no les tranquilizaba en absoluto, si les descubrían y pedían refuerzos, sería cuestión de minutos el verse sobrepasados. Pero cada cosa a su tiempo, se dijo Nanoha, lo primero era alcanzar las ruinas o el punto más cercano al que pudieran aproximarse por el camino que seguían.
—Esperad un momento aquí —les dijo Nanoha.
Avanzó unos metros en solitario, aferrando en su mano el báculo que ahora era Raising Heart, le había parecido notar que el sendero subía un poco y no se equivocaba, apenas cien metros por delante se topó con el primer escalón.
—Hay una escalera tallada en la roca, parece que lleva hacía arriba. Venid.
Cuando los cuatro se reunieron con ella, le indicó a Vassan que se adelantara y echase un vistazo, de entre ellos era el mejor en las labores de infiltración y espionaje, sabía moverse y fundirse con las sombras. La espera en la oscuridad se les antojó eterna, silenciosos, atentos a cualquier señal de peligro o socorro de su compañero.
—La escalera asciende unos doscientos metros —les llegó la voz de Vassan—. Desemboca en lo que debe ser un terreno llano, hay sombras de edificios a medio derruir por todas partes… Esto parece la entrada trasera o algo así… Tal vez una antigua bajada a un embarcadero al pie de los acantilados. Hay poca luz y no se ve a nadie patrullando, dudo que sepan de la existencia de esta escalera y si la conocen no debe preocuparles el ser sorprendidos por aquí. Es seguro, justo a la derecha encontraréis un afloramiento de rocas, podemos ocultarnos ahí mientras decidimos por dónde seguir.
—Buen trabajo, Vassan. Vamos —Nanoha comenzó a subir los estrechos y resbaladizos escalones; todos tuvieron que ayudarse de las manos para ascender con mayor seguridad.
Una vez arriba, se reunieron con Vassan tras el grupo de piedras que había señalado. Durante varios minutos simplemente observaron el entorno que les rodeaba, debían asegurarse de que ciertamente ningún soldado enemigo hacía guardia en aquella zona, no podían correr el riesgo de darse de bruces con uno de ellos.
—Movámonos —ordenó Nanoha—. Mantengámonos pegados a los muros, evitando las zonas iluminadas.
Se pusieron en marcha de nuevo, Navara y Vassan delante, Nanoha, Sikes y Aldian detrás; se escurrían entre las sombras de los muros, despacio, con cuidado, adentrándose más y más en aquellas ruinas que en nada les recordaban a una ciudad, al menos eso pensaba Nanoha, aunque a la escasa luz no podía estar segura del todo. Habían dejado atrás ya tres grupos de edificaciones que parecían a punto de desmoronarse, cuando su camino se vio interrumpido; varios focos potentes iluminaban lo que debía haber sido en tiempos una plaza o un patio de gran tamaño, por allí se movían grupos de soldados, algunos transportaban cajas hasta unos vehículos estacionados al borde de la plaza. Por ahí no podían seguir.
—Aquí hay una puerta —dijo Vassan.
Nanoha reflexionó unos segundos, por delante el camino les estaba vedado, podía ser arriesgado entrar en uno de aquellos edificios, pero debían seguir con la misión.
—Adelante, Vassan.
El mago aéreo abrió la puerta lentamente y se deslizó hacia el interior, minutos después les indicó que podían entrar. Tras pasar una antesala completamente a oscuras, dieron a un corredor iluminado por luces colocadas a intervalos regulares, algunas temblaban, había huecos de puertas a izquierda y derecha que daban a habitáculos sumidos en sombras; siguieron adelante, ya que la presencia de luz parecía indicar que aquel corredor debía llevar a algún sitio aún en uso. Si escuchaban cualquier ruido, se escondían tras las paredes de las habitaciones abandonadas hasta asegurarse de que nadie venía.
Finalmente llegaron a una amplia sala, el techo y las paredes se mantenían todavía en pie, pero las ventanas eran negros ojos abiertos a la noche. Por toda la superficie de la estancia se amontonaban cajas, apiladas unas sobre otras, en la pared de la izquierda vieron dos puertas más.
—¿Qué es este lugar? —mustió Navara.
—Parece un almacén —comentó Aldian.
Nanoha y Sikes se acercaron a una de las cajas y entre ambos consiguieron retirar la tapa, en su interior, colocadas entre lo que parecía alguna clase de espuma, brillaban Esquirlas.
—Debe haber unas cincuenta por caja —calculó el cabo.
—Eso no es todo —les llegó la voz de Vassan, éste se había metido en una de las puertas de la izquierda y volvía con un subfusil en las manos—. En ese cuarto hay cajas llenas con estos, además de unos tubos gruesos y largos, creo que son otro tipo de arma, tal vez con lo que dispararon a las lanzaderas.
—Un arsenal, entonces —dijo Nanoha—. Eso es lo que hacen aquí, guardan sus armas…, pero no tiene sentido.
—Aquí hay unas escaleras que bajan —apuntó Navara al mirar en la otra puerta—. ¿Las seguimos?
Nanoha notaba la impaciencia de la joven por seguir, por encontrar algo más, tal vez por poder hacer frente a uno de sus enemigos antes de que aquella misión acabara. Sopesó las posibilidades, de alguna forma sentía que aún faltaba una pieza para resolver el rompecabezas, no podía ser que aquel lugar fuese sólo un arsenal, debía haber algo más.
—Bajemos —ordenó finalmente.
Apenas descendieron dos tramos de escaleras y dieron a una enorme zona, cuyos extremos no alcanzaban a ver, sin embargo lo que atrajo su atención no fue el tamaño, sino las complejas máquinas que de forma ordenada se desperdigaban por ella, algunas estaban cubiertas por añejas telas enmohecidas, pero otras parecían haber sido utilizadas recientemente, a juzgar por las machas de grasa y virutas de metal que sembraban el suelo en torno a ellas. Un ruido, como de tubos cayendo, les advirtió de que no estaban solos; miraron en torno y vieron a alguien tratando de escapar hacia el fondo de la sala. Antes de que se perdiera en las sombras, cayó al suelo atado por las ligaduras mágicas de Vassan.
—Sikes, Navara, esperad aquí, vigilad la puerta.
—Entendido.
Nanoha y los otros dos se dirigieron hacia el ratón que habían cazado; se trataba de un hombre de mediana edad, vestía un mono azul oscuro lleno de manchas de grasa, llevaba gafas y les miraba nervioso, mientras se sentaba como mejor podía con los brazos pegados al cuerpo.
—Os lo advierto —dijo casi temblando—, no estoy solo, si no vuelvo en unos minutos mis amigos vendrán a buscarme y entonces sabréis lo que es bueno.
—Está mintiendo —comentó Aldian.
—No miento… Es… es la verdad.
—¿Y por qué corrías? Si tus amigos están tan cerca, ¿por qué no gritaste pidiendo ayuda? —le preguntó Nanoha.
—Ah, esto, porque… porque… ¡Argh! Está bien, no me hagáis daño, por favor, no soy un soldado, sólo soy un simple ingeniero que trabaja aquí abajo, en este maldito planeta donde sólo llueve y llueve.
—¿Un ingeniero? —inquirió Vassan.
—S... sí.
—¿Qué haces aquí?
—N… no os lo diré…
—¿Que no qué? —Aldian se inclinó sobre él, amenazante, acariciando el rostro del hombre con la punta de su báculo, el tipo trago saliva sonoramente.
—Está bien, está bien, hablaré. Me dedico a hacer armas, bueno, antes tan solo las diseñaba…, pero ahora me tienen haciéndolas —hablaba rápido, casi trabándose—, así que hago las dos cosas, las diseño y ayudo a fabricarlas… Ayudar es una forma de hablar, claro, me pagan, pero ningún dinero es suficiente para soportar todo esto…
—No te desvíes —le cortó Aldian.
—Sí…, lo siento.
—Este lugar, ¿qué es exactamente? —le preguntó Nanoha.
—Una fábrica de armas, no es obvio… Ah, perdón —se apresuró a decir ante la dura expresión de los tres magos—. Todo este lugar es una fábrica de armas o lo era hace mucho tiempo, cuando era una colonia de Areuda.
—¿Areuda? ¿Así se llama el mundo del que venís? —A Nanoha no le resultaba conocido el nombre.
—Sí —por los ojos del hombre pareció cruzar una sombra.
—Has dicho que este mundo era una colonia del vuestro, ¿cuándo fue eso?
—Hace muchos años, no es evidente —el miedo dio paso a la amargura en su voz—, antes de que la guerra asolara Areuda y la redujera a ruinas y despojos. Ésta era una de las muchas colonias industriales, por llamarlas de alguna forma, que teníamos, aquí abundan los minerales que utilizamos para hacer la aleación que empleamos en la fabricación de nuestras armas. Estas ruinas eran una de las mayores fábricas que existían, quedó abandonada tras la guerra, cuando saciar el hambre y sobrevivir se volvieron más importantes que hacer armas.
—¿Y por qué habéis vuelto?
—…
—Contesta —le advirtió Aldian.
—La guerra fue hace muchos años, el tiempo ha terminado por cerrar las peores heridas de nuestro mundo, ha llegado el momento de alzarnos de nuevo, de recuperar nuestra antigua grandeza, nuestra gloria… Eso es lo que los soldados repiten sin parar, para convencernos, para convencerse a ellos. Yo no sé quién es el que mueve esas ideas, un día un coronel entró en mi casa y me dijo que necesitaba de mis servicios, que me pagarían por ellos y además estaría ayudando a mi patria… Ja —soltó con amargura—, mi patria… —no añadió más.
—Y las Esquirlas, ¿qué tienen que ver en todo esto? Has dicho que diseñas estas armas, debes saber algo.
—Claro que lo sé —de repente sus ojos brillaron excitados—, yo mismo fui el que sugirió la forma en la que adaptar nuestras armas para poder usarlas en ellas, él que ideó cómo incrustarlas en las balas, la aleación que debíamos usar para que las aguantaran.
—Vuelves a divagar —apuntó Aldian duramente.
—Os diré por qué usamos las Esquirlas, porque ellos, los soldados de ahí fuera, la persona o personas que los guían, quieren mataros, sí, a vosotros los magos de la TSAB, tan invencibles envueltos en su magia, ahora ya no lo seréis tanto, estas balas con Esquirlas podrán atravesar cualquier defensa mágica.
—¿Por qué? —Nanoha apretaba con fuerza a Raising Heart ante la vehemencia de las palabras del hombre.
—¿Por qué? —los ojos se abrieron con una expresión casi demente—. Porque alguien tiene que pagar por lo que…
La cabeza del hombre reventó como una fruta madura, salpicándoles de sangre, su cuerpo se sacudió unos instantes y cayó finalmente al suelo desmadejado. Tras los segundos de sorpresa, se volvieron mirando en derredor, buscando al tirador, porque aunque no habían escuchado ningún disparo, estaba claro que eso era lo que había ocurrido. Sikes y Navara también miraban en todas direcciones, así pues por la puerta que custodiaban no había pasado.
—Poneros a cubierto —no hacía falta que lo dijera dos veces, los cinco se parapetaron tras las máquinas.
No podían saber si había más puertas en el otro extremo de la sala, ni si el tirador se había comunicado ya con sus compañeros del exterior, la sensación de estar atrapados no le gustaba nada a Nanoha; debían salir de allí, volver al exterior y perderse de nuevo tras los acantilados, donde podrían contactar con Gabriel y el Ice Breaker. Cuanto más dudara, menos posibilidades de lograrlo tendrían, había que moverse ya.
—Saldremos por donde entramos, puede que tengamos una oportunidad si no han determinado por dónde lo hicimos —les explicó a los suyos.
—¿Qué hacemos con el tirador? —inquirió Navara.
—Averiguar dónde se esconde, yo me encargo.
—Raising Heart.
—Yes, master.
Era una nueva habilidad que había comenzado a desarrollar, llevaba varios meses entrenándola y esperaba que no le fallara; pequeñas bolas de energía, similares a las balas mágicas que solía emplear, se esparcieron por la sala, su función era rastrearla en busca del tirador oculto, una vez lo encontraran, le trasmitirían su posición exacta, pudiendo así dirigir su ataque.
—Found it —una pequeña pantalla se abrió ante ella, una figura envuelta en sombras se podía apreciar perfectamente.
Antes de que el tirador supiese lo que estaba pasando, Nanoha salió al descubierto y disparó en su dirección.
—¡Cross Fire!
—Reached target.
—Nos vamos —les dijo a los demás y todos echaron a correr hacia la puerta y las escaleras.
De nuevo fue Vassan el primero en asomarse al corredor, les hizo una seña para que le siguieran al confirmar que estaba despejado; avanzaron rápido pero con cuidado, por si el enemigo se escondía en las habitaciones en ruinas que se abrían a ambos lados. Nanoha envío más de aquellas esferas de energía hacia delante, era un riesgo, pero mucho peor sería cruzar la puerta de salida y acabar bajo el fuego enemigo.
—They surround us, master —le advirtió Raising Heart, así pues les esperaban fuera.
—Parad, os explicaré mi plan —les ordenó a los demás.
Se detuvieron justo ante la puerta que daba a la antesala envuelta en la oscuridad.
—Sé que usar magia cerca de las Esquirlas es tremendamente arriesgado, pero no nos queda otra…
. — . — . — .
—¿Alguna noticia de Mist?
—Nada aún, capitán —contestó Leon desde la consola de control del puente. Fate estaba sentada junto a él, no se había movido de allí desde que comenzó la operación, unas tres horas antes, el último contacto que habían tenido con el escuadrón fue antes de que éste abandonará la lanzadera rumbo a las ruinas, desde entonces el silencio de radio era total y no terminaría hasta que el propio Mist estableciera la comunicación.
—Todo irá bien —le susurró el oficial a la Enforcer—. Aún están dentro del tiempo estimado.
Era cierto, pero aquello no hacía que dejará de sentirse intranquila y preocupada, realmente deseaba estar allí con ellos, esperar en la retaguardia era la peor de las experiencias, más cuando no se recibía ninguna noticia de cómo iban las cosas.
De repente, una alarma saltó en las pantallas del puente de mando.
—¿Qué es eso? —inquirió el capitán con aplomo, sin levantarse de su asiento.
—Es difícil de determinar… —decía Leon—. Los parámetros que captamos apuntan a una explosión de energía enorme… ¡Intentad enfocar las cámaras! —ordenó a sus subordinados.
Por fin, entre interferencias, pudieron ver algo, al principio no parecía más que una luz cegadora, pero Fate reconoció en seguida de qué se trataba, había visto aquello otras veces…
—Es el Starlight Breaker de Nanoha —mustió.
—¿Qué? —Leon parecía sorprendido.
—Usar ese ataque… si hay Esquirlas cerca —comentó el capitán.
Eso, pensó Fate, era lo que debían haber captado los sensores de la nave, aquella enorme cantidad de energía no sólo era por el ataque de Nanoha, sino también por la reacción de las Esquirlas a éste.
—Deben estar en una situación desesperada —dijo la Enforcer.
—Y más que lo van a estar, la zona en la que se alzan las ruinas comienza a desmoronarse sobre el mar —advirtió Leon en tono ominoso.
—¡Prepárense! —ordenó el capitán—. Bajaremos al planeta y los recogeremos teleportándolos, de otra forma no lo lograrán. Avisen al piloto Gabriel de que se reúna con nosotros en estas coordenadas —dictó las mismas a los operadores—. Que todo el mundo esté en sus puestos de combate, no sabemos si la nave enemiga querrá venir a jugar con nosotros. Que los cazas estén listos para salir. Vamos a tener un descenso movido.
Toda la tripulación se puso en marcha, la nave abandonó la órbita y comenzó a descender hacia el planeta. Fate se sintió más inútil que nunca, en aquellos momentos no podía hacer nada salvo esperar, ser testigo de cómo todo los miembros del Ice Breaker XV se movían como una sola y bien afinada máquina, cumpliendo las órdenes que se les habían dado.
La nave atravesó la atmósfera, perdieron la señal y las imágenes en las pantallas, pero cuando éstas volvieron, ante sus ojos se abría el caos, decenas de explosiones de energía en cadena sacudían la tierra revuelta y bullente donde tan solo unos minutos antes se alzaban las ruinas, el mar se agitaba embravecido y la noche se convertía en día, el poder devastador de las Esquirlas se había desatado y Fate estuvo segura de que si no tenían cuidado, podía acabar atrapándoles a ellos. Sólo esperaba que Nanoha y los demás hubiesen salido a tiempo de allí.
