CAPÍTULO VI: DESCONFIANZA DE LHIA Y LA CARTA PARA CAMUS
El sol se escondió lentamente y los jóvenes estaban cansados por el viaje, en especial Camus pues además del viaje, platicar con alguien por varias horas era algo que no acostumbraba hacer se sentía agotado pero extrañamente deseaba seguir charlando con aquella dulce y alegre muchacha que estaba a su lado pero en vez de hacerlo permaneció callado, Lhía por su parte estaba pensando en lo que habían conversado, ella era una mujer muy precavida no solía aceptar nada de extraños pero, primero aceptó el desayuno, luego su oferta de ir a quedarse con el hasta que consiga un lugar donde vivir… /¿Esta bien que acepte lo que me propuso este hombre?... Primero se molesto porque le pedí permiso para sentarme a su lado y ahora me ofrece su ayuda… ¿Por qué cambio tan de repente?... Puede ser que al darse cuenta que estoy completamente sola quiere aprovechar para hacerme daño/… se preguntaba la joven, había empezado a dudar de Camus.
- No iré contigo… dijo de repente Lhía.
- Que dijiste?... preguntó Camus volteándose.
- Discúlpame pero no puedo aceptar tu ayuda, buscaré por mi propia cuenta un lugar para quedarme… respondió, Camus la miró.
- Está bien, como quieras… respondió con serenidad y volteó nuevamente, Lhía quedó sorprendida, pensaba que Camus iba a tratar de convencerla de ir con el pero se equivocó, eso hizo que sus dudas aumentaran, ya no confiaba en el hombre al que por la mañana le había contado hasta su historia y de cierta forma era lo correcto pero además de la desconfianza también tenia cierto interés por conocer mas sobre Camus que era muy diferente a todos los hombres que había conocido era mucho mas prudente y sereno que los demás, solo se limitaba a responder las preguntas que ella le hacía pero cuando le preguntó por su trabajo y seres queridos notó que escondía algo le pareció que no le había contado la verdad o eso pensó, quería conocer mas de el.
- Como se llamaban tus jefes?... Preguntó Lhía rompiendo el silencio.
- Por que quieres saber eso… respondió Camus.
- Solo quiero conversar, todo esta muy silencioso, me deprime… replicó la joven.
- Eso es bueno… dijo Camus, con un tono tranquilo.
- Que me deprima?... el Santo Dorado volteó hacia ella lentamente.
- El silencio… dijo levantando las cejas, Lhía miro sus ojos y se ruborizó sin razón aparente, Camus a pesar de estar sentado a su lado mantenía distancia entre ella y él pero de igual forma la joven lo sentía mucho mas cerca.
- En fin como se llaman tus jefes o la persona a quien custodiabas, dijiste que eras guardia no?... Volvió a preguntar Lhía.
- No vale la pena que te los diga de todas formas no la conocerías… respondió Camus luego unos momentos de silencio, Lhía levantó una ceja y cruzó los brazos.
- No la conocería?... Entonces eras guardaespaldas de una mujer… dijo Lhía, Camus solo guardó silencio.
- Creo que sí, y es una mujer bonita?... Tal vez el motivo por el que dejaste de trabajar para esa familia es porque tuviste algo con la mujer a la que protegías y te despidieron… dijo Lhía en tono de broma esperando una reacción de Camus, quería ponerlo en aprietos para que hablara sobre su vida ya que seguía dudando si realmente decía la verdad, pero Camus era muy prudente era un hombre que manejaban de la mejor manera ese tipo de juegos mentales ya que convivía con personas que hacían eso con sus oponentes, al lado de ellos Lhía era una niña sin experiencias.
- Quería volver a mi país, eso es todo… dijo con serenidad permaneciendo en una tranquilidad imperturbable, Lhía permaneció en silencio no supo que hacer solo miró por la ventana sin hacer ningún tipo de movimiento observando como algunas nubes iban tapando la luna.
No tardo mucho para que la lluvia empiece a caer algunas personas que trabajaban en el tren empezaron a repartir galletas y chocolate caliente a los pasajeros, uno de ellos se acercó a los jóvenes y les sirvió una taza acompañado de unas galletas, vaya suerte que tuvo Lhía, ella no tenia nada que comer y ya había empezado a tener hambre, Camus agradeció y agarró la taza y bebió lentamente mientras observaba la lluvia, Lhía por su parte estaba pensativa… /Algo no esta bien, hay una cosa que no me cuadra Camus es joven pero es evidente que ya paso la mayoría de edad hace años/… pensaba mientras miraba su taza…
- Oye… cuantos años tienes?... Preguntó Lhía.
- Veintitrés… dijo Camus sin voltear, Lhía permaneció seria arrugando la frente.
- Disculpe que te pregunte esto pero, dijiste que no conociste a tus padres… ¿Cómo te enteraste de que te dejaron algo antes de morir?... ¿Cómo saliste de Francia siendo un niño que no tenía nada?.. Y si tenias unos terrenos que tu padre te dejó como herencia… ¿Por qué no lo reclamaste antes?... Porque esperar tanto si lo pudiste haber hecho hace varios años atrás?... replicó la mujer que dudaba que esa supuesta herencia sea cierta
Cada minuto que pasaba desconfiaba mas del acuariano que ni se esforzaba para ganarse la confianza de Lhía pues era lo menos que el importaba, su prioridad era olvidarse de las penas que arrastraba desde la muerte de aquella niña, las batallas contra su discípulo mas querido, el dolor de haber sido acusado de traidor por todos sus compañeros, la muerte de Shaka con aquel ataque tan desleal pero que el los obligó a hacer y el suicidio de la Athena delante de el y los demás Caballeros sin que pueda hacer nada para evitarlo, lagrimas, muertes, dolor y tristeza eran las recompensas que les tocaba a el y los demás Santos que dieron sus vidas para que la tierra y todo lo que habita en ella sea feliz, la desconfianza de Lhía era insignificante ante las cargas que el soportaba con una tranquilidad imperturbable, como aquel glacial que no se descongelaba ni con la luz del sol tal como alguna vez se lo había dicho Shaka, era un hombre muy fuerte que no solo controlaba el frio, también controlaba su mente que nunca se frustraba ni perdía la calma ante situaciones adversas y por sobre todo su corazón que a pesar de miles de emociones y sentimientos que albergaba permaneció firme y no cayó ante las penas.
Luego de un largo rato de silencio Camus la miró.
- Mi madre murió al darme a luz, mi padre no supo como cuidarme y una pareja amiga de mi padre que vivía en Siberia se hizo cargo de mi, luego de varios años recibí la noticia que mi padre había muerto y me había dejado unos terrenos con una casa en las afueras de la capital, no la reclamé porque no la necesitaba ya me había ido a Grecia tenía una vida hecha, no había razones para hacerlo… respondió Camus que con esas palabras convenció a Lhía, luego volvió a mirar la lluvia y los relámpagos que iluminaban los campos y los bosques que se veían a lo lejos
[… Camus se levantó y se dirigió a la camara del Patriarca que lo había mandado llamar, pasó por Písis y al parecer Afrodita no estaba.
- Buenos días su Ilustrísima… Dijo Camus arrodillándose… Buenos días Camus, solo quería felicitarte por tu cumpleaños… dijo el Patriarca parándose…. – Muchas gracias, gradezco que usted se haya acordado de mi cumpleaños… dijo Camus
- Puedes tomarte el día libre… dijo Arles que ya había reemplazado a Shion… Pero antes de irte, recibí una carta de tu maestro que esta en Siberia me dijo que es de tu padre… dijo el Patriarca entregándole la carta, Camus lo tomo y se despidió, luego se dirigió al lado del río en donde acostumbraba ir, se sentó y abrió la carta pensando que era sobre la herencia de la que su maestro habló así es que empezó a leerla.
"Hola Camus"… decía la carta… "Ha pasado mucho tiempo, hoy debes tener dieciséis años ya eres un hombre y por lo que me dijo mi amigo que fue el que te crió es que eres un hombre de bien, estoy orgulloso de ti y de seguro tu madre también debe estar feliz al ver que su muchacho ha elegido el camino correcto, algo que yo… tu padre no he podido hacer, recuerdo cuando tu madre me dijo que estaba esperando un hijo mío, no pude contener las lágrimas de la emoción estábamos tan contentos, mientras los meses pasaban tu ibas creciendo en el vientre de tu madre, yo me acercaba y no parabas de moverte, el día en el que naciste tu madre se sentía mal fuimos al hospital y los doctores me dijeron que tu estabas por nacer y que tu madre tenía complicaciones… no me dejaron entrar pero luego de unas horas de angustia y desesperación me dijeron que ya habías nacido y que estabas en la incubadora porque eras prematuro y que tu madre murió en el parto, perdí la noción del tiempo, mi mundo se desplomó sentía tanta amargura que salí corriendo del hospital y me encerré en mi habitación por varios días, bebiendo para no acordarme de nada, tu maestro, que estaba por regresar a Siberia era mi amigo y al enterarse de lo que pasó fue al hospital para verte, ya te habían dado de alta y te trajo junto a mí y quiso entregarte pero yo tomé una daga y quise apuñalarte, sentía tanto dolor por la muerte de tu madre que te culpe a ti por su muerte sin razón alguna apenas eras un niño inocente e indefenso que luchaba por vivir, tu maestro evitó que yo te atacara y me dijo que el te llevaría a Siberia y te cuidaría hasta que decidas que hacer con tu vida yo en un segundo en el que parecía recuperar algo de cordura le dije que algún día todo lo mío seria tuyo pero que te mantuviera lejos de mí y que te haga creer que yo también estoy muerto… Ni con el mayor sufrimiento podría expiar mi pecado, no merezco tu perdón ni la de tu madre… Me avergüenzo de mi mismo, no soy digno de llamarte hijo aunque me arrepentí no tengo derecho ni a mirarte, es por eso que te escribí esta carta y disculpa que yo haya pedido que te la entregaran en un día tan especial como lo es tu cumpleaños pero era lo mejor… Ahora yo estoy pagando mi culpa con una enfermedad producto del alcohol, jamás pude reponerme, ya estoy en mis últimos días y antes de morir quiero ser yo el que te diga quien realmente fue tu padre… Hice algunos tratos para que la casa y los terrenos que ahora por derecho es tuyo los puedas reclamar como herencia que te dejó tu madre, es mejor que no conozcas mi nombre no soy digno… Tu madre es griega su nombre es Katya Astéri… Les hable de ti a los encargados de tu herencia… si no lo quieres puedes venderlo es tuyo sabrás que hacer con el…. Adiós Camus… Te Quiero…
Lágrimas caían de los ojos del joven Camus que no comprendía porque aquel hombre que nunca se interesó por el le escribía solo para causarle otra gran herida… se sentó todo ese día en aquel lugar mirando el agua… ]
Camus tenia un nudo en la garganta, bebió de su taza y se dio cuenta de que ya se había enfriado….
