Ran Mouri inspiró hondo tratando de calmar a su frenético corazón.
A su alrededor había mucha gente. Demasiadas personas.
Andaban por ahí, murmuraban entre ellas... y la miraban. La miraban fijamente y ella percibía el tono de acusación y gravedad que le taladraba la cabeza.
Sentía como sus ojos picaban por las lágrimas que se contenían por salir. Pero ella no lloraría. No recaería. Esperaría. Sí, lo esperaría. Porque sabía que él vendría. Él vendría a salvarla, estaba segura. Desde pequeña había sido así, y no por ello eso iba a cambiar.
Shinichi vendría y la salvaría.
Tan solo tenía que esperarlo.
Y lo haría, aunque fueran cien malditos años.
—Ran Mouri— escuchó una voz impersonal llamándola— el inspector desea hablar con usted.
·
—¡Alto ahí! ¡No puede pasar!
Shinichi juró por la bajo mientras fulminaba con la mirada al agente que se encontraba cortándole el paso hacia el gimnasio del instituto. A su alrededor un gran número se encontraban amontonados contra la cinta de la policía que cortaba el paso. Oía lo que estaban susurrando entre ellos y cada vez que escuchaba el nombre de Ran en el aire sentía una presión en su pecho. ¿Qué demonios había pasado?
—Déjeme pasar, soy Shinichi Kudo— espetó mirando fijamente al oficial.
Este lo miró de igual manera, entre aburrido y cansado.
—Y yo Takeo Fujima, chaval, ¿qué me cuentas?— se burló.
Era nuevo. No sabía que el joven había ayudando incontable de veces a la policía.
Necesitaba a Megure, a Takagi, a Sato, a cualquiera que lo conociera y lo dejara pasar. Necesitaba estar al lado de su Ran.
El detective del Este apretó los dientes y observó a su alrededor deseando encontrar alguna cara conocida desesperadamente.
—Tranquilo, Kudo— murmuró Heiji tras él, dándole ánimo— Ella estará bien. Y esperándote.
Sí, claro que sabía eso, y ahora él no podía ir a ayudarla por un idiota que no le dejaba pasar.
—¡Kudo!
Rápidamente se giró cuando escuchó como lo llamaban y descubrió a Sonoko que había levantado un brazo para que fuera fácilmente visible. Haciéndole una señal a sus amigos de Osaka, salió de la muchedumbre y se dirigió hacia donde estaba la joven castaña.
—¿Dónde está Ran?— inquirió nada más llegó a su lado.
Vio como los ojos de ella se aguaban y una horrible sensación se ciñó sobre el detective.
—No lo sé. No me dejan pasar— musitó sacudiendo la cabeza— Había quedado con ella para devolverle una cosa antes de que me fuera de viaje, pero cuando llegué ya estaban las cosas así. No la he visto y nada más me enteré de lo que murmuraba la gente, te llamé.
—A nosotros tampoco nos dejan pasar— habló Kazuha preocupada por como estaría en esos momentos su amiga.
—¿Tampoco?
—Es uno nuevo— chistó Shinichi llevando su mirada hacia el edificio— No me conocen.
—Podrías llamar al Inspector Megure, ¿no? Dile que te dé permiso— dijo Heiji.
Sonoko se mordió el labio inferior.
—Llegué a oír que esta vez el Inspector Megure no estaba aquí. Tenía un caso de no se qué y ha venido un sustituto.
Shinichi no se arrancó los pelos de puro milagro. El destino parecía encontrarse en contra de él, poniéndole un obstáculo tras otro para que no pudiera llegar a su Ran. Inspiró profundamente para tranquilizarse un poco y así dejar que su mente trabajara. Tenía que centrarse y no dejarse llevar por las emociones. Cabeza fría.
Por lo menos debería de intentar llamar a Megure, contarle lo ocurrido y así al menos tener una oportunidad para que le diera un permiso. Ya se le ocurriría algo, además Megure le debía demasiado, después de todos los casos que había resuelto cuando la policía no sabía cómo obrar.
—Lo llamaré igualmente— terminó decidiendo.
Kazuha observó a Shinichi alejarse junto con Heiji para hacer la llamada mientras ella se quedaba junto a Sonoko. Podía notar perfectamente la preocupación en cada poro de la piel del detective, en sus gestos, en su mirada. No importaba cuantas veces le dijera a la karateca que el detective la quería, ella no le creería.
—Siento no haber podido presentarme— oyó como le decía la castaña, amiga de los chicos de Tokio— Es que con esto que ha ocurrido...
Kazuha sonrió, comprensible.
—No te preocupes, te entiendo. Yo soy Kazuha Toyama— le tendió una mano— Él es Heiji Hattori.
—Sonoko Suzuki— le correspondió el saludo con una tenue sonrisa— ¿Vosotros sois los chicos de Osaka? Ran me ha hablado mucho de ustedes.
—Sí— asintió— Hemos venido este fin de semana de visita.
No hubo tiempo a que la conversación se extendiese más. De pronto, las chicas vieron a Kudo caminar hacia su dirección con paso decidido con el móvil aún en la oreja. Pasó de largo y se volvió internar en el mogollón.
—Vamos— les apuró Heiji caminando tras el chico de Tokio.
·
—Nombre completo.
—Ran Mouri.
—Edad.
—Diecisiete años.
—Lugar de nacimiento.
—Tokio.
La muchacha vio al hombre frente de él asentir mientras apuntaba una tras otra las contestaciones que ella iba dando. Se encontraba en el vestidor del gimnasio, ella sentada en un banco de allí con la espalda apoyada en las taquillas y rodeada del inspector y cuatro policías.
Parece como si me estuvieran controlando, susurró una pequeña voz en su mente.
—Dime, entonces, ahora, lo que estabas haciendo en el momento del asesinato.
Ran tuvo que controlar las lágrimas que querían salir cuando recordó el alegre y jovial rostro de su entrenador de karate desde que empezó a practicarlo. Le tenía mucho cariño ya que fue él uno de los principales pilares que habían hecho que se convirtiera en las finalista de las competiciones nacional. Él fue el primero que creyó en ella...
Y ahora estaba...
—Estaba en este mismo lugar, dándome una ducha.
—¿Sola?
Ella cabeceó y aún sin mirarlos, percibió como los policías se miraban entre ellos.
Una parte de su cabeza, la que no estaba intentando asimilar lo que había ocurrido en la última hora, cuestionó quienes eran esos hombres. Había asistido a algunos asesinatos por la gran pericia de Shinichi de encontrarse en los sitios en los momentos oportunos, además de que su padre había sido un antiguo policía. ¿Por qué no habían acudido, entonces, como siempre, el Inspector Megure y los demás?
Realmente se sentiría muchísimo mejor tener que declarar con ellos, que la conocían y sabían cómo era, no con un completo desconocido que no hacía más que mirarla con ojos críticos y preparado por si en cualquier momento ella se fuera a levantar y sacar una pistola de cualquier lugar invisible.
No, en realidad, lo único que necesitaba en esos momentos era tener a Shinichi a su lado. Él sabría qué hacer. Él la ayudaría.
—Señorita Mouri, antes de hablar con usted, lo hemos hecho con los otros dos implicados— expresó el Inspector Kawato lentamente. Su labio superior se frunció y el bigote, bastante parecido al de Kogoro Mouri, se movió graciosamente— Y sus declaraciones de los hechos han coincididos en decir que estaban los dos charlando junto a la víctima segundos antes de que él se dirigiera hacia los vestuarios, lugar donde se encontraba usted.
En un primer momento, Ran se sintió confusa y muy perdida. ¿Qué era lo que estaba intentando decir el Inspector? ¿Por qué la estaba mirando como todos los demás policías? ¿Qué ocurría? Sin embargo, lentamente, el significado de aquellas palabras fue penetrando en su mente, haciéndose hueco en sus recovecos. Y de pronto unas ganas de vomitar la inundaron.
¿Estaba acusándola de asesina?
—¡Señor!— un oficial entró en el lugar, apartando por un momento la mirada de los presentes en la sala.
Pero la muchacha ni si quiera lo notó. Su mente ahora mismo era un amasijo de pensamientos perdidos e incoherentes.
—¿Qué ocurre?
—Un joven ha pedido paso a la escena del crimen.
—¿Qué tontería es esa? ¿Y para eso me molestas?— espetó el Inspector Kawato.
—Eh, bueno... Tiene al Inspector Megure al teléfono...
—¡Ran!
La mencionada, como si hubiera sido accionada por un interruptor, se levantó cuando oyó la voz llamándola. Su voz.
Callando a los presentes, una persona entró en el vestuario, empujando de malas maneras al oficial que estaba dando explicaciones. De una mirada barrió el lugar y sintió como su corazón dejaba de latir en un segundo que pareció infinito cuando sus ojos se conectaron con los de ella. Estaba ahí. Por fin.
—Shinichi...
No pensó. Simplemente su cuerpo se movió solo y cuando se quiso dar cuenta la tenía entre sus brazos. En su lugar. Donde ella pertenecía. La apretó fuertemente contra él y en el momento que ella escondía su carita en el hueco de cuello, sus lágrimas empaparon la camiseta. Pero a él no le importaba. En esos momentos tenía lo más importante de su vida en sus manos y no dejaría que nada le pasaría. Él la protegería.
La oyó sollozar y aferrarse a la su ropa con desesperación.
—Shinichi... Ayúdame...
—Shhhh...— susurró en su oído, con el corazón roto en mil pedazos por la súplica— No te preocupes, ya estoy aquí. No te pasará nada.
Aún con la joven en sus brazos, sintió la mirada del Inspector y se fijó en él. Lo estaba observando y en sus ojos se podía apreciar el desdén. Se parecería mucho a Kogoro si no fuera por los veinte kilos de más que tenía en el cuerpo.
—¿Quién eres? ¿Y quién te ha dejado entrar, muchacho?— espetó el Inspector Kawato.
—Venimos en nombre del Inspector Megure— se escuchó la voz de Heiji en el lugar. Este se encontraba en la puerta de los vestidos con una postura despreocupada. La visera de su gorra le impedían ver sus ojos pero sí se podía apreciar el amago de sonrisa en sus labios— Soy Heiji Hattori, detective adolescente.
—¿Detective?— se burló el hombre—Oficial, llévese a estos niños ahora mismos. No deben estar en este lugar, y que sea la última vez que pase.
—Pero señor...
—¡Ahora!— ordenó firmemente. El oficial respingó y terminó asintiendo rápidamente— Jovencito, suelte ahora a la sospechosa. Tenemos que seguir nuestro trabajo.
Shinichi sintió como la chica se estremecía y sacudía levemente la cabeza, aún sin separarse de él. Apretó el abrazo, dejándole claro que no dejaría que le pasara nada y la oyó suspirar.
—Señor, no pienso moverme de este sitio. Y mi amigo tampoco.
El Inspector Kawato los miró y su ceño se frunció de forma pronunciada.
—¿Quieres ser arrestado por obstrucción a la autoridad?— inquirió seriamente.
Shinichi clavó su mirada en el chico de Osaka, el cual captó el mensaje y levantando el teléfono que había tenido todo el tiempo en la mano, se acercó al hombre. Este lo miró como si lo que iba a entregarle era en realidad una bomba a punto de explotar.
—Póngase, desean hablar con usted.
—¿Quién es?
—El Inspector Megure.
Durante unos pocos segundos, el hombre no se movió, mirando fijamente al chico. Él le sonrió jovial y en el fondo burlón. Le encantaba bajarle los humos a los policías que se creían mejor que ellos, por el simple hecho de ser mayores. Shinichi, por otro lado, contuvo la respiración mientras frotaba con suavidad la espalda de la muchacha, la cual lentamente había ido tranquilizándose.
—Trae eso— terminó por decir. Lanzándole una mala mirada al chico de Osaka, cogió el aparato de sus manos y después de hacerle una señal a sus agentes, salió del lugar, perdiéndose su voz— Inspector Kawato, dígame.
Shinichi suspiró aliviado ya que sabía que ese hombre finalmente entraría en razones. Magure lo convencería, estaba seguro. Ahora lo único que tenía que pensar era en la chica que se aferraba a él.
—¿Estás mejor?— le susurró suavemente.
Ran asintió.
—Por fin estás aquí. Sabía que vendrías.
La seguridad y convicción con la que la chica dijo esas palabras consiguió que el estómago del detective cosquilleara y su corazón aumentara de velocidad. Ella creía en él. Y él no la decepcionaría.
—Claro que sí.
—¿Cómo estás, Ran?— se metió en la conversación Heiji, aunque tarde se dio cuenta de su error.
El aura de confidencialidad que los rodeaba explotó y la pareja se separó, sin embargo, no lo hizo totalmente. Él seguía rodeándola por los hombros para darle su máximo apoyo y ella se seguía sosteniendo en él. Sus mejillas estaban ruborizadas y el detective de Osaka tuvo que esconder una sonrisa que pugnaba por salir. No era el momento.
—No muy bien, como te has dado cuenta— hizo una mueca la castaña— Por cierto, ¿y Kazuha?— inquirió cuando se dio cuenta de su ausencia.
—Está afuera, con esa amiga ricachona tuya. Suerte que pudimos colarnos nosotros antes.
—Tenemos que centrarnos— habló, entonces, Shinichi con voz grave. Notaba las miradas de los policías clavada en ellos, en especial en su Ran, y su larga lista de casos en los que se había visto involucrado le habían hecho darse cuenta del significado: la veían como la asesina— Ran, necesito que me cuentes todo lo que ha pasado.
—Sí— se colocó Heiji bien la gorra, con el brillo de un desafío en su mirada verde.
La muchacha asintió, notando su cuerpo estremecerse, pero no tuvo tiempo a abrir la boca. En ese momento, el Inspector Kawato entró echando humo por las orejas. Sin embargo, cuando miró a ambos chicos, de pronto, una sonrisa se expandió en sus labios.
Shinichi apretó los labios. No le gustaba nada ese hombre, ni esa sonrisa.
—Muy bien, chicos, todo está arreglado. Me han hablado de ustedes y sé quiénes sois— espetó pagado de sí mismo.
Levantó una de sus manos y haciendo un gesto, sus hombres lo entendieron. Antes de que el detective del Este tuviera tiempo a procesarlo, habían arrancado a Ran de sus brazos y uno de ellos en esos momentos estaba esposando sus manos a la espalda.
Ella se retorció y su gemido de dolor por la brusquedad en los movimientos de los hombros se le clavó en el corazón de Shinichi.
—Lástima que ya no os necesitemos. Hemos encontrado al culpable y yo mismo me aseguraré que sea juzgado como se merece— sonrió triunfal al final de su frase. Él no era como ese idiota de Megure que necesitara la ayuda de un adolescente. Era mejor y lo iba a demostrar.
—¡¿Qué?!— chilló la joven— ¡Soy inocente! ¡Yo no lo maté!— lloró.
—¡Soltadla!— exclamó Shinichi dando un paso hacia dente.
No, no, no, no podía ser. Ella no era la culpable. Lo sabía. Jamás mataría a nadie. Ella era muy dulce, compresible y amable, ¿es que nadie se daba cuenta de ellos? ¿Es que ellos no notaban el terrible error que estaban cometiendo?
—Las pruebas apuntas hacia ellas. Es la única que pudo hacerlo.
Ran sacudió la cabeza frenéticamente. Miró al chico y en sus ojos él captó todo el miedo y la angustia que destilaban. Su corazón se rompió aún más si era posible y sintió como su alma se le escapaba del cuerpo.
Se prometió que la cuidaría. Su cuerpo tenía que moverse.
—¡Ella es inocente!— pudo encontrar su voz, mirando ahora al hombre— Ella no lo ha matado.
—Y nosotros podemos demostrarlo— afirmó Heiji a su lado.
El Inspector Kawato los miró alternativamente.
—¿De verdad?
—Denos un tiempo y le prometo que le traeremos al verdadero asesino— asintió el moreno.
—¿De verdad os creéis tan listos?— replicó el hombre.
Ellos dos no contestaron y Shinichi volvió a mirar a la muchacha. Esta vez su mirada había cambiado. Aún estaba asustada, pero ahora un pequeño brillo de esperanza y confianza había aparecido en sus pupilas. Ella sonrió (un pequeño pero hermoso amago) y el mundo desapareció para el detective.
Maldita sea, no sé que será de mi si a ella le pasara algo.
—Muy bien— acabó aceptando el hombre— Os doy dos horas. Si es dos horas no habéis encontrado al verdadero asesino, me llevaré a esta joven a comisaría con el delito de asesinado. Mientras, permanecerá aquí encerrada.
A la vez, ambos detectives soltaron todo el aire que habían estado conteniendo y sin alterar sus expresiones, aceptaron el trato. Dos horas era muchísimo mejor que nada.
—Será mejor que nos pongamos a trabajar cuanto antes— habló Heiji— No te preocupes, Ran, lo conseguiremos. Sabes que no se nos escapa nada— le guiñó un ojo cómplice.
La joven apreció sus palabras y ánimo con una pequeña sonrisa y después se giró al otro muchacho. Sintió como su corazón aumentaba de velocidad.
—Espérame Ran, volveré a por ti.
—Creo en ti.
