Capítulo 12º.- Cuenta atrás

—¿Alguna noticia de los equipos XIV y XII? —inquirió Chrono a sus operadores. Los sensores y cámaras de varias naves, incluidos los de la Asura, habían detectado la explosión producida dentro del edificio que era el cuartel general del enemigo.

—No, intentamos conectar por radio con ellos, pero hay mucho ruido e interferencias —contestó Amy.

—Seguid intentándolo.

—Sí, señor.

—Fate, Nanoha… espero que estéis bien —susurró para sí—. ¿Cómo van las cosas en el exterior?

—Nuestras fuerzas controlan la situación, parte del enemigo intenta huir o buscar refugio en los alrededores desde donde seguir atacando a distancia.

—¿Y las unidades enviadas a las otras bases?

—La Capitán Yagami ha informado de que todas las bases designadas han sido tomadas y las Esquirlas selladas y aseguradas. Hemos sufrido algunas bajas, pero la mayoría de nuestra gente lo ha logrado.

—Bien. Seguid alerta.

—¿Chrono? —su mujer se volvió a mirarlo un segundo por el tono grave de su voz.

—Tengo un mal presentimiento.

El fogonazo las cegó durante varios segundos, al tiempo que la honda expansiva les hacía caer varios tramos de escalera; un instante antes de que las grandas explotaran Fate se había abalanzado sobre Nanoha para cubrirla con su cuerpo, Bardiche y Raising Heart habían alzado sendas barreras, pero eso no impidió que cayeran rebotando contra los escalones, al parecer alguno de los explosivos contenía una Esquirla que había hecho flaquear sus defensas.

—¡Fate-chan!

—Ugh… —la Enforcer abrió los ojos, estaba tendida de espaldas en el suelo, Nanoha se inclinaba sobre ella con expresión angustiada y sentía un dolor punzante en la espalda.

—Baka… —suspiró la pelirroja al borde de las lágrimas—. ¿Por qué hiciste eso?

—Fue un impulso —se incorporó sentándose, una nube de humo y polvo flotaba sobre ellas, el tomar aire le provocó un ataque de tos, Nanoha la sostuvo por los hombros.

—Tú espalda… —mustió Nanoha al ver la capa blanca desgarrada y manchada de sangre en varios puntos.

—Apenas me duele —mintió, no quería preocuparla más—. ¿Y Navara?

—Estoy aquí. —La voz de la especialista les llegó de unos metros más abajo—. Estoy bien, sólo tengo un golpe en la cabeza, en cuanto todo deje de darme vueltas me reuniré con vosotras ahí arriba, sólo dadme un minuto.

—¿Y tú, Nanoha, estás herida?

—Sólo unos golpes y cortes, parece que te llevaste la peor parte… No tenías que haberlo hecho.

Fate alargó una mano para acariciarle el rostro, ante el peligro su único pensamiento había sido proteger a Nanoha, ni siquiera dudó un instante y sabía que volvería a hacerlo.

—Gomen, la próxima vez dejaré que me protejas tú y estaremos en paz.

—Baka… —repitió otra vez Nanoha, pero en sus labios se dibujaba una pequeña sonrisa—. Voy a contactar con Sikes, no sabemos nada de él y de su grupo.

—Bien. —Fate se levantó y miró alrededor, había poca luz, muchas de las lámparas que jalonaban las paredes habían desaparecido. Al menos debían haber caído casi una planta, ya que se encontraban en uno de los recodos de las escaleras. El dolor en la espalda parecía remitir algo, aunque podía sentir perfectamente las heridas que tenía en ella.

Nanoha estableció una breve conversación con el cabo, su grupo había perdido a Jenn, la explosión de una de las granadas la había alcanzado de lleno con la mala suerte de ser una de las que contenía Esquirlas; el propio Sikes, Vassan y Nalo tenían pequeñas heridas, pero seguían en pie. Navara se reunió con ellas, por la cara de la especialista escurría un reguero de sangre que bajaba desde un corte en su frente, sus ojos ambarinos brillaban, parecía más determinada que nunca a volver al ataque. Entre los seis idearon una estrategia para poder tomar la sala de mando del enemigo, esta vez deberían confiar en la suerte, porque para librarse de los guardias en lo alto de la escalera sólo podían recurrir a la magia.

¿Listos? —preguntó Fate.

Sí, señora.

—¡Vamos!

Volvieron a subir por lo que quedaba de escalera, volando cuando era necesario para no caer al vacío o los pisos inferiores. Nanoha iba delante, ella se encargaría del ataque frontal, mientras Fate y Navara la cubrían desde la retaguardia; esta vez no le darían tiempo al enemigo para pensar o responder. Nanoha se detuvo varios metros antes de alcanzar el final de la escalera, pudo sentir más que ver cómo los soldados de arriba, que ahora contaban con una mejor visión debido a los tramos de peldaños desaparecidos con las explosiones, la apuntaban con sus armas, Navara y Fate levantaron barreras a su alrededor y esperaron.

—Raising Heart esta vez no nos contendremos —a su mente vino el rostro de Aldian y de todos aquellos que habían perdido su vida en aquel lugar—. ¡Divine Buster!

Su ataque ascendió hacia el piso superior arrasando lo poco de escalera que quedaba en pie y llevándose parte del suelo y el techo de la quinta planta, los soldados que fueron alcanzados ni siquiera tuvieron tiempo para ser conscientes de lo que se les venía encima antes de caer heridos e inconscientes, afortunadamente ninguna de sus armas hizo explosión.

—Ahora es nuestro turno —dijo Navara, mientras aferraba con fuerza a Dark Thorn.

—Bardiche, Sonic Forme.

—Sonic Drive.

—Dark Thorn.

—Sonic Move.

Ambas se lanzaron hacia arriba a una endiablada velocidad, cruzaron el corredor que les llevaría a la sala de control, cuya puerta ya podían ver; varios soldados venían a su encuentro, mas sus manos temblaban sobre las armas que asían, sus disparos eran erráticos y apenas si suponían una amenaza. Fate y Navara se abalanzaron sobre ellos, golpeándoles con sus dispositivos y dejándolos fuera de combate. Ya no había nada entre ellas y aquella última puerta tras la que Prodiac aguardaba.

—¡Arc Saber!

La magia de Fate redujo a escombros la puerta y parte de la pared, al otro lado de la sala ocurrió lo mismo y el grupo de Sikes entró allí, mientras que ellas hacían otro tanto desde su posición, Nanoha ya a su lado. La sala de mando era una gran habitación circular, el suelo y el techo parecían estar hechos de alguna clase de grueso cristal, por lo que daba la sensación de que uno se encontraba flotando allí arriba, varias mesas de control jalonaban la estancia y junto a ellas, de pies y apuntándolas con armas de diferentes calibres había unos treinta soldados. En medio de todo aquello, alzándose en el centro mismo de la sala estaba Prodiac, el mismo hombre de la cicatriz que habían visto en la foto, mas su pelo era ahora cano y su rostro estaba surcado de arrugas; les miraba sin ningún miedo.

—Os felicito por vuestra perseverancia, magos de la TSAB —la voz de Prodiac era hueca, sin inflexiones, como si careciera de cualquier tipo de emoción—. He de reconocer que sois tenaces. Pero parece que el juego se acaba aquí. Os superamos en número y por muy rápidos que seáis no podríais hacer frente a todos mis hombres. Además, debéis de notarlas, ¿verdad? Las Esquirlas que hay en esta sala —una sonrisa maliciosa ensanchó su rostro, primer gesto que dejaba ver.

Los magos se miraron entre sí, era cierto, desde que habían entrado en aquel lugar habían sentido la pulsación insistente de las Esquirlas, no es que sólo estuvieran en algunas de las armas con que les apuntaban, sino que parecían estar en toda la estancia, tal vez ocultas en las consolas de las mesas de control. Usar la magia allí y tener un error de cálculo sería fatal.

—Puede que ahora seamos menos, pero en unos momentos nuestros compañeros estarán aquí y seréis vosotros los que no tendréis escapatoria —dijo Fate.

—¿Y quién ha dicho que queramos escapar? No, en este día todos nosotros —hizo un gesto abarcando a sus hombres— nos convertiremos en mártires, seremos la razón para que nuestro pueblo siga luchando. Llevaremos a cabo nuestra Gloriosa Hora.

—¡¿Por qué?! —preguntó Nanoha—. ¿Por qué les guías hacia la muerte de esta manera?

—Porque este es un mundo sin esperanza, este es un mundo de muertos y fantasmas.

—No es verdad, hay gente aquí que todavía tiene esperanzas —dijo Fate.

—¿Y qué puede saber una soldado de la TSAB de este mundo y de sus gentes? Acaso crees que por pasar unas horas aquí ya lo sabes todo sobre nosotros. No, ¡no sabéis nada! Areuda no es más que una tumba. Es mejor morir luchando, golpeando a aquellos que nunca hicieron nada por nosotros, salvo mirar para otro lado.

—¿Por qué? ¿Por qué camináis de esa manera hacia el suicidio? ¿Por qué dejáis que el odio os ciegue? ¡¿Por qué seguís a un hombre como él?! —Nanoha gritó su pregunta a aquellos que les apuntaban.

—Prodiac nos ha dado una razón para vivir y morir con honor —contestó uno de ellos.

—No hay nada por lo que luchar en este mundo, es mejor ganar la gloria contra otros que convertirnos en esos carroñeros que asaltan los caminos —dijo otro de los soldados. Y en los ojos de todos ellos brillaba la luz del fanatismo, nada les haría cambiar de opinión, pero aún así necesitaban intentarlo.

—¿Y por qué no luchar por sobrevivir, por levantar este mundo? —inquirió Fate.

—Es que no lo has oído, muchacha, Areuda es un mundo muerto, nunca jamás volverá a ser lo que era y ya no nos queda fuerza para abandonarlo y empezar en otro lugar —contestó Prodiac.

—Pero la habéis tenido para atacarnos. Luchas para morir matando. Lo que dices no tiene sentido —dijo la Enforcer.

—¿Sentido? ¿Hablas de sentido? Te diré lo que no tiene sentido; no lo tiene una guerra que se llevó cientos de miles de vidas, que arrasó países y no trajo más que miseria, no lo tiene aplicar el conocimiento al desarrollo de las armas, no lo tiene ser testigos pasivos de la destrucción de todo un mundo, no lo tiene una vida vacía donde todo cuanto amabas se ha perdido para siempre. —La voz de Prodiac delataba finalmente sus emociones, sus ojos brillaban y apretaba con fuerza los puños.

—Culpáis a la TSAB, pero fuisteis vosotros los que decidieron usar las Esquirlas en sus armas, fuisteis vosotros los que comenzaron su propia guerra. Para vosotros somos aquellos con los que descargar vuestra culpabilidad, una excusa con la que justificar vuestra propia vergüenza. ¿No es así, Prodiac? ¿No eras tú un ingeniero antes de la guerra? ¿No fue tuya tal vez la idea de utilizar las Esquirlas para la guerra, cuando ni siquiera sabíais con qué estabais jugando? —señaló duramente Fate.

—¡Basta! ¡Maldita cría insolente! No sabes nada, ¡nada! —Prodiac parecía perder su aplomo inicial por momentos—. Nunca quise que mis investigaciones se usaran para lo que se usaron, no fue mi intención que los dirigentes de mi propio país se aprovecharan de todo cuanto mi equipo y yo descubrimos sobre las Esquirlas. Jamás fuimos conscientes del poder que les estábamos dando hasta que declararon la guerra a Gifelen y entonces ya nada pudo parar la desgracia que se cernía sobre este mundo.

"Y sin embargo, en el cielo había unos ojos que nos observaban, que podían haber intervenido evitando que la guerra arrasará Areuda, pero no lo hicieron, ni siquiera intentaron salvar las vidas de los civiles atrapados en el conflicto, simplemente siguieron observando y luego se fueron, dejándonos para morir en el olvido.

"¡Pues no será así!, moriremos vengándonos de aquellos que prefirieron ignorar nuestro dolor y sufrimiento; nos llevaremos a tantos perros de la TSAB como podamos y aquellos que nos sobrevivan seguirán nuestros pasos, porque para ellos, como para nosotros, no hay mañana al que mirar. Es el fin.

Prodiac hizo un gesto a uno de sus hombres, éste asintió y pulsó algún botón en su consola de control.

"La cuenta atrás ha comenzado. La autodestrucción comenzará en dos minutos. Repito. La autodestrucción comenzará dentro de dos minutos", anunció una voz metálica, luces rojas intermitentes iluminaron la sala, mientras por megafonía oían el descuento de los segundos.

—¡Está loco! —espetó Nalo—. Con la cantidad de Esquirlas que hay aquí la explosión será enorme…

—Sí —sonrió oscuro Prodiac—, Artasan quedará reducida a ruinas, cenizas y polvo.

—Tenemos que avisar a los que están fuera —apuntó Navara.

—Ya lo estoy haciendo —terció Nanoha, que en aquel momento comunicaba telepáticamente la situación a las unidades en el exterior.

—Todavía podemos salir de aquí —dijo Sikes—. Las naves podrán teleportarnos en cuanto retiren la barrera. Si estos malditos locos quieren morir, que lo hagan.

—No podrán hacerlo —negó Fate—. Teleportarnos puede hacer que las Esquirlas reaccionen antes de tiempo y eso sería mucho peor.

—¿Entonces vamos a morir aquí? —mustió Navara.

—No. Sellaremos las Esquirlas. Nanoha.

—Sí.

—Oh, ¿creéis que tendréis tiempo para hacerlo? ¿O que os lo vamos a permitir?

Los hombres de Prodiac avanzaron un paso, listos para comenzar a dispararles.

Sikes, tú y los demás ocuparos de entretenerlos, Nanoha y yo sellaremos las Esquirlas con Bardiche y Raising Heart.

Sí, señora. Estamos listos.

Adelante.

Mientras Nanoha y Fate se elevaban por encima del suelo y comenzaban su labor de sellado, el resto de magos se lanzó en un ataque físico, utilizando la magia sólo para protegerse de las balas convencionales. Y cuándo más la necesitaban, recibieron una ayuda inesperada, Ledri y su equipo aparecieron en la sala, los cuatro parecían bastante vapuleados, pero se unieron al ataque de sus compañeros. Moviéndose con velocidad y agilidad entre los enemigos, fueron derribándolos uno a uno, sin embargo, algunas balas con Esquirlas consiguieron alcanzarles; Vassan cayó con ambas piernas heridas, aunque siguió defendiéndose con la ayuda de Yuan, Mara fue abatida de un tiro certero en la cabeza, el brazo izquierdo de Sikes le colgaba inútil a un costado, la sangre chorreando desde el hombro a la punta de los dedos, Navara había sido herida en una pierna, pero seguía luchando ignorando el dolor. Y mientras Prodiac lo observaba todo, parapetado tras su puesto de mando parecía disfrutar con el infierno que había desatado, una risa enloquecida escapó de sus labios.

Nanoha y Fate apenas eran conscientes del caos que se desataba a su alrededor centradas en localizar y sellar las Esquirlas, era algo que podían hacer con relativa velocidad, pero de vez en cuando se veían obligadas a evadir alguna ráfaga de fuego enemigo. Concentrada en el sellado de varios fragmentos, la Enforcer no vio al soldado que la apuntaba detrás suyo y disparaba en su dirección.

—Sonic Move.

Pero no había sido la voz de Bardiche, sino la de otro dispositivo. Fate sintió cómo un peso caía sobre su espalda, se volvió para ver el cuerpo de Nalo resbalar hasta el suelo, el veterano se había interpuesto entre ella y las balas que lo habían alcanzado en varios puntos del abdomen, la sangre manaba abundantemente de las heridas.

—Lo… siento… señora… parece que no… podré ayudaros… más…

Un último estertor sacudió el cuerpo de Nalo antes de que sus ojos se vidriaran en una mirada prendida en la nada. Por unos segundos Fate no pudo reaccionar, la vista fija en el cuerpo del veterano que había salvado su vida a cambio de la suya.

—¡Aaaaah! —el gritó de rabia brotó de lo más profundo de su ser y por un momento olvidó lo que estaba haciendo, se dirigió hacia el enemigo que les había disparado ignorando las balas que lograron rozar su piel y lo golpeó con fuerza con Bardiche en su forma de gran espada, el soldado salió despedido varios metros, se estampó contra una pared de cristal y quedó tendido en el suelo, de dónde no volvió a levantarse.

Fate-chan, tenemos que seguir, no nos queda mucho tiempo. —La voz de Nanoha la trajo de vuelta a la razón y prosiguió con el sellado, de sus ojos caían lágrimas inconscientes.

"Queda un minuto para la autodestrucción".

El tiempo se les agotaba y aún podían sentir bastantes Esquirlas. No iban a lograrlo, Nanoha estaba segura de ello, jamás podrían sellarlas todas antes de que los explosivos detonaran, tenían que salir de allí cuanto antes a un lugar desde el que la teleportación fuese más segura. Y entonces la vio, la cúpula que era el techo de aquella estancia; ascendió hasta ella, no había nada en los cristales que la formaban, ni la más leve señal de Esquirlas. Una idea cobró forma en su mente.

Fate-chan, todos, escuchad. Vamos a salir de aquí, de otra manera la explosión nos alcanzará. Los que podáis volar ayudad a los demás, voy a reventar el techo. Saldremos por ahí.

¿Estás segura, Nanoha? Es arriesgado.

Lo sé, pero aquí arriba no hay Esquirlas. Es nuestra única oportunidad.

De acuerdo.

Lanza tus fuegos artificiales, teniente —le llegó la voz de Vassan, aunque malherido aún seguía consciente.

—¡Están pensando en huir! ¡No se lo permitáis! —gritó Prodiac, había abandonado el lugar en el que se parapetaba y ahora él también empuñaba una de aquellas pistolas apuntando a la espalda de Nanoha, que ya preparaba su Divine Buster.

—¡No te lo permitiré!

Fate se lanzó contra el líder enemigo, sus movimientos acelerados le permitieron alcanzarle antes de que éste apretara el gatillo, le desarmó de un golpe y le noqueó con otro, se lo llevarían vivo, no permitiría que se convirtiese en un mártir y pagaría por sus crímenes, por las vidas que por su causa se habían perdido, tanto amigas como enemigas.

"Treinta segundos para la autodestrucción".

Todos se esforzaron en proteger a Nanoha, levantaron barreras a su alrededor y encararon a los enemigos que aún quedaban en pie en luchas cuerpo a cuerpo.

—¡Divine…!

"Veinte segundos para la autodestrucción".

—¡…Buster!

Una lluvia tintineante de miles de fragmentos de cristal brillante cayó sobre la sala y las barreras impidieron que los magos resultasen heridos por ellos.

"Diez segundos para la autodestrucción".

—¡Vamos! —gritó Nanoha, pero no hacía falta, ya todos salían volando hacia el cielo nocturno que se abría sobre ellos, la barrera ya no estaba, los magos aéreos llevaban a los que no podían volar y a los que estaban malheridos; Fate cargaba con el cuerpo inconsciente de Prodiac.

—¡La especialista Navara a cualquiera de las naves, necesitamos que nos saquen de aquí ya! —repitió el mensaje varias veces por la radio hasta que varias luces blancas les envolvieron para transportarlos a un lugar seguro.

Y mientras, la cuenta atrás llegó a cero, una enorme explosión hizo saltar por los aires el edificio dónde Prodiac había establecido su cuartel general, las Esquirlas no selladas amplificaron el poder de la deflagración, sacudiendo y devastando las ruinas de la antigua ciudad, una gran nube de polvo rojo se elevó en el cielo, como si fuese la sangre derramada de la vieja capital, que se convirtió en la tumba sin nombre de aquellos que decidieron seguir a su líder y de los que habían ido a luchar contra ellos y perdieron la vida allí.

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Nota de la Autora: Acción y más acción, creo que es el capítulo que más acción y discursos tiene xD (y eso que no ha salido muy largo). Al final Nanoha pudo salvar el día haciendo volar algo por los aires xD. Bueno, creo que os imagináis que ya queda poquito para que termine este ffic (un capítulo y un epílogo, como mucho).

Y gracias por las reviews, sobre todo a las "anónimas" que no puedo contestar ;)