CAPÍTULO IX: VIGILANTE SILENCIOSO
Lhía se quedó observando a Camus por unos minutos, sin que este se diera cuenta y luego volvió a la casa era mediodía y ella tenía hambre no había comido nada desde la mañana antes de bajar del tren, fue a la cocina y abrió el refrigerador y estaba vacío. -Cielos, muero de hambre como es que a Camus luego de recibir una considerable cantidad de dinero no se le haya ocurrido comprar algo para comer… dijo Lhía sobándose la barriga, salió al frente de la casa y se sentó debajo de un enorme árbol que había allí. -Es un lugar muy hermoso y la casa es grande y linda pero… ¿Como fue que terminé aquí?… dijo mirando la casa, en ese momento Camus abrió la puerta. -Oye llamaré un taxi iremos a la ciudad para comprar comida, ven a tomar un baño yo haré lo mismo para irnos, además de eso quiero hacer unas cosas… dijo Camus y volvió a entrar a la casa. -Gracias a Dios que se acordó… dijo Lhía apresurándose a entrar.
Camus tomó un guía telefónico que estaba en un mueble cerca del teléfono y busco el número de un taxi y le dio la dirección y pidió que lo vengan a buscar en media hora, luego subió a la habitación principal que tenía su propio baño y se duchó, Lhía encontró unas toallas en la recámara que eligió y entro a bañarse en el baño que estaba en la planta baja de la casa, al terminar de bañarse mientras se secaba el cabello miró su vestido era el único que tenía y estaba sucia. -Cielos, no puedo ir con esto a la ciudad… dijo arrugando el rostro, se envolvió con la toalla y entro al la parte de lavados y metió su ropa en la lavadora. -Que bueno que esta casa esta toda amueblada y tiene todos los electrodomésticos… dijo mirando su ropa dar vueltas, Camus salió de la ducha y se puso ropa limpia y bajo a buscar a la jovencita. -Oye, donde estas… decía recorriendo la casa. -Lhía, donde estás?... dijo bajando las escaleras dirigiéndose al baño, vio la puerta media abierta y se detuvo a la entrada. -Estas ahí?... dijo pero la chica no respondió, escuchó un ruido en una parte de la casa y fue a ver, abrió la puerta y vio a Lhía parada envuelta en una toalla, rápidamente se dio vuelta. -Que haces, te estaba buscando porque no me respondiste… dijo Camus parado en la puerta mirando hacía afuera. -Lavando mi ropa, sal de aquí y cierra la puerta no me veas así… dijo Lhía sonrojada, Camus salió y cerró la puerta sin decir nada unos minutos después la joven salió vestida justo a tiempo ya que el taxi había llegado. -Lhía es hora de irnos… dijo Camus parado cerca del taxi y la joven salió de la casa tratando de peinarse con los dedos, el taxista la miró fijamente. -Vaya suerte la tuya amigo, esa mujer es una belleza… le dijo sonriendo a Camus antes de que Lhía se acercara a ellos, el Saint lo miró muy serio y el taxista borró la sonrisa y miró al frente, ambos jóvenes subieron al vehículo y el chofer encendió el motor. -A donde los llevo?... dijo el taxista. -A esta dirección… dijo Camus y luego le leyó lo la dirección del banco que le había dado el abogado. -Esta bien… dijo el chofer y empezó a conducir.
Al llegar al banco Camus le dijo a Lhía que lo esperara en el taxi y entro al edificio, varios minutos después salió con una carpeta en manos. -Lléveme a una agencia de vehículos… dijo el acuariano entrando al auto, el taxista lo llevó a una agencia, Camus entró pero esta vez acompañado de la joven y un vendedor los atendió, Camus compró un auto modesto y pidió que lo llevarán a su casa a las cinco de la tarde y luego salió de la agencia. -Oye, sabes conducir?... preguntó Lhía. -No, pero aprenderé ahora si, vamos a comer… dijo Camus y fueron a un restaurante que estaba en frente de la agencia, pidieron algo de comer y un jugo para tomar. -Oye, en que estabas pensando en la orilla del río, estabas sonriendo… sólo, parecías un loco jajaja… dijo Lhía riéndose, Camus la miró disgustado. -No, en serio en que pensabas no te había visto sonreír así, fue por la fotografía de tu madre que encontramos?... dijo Lhía un poco mas seria. -No conocí a mi madre me dio mucho gusto encontrar una fotografía suya pero no, no fue por eso… dijo Camus y se tomó un trago de su jugo. -Entonces?... Volvió a preguntar Lhía, Camus guardó silencio por unos segundos. -Nada importante, ya estas satisfecha?... preguntó el Gold Saint. -Si, estoy llena… respondió Lhía, Camus pagó la cuenta y salieron del restaurante, a una esquina cerca de un semáforo, un hombre con una capucha negra los observaba atentamente. -Y ahora?... preguntó la chica. -Vamos a una tienda, ambos necesitamos ropa… dijo Camus, Lhía abrió grande los ojos. -Pero… dijo la joven. -Tu necesitas mas que yo… replicó el Caballero de Acuario. -No tengo como pagarte… dijo Lhía agachado la cabeza. -No tienes porque, solo quiero ayudarte… dijo Camus. -Porque?... Preguntó Lhía levantando la cabeza mirándolo a los ojo. -Porque es lo correcto… dijo Camus volteando… -Vamos, tenemos que volver a la casa antes de que llegue el auto… dijo Camus caminando, la chica estaba algo avergonzada pero lo miró sonriendo y lo siguió, al otro lado el hombre aun los observaba y empezó a seguirlos desde lejos, Camus sintió algo extraño y de repente se detuvo y volteó, el hombre se escondió detrás de un contenedor de basuras. -Que pasa?... preguntó Lhía ante la extraña reacción de Camus, este miró por todos los lados con una expresión mas seria de lo habitual. -Nada, sigamos… dijo y siguió caminando… Lhía miro atrás por unos segundos pero luego siguió caminando.
Luego de caminar unas cuadras entraron a una tienda de ropas, Lhía estaba avergonzada y caminaba con pasos lentos detrás de Camus que entendía perfectamente lo que la joven sentía pero no quiso gastar palabras para animarla, ese no es su estilo, pero la acompañó a la sección de prendas femeninas para asegurarse de que comprara lo suficiente como para no estar usando las mismas prendas muy seguido, el precio era lo menos que le importaba, no era materialista ni tenia interés en algo tan estúpido como lo es el dinero. -Buenas tardes en que les puedo ayudar… dijo una de las chicas que trabajaba en el local. -Buenas tardes podrías ayudarnos a buscar ropa adecuada para ella?... dijo Camus. -Vaya eres tímida… dijo la vendedora. -Así parece… dijo Camus. -Compra lo suficiente como para vestir una ropa distinta todos los días de la semana y también unos calzados… dijo Camus antes de dejarla. -Esta bien… dijo la joven agachando la cabeza, Camus fue a hacer lo suyo, comprando unos pares de pantalones, camisas y zapatos no muy costosos pero elegantes muy elegantes que van perfectamente con el, además de atuendos deportivos… aunque haya dejado el Santuario no significa que dejará de entrenar.
Luego de salir de la tienda de ropas subieron a un taxi. -Camus, muchas gracias por esto eres muy amable, desde mañana empezaré a buscar un trabajo y te prometo que muy pronto te pagaré todo lo que te debo… le dijo Lhía al cubo de hielo. -No tienes porque hacerlo… dijo Camus muy serio. -Llévenos al supermercado mas cercano por favor… dijo el acuariano. -Compraremos provisiones y volveremos a la casa, debes estar cansada además el carro debe estar por llegar… dijo Camus, luego de hacer las compras volvieron a la casa, ambos dejaron las bolsas de las ropas y zapatos que compraron en sus habitaciones y entraron a la cocina y empezaron a acomodar las provisiones de comida que compraron en un silencio total, que no incomodaba a ninguno de los dos, Camus siempre disfrutaba del silencio y la chica ya se había acostumbrado a eso, el joven se quedó mirando a Lhía acomodar las frutas que habían comprado. -Cuantos años tienes?... preguntó el Saint, Lhía lo miró y sonrió. -Tengo 19 años, eres raro jajaja… dijo la chica volviendo a hacer lo que estaba haciendo Camus no entendió por que le dijo lo último. -Raro porque?... dijo acomodando un frasco de mantequilla. -Prácticamente llevamos días juntos y en todo ese tiempo no habías preguntado sobre mi edad que es una de las primeras cosas que la mayoría pregunta, ni siquiera me lo preguntaste cuando yo pregunté la tuya jaja es gracioso… dijo levantándose, ya habían terminado de acomodar todo. -Tal vez tengas razón pero no se me pasó por la cabeza… dijo Camus, en ese instante llegó el auto que había comprado y ambos salieron a verlo.
EN UNA COLINA CERCA DE PARÍS.
-Señor, he estado vigilando al Caballero Dorado De Acuario, como usted me lo ordenó, al parecer conoció a una joven mujer en el tren en el que viajaba ya que cuando subió estaba solo pero bajo acompañado de ella y han estado recorriendo la ciudad juntos, además están alojados en una casa a las afueras de París que por los datos que recogí, fue una herencia de su madre… dijo el mismo hombre con la capucha que lo había seguido en la ciudad. -Muy bien, descansa por hoy pero quiero que mañana lo vigiles de nuevo pero ten cuidado para que no te descubra… dijo el otro hombre vestido con un ropaje sagrado… -No quiero que lo pierdas de vista y no dejes que te descubra porque si Camus se entera te matara sin piedad, a pesar de que ha dejado su templo este hombre tiene el poder suficiente como para liquidarte de un solo golpe, ten mucho cuidado, retírate… dijo el hombre y su subordinado se retiró… -Así que un mujer y una casa, quien lo diría?... Pero me temo que no será por mucho tiempo Acuario, Camus… dijo el hombre mirando el sol esconderse.
