El camino para ser una heroína
¿La oveja negra?
Que estuvieran ahí era culpa de Kaminari, eso seguro. De Kaminari y sus ganas de pretender ser un buen cocinero… En realidad, era culpa de él y de Mineta, que lo había provocado lo suficiente como para retarlo a un duelo de cocina que terminó con el grupo del 2-A completo negándoles el acercarse de por vida a la cocina del dormitorio para pretender preparar algo.
Había sido un desastre comparable al del día en que a Kirishima y Mina se les ocurrió sorprender a Bakugō en los dormitorios y éste había terminado por hacer explotar gran parte del pasillo que daba a su habitación. Sin mucho entusiasmo, habían terminado saliendo todos de los dormitorios y pidiendo un permiso especial a Aizawa para salir a comprar artículos de aseo: nadie estaba dispuesto a pasar la noche con ese olor a humo y sabiendo que igualmente al día siguiente deberían levantarse a arreglar el desastre: al mal paso, darle prisa.
Sin embargo, lo que se empeñaba en olvidar el grupo de adolescentes era que cada vez que había un problema frente a ellos, algo peor siempre podría ocurrir, así que ahí estaban todos en medio del caos de la ciudad, sin ningún héroe profesional cerca y llenos de bolsas con las cosas con las que pretendían arreglar su vivienda. Sí, todo era culpa de Kaminari y Mineta.
Deku y Yaoyorozu habían establecido rápidamente un plan de emergencia. La chica había logrado crear un contenedor en donde todos dejaron los implementos de limpieza para incorporarse a la acción, mientras se dividían entre aquellos que intentarían ponerse en contacto con los héroes profesionales, los que buscarían a civiles para ponerlos a resguardo y aquellos que averiguarían qué ocurría y serían la primera línea de defensa.
Todoroki, Deku y Satō salieron corriendo en primera línea. Por supuesto que tras ellos salieron Bakugō y Kirishima, gritándole a Uraraka que dejara de pretender que quería ayudar a los civiles y fuera a luchar junto a ellos. Detrás de los jóvenes salieron Sero y Mina. Rápidamente Iida comenzó a gritar órdenes a los que quedaron y ella sólo atinó a correr en dirección hacia donde vio ir a sus compañeros: ya vería qué haría en el camino.
Lo primero que encontró al dar vuelta a la esquina fueron escombros, tantos que parecía como si un edificio entero hubiese explotado. Frunció el ceño al pensar en la cantidad de civiles que habría heridos, sin embargo, se percató de que todos los que corrían lejos de la explosión se veían en buen estado: en pánico y desconcertados, pero sin ninguna herida física de la que preocuparse.
- ¿Hay gente atrapada? -Le preguntó a un transeúnte que iba corriendo hacia ella.
- No vi a nadie herido ni escuché gritos, pero es mejor que alguien vaya a ver -le respondió el hombre rápidamente, para luego seguir corriendo.
- No te acerques ahí, hay un loco incendiándolo todo -le gritó otro hombre que iba detrás del primero.
Se encogió de hombros, ese era su trabajo y no podía dar pie atrás. Se sobresaltó al oír una nueva explosión a lo lejos y nuevamente intentó fijar la vista para ver si encontraba a alguno de sus compañeros alrededor. Le pareció que a lo lejos se oían los gritos de Bakugō, así que corrió en dirección a esas voces, esquivando unos cuántos escombros, intentando mantenerse alerta a todo lo que ocurría a su alrededor. Alzó la vista y se encontró con que en el cielo nocturno se veía un extraño reflejo azul: inevitablemente recordó el ataque al campamento de verano y sintió un nuevo golpe de adrenalina en su cuerpo. Siguió corriendo.
- ¡Ayuda!
Unos cuantos civiles salieron a interrumpir su camino. Le sorprendió el ver que, nuevamente, no tenían ningún rasguño, tan solo sus rostros de confusión mezclados con la desesperación. Les dio una sonrisa para tranquilizarlos y les pidió que fueran en dirección contraria a la que se dirigía ella, sabía que metros más allá se encontrarían sus compañeros evacuando a quienes se vieran afectados: Uraraka se había planteado la misión de encontrar civiles en el camino para dirigirlos hacia ese lugar (lo más lejos posible del lugar desde donde se oían las explosiones), al menos mientras se encontrara con sus otros compañeros.
Se encontró con un par de grupos más de civiles que huían del lugar, sin embargo, lo más que encontró fue un ataque de pánico y pies heridos debido a la urgencia de salir corriendo; seguía pareciéndole extraño debido a las características del lugar, era imposible creer que antes de que el edificio hubiese sido destruido de esa forma, nadie hubiese quedado herido de gravedad, las condiciones eran las peores como para encontrarse con más cuerpos muertos que vivos.
- ¡Muévete! -Un grito que conocía demasiado bien después de oírlo en su dirección tantas veces. Sonrió de medio lado al ver al pelirrojo y al rubio a unos metros de ella, esperándola. Volvió a correr.
- ¿Cómo está la situación? -Preguntó intentando recuperar el aliento.
- Hablamos con un tipo que parecía ser el conserje -comentó Kirishima caminando detrás de Bakugō, quien había reiniciado la marcha-. Nos dijo que antes de que el edificio colapsara había sonado la alarma de incendio, así que las personas que lo habitaban alcanzaron a salir.
- ¡DELTA A LAS TRES! -Un nuevo grito de parte de Bakugō y los cuerpos de Kirishima y Uraraka se movieron sin pensarlo, la chica rápidamente tocó al pelirrojo para hacerlo flotar, mientras que éste, antes de la activación se endurecía completamente. El rubio había corrido hacia ellos y había lanzado una explosión que hizo que el trío se moviera rápidamente: una columna de fuego azul llegó al lugar en donde ellos se encontraban antes.
- ¡ARRIBA!- Un nuevo grito por parte del chico de las explosiones y los tres dirigieron su vista en esa dirección. Bakugō los dirigió hacia un lugar en donde pudiesen ser liberados de la individualidad de Uraraka y estar en altura para buscar a su atacante. Una vez sobre unos escombros unos cinco metros más arriba de donde se encontraban, tomaron posición de batalla, escudriñando a su alrededor.
- Allá -murmuró la chica, señalando a lo lejos una figura oscura que parecía estar huyendo de ellos.
Se lanzaron a la carrera sin mucha dificultad, ya que la figura que perseguían iba dejando un rastro de llamas azules en el camino.
- Es como si quisiera que lo encontremos.
- No se confíen -respondió Kirishima, rogando en silencio para que los profesionales llegaran pronto, en circunstancias normales sabía que podrían hacerle frente a un atacante, pero sin sus trajes estaban en desventaja. Los otros dos asintieron, manteniendo la velocidad y mirando a su alrededor.
- ¡Uraraka! -Un grito a su espalda. Podía reconocer esa voz donde fuera: Deku estaba con ellos.
Vio a Todoroki alcanzar a Bakugō, mientras que el peliverde se ponía a su lado en la carrera, no alcanzó a decirle nada cuando vio que el héroe número 1, Endeavor, aparecía para unirse a su carrera.
- Será mejor que no interrumpan en la pelea, niños -les dijo con voz seria, mientras continuaba corriendo. La castaña tuvo la tentación de detenerse, pero la mirada confiada que Kirishima le dedicó fue suficiente para seguir: en otra ocasión habría desistido de la carrera pensando en que podría seguir ayudando a los civiles, más por temor a ser un estorbo que por otra cosa; ahora sabía que su equipo iba con ella y si faltaba, serían ellos quienes se verían en desventaja, no los iba a dejar.
Endeavor lanzó hacia adelante una columna de fuego lo suficientemente lejos para cortarle el paso al hombre que perseguían, este se detuvo para encarar a su agresor. El resto de los persecutores los alcanzaron rápidamente.
- Por fin apareciste -la voz profunda del hombre sorprendió a Uraraka, de alguna manera se le hizo familiar.
Dabi. Pensó la chica, reconociendo al joven de las cicatrices, cosa fácil después de haberlo visto por la televisión en otros ataques, incluyendo en el que Endeavor había quedado herido cuando ellos estaban en primer año. Por el rabillo del ojo observó que Deku quería acercarse a ella, sin embargo, Kirishima y Bakugō interrumpieron su paso.
Regla número 1: Nunca rompas la formación. Sin ningún gesto de reconocimiento para su amigo, se puso codo a codo con los chicos, iniciando un estado de alerta que había desarrollado perfectamente. Entendiendo la situación, Deku se puso al lado de Kirishima, mientras que Todoroki tomaba lugar al otro lado del grupo.
- ¿Esto era lo que buscabas? -Soltó Endeavor con furia contenida en su voz. Los chicos detrás de él podían ver perfectamente como los hombros del héroe se tensaban.
- No precisamente -respondió el villano, dando una breve mirada a los jóvenes detrás de él-. No esperaba tanto público.
- Destruiste un edificio entero, probablemente mataste a cientos de personas ¿y dices que no esperabas tanto público? -A Todoroki le llamó la atención que el tono de su padre fuera de regaño, como si se lo estuviera diciendo a él o a Natsuo.
- No mató a nadie -murmuró la única chica del grupo como si fuera una revelación. Solo los hombres a su alrededor alcanzaron a escucharla.
- Sinceramente, padre, solo esperaba verte a ti -una sonrisa maquiavélica se asomó en el rostro del hombre y lanzó una ráfaga de fuego hacia ellos. Shōto reaccionó generando una muralla de hielo frente a ellos, sin embargo, pudieron ver a Endeavor saltando hacia el lugar en el que se encontraba el dueño de las llamas azules.
- ¡Tōya! -Un grito de parte del héroe número uno y luego lo que parecía ser un mar de fuego, solo separado de ellos por la muralla que a duras penas mantenía el más joven de esa familia.
¿Padre? Pensó Deku y rápidamente dirigió su mirada hacia su amigo, alarmándose por la mirada que éste tenía: el pánico y enojo reflejado en su tez.
¿Padre? Pensaron Kirishima y Bakugō, intentando moverse para saber lo que estaba ocurriendo detrás de la muralla de hielo que había sido formada por el chico y que continuaba creciendo, sin embargo, podían ver que la batalla se había movido rápidamente más lejos de donde ellos se encontraban.
Padre. Pensó Uraraka, dejando rápidamente la formación y acercándose a Todoroki.
- No -el chico la vio acercarse y dio un paso atrás, dispuesto a salir corriendo detrás de su familia, pero Ochako fue más rápida y saltó sobre él, envolviéndolo con brazos y piernas (algo que se le había hecho muy común en los entrenamientos con Ojirō)-. ¡SUÉLTAME!
El grito de furia hizo que los otros tres se movieran para ayudar a la chica, que había comenzado a sentir que su compañero la atacaba con su individualidad de hielo. De a poco sentía cómo su cuerpo comenzaba a congelarse, así que antes de que éste pudiese escapar, activó también su individualidad, haciendo que el chico al que abrazaba comenzara a flotar.
- ¡Déjame ir con ellos! -Volvió a gritarle en el oído. La voz del chico iba cargada de odio hacia ella, sintió que el corazón se le encogía un poco, pero esperaba que lo que estaba haciendo fuera por su bien. Una nueva arremetida de hielo cubrió uno de sus brazos, pero ella afianzó aún más el agarre, aguantando un gemido de dolor.
- ¡Noquéalo! -Bakugō y Deku venían al ataque, mientras que Kirishima se había unido al abrazo de la chica para detenerlo.
- ¡Déjenme en paz!- Volvió a gritar el chico, pero el grupo de adolescentes no se movió, hasta que por fin Deku pudo conectar un golpe con el cuello de Todoroki y logró dejarlo inconsciente.
Pudieron ver un nuevo estallido de fuego a muchos metros de distancia, se prepararon para seguir corriendo en esa dirección cuando una nueva figura les interrumpió el paso:
- Ya llegamos, ustedes preocúpense de él y de Uraraka -Aizawa estaba ahí, cuidando de sus alumnos, como siempre.
- Cuiden a mi niña -les pidió la voz de una mujer, todos se sorprendieron por ver a Ms. Joke ahí, sin embargo, no dijeron nada y solo comenzaron a caminar, Kirishima cargando a Todoroki, mientras que Bakugō llevaba a una semi-congelada Uraraka.
Todo había sido culpa de Kaminari y de Mineta, pero también de esos secretos malditos y revelaciones inoportunas que aparecían en sus vidas. Caminaron en silencio porque no había nada que pudiesen decirse para reconfortarse por lo ocurrido. Uraraka hundió su rostro en el cuello de Bakugō y comenzó a sollozar quedamente. Iida no supo qué pensar cuando recibió a la llorosa chica en sus brazos para llevarla al hospital, Yaomomo no se atrevió a preguntar a nadie por qué su novio había llegado inconsciente a su lado. Mineta no fue capaz de hacer ningún comentario que aliviara la tensión de los chicos.
Esa noche nadie fue a dormir, se quedaron todos limpiando en silencio la cocina, esperando a que Aizawa llegara con noticias y temiendo la reacción de Todoroki cuando despertara.
