El camino para ser una heroína

La procesión va por dentro


¿Cuál es tu plan?

El simple mensaje de parte de su no tan amiga le hizo fruncir el ceño. Tenía que tomar decisiones rápidas si deseaba saber qué decirle a la alumna que tenía durmiendo en la enfermería por no saber guiarla. Se maldijo nuevamente al pensar que quizá All Might habría hecho un mejor trabajo siendo el profesor titular de esa clase desde un inicio, sin embargo, ahí seguía él: luchando por hacer de ese montón de mocosos unos héroes medianamente decentes.

Era cierto que a veces sentía que con Uraraka era más estricto que con cualquier otro. No podía evitar en comparar la actitud alegre de la chica con la de Fukukado y ver a la castaña siendo una heroína ejemplar como lo era la mujer que ahora le enviaba mensajes frenéticamente. Sabía que la adolescente tenía grandes aptitudes y tenía grandes planes para ella, sin embargo, no era fácil para él manejar a sus alumnos, menos aún si pertenecían al sexo opuesto.

No tengo ninguno.

Le respondió. Sabía que eso era una invitación a que la mujer comenzara a enviar mensajes fluidamente postulándole planes, pero no le molestó la idea: después de tantos años compartiendo con ella había sido capaz de apreciar su intelecto. Todos sabían que lo único que le molestaba de Ms. Joke era su insistencia en temas amorosos, en lo demás estaba bien.

¿Quieres que vaya a auxiliarte?

El mensaje iba lleno de corazones. Decidió terminar con la conversación lo más rápido posible, de lo contrario, ya sabía que eso terminaría con tintes amoroso/eróticos que no estaba dispuesto a soportar con el humor que cargaba desde un par de horas atrás.

Nunca quiero que vengas. Pero nos haría bien una visita tuya.

Si iba a invitarla a venir, al menos que eso significara también que iba a ayudarle con Uraraka… y con Eri.


Se había acostumbrado a ese escenario: la niña a su lado corriendo a abrazar a la mujer, ella alzándola en brazos y comenzando a girar con ella mientras el ambiente se llenaba de la risa de ambas, y él caminando hacia ellas tranquilamente. Al inicio odiaba que cualquiera que los viera pudiesen creer que eran una familia, pero después de tantos meses en esa dinámica, ya se había acostumbrado a ello: mejor hacer oídos sordos a las bromas posteriores que vendrían de parte de Present Mic o Midnight.

Le hizo un gesto de saludo a la mujer y esta caminó hacia él con la pequeña aún en sus brazos. Siempre que, por alguna u otra razón, terminaba yendo a la UA le gustaba caer en ese juego de familia feliz, por más que Aizawa se empeñara en parecer el hombre serio que iba caminando ajustando su paso al de ellas.

- ¿Dónde esta? -Le preguntó la mujer cuando la tuvo a su alcance.

- Aún en la enfermería -respondió-, debe de estar por despertar.

- ¿Ya vamos a verla? -Por supuesto que Eri sabía a quien se referían. La noche anterior había ido a comer a los dormitorios del 2-A y Deku había tenido que responderle el por qué Uraraka no estaba presente, la niña había estado molestando a su tutor toda la noche hasta que accedió a que la visitara en la enfermería… como si tuviese algo grave.

- Allá vamos.

- ¿Pensaste en qué le vas a decir?

- Nada que un profesor decente no pudiese -bromeó la mujer-. Después de todos los antecedentes que me diste, creo que sé por lo que está pasando.

- ¿Y eso qué es?

- Tendrás que averiguarlo por ti mismo -le guiñó un ojo y dirigió nuevamente su atención a la niña que tenía en sus brazos para comenzar a conversar y bromear con ella.

Se enfocó en el camino que tenían que seguir hacia la enfermería, reflexionando sobre las palabras de la mujer: sabía que lo hacía para molestarlo, pero se preguntó qué podría aprender de ella para ayudar a sus alumnos. Se sorprendió al percatarse de que consideraba que Emi Fukukado era una mejor docente que él.

- Es aquí.

- Entonces hasta aquí te quedas tú -le dijo la mujer.

- ¿Cómo esperas que aprenda a tratar a mis alumnos entonces?

- Dentro de tu propio estilo, por supuesto -le respondió-. No tienes tiempo suficiente para aprender hacerlo ahora, deja que las mujeres de esta familia nos hagamos cargo.

Lo último que vio fue a Eri despidiéndose de él con un movimiento de la mano.


Había tenido ocasiones raras de despertar, normalmente en las que involucraban a ella flotando sobre la cama, chocando con el techo o siendo amarrada por alguien a algún lugar seguro, pero el despertar con Ms. Joke a su lado y con Eri sobre ella en la cama sonriéndole era uno de los más extraños, más aún cuando reconoció que el lugar en el que se encontraba no era su habitación.

- ¡Buenos días, Ochako nee-chan! -La alegría en la voz de Eri siempre era contagiosa y la chica había aprendido a apreciarla después de todo lo que les costó a Mirio y Deku hacerla reír, así que prefirió guardarse la extrañeza para otro momento.

- Buenos días, Eri-chan -le saludó suavemente acariciando la cabeza de la niña, una caricia que la pequeña había aprendido a apreciar muy bien.

- Buenos días, Uraraka-san -le saludó la mujer presente con una sonrisa tan brillante como la de la niña, de inmediato Ochako se sintió en confianza. A modo de respuesta le devolvió la sonrisa mientras la mujer tomaba a la niña de la cama y la sentaba en su regazo.

- ¿Sabes, Ochako? -Le llamó Eri, buscando obtenerla atención de la castaña- ¡Mamá dijo que me iba a enseñar a hacer panqueques hoy!

La mujer de cabellos verdes sonrió abiertamente ante el entusiasmo de la menor, sin embargo, la internada le dio una mirada confundida.

- Eri-chan me adoptó como su madre -explicó escuetamente la mujer con un leve sonrojo en sus mejillas. Ochako supuso que Eri había sido testigo de las bromas que Ms. Joke le hacía a su profesor y, en ese afán de formar familia que tenía la niña, había optado porque la mejor opción era la alegre heroína.

Se quedaron en silencio por un momento, mientras Eri dejaba a la heroína profesional trenzar su cabello. La incomodidad y curiosidad de Ochako era evidente, sin embargo, la mujer no se dio por aludida durante largos minutos.

- Aizawa me pidió que viniera -soltó una vez que terminó la trenza y dejaba que Eri bajara de su regazo-. No sabía cómo abordar tu problema.

- No tengo un problema -soltó de inmediato la chica con sorpresa.

- A tu edad yo tampoco lo asumía como un problema -sonrió y se fue a sentar al lado de ella en la cama. La castaña solo atinó a hacerle espacio-. Déjame adivinar porqué llegaste aquí: amigos que te subestiman, compañeros que saben lo que vales, te sobre esfuerzas, terminas con una lesión -el rostro cabizbajo de la joven a su lado le dio la razón.

- ¿Cómo lo sabe?

- Varias de nosotras hemos pasado por lo mismo.

- ¿Sólo mujeres? -Eri podría estar curioseando por la habitación, pero eso no impedía que estuviera pendiente de la conversación entre ellas. Ms Joke le hizo unas señas para que se les uniera en la cama.

- Mujeres con una habilidad particular: somos simpáticas -ambas chicas rieron por la mueca que la mujer hizo con su boca-. Bueno, no tan así en realidad, pero por alguna razón, cuando tienes una personalidad cándida que cautiva a la mayoría…

- A papá nada lo cautiva.

- Tu padre es un caso de estudio -respondió rápidamente, provocando nuevas risas en las más jóvenes.

- Cuando se tiene esa personalidad ¿qué?

- Creen que no tienes las habilidades suficientes para ser una heroína, automáticamente pasas a ser demasiado blanda -la castaña asintió con pesar-, así que nosotras terminamos haciendo lo imposible por demostrarles lo contrario… y terminamos enfermas, reafirmando la opinión de los otros sobre ser muy débiles.

Volvieron a quedar en silencio por un rato, hasta que sintió que Eri se movía para abrazar a Ochako.

- No llores -le murmuró mientras hacía el mismo gesto cariñoso que Uraraka siempre tenía para ella. Emi dirigió su mirada hacia la chica y pudo ver que efectivamente había lágrimas en sus ojos.

- No sé cómo arreglar todo esto, estoy agotada de creerme débil también… pensé que con Ojirō y Bakugō estaba logrando algo, pero… -murmuró la chica, mientras que la mujer a su lado envolvía a la niña y a la adolescente entre sus brazos.

- Primero, debes mantenerte entrenando con los que de verdad te han ayudado a crecer… aunque no sean tus amigos cercanos -le dijo sin soltarla-; segundo, debes reconocer los avisos de tu propio cuerpo y sus malestares, así que ahorrarás las escenas de desmayos frente a ellos; y tercero, habla con tus profesores… ellos pueden ayudar más de lo que piensas.

- Me da miedo hablar con Aizawa-sensei.

- Dile que te adopte -soltó de pronto Eri, haciendo que la chica soltara una carcajada, mientras que la adulta presente la miraba con sorpresa-. Yo también le tenía un poco de miedo, pero se me pasó después de que me adoptó -explicó con sus lógicas de niña. Las otras dos sonrieron.

- Sé que puede ser toda una hazaña lograr hablar con él -continuó la heroína-, pero si no lo haces, él nunca aprenderá a ser un buen maestro y tú continuarás dando pasos de ciego.

El sonido de la puerta abriéndose les llamó la atención, cuando se voltearon a ver se encontraron con un EraserHead con el ceño fruncido.

- ¿Qué hacen en la cama de Uraraka? Deberían dejarla descansar -les reclamó-. Eri, ven acá.

La niña, obedientemente se dirigió hacia el hombre con una sonrisa, mientras que Emi se ponía de pie para salir de la habitación.

- Recovery Girl vendrá a chequearte para ver tu estado, después de eso puedes volver a los dormitorios -explicó a la castaña, quien asintió.

- Sensei -la voz de la chica era suave, pero decidida-, ¿podríamos habla mañana?

El hombre asintió y salió de la habitación. Ms. Joke alzó un pulgar hacia la chica para animarla, Eri la imitó y salió junto a su tutor del lugar.

- Gracias -murmuró el hombre cuando ya iban en el automóvil de camino a casa.

- De gracias nada, tienes que invitarme el almuerzo.