El camino para ser una heroína

Auxilio

A decir verdad, no era un resultado que le sorprendiera, sin embargo, eso no quería decir que fuese a recibir aquel examen con agrado de manos de Aizawa sensei.

Soltó un suspiro cuando sus ojos volvieron a caer sobre ese gran 32 en la hoja que estaba más llena de equis que de círculos, al tiempo que escuchaba las celebraciones de aquellos compañeros que habían obtenido una buena calificación. Se sintió aún más deprimida al escuchar a Aoyama decir que ese había sido el examen más fácil de los que habían tenido hasta el momento y obtenía un asentimiento de todos a su alrededor, clara señal de que había perdido una oportunidad de obtener un buen resultado.

Guardó rápidamente el examen en su bolso para resguardarlo de ojos indiscretos, lo último que quería era que sus compañeros comenzaran a interrogarla sobre el por qué de esa mala calificación y ella terminase aún más deprimida de lo que ya se sentía. Pudo ver por el rabillo del ojo cómo Iida y Midoriya intentaban captar su atención, pero simplemente los ignoró, comenzando a guardar el resto de su material escolar en el bolso.

- La clase terminó -anunció EraserHead-, vayan directo al dormitorio y se ponen a trabajar y repasar.

- Sí, señor -respondieron todos mientras tomaban sus cosas para disponerse a regresar a su nuevo hogar.

- Uraraka, tú te quedas.

Aaaaaaah… lo que me faltaba. Fue lo que pensó mientras volvía a dejarse caer en su asiento y hacía señas a sus amigos para que no la esperasen.

Hubo un par de minutos de tensión para ella mientras el maestro apresuraba a sus compañeros para irse del salón, optando por echarlos de mala manera y cerrar la puerta con rapidez. Se acercó con mirada atemorizadora a la chica mientras tenía el libro de clases en su manos: todo pintaba para mal.


Por la falta de luz que entraba por la ventana de su dormitorio podía darse cuenta de que era tarde. Estaba a punto de anochecer y sentía que no había avanzado en nada de lo que Aizawa sensei le había encomendado por su bien: lo había escuchado alzarle la voz y mostrarse decepcionado por las calificaciones que estaba teniendo en el último tiempo, había escuchado los reclamos de su maestro con la cabeza gacha, había empuñado tan fuerte sus manos mientras él le señalaba que no podía darse le lujo de tener esas notas en las asignaturas normales porque ya en el curso de héroe no estaba sobresaliendo, que se había hecho daño; estaba triste y frustrada pero esperaba que los consejos que le había dado el profesor titular le sirvieran de algo, de lo contrario, no sabría cómo darle la cara a sus padres en la próxima visita.

En el escritorio frente a ella tenía revueltos varios de sus cuadernos de notas y libros de las diversas materias que estaba cursando, pero por más que lo había intentado, era incapaz de percatarse de dónde estaban los errores que había cometido en los exámenes: era como si hubiese perdido un par de semanas de su vida en otra parte. Por supuesto que sabía qué había pasado en esas semanas con su concentración, pero no por eso iba a dejar de lado sus sueños: necesitaba un plan de contingencia de forma urgente y todas esas horas pensando y buscando, la habían dejado con la convicción de que solo había una persona que podría ayudarla en esos momentos con la mano firme que necesitaba.

Desde que había vuelto de su conversación con el maestro -con ojos llorosos y aún más alicaída de lo que había estado durante la semana- evitó a todos sus compañeros. Agradecida de que cuando ella volvió todos estaban en sus cuartos o en el gimnasio entrenando, se fue a encerrar rápidamente a su cuarto y, cuando estuvieron libres, tuvo un pequeño desfile de personas paseándose frente a la puerta de su cuarto, a ninguna fue capaz de responderle, más avergonzada que otra cosa.

- Supongo que ya es hora de enfrentar la verdad, Ochako -murmuró para sí y levantó la vista hacia el reloj que estaba escondido entre los diversos libros que había en su escritorio: a esa hora ya deberían de haber cenado todos y estar viendo televisión o encerrados en sus cuartos. Preparó un bolso con el material necesario y salió lo más silenciosamente que podía de su cuarto rumbo a las escaleras, rogando por no encontrarse con nadie en el camino.

- Ochako-chan -la voz de Tsuyu le llegó desde su espalda- ¿estás bien?

- No -respondió sinceramente la chica-, pero ahora voy a buscar ayuda, Tsuyu-chan -con fuerzas de quizá dónde le dedicó a la chica una sonrisa marca Uraraka-. Ya verás que pronto volveré a ser la misma.

- Esfuérzate -fue la respuesta de la chica, dejando a Uraraka continuar con su camino.

Pero claro, decirlo era más fácil qué hacerlo: apenas tocó la puerta quiso arrepentirse y salir corriendo de ahí porque ir a pedirle ayuda al delegado de la clase implicaba el enfrentarse también a sus cuestionamientos.

- ¿Uraraka-kun? -Exclamó sorprendido Iida cuando abrió la puerta de su habitación- ¿Ocurre algo?

- Iida- kun… necesito ayuda -fue la respuesta de la chica que lo miró con ojos llorosos y suplicantes, inmediatamente el chico la dejó entrar a su cuarto y cerró la puerta tras ella.

La chica se quedó un momento de pie en el centro del cuarto sin saber muy bien qué hacer, mientras que su amigo esperaba alguna respuesta por parte de ella. La chica sólo atinó a meter la mano dentro de su bolso y sacar los exámenes que llevaba, se los tendió al chico.

- No entiendo nada -le dijo a modo de explicación- y eres el único que me puede ayudar.

- No creo ser el único, Uraraka-kun -le dijo el chico observando detenidamente los exámenes de la chica mientras le hacía algunos gestos para que se sentara en el escritorio que él tenía en su cuarto.

- Eres el único en el que confío lo suficiente para ello -murmuró la chica a modo de respuesta. Iida se sonrojó un poco y soltó una breve sonrisa mientras buscaba un par de cosas en su habitación-. Espero no ser una molestia ni incomodar en tu horario -agregó la chica mientras se ponía un poco nerviosa debido al silencio en el que Iida había quedado-, quizá ahora no sea el mejor momento, puedo venir otro día y así puedes organizarte de mejor manera y…

- Uraraka-kun -la interrumpió el joven mientras llevaba otra silla para sentarse al lado de la chica- no hay nada más importante para mí que ayudar a un amigo -respondió mientras tomaba de las manos de la chica un cuaderno que le tendía-, pero me preocupa el saber por qué llegaste a esto.

Ahí estaba, la pregunta a la que le temía, pero no podía hacerse la desentendida, no con él.

- Deku-kun -fue su respuesta.

- ¿Le pasa algo?

- Creo que… -inspiró profundo para darse valor- o creí que estaba enamorada de él... o no sé...

- ¿QUÉ?

- Iida-kun, baja la voz, vas a molestar a los demás.

- Lo siento -respondió bajando la voz- pero… ¿qué?

- Pues eso… llevo semanas dándole vuelta al asunto y cuando me quise dar cuenta, las cosas estaban así -dijo señalando las hojas que había sobre el escritorio.

- ¿Y ya tienes una respuesta para eso? -Le preguntó mirándola a los ojos.

- No, pero no puedo dejar que siga interfiriendo en mi camino -Iida asintió con la cabeza-, tú sabes por qué quiero ser una heroína, si sigo así no cumpliré con nada y eso es algo que no puedo permitirme.

- Entonces dejemos eso para después y pongámonos manos a la obra -señaló el chico abriendo el primer libro para comenzar a ayudar a su amiga. En esos momentos podía tener mil preguntas al respecto, sobre todo porque la situación de la chica implicaba la participación de su otro amigo más cercano, pero ella no había acudido para eso, ya tendrían tiempo más adelante para volver sobre ese tema. No que fuese experto en temas amorosos tampoco.


¿Cuánto tiempo pasaron juntos encerrados en la habitación? Toda la noche.

¿Estudiaron toda la noche? Claro que no, pero ambos terminaron exhaustos después de trabajar arduamente en matemática y Uraraka ni siquiera tenía fuerzas para volver a su habitación, así que terminó durmiendo en la cama de Iida mientras que él se acomodaba en el suelo.

¿Fue extraño el despertar del día siguiente? Por supuesto, sobre todo porque Kaminari y Ojiro los vieron salir juntos de su cuarto y comenzaron a hacer un par de bromas que hicieron enrojecer a la chica y comenzar a gritar a Iida hasta que Uraraka terminó lanzándoles uno de los textos de estudio que había llevado justo en sus caras.

Pero si había algo que le había alegrado a Iida es que él había estado primero en la mente de su amiga para pedirle ayuda. Él, no Yaoyorozu o Todoroki. Sin contar que de paso le había confiado algo que creía que ni siquiera Tsuyu-chan-kun sabía a ciencia cierta.

Se sintió importante.