Capítulo 8º.- En la calma que precede a la tormenta

De nuevo estaban a bordo del Ice Breaker XV, el destructor avanzaba dentro de la flotilla que lideraba el Asura rumbo a Areuda; el capitán Demy había insistido en que Nanoha y Fate se reincorporaran a su tripulación, al parecer los equipos de asalto de la nave querían tenerlas al frente de nuevo, Chrono estuvo de acuerdo y les había pedido que volviesen junto a ellos, de todas formas, cuando todo comenzase, se reunirían con Hayate y sus guardianes en tierra.

Areuda se encontraba en un sistema distante, tardarían algo más de dos semanas en llegar allí y aún entonces deberían preparar la estrategia a seguir, esperaban que al menos no contarán con ningún tipo de sistema de defensa espacial, satélites de largo alcance o rádares que detectasen su presencia en órbita sobre el planeta, ni naves vigilando sus cielos; sabían que su ida debía ser esperada por sus enemigos, pero tenían la esperanza de contar con la incertidumbre de no saber cuándo serían atacados.

—De todas formas, un ataque a gran escala ha sido descartado —comentó Fate, estaba tumbada en la litera, en el mismo cuarto que habían ocupado durante el primer viaje, Nanoha estaba echada a su lado, la cabeza apoyada en su pecho—. Ninguno de los oficiales al mando de la misión quiere ver implicada a la población civil.

—Eso es tranquilizador de alguna manera.

—Lo haremos bien allí abajo.

—Sí —Nanoha sintió cómo Fate la estrechaba contra ella y su mano le acariciaba la espalda, enredándose de vez en cuando entre su cabello. Durante un rato simplemente se dejó llevar por la calidez de aquellas caricias.

—Mmm… —Fate miró el reloj sobre la mesa—, deberíamos ir levantándonos, hemos quedado dentro de diez minutos.

—¿Ya? ¿No podemos quedarnos un rato más así? —como para enfatizar sus palabras, trazó suaves círculos con sus dedos sobre la piel de Fate.

—Si quieres… No hace falta que seamos puntuales —entrelazó la mano de Nanoha con la suya y se giró hacia ella—. Me gusta hacer amigos, pero estar a solas contigo me gusta mucho más. —Sus labios se encontraron y los minutos que marcaba el reloj dejaron de tener importancia para ellas.

La sala común de la cubierta C siempre estaba llena de soldados que no tenían mucho que hacer a bordo de la nave cuando ésta simplemente se encontraba volando hacia su objetivo, pasaban allí las horas muertas jugando a cartas, dados o cualquier otro juego que hubiese a bordo, o simplemente charlando entre ellos; generalmente quiénes más uso hacían de aquel espacio eran los magos de combate y los pilotos de cazas. Aquel lugar y la sala de entrenamiento y el gimnasio eran los sitios que más solían frecuentar.

—¿Ah? No me lo puedo creer, maldita seas, Navara, tienes demasiada suerte con los dados.

—No será que tú eres muy malo, Vassan.

—Hasta ahora nunca le había visto perder así, jaja. Se te dan bien los juegos de azar, ¿eh? —dijo el piloto de pelo corto y castaño guiñándole un ojo.

—¡Silver!

—Es la verdad.

—De todas formas, sólo a Vassan se le ocurriría desafiar a nuestra recién ascendida Especialista.

—¿Por qué dices eso, Aldian? —preguntó con suspicacia el mago rubio.

—Bueno…

—Eh, no te hagas la loca. ¿Por qué?

—Jaja, vaya par de dos —rió Ledri—. Yo te lo explico, Vassan.

—Ah, no…

—¡Argh! Navara, déjame…

Ambos habían caído al suelo después de que la joven saltará sobre Ledri, los demás, incluso Vassan, reían sonoramente, mientras que el resto de gente en la sala los miraba divertidos.

—Niños, niños, no pelear…

—¡¿A quién estás llamando niños, Nalo?! —Navara y Ledri pararon de forcejear para encarar al veterano.

—¿De verdad lo preguntáis? Jajaja.

Ante las carcajadas de Nalo, ambos se levantaron y volvieron a sentarse en el sofá, eso sí, Ledri dejó una distancia prudencial entre los dos.

—Bueno, ¿y por qué no debería haber desafiado a Navara? —volvió a preguntar Vassan.

—¿En serio no lo sabes?

—Nalo…

—Oh, ese tono no me impresiona nada, jovencita.

Como toda respuesta, la maga de los ojos ambarinos le sacó la lengua.

—Jeje, a nuestra amiga del tridente se le da muy bien hacer trampas.

—¿Trampas?

—Eso mismo, dime, fue ella la que escogió los dados, ¿verdad? Seguramente los trucó en ese momento…

—¡Yo no hago trampas!

—Nooo, sólo te facilitas las cosas para ganar —bromeó Ledri.

—Na-va-ra…

—Ah, Vassan, venga, no te enfades, sólo te he ganado unas pocas monedas, ¿eh? —la sonrisa y cara de inocente no colaron.

—Devuélveme mi dinero ahora mismo.

—Tsk…, Nalo, deberías aprender a mantener la boca cerrada.

—Y tú a jugar limpio.

—Bu… Aquí tienes, Vassan, tú dinero… Jo.

—No pienso volver a jugar contigo a nada.

—No hace falta ser tan drástico, además, Nav sólo hace trampa a los dados —dijo Aldian.

—Mmm…, tú tienes la culpa Ald, si no hubieras dicho nada… A lo mejor tendrías que haberle devuelto tú el dinero a Vassan.

—Si quieres luego lo discutimos en el cuarto, quién tiene la culpa de qué.

—Etto… —por una vez, Navara pareció no saber qué contestar.

—Me pregunto qué tipo de discusión tendrán —susurró socarrón Silver lo suficientemente alto como para que lo oyera todo el grupo, obviamente pretendiendo hacer alguna broma.

—Una que no es asunto tuyo, gorrión —contestó Aldian.

—¿Go… rrión? —el ceño del piloto se contrajo; gorrión era el término con el que los magos del Ice Breaker XV y otra naves similares solían referirse a los pilotos de caza, ni que decir tiene que a estos no les hacía mucha gracia tal nombre.

—Ah, Silver, no le hagas caso, Aldian sólo está bromeando, ¿verdad?

—Claro, yo nunca insultaría a un piloto de tanto talento como tú. ¿Me recuerdas por qué te llaman Silver?

—Por el brillo plateado que le sé arrancar a las alas de mi caza —contestó el piloto aún molesto.

—Eso era, sí, por lo bien que sabes alardear delante de la gente.

Un silencio incómodo se hizo entre ellos, algunos se miraron entre sí sin saber muy bien qué decir.

—Te has pasado un poco, Ald… —señaló Navara a media voz.

—Si tienes algún problema conmigo, podemos discutirlo en la sala de entrenamiento —se encaró Silver con la maga de ojos verdes.

—Cuando quieras, gorrión.

—Eh, chicos, calmaos —intentó mediar Vassan, sobre todo a la vista de la atención que estaban atrayendo, al rubio le preocupaba que aquello derivara en una especie de enfrentamiento entre magos y pilotos.

—¿Seguro? Mira que no podrás usar tu magia.

—No me hace falta para hacerte morder el polvo.

—Ya querría yo verlo. —Ambos se habían levantado y se medían con duras miradas; más y más gente se juntaba a su alrededor.

—Esto se nos va a ir de las manos —mustió Nalo.

—Venga, aquí todos somos amigos, ¿no? Y ya sabéis lo poco que le gustan al capitán estás cosas —terció Ledri tratando de apaciguar los ánimos.

—Vosotros no os metáis —les espetó Aldian.

—Sí, esto lo vamos a solucionar entre los dos, ¿verdad, sargento mayor?

A nadie se le pasó por alto el tono burlesco con el que dijo el rango de Aldian. Así como tampoco nadie pareció dudar de que no llegarían a la sala de entrenamiento, que los golpes empezarían allí mismo. Y lo habrían hecho de no ser porque justo en el momento en que ambos hacían el amago de lanzarse contra el otro, unas ligaduras mágicas les detuvieron.

—¿Pero qué…?

El círculo de gente que les rodeaba se abrió mirando hacia la entrada de la sala.

—Teniente…

—Enforcer Testarossa…

—Ah, disculpad chicos, no queríamos interrumpir vuestro juego, pero así de lejos parecía que os ibais a golpear —dijo Nanoha sonriendo, mordaz.

—Jeje, no te preocupes, teniente, la culpa es de este par, que se han emocionado un poco con el juego, ¿verdad? —Nalo palmeó la espalda de Aldian y Silver.

—Er… sí, lo lamento —mustió Aldian.

—Yo también, se nos fue un poco de las manos —comentó Silver.

—Muy bien —Fate deshizo las ligaduras, mientras el resto de la gente, a la vista de que ya no habría espectáculo, volvía a las mesas y sofás que estaba ocupando antes.

—De verdad —retomó la palabra Fate, al tiempo que ella y Nanoha se sentaban con el grupo—, parece mentira que os peléis entre vosotros cuando dentro de unos días nos deberemos enfrentar a nuestro enemigo, deberíais guardar esas fuerzas para entonces. ¿O se os ha olvidado lo que puede pasar en el campo de batalla?

Callaron avergonzados durante un largo minuto, la mirada de Fate era dura y ninguno se atrevió a desafiarla.

—Esta es la primera vez que me sermonea una muchacha de dieciséis años… —dijo Silver—, me hace sentir ridículo.

—Demuestra que tienen más cabeza que algunos de nosotros —sonrió Nalo.

—Sí —mustió Aldian—. Te pido disculpas, Silver, me dejé llevar por… un pensamiento tonto, no debí insultarte de esa manera.

—Ah, no pasa nada, sargento, la culpa también es mía, no tenía que haberme dejado picar tan fácilmente.

—Estáis en paz, entonces —apuntó Nanoha.

—Bueno, y antes de que Aldian y Silver quisiesen intercambiar pareceres de forma tan original, ¿qué estabais haciendo? —preguntó Fate.

—Jugar a los dados, pero Navara es una tramposa, así que lo dejamos —contestó Vassan.

—Aaah, ya no me voy a quitar esa fama de encima —se quejó Navara.

—Esa fama ya la tenías desde hace un tiempo, sólo que Vassan no estaba al tanto, le transfirieron hace poco aquí —explicó Aldian.

—En fin, tendrás que buscar otra víctima —bromeó Ledri—. Oh, y ahora que lo pienso, ¿dónde estabais vosotras?, creía que habíamos quedado todos aquí a la misma hora.

—Etto…, terminando unos informes —contestó Nanoha.

—Informes, ya —sonrió divertido Ledri.

—¿Qué os parece si jugamos a algo? —terció Fate, las mejillas sonrojadas—. Aún queda un rato para la hora de cenar.

—Mientras que no sean dados… —comentó Vassan arrancando sonoras carcajadas a todos. Fate y Nanoha se sentían por fin parte de aquella tripulación.

Unos días después, la Enforcer observaba como Vassan ayudaba a reparar uno de los viejos cazas en el hangar de la nave; el joven parecía totalmente abstraído en su trabajo, siguiendo las instrucciones del Jefe cuando éste le comentaba algo o le señalaba que lo que estaba haciendo no estaba del todo bien.

—Tienes que apretar más esa tuerca o la válvula saltará a la mínima…

—Hm…

—Eso es. Échale un ojo también a esas juntas, una fuga y te irás al suelo en menos de lo que piensas.

—Creo que algunas va a haber que cambiarlas.

—No me extraña, este pájaro ha pasado por mucho, si te soy sincero, muchacho, dudo que lo puedas hacer volar.

—Tenga un poco de fe, Jefe —sonrió Vassan.

—Así que es un caza fuera de servicio —dijo Fate.

—Sí, el Shadow Falcon X-III, un antiguo modelo de principios de los años veinte de nuestro calendario actual —explicó el Jefe.

—Mi padre voló en uno de estos —comentó el mago—. Eran rápidos y muy maniobrables, podáis volarlos cerca del suelo o a gran altura con la misma facilidad. Cuando acabe de reconstruirlo y arreglarlo, lo probaré.

—No sabía que pilotases también.

—He tomado varios cursos. Sé que puede sonar absurdo viniendo de un mago aéreo, pero siempre me ha apasionado volar en estas máquinas, debe ser cosa de familia.

—No lo entiendo, entonces, ¿por qué no te hiciste piloto? —inquirió Fate.

—Cuidado, ese tornillo está pasado…

—Sí, gracias… Bueno, cuando vio que tenía talento para la magia, a mi padre le pareció mejor que me hiciese mago de combate que piloto de caza; él respeta mucho a los magos, los admira porque pueden volar libremente por el cielo, sin embargo los pilotos necesitan de máquinas para ello… Es gracioso, ¿verdad? Él siempre quiso volar sin elementos mecánicos y yo, que puedo hacerlo, estoy montando este pájaro para pilotarlo.

—Es paradójico, sí —sonrió Fate—. Aunque te entiendo.

—¿También le gustan los aviones? —le preguntó el Jefe.

—Más bien los coches, aunque aún no tengo licencia para conducirlos.

—Ah, ¿algún modelo en particular?

—Un deportivo…

—No podía ser de otra manera —rió el Jefe.

—Sí, todos sabemos que la especialidad de la Enforcer Testarossa es la velocidad —abundó Vassan.

Fate se sonrojó pero no dijo nada, no iba a ponerse a negar la realidad a esas alturas.

—Qué me dices, Testarossa, ¿querrás darte un paseo conmigo cuando terminé de arreglar el caza? Es un biplaza, así que no hay problema.

—La Enforcer debería estar loca para querer subirse a eso —bromeó el Jefe.

—Me encantará, Vassan, gracias.

—Oh, bueno, supongo que a vosotros nos harán falta paracaídas cuando comencéis a caer.

—Tsk…, Jefe, así no me anima nada.

Los tres rieron sonoramente.

Nanoha había ido a la sala de entrenamiento a "estirar sus alas", o eso le había dicho a Fate, ya que no podía volar estando en el resto de la nave, al menos en aquella sala sí, aunque fuera en un espacio reducido. Sin embargo, cuando entró, se encontró con que la sala ya estaba ocupada; Navara, vestida con la ropa de entrenamiento y su dispositivo activado, ejecutaba varias series de movimientos, el sudor perlaba su frente, pero su respiración apenas parecía agitada.

—Ah, Nanoha… —dijo deteniéndose en medio de un giro al verla en la puerta.

—Gomen, Navara, no quería molestar.

—Nah, no molestas —sonrió la joven—. Mmm… ¿quieres entrenar conmigo? ¿Un combate simulado?

—¿Seguro? No hace mucho que te recuperaste de la herida de bala.

—Estoy bien, recuperada al cien por cien —dijo haciendo el gesto de sacar músculo con el brazo—. Además, siempre he querido poner a prueba a Dark Thorn contra Raising Heart, ¿verdad, amigo?

—Yes, lady.

—Muy bien, aceptamos el desafío, Raising Heart, sep up.

—Yes, master.

Ambas vistieron las barrier jacktes y se elevaron sobre el suelo, girando una en torno a la otra, evaluándose mutuamente, calibrándose; las dos se habían visto en acción, pero en el fragor de la batalla no eres muy consciente del verdadero talento de tus compañeros, más centrado en mantenerte con vida y ayudarles que otra cosa.

Se lanzaron al ataque al mismo tiempo, dado el tamaño de la sala, el combate sería prácticamente un cuerpo a cuerpo, sin muchas florituras de largo alcance, aún con todo, se dispararon varias balas mágicas, que zumbaron por todo el lugar, hasta ser esquivadas o paradas con escudos. Nanoha tuvo que admitir que Navara se movía muy bien, tanto en el aire como en el suelo, la joven tenía una increíble agilidad, acompañada de un dominio considerable sobre la velocidad, sus movimientos eran precisos, sin malgastar energía innecesaria, anticipando sus ataques e incluso sus defensas, a la pelirroja le estaba costando seguirle el ritmo. Tras un encontronazo, ambas saltaron hacia atrás.

—Dark Thorn, ¡Iron Arrow!

—Yes, lady.

De las puntas del tridente salieron tres haces de luz en forma de flecha que se dirigieron hacia Nanoha siguiendo distintas trayectorias.

—Protection —un escudo protector envolvió a Nanoha. Las flechas rebotaron en él, pero no desaparecieron, Navara aún las controlaba y las mantuvo girando en torno a su escudo mágico, golpeando de tanto en tanto, buscaba la forma de debilitar y penetrar aquella defensa.

—No está mal… —dijo Nanoha—. Terminemos de una vez, Raising Heart.

—Yes, master.

Fue un contraataque rápido, retiró el escudo aprovechando los segundos que Navara tardaba en lanzar las flechas sobre él.

—Sonic move.

Ella también podía ser rápida cuando lo necesitaba, Navara movió sus manos manipulando las flechas, que se digirieron hacia Nanoha desde tres puntos distintos, la de ojos ambarinos sonría, pues creía la victoria en su mano, estaba claro que Nanoha no podría alcanzarla antes de que lo hicieran sus flechas.

—Accel Shoot.

Los disparos de Nanoha no iban dirigidos a ella, sino hacia las flechas, para interceptarlas, era una buena maniobra, pero aún podía convocar más.

—¡Iron Arrow!

—¡Divine Buster!

Eso sí que no se lo esperaba, el ataque partió de la mano de Nanoha y a una potencia muy medida, pero suficiente como para traspasar la barrera que atinó a levantar y mandarla contra una de las paredes, donde tras golpearla, cayó al suelo.

—Auch…

—¿Estás bien? —Nanoha le tendió una mano para ayudarla a levantarse.

—Sí… Aaah, era de esperar —suspiró al tiempo que se ponía en pie—. Imposible vencer a la As de Ases.

—Lo has hecho bastante bien. Mira —Nanoha señaló la manga derecha de su barrier jacket donde se apreciaba un desgarrón—. Una de tus flechas me alcanzó.

—Pero no fue suficiente —sonrió tristemente—. Bueno, ha sido un buen entrenamiento, he aprendido un par de movimientos interesantes. Además, Ald y los demás se morirán de envidia cuando se lo cuente.

—Nyahaha, espero que no vengan todos a pedirme combates individuales.

Ambas desactivaron sus dispositivos y fueron a las duchas.

—Hm, eres una maga de tipo Mid, pero tienes un estilo de combate muy particular, el cuerpo a cuerpo se te da muy bien, aunque es más común entre los magos de tipo Belka —comentó Nanoha mientras se duchaban.

—Ah, es porque me entrenó mi madre, ella me enseñó todo lo que sabía, viajó por muchos mundos y aprendió diferentes estilos de combate, que luego adaptó a sus propias capacidades. Y aunque era tipo Mid, siempre le gustó mucho el estilo tradicional Belka. Además, Dark Thorn se acopla muy bien con mis habilidades.

—¿Era?

—Ah, no está muerta —se apresuró a aclarar Navara—. Se retiró hace un par de años del servicio activo… Su unidad sufrió un grave incidente durante una misión, algunos de sus compañeros murieron allí y creo que aquello le afectó demasiado, por eso dejó la línea de defensa.

—Ya veo. ¿Y lleva bien que tú estés en ella?

—No le hace especial gracia, pero fue ella misma la que me entrenó y me animó a convertirme en maga de combate, hasta escogió el diseño de mi dispositivo, así que sabe que por el momento nada me moverá de aquí. La verdad —dijo mientras sus mejillas se sonrojaban levemente— es que aspiro a capitanear mi propia astronave. Cuando acabe esta misión comenzaré a tomar cursos para ello, sé que el camino para convertirse en oficial de alto rango es largo y duro.

—Estoy segura de que lo conseguirás, Navara —le dijo animándola—. Tienes un gran talento, aunque a veces eres un poco irreflexiva…

—Mira quién fue a hablar —bromeó la especialista. Ambas rieron.

Ya de vuelta en su cuarto, Nanoha se encontró con que Fate también había vuelto, la Enforcer estaba revisando alguna información en una pantalla, la pelirroja se asomó por encima de su hombro para ver de qué se trataba; eran datos sobre las Esquirlas, todo lo que habían podido averiguar sobre ellas hasta ahora.

—¿Qué tal tu incursión en el hangar?

—Bien, Vassan está dispuesto a hacer volar una antigualla que el Jefe duda que pueda hacerlo.

—Ah, te refieres a ese viejo caza.

—Si, pero yo creo que al final logrará que despegue, tiene puesto todo su empeño en ello y se nota la dedicación y el cariño con los que trabaja en él —se volvió a mirarla—. ¿El pelo mojado?

—Vengo de la ducha, estuve haciendo algo de entrenamiento ligero con Navara.

—Espero que la sala aún siga en pie —bromeó Fate.

—Buu…, claro que sí…

—Espero no interrumpir nada —la cara de Hayate apareció en una pantalla de comunicación que se abrió junto a la que Fate estaba mirando.

—Hayate-chan está dispuesta a tomar el lugar de Arisa-chan y sus bromas —dijo Nanoha.

—Jeje, es divertido meterse con vosotras de vez en cuando.

—¿Y qué quiere usted, Capitán Yagami?

—Oh, espero que no te hayas enfado, Enforcer Testarossa —sonrió Hayate—. Nada en particular, es que se me hace raro que vayamos juntas a la misma misión y no estéis aquí en el Asura. ¿Cómo va todo por allí?

—Bien, la gente del Ice Breaker nos trata como dos más de la tripulación —comentó Nanoha—. Nos divertimos bastante estos días sin mucho que hacer.

—Me dais un poco de envidia.

—¿Y tus guardianes?

—Ayudando en la nave, a Chrono le gusta mantenernos a todos ocupados, ya le conocéis.

—Jaja, sí, decimos que Demy es estricto, pero a mi hermano no le gusta nada ver a gente vagueando por el Asura.

—¿Te has escaqueado, Hayate-chan? —preguntó Nanoha con una sonrisa.

—No, estoy en mi tiempo libre…

Siguieron charlando un rato, hasta la hora de la cena. De alguna forma, todos a bordo de las naves que componían la flotilla sabían que aquellos días de calma había que aprovecharlos, la vida a bordo era estricta, pero también había lugar para las risas y los buenos ratos con los compañeros y amigos, momentos en que se afianzaba y reforzaban la camaradería y los lazos que les unían, que les volvían un equipo eficiente, sabiendo que podían confiar unos en otros, una cadena cuyos eslabones eran fuertes.

Y por fin, cuando alcanzaron su objetivo, todos estuvieron listos para entrar en acción.

—La calma que precede a la tormenta ha terminado —dijo Leon desde su consola en el puente, Nanoha y Fate se encontraban allí, observando el panorama que se abría en las grandes pantallas de la astronave.

Rodeado entre varios cinturones de asteroides, Areuda les esperaba, rojizo y verdoso, su cielo les aguardaba.

—El hogar del enemigo, la cueva del león… —mustió el capitán Demy—. Veremos de qué están hechos. Ha llegado nuestro turno de devolver el golpe.