CAPÍTULO VII: EXTRAÑA COINCIDENCIA

La lluvia caía con intensidad y los relámpagos iluminaban el cielo nocturno mientras el tren iba acercándose a su destino, Lhía estaba pensativa y Camus mantenía los ojos cerrados pero seguía despierto y en guardia, al notar que Lhía estaba muy callada abrió los ojos.

- Que tienes?... Preguntó al ver a la muchacha muy pensativa.

- Nada… Esta lluvia me recuerda a mi padre… dijo y sonrió… El solía salir de pesca con sus amigos y cada vez que volvía me contaba todo de su viaje… prosiguió la jovencita.

- Dijiste que tu padre era dueño de un restaurante no pescador… dijo Camus.

- Así es, pero también le gustaba la pesca… respondió Lhía… En fin, esta lluvia me recuerda a una de sus historias en particular, la del Guerrero de Hielo como el decía… dijo Lhía mirando a Camus.

- Guerrero de Hielo?... preguntó Camus volteando hacia ella.

- Es una historia muy buena pero inventada por mi padre, no solía mentir… tal vez fue por el susto que tuvo pero esta vez no solo me lo contó a mí sino a todos los que llegaban al restaurante trato de hacer que todos crean en eso que según el paso pero sus acompañantes no vieron ya que el se alejó de ellos porque fueron perseguidos por unos ladrones y se separaron, habló de un hombre con poderes sobrehumanos vestido con un ropaje sagrado que le salvó la vida… dijo Lhía sonriendo, mirando la lluvia. Camus quedó en silencio por un momento, abriendo mas los ojos.

- Quisiera escuchar esa historia… dijo alzando una ceja.

- Hace cuatro años atrás mi padre fue con cinco amigos suyos de pesca al mar de Siberia, el no iba muy seguido pero cuando lo hacia no volvía en días pero esa vez antes de llegar al mar tuvieron problemas… Como de costumbre viajaban de día pero cuando oscureció cayo una tormenta de nieve muy intensa por lo que acamparon en medio de un bosque de pinos pero fueron emboscados por un grupo ladrones que se escondían en ese lugar, quisieron llevarse todo lo que tenían, mi padre con uno de sus amigos había ido por leña para la fogata y al volver escucharon gritos y guardaron silencio y se escondieron para ver que pasaba, vieron como esos hombres torturaban a los tres que quedaron en las tiendas para que les dieran el dinero que tenían pero ellos no dijeron nada, no pudieron hacer nada ya que fueron sorprendidos, el hombre que estaba con mi padre era el que guardaba el dinero para alquilar el barco y comprar las provisiones, se asustó y soltó la leña que traía, los hombres corrieron para atraparlos y mi padre y su amigo corrieron pero este último cayó al tropezarse con una rama y mi padre se detuvo para ayudarlo el señor le dio a mi padre el dinero que estaba en un bolso que el traía y le dijo que corriera que no se preocupara por el, mi padre corrió y saliendo del bosque se topó con un lago congelado pero que era muy frágil, estaba desesperado los ladrones estaban muy cerca por lo que se arriesgó y empezó a caminar sobre el hielo pero este empezó a rasgarse…. Los hombres llegaron en donde el estaba y uno de ellos le disparó con un arma, el cerró los ojos muy fuerte pensaba que ahí moriría pero no sintió nada, abrió los ojos y vio que había una pared de hielo entre el y los ladrones y en esa pared estaba la bala, todos quedaron atónitos esa pared no estaba ahí y apareció de la nada, desde el otro lado del lago congelado se escucharon unos pasos…

- Usar un arma para matar a un hombre indefenso es de cobardes, quienes son ustedes para acabar con la vida de un ser humano!…. dijo un hombre vestido con lo que según mi padre era un ropaje sagrado, dijo que era como la armadura parecida a la que usaban los soldados romanos pero que esta era de oro con un diseño único y cubría todo su cuerpo, decía que el hombre emanaba un aura dorada que lo iluminaba, era alto tenía un cabello largo y era muy imponente, mi padre dijo que se estremeció al ver a ese hombre, y mucho mas cuando se fue acercando ya que con cada paso que daba en el frágil hielo, en ves de romperse este se congelo mas en los lugares en donde el pisaba, no había duda de que esa pared fue creada por el… Se dirigió a los ladrones y estos le dispararon pero el volvió a crear una pared pero esta vez era mucho mas fuerte las balas no le hicieron ni un rasguño, se detuvo a la mitad del lago a unos metros de donde mi padre estaba y con un movimiento de su mano creó un aire frío que golpeó a los ladrones que fueron arrastrados por el aire frío y cayeron inconscientes… Mi padre dijo que observó esa escena con asombro y miedo pero al moverse el hielo se rompió y cayo al fondo del agua, cuando despertó estaba a las orillas del lago y todos sus amigos estaban a su alrededor…

- Cuando llegó a casa pasó varios días hablando de lo mismo, hasta volvió a esa zona para investigar volvió hablando de leyendas y mitos sobre guerrero sagrados que con un puntapié partían la tierra y con sus puños rasgaban el cielo, a mi madre no le gustó ese afán de mi padre y lo obligó a dejar su búsqueda… digo Lhía poniendo sus pequeña mano sobre su mejilla.

Camus estaba en silencio, con los ojos bien abiertos.

- Tal vez se dio un golpe muy fuerte en la cabeza… dijo el acuariano mirando a Lhía.

- Es lo que yo pienso… En este mundo no existe un hombre que pueda hacer eso… contestó frotándose el rostro.

- Y tu conoces alguna historia… preguntó Lhía.

Camus estaba en silencio… /… Eso pasó cuando me fui a Siberia a visitar a mi viejo maestro que estaba enfermo, es irónico que esta joven sea la hija de ese hombre, pero tengo suerte de que no haya dado mas descripciones de mi y que ella no crea en lo que le contó su padre…/. Se decía en la mente el Caballero Dorado.

- Disculpe, que dijo?... preguntó Camus que no había oído lo que Lhía había dicho…

- Que si conoces una historia como esa… repitió sonriendo la joven.

- No… respondió Camus.

La lluvia paró y Camus se levantó a dar un paseo por el vagón hasta salir por la puerta que está en la última parte del tren y salió a ese lugar parecido a un pequeño balcón en donde podía observar el cielo que iba despejándose lentamente se apoyo en la valla de metal que estaban ahí como barrera de seguridad para que nadie se caiga y miró el cielo, Lhía se quedó en su asiento por unos minutos pero luego decidió ir donde Camus que seguía afuera, salió por la puerta y se paró al lado de Camus.

- Vaya, que hermosa noche… dijo mirando alrededor, Camus permaneció en silencio.

- Me gusta esta noche es agradable, ¿A ti que te gusta?... preguntó Lhía.

- El silencio… respondió Camus.

- Oye no seas aburrido, que te gusta de esta noche, la lluvia de hace rato, la luna, la brisa… replicó la joven sonriendo apoyando los brazos en la valla de metal, Camus guardo silencio por unos segundos y dejo ver una diminuta sonrisa.

- Las estrellas… contesto mirando al cielo, las nubes iban desplazándose y dejaba ver la luna y las estrellas.

- Si son hermosa pero porque las estrellas?... Dijo Lhía mirando a Camus.

- Por lo que representan…

- Que representan?... Volvió a preguntar la muchacha.

- Un grupo de estrellas forman constelaciones, cada una de esas constelaciones tienen forma y nombre propio y en la mitología griega cada una tiene su historia… dijo Camus

- No que no conocías ninguna historia… le reclamó Lhía.

- No tenía ganas de contar una… respondió el Santo Dorado.

- Pues ahora me contarás la historia de las constelaciones por mentiroso…dijo Lhía riéndose

Camus miró el cielo.. – Aquella… Es la constelación de Cygnus, para los antiguos Griegos, la constelación del Cisne estaba relacionada con el mito de Zeus y la diosa Némesis. Para escapar de Zeus y poder conservar su virginidad, Némesis se cambiaba con la forma de diferentes animales. Cuando ella se convirtió en una gansa, Zeus inmediatamente se transformó en un hermoso cisne y se ganó el amor de Némesis.

La diosa salió embarazada, puso un huevo y luego lo abandonó tras enterarse del engaño. Afortunadamente, un campesino se encontró el huevo y se lo entregó a Leda, la esposa de Tindareos, el rey de Esparta. De ese huevo salió Helena de Troya. Helena era tan hermosa que Leda la reclamó como su propia hija. O eso, me contaron… dijo Camus…

Así el Caballero fue mostrándole a Lhía y contándole su historia, pasaron horas en ese balconcito conversando sobre eso, hasta que empezó a amanecer y ambos se callaron para ver como el sol iba saliendo lentamente..