CAPÍTULO XX: ENCUENTRO ENTRE MADRE E HIJO.
—Nueve Santos de Athena, al parecer la diosa estuvo muy bien informada de mis planes... dijo Hades sonriendo y volteó hacia Katya. —Retirense... ordenó el dios.
Rhadamantys se sorprendió al escuchar la orden de Hades y no dudó en reclamar. —Pero señor... dijo el juez y antes de que dijera otra palabra fue interrumpido por Hades.
—Acaso piensas desobedecer mis órdenes?... dijo molesto el dios.
—De ninguna manera, mi señor... respondió el juez arrodillándose.
Hades volteó hacia Katya y la miró fijamente, luego se acercó y acarició su caballo. —Tu cabello es hermoso, brillante... Eres mi representante y creo que ese color es muy vivo... dijo el dios y el pelo de la joven empezó a tener un tono gris opaco.
Katya quedó en silencio pero molesta por lo que hizo con su pelo y luego de unos segundos rompió el silencio. —Mi señor, esa mujer me reconoció y quisiera llevarla al castillo para interrogarla... dijo Katya mirando a Lhía.
—Está bien... dijo Hades, Katya se acercó a la joven y la golpeó en la cabeza dejándola inconsciente Leila trató de detenerla pero nada pudo hacer ante la presencia de Rhadamantys.
—No la toques, estas personas no tienen nada que ver en esto, Hades deja los ir... gritó Milo tratando de moverse.
—Como te atreves a darle órdenes a un dios miserable mortal... respondió furioso el dios y lanzó al Caballero de Escorpio que cayó mal herido a unos metros de donde estaba.
—Maldito!. Esto no se va a quedar así... dijo Dohko arrodillado ante la gran presión a la que los sometió Hades.
Leila empezó a llorar desconsoladamente, lo que iba a ser un paseo entre amigos se convirtió en una pesadilla, Sebastien desapareció, su madre está muerta, Lhía fue raptada y Angelo había caído en un trance, parecía ignorar lo que ocurría a su alrededor.
—Soy un dios bondadoso, pero no tolero a los humanos que no saben respetar a los dioses... Dohko de Libra. ¿Cómo te atreves a hablarle así a una deidad?... Eres un ser insignificante, me pregunto que estaba pensando Athena cuando le concedió el Misophetamenos a una basura como tú, tuviste una larga vida pero ni tu ni los demás Caballeros debieron revivir, ahora los enviaré de regreso al mundo de los muertos y me encargaré de que todos paguen por sus pecados contra los dioses... dijo Hades furiosos y atacó a los Caballeros con una bola de energía, todo parecía perdido pero increíblemente la energía se desvió hacia el bosque. Hades y los dioses gemelos se sorprendieron, ninguno de los Santos podía moverse y el ataque fue muy poderoso como para que ellos pudieran desviarlo.
—No dejaré que sigas maltratando a mis Caballeros, es hora de que acabamos con esto... dijo una voz femenina, la diosa apareció frente a los Caballeros acompañada de Shion y Poseidón.
Hades sonrió al escuchar eso. —Athena, que agradable sorpresa justamente me estaba acordando de ti... dijo con tono sarcástico el dios del inframundo. —Oh, hermano... Ha pasado mucho tiempo... continuó al ver al emperador del mar. —Debo confesarles que no esperaba verlos aquí, pero lamentablemente me tengo que ir... terminó diciendo y una oscuridad envolvió el lugar por unos segundos, Athena y Shion trataron de llegar a donde estaba Angelo pero Poseidón los detuvo. —Déjalo, ya no puedes hacer nada... dijo Poseidón en medio de la oscuridad y Athena se detuvo, unos segundos después la luz del sol volvió a iluminar el jardín, Hades, los dioses gemelos y Angelo desaparecieron sin dejar rastro.
—Donde está mi hermano, quienes son ustedes y por que lo llevaron... gritaba Leila desesperada con lágrimas en los ojos.
—Deja de gritar, tu hermano fue capturado por Hades y hay pocas posibilidades de rescatarlo... respondió Poseidón con crueldad.
—Por que... Por que pasa esto, el es una buena persona jamás le ha hecho daño a nadie y es el único familiar que me queda, como puedes decir que no pueden hacer nada... dijo Leila y cayó de rodillas llorando mientras el dios la miraba en silencio. Saori se acercó a Leila y la tomó de la mano, Leila levantó la cabeza y miró a la diosa...
—Todo va a estar bien, no descansaremos hasta encontrar a tu hermano y traerlo sano y salvo... dijo la joven diosa mirando a Leila con ternura, al escuchar esa dulce voz la joven sintió una paz que nunca había sentido, la presencia de esa mujer le daba mucha calma y esperanzas de volver a encontrar a su hermano.
—No sólo es mi hermano, un amigo mío desapareció en ese bosque y a mi amiga la llevaron esos tipos... dijo Leila más calmada.
—Ellos tienen a tus amigos, puedo sentir dos presencias en el castillo que son diferentes a los cosmos de los espectros, estos no son cosmos malignos... dijo Athena mirando a Leila.
—Cuando se llevaron a tu amiga esa mujer dijo algo que me llamó la atención, dijo que tu amiga la reconoció.¿Qué sabes de eso?... preguntó Mu de Aries que al igual que todos los Santos ya se había reponido.
Leila quedó en silencio y se puso pensativa. —No estoy segura pero Lhía dijo que esa mujer era la madre de un hombre que conoció en Francia... dijo luego de un momento de silencio.
—Francia?... preguntó Milo.
—Si, nosotras vivíamos en Francia pero hace poco decidí volver, Lhía vivía con un hombre llamado Camus a las afueras de la capital en una casa que era de el pero se fue y Lhía no quiso quedarse ahí, yo la convencí de que viniera a Grecia conmigo... respondió la joven y todos los que estaban allí se quedaron mudos.
—Que pasa?... preguntó la joven al ver como los Caballeros se miraban entre ellos.
—Nada, iremos al Santuario ahí lo comprenderás... dijo Athena.
Leila miró el cuerpo de su madre y empezó a lagrimear. —Primero quiero enterrar el cuerpo de mi madre... dijo con con la voz entrecortada, Athena asintió y enterraron el cuerpo de la mujer en el jardín y colocaron una cruz y lo adornaron de flores. Luego de esto Mu los llevó al Santuario, al llegar la diosa envío a Leila con las Amazonas para que la cuidaran y mandó llamar al Caballero de Acuario que estaba entrenando en el lugar de siempre.
Camus llegó rápidamente ante la diosa. —Me mandó llamar, diosa Athena... dijo Camus arrodillado.
—Camus, la joven que vivía contigo se llamaba Lhía no es así?... preguntó la diosa muy seria.
—Así es, pero a que se debe la pregunta?... preguntó extrañando el Caballero.
—Los espectros de Hades la secuestraron al parecer Lhía es amiga de Leila la hermana de Angelo, el joven que Hades eligió para reencarnar. Ella vino a Grecia para vivir con ellos pero lamentablemente pasó esto, Leila está a salvo pero uno de sus amigos también fue capturado, lo siento... respondió la diosa, Camus quedó paralizado se sorprendió al escuchar el nombre de Lhía y se puso a pensar.
—Tal vez se enteraron de mi amistad con ella y quieren que vaya a rescatarla, lo mas probable es que sea una trampa...respondió el Caballero muy sereno ocultando su preocupación, quería salir corriendo a rescatar a la joven sin importar cómo, sabía perfectamente que los espectros no dudarían en acabar con la vida de Lhía.
—Así es, pero no tenemos otra opción más que arriesgarnos, mandé llamar a Afrodita para que te acompañe por favor tengan cuidado... dijo la diosa mirando fijamente al acuariano.
—Esta bien... respondió Camus.
Athena se dio la vuelta y dio unos pasos. —Hay algo más... Leila está aquí en el Santuario la dejamos con las Amazonas y creo debes hablar con ella antes de irte, hay algo que debes saber sobre la mujer que acompañaba a los jueces y creo que ella es la más indicada para decírtelo... dijo la diosa.
—Está bien... respondió el Santo.
Saori volteó hacia el Caballero y sonrió levemente. —Ahora puedes irte, ve a salvar a tu amada a la que tanto deseas volver a ver... dijo la diosa y el Caballero abrió grande los ojos, quedó mudo al escuchar eso.
—No importa que tan frío seas, es imposible ocultar un sentimiento tan hermoso... dijo Saori sonriendo, Camus sonrió levemente y se retiró en silencio.
Luego de eso el Caballero de Acuario bajó hacia las cabañas de las Amazonas para hablar con Leila. Al llegar vio a Marín de Águila y se acercó a ella.
—Que haces aquí, los Caballeros sin importar su rango tienen prohibido venir hasta aquí... dijo Marín al ver a Camus.
—Athena me pidió que viniera a hablar con la mujer vino con ellos... respondió el Caballero.
—Está desecha, perdió a su madre y a su hermano en el mismo día y sus amigos fueron capturados, es una lástima nadie merece pasar por esto... dijo Marín y lanzó un suspiro.
—Aún hay posibilidades de salvar a su hermano, no todo está perdido y luego de terminar de hablar con ella Afrodita y yo iremos a rescatar a sus amigos... respondió Camus.
—Entiendo, la traeré para que hablen no deben perder mucho tiempo... dijo Marín y se fue, Camus volteó y miró el Santuario que se veía imponente desde ese lugar.
—¿Camus?... dijo Leila acercándose lentamente, el acuariano volteó hacia ella y la reconoció rápidamente.
—Tu trabajabas con Lhía en el restaurante... dijo el Santo.
—Así es... dijo Leila y hubo unos segundos de silencio entre ellos.
—Marín me contó todo sobre este lugar y quienes son ustedes. Nunca creí que las historias de dioses y seres mitológicos que me contaban de niña sean ciertas, siempre veía como ibas a dejar y recoger a Lhía en el restaurante y parecías un hombre normal y nunca pensé que fueras un Caballero de la diosa Athena es increíble, por eso dejaste Francia sin dejar rastro... dijo Leila rompiendo el silencio.
—Cometí un error, quería una vida lejos del Santuario pero mi deber es estar aquí y luchar junto a la diosa... respondió Camus.
—Tal vez sea cierto pero al menos debiste despedirte de Lhía, ella está muy triste por tu partida fue por eso que le pedí que viniera conmigo a Grecia y le dije a Sebastien que nos acompañara pero creo que yo también cometí un error... dijo Leila agachando la cabeza.
—Sebastien?... Es el otro que fue capturado por los espectros. ¿No es así?... preguntó Camus.
—El desapareció en el bosque pero esa mujer dijo que también lo llevaron, es mi culpa el está interesado en Lhía y vino porque yo le pedí que pasará más tiempo con ella si no le hubiera dicho nada ambos estarían divirtiéndose en París... se lamentó la joven, al escuchar eso el Caballero sintió una extraña sensación que nunca había sentido jamás se había puesto a pensar que pasaría si Lhía se fijaba en alguien mas. ¿Que debía hacer?. Decirle todo lo que sentía por ella o dejar que busque la felicidad en otra parte pues, aunque le declare su amor y ganen la Guerra Santa la vida de Camus y la de los Caballeros que revivieron no está asegurada, era la voluntad de los dioses los que iban a decidir que pasaría con ellos, eso lo dejó pensativo.
Luego de un momento Camus miró nuevamente a Leila y se acordó de lo que le dijo la diosa. —Athena me contó todo, iré al castillo de los espectros para rescatar a Lhía y a tu amigo pero también me dijo que hay algo que tengo que saber sobre la mujer que acompañaba a los espectros... dijo Camus, Leila suspiró y miró a los ojos al acuariano.
—En realidad no se nada pero Lhía dijo que esa mujer que estaba con ellos era tu madre al oír eso ella le lanzó el arma que tenía en su mano, mi madre se interpuso y eso acabó con su vida, después la mujer pidió permiso para llevarse a Lhía e interrogarla... dijo Leila y Camus quedó helado. ¿Su madre?. Ella estaba muerta pero había posibilidad de que sea verdad, Lhía había visto la fotografía de su madre y la reconocería. Dio la vuelta y empezó a caminar hacia el Santuario.
—Lhía tenía razón, eres muy indiferente ni siquiera una señal de interés por ella o por tu madre, por favor salvala, ella es como una hermana para mí... dijo Leila mientras veía al Caballero alejarse.
Camus caminó pensando en todo lo que Leila y Saori le habían dicho estaba muy preocupado y muy impactado por todo lo que sucedió. Al llegar a la entrada del Santuario vio a Afrodita que lo esperaba pacientemente sin más rodeos partieron hacia el Castillo.
CASTILLO DE LOS ESPECTROS...
Ya era de noche y la mayoría de los espectros que estaban en el Castillo volvieron al inframundo por órdenes de Hades, sólo quedaron algunos para custodiar el castillo y esperar la llegada de los Santos de Athena entre ellos Rhadamantys que acompañaba a Katya en todo momento.
—Despierta, despierta Lhía... se oía una voz en el salón principal del castillo, era Sebastien que estaba sentado en el piso atado de espaldas a la joven que lentamente iba despertándose.
—¿Dónde estoy?... ¿Por qué estamos amarrados?... empezó a decir la joven muy alterada.
—Tranquila, no te preocupes todo estará bien vamos a salir de aquí... le decía Sebastien tratando de tranquilizarla. De repente unos espectros salieron de una de las puertas corriendo hacia la entrada.
—Quienes son ellos y porque nos tienen como prisioneros... preguntaba Sebastien mientras veía al grupo de espectros.
—No lo sé... respondió Lhía luego se escucharon unos gritos que provenían de afuera y la temperatura empezó a bajar drásticamente, la joven levantó la cabeza y recordó que en aquella pelea entre Camus y Shaka también ocurrió eso. —¿Camus?... dijo mirando hacia la entrada.
—¿Quién es Camus?. Es la segunda vez que lo nombran... preguntó el joven pero rápidamente volteó hacia la puerta principal que se abrió, se escucharon unos pasos que se dirigían hacia ellos y si, era Camus que caminó lentamente hacia ellos. Lhía lo miró y empezó a sonreír mientras el Caballero mantenía la seriedad que lo caracterizaba.
—¿Camus?. ¿Eres tú?... dijo una voz femenina, Camus se detuvo y miró hacia un costado y pudo ver a Katya saliendo de una de las puertas y aunque su pelo era diferente, definitivamente era su madre la que iba acercándose a el mientras Lhía y Sebastien observaban en silencio.
—Realmente eres tú... dijo el acuariano mirando a los ojos de su madre que se acercó a el y le acarició el rostro. —Estás cometiendo un error, no debiste aceptar la propuesta de Hades... continuó diciendo, Katya agachó la cabeza y dio un paso atrás.
—Lo sé y estoy muy arrepentida por favor ayúdame, Hades me convenció diciendo que me dejaría estar contigo y que seríamos una familia pero me convirtió en su esclava yo sólo quiero escaparme ya no puedo mas... dijo Katya y empezó a llorar, Camus le acarició el cabello sin decir nada.
—Hijo... ¿Me ayudarás?... dijo Katya y levantó la cabeza mirando a Camus que se mantenía serio.
—Claro que lo haré... respondió el acuariano, Katya sonrió al escuchar eso pero antes de que dijera algo más Camus levantó la mano y con la punta del dedo le tocó el lado izquierdo del pecho. La mujer cayó en el suelo ante la mirada de Lhía y Sebastien que quedaron impactados al ver eso, Camus le habían congelado el corazón que dejó de latir.
—¿La mataste?... preguntó Sebastien pero el Caballero no respondió sólo levantó la mano y creó un ataúd de hielo para sepultar en ella a su madre, luego se dirigió hacia los jóvenes y los desató rápidamente.
—Vámonos de aquí, no se detengan... dijo Camus y empezó a caminar seguido de Sebastien y Lhía pero luego se detuvo y volteó hacia ellos. —Cuidado!... gritó el Caballero y de un salto se paró detrás de los jóvenes y creó una pared de hielo, una bola de energía impactó en ella y fue repelida aunque la pared también se rompió.
—Nunca pensé que fueras tan frío como para acabar con la vida de tu propia madre, eres un bastardo... dijo Rhadamantys mientras iba acercándose, detrás de el estaba Zeros que venía siguiéndolo.
—Y tu un cobarde que ataca por la espalda, pero no tengo tiempo para pelear contigo, vámonos... dijo Camus y siguió caminando, Rhadamantys se enfureció y lo tomo por la espalda y lo sujetó del cuello con toda su fuerza, el acuariano solo sonrió pero Lhía al ver eso se preocupó y corrió para tratar de defenderlo.
—Sueltalo!... gritó la joven pero fue interceptada por Zeros que la golpeó fuertemente en la cabeza y Lhía cayó inconsciente, Sebastien corrió para ayudarla pero Zeros le cerró el paso.
Camus se enfureció al ver eso, lanzó a Rhadamantys hacia el suelo y se paró delante de Zeros y Sebastien aprovechó para ir junto a Lhía. —Eres un monstruo asqueroso y cobarde solo atacas a los que no pueden defenderse y eso no te lo voy a perdonar... dijo Camus y elevó su cosmos como nunca lo había hecho. —Muere maldito!... gritó y lo golpeo con toda sus fuerzas.
—Estúpido, te mataré con mis propias manos... dijo Rhadamantys levantándose.
—Ya te dije que yo tengo tiempo para pelear contigo, tengo que llevar a estos jóvenes al Santuario... dijo Camus caminando hacia Lhía y la cargó ante la mirada de Sebastien.
—¿Acaso piensas que puedes huir?. Eres un cobarde... dijo Rhadamantys burlándose.
Camus sonrió nuevamente. —Dije que no pelearía contigo pero eso no quiere decir que nadie lo hará... respondió el Gold Saint y una delicada fragancia envolvió el lugar.
—Trata de contener la respiración hasta que salgamos de aquí, corre antes de que perdamos los sentidos... dijo Camus mirando a Sebastien y empezó a caminar hacia la salida, el joven miró a su alrededor y vio que el castillo estaba llena de rosas rojas.
—¿Esto es?... dijo Rhadamantys.
Afrodita entró caminando con una rosa negra en su mano. —¿No te gustan las rosas rojas?. Ya veo, prefieres las que combinan con tu sapuris... dijo el de Piscis y lanzó la rosa hacia el juez infernal que a duras penas logró esquivar su ataque pero la rosa le rompió el casco.
—¿Acaso quieres morir?. Sal de aquí... le ordenó el Caballero a Sebastien que se quedó mirándolo fijamente, a pesar de ser un hombre era muy hermoso pero luego salió corriendo, al salir se encontró con Camus que le dijo que esperaran al Caballero de Piscis.
—Oh... Afrodita de Piscis. ¿Tu serás mi oponente?. Me envían como contrincante a uno de los Dorados más débiles, me siento ofendido... dijo Rhadamantys riéndose.
—La última vez pudiste derrotarme a mi y a los demás Caballeros Dorados gracias a la barrera de Hades, pero fuiste derrotado por uno que ni siquiera usaba su Armadura, eso quiere decir que no estas a la altura de ninguno de nosotros... respondió Afrodita sonriendo, Rhadamantys borró la sonrisa de su rostro y se puso serio.
—Como te atreves, además este castillo también cuenta con la barrera de Hades, morirás basura... dijo enfurecido el juez.
—¿Estás seguro?. Esta tarde mientras volvías al castillo de seguro viste una bola de energía dirigirse hacia está dirección, esa energía fue lanzada por Hades para matar a los Caballeros que trataron de detenerlo pero Athena lo desvió y lo direccionó hasta este lugar y destruyó la barrera... replicó el Dorado y el juez recordó que vio la energía dirigirse hacia el castillo.
—No importa, de todas maneras puedo matarte sin depender de ninguna barrera... dijo Rhadamantys y empezó a elevar su cosmos, Afrodita solo sonrió y lo miró fijamente. De repente el juez cayó de rodillas y todo se volvió borroso.
—Tonto. ¿Acaso no oíste lo que Camus dijo?. Las rosas rojas son rosas venenosas, su fragancia es delicada y agradable al olfato pero todo aquel que lo inhale perderá los sentidos y por último la vida, la rosa negra que te lancé no es venenosa pero puede perforar cualquier material no importa que tan duro sea, pero hay otro tipo de rosas y es con la que voy a terminar con tu vida que es la blanca... dijo Afrodita y le lanzó una rosa blanca directamente al pecho, Rhadamantys cayó al suelo sin poder hacer nada, sentía como perdía los sentidos lentamente.
—Está rosa absorbe toda la sangre de la persona que lo recibe y cuando se vuelve totalmente roja mata a su víctima, esto es por todas las veces que humillaste a los Caballeros de Athena. ¿Te digo algo?. Eres el juez más débil y nunca podrías derrotar a ningún Caballero Dorado... dijo Afrodita mirando al juez.
Rhadamantys trató de quitarse la rosa blanca del pecho pero ya estaba muy débil y se desvaneció ante la mirada de Afrodita que se dio la vuelta y salió.
—El cosmos de Rhadamantys desapareció, no pensé que podrías acabar con el en tan poco tiempo, no hay mucha diferencia entre su cosmos y el de nosotros... dijo Camus al ver a Afrodita saliendo del castillo.
—Es un oponente muy poderoso pero es un tonto, si hubiera destruido las rosas demoníacas tal vez sería distinto... respondió Afrodita.
—Entiendo, regresemos al Santuario... dijo el acuariano. —Kiki, es hora de irnos... continuó diciendo mirando a su alrededor, Sebastien lo observaba extrañando. ¿A quién le habla?... se preguntaba el joven cuando de repente un niño apareció delante de el y lo asustó.
—Oye, yo se que no soy Afrodita pero tampoco soy un monstruo... dijo el niño mirando a Sebastien con una gran sonrisa. —¿Señor Camus ella está bien?... preguntó Kiki al ver a la joven en los brazos del Dorado.
—Está inconsciente sólo necesita descansar, llevanos al Santuario Kiki este lugar es muy peligroso... volvió a decir Camus y el aprendiz de Mu obedeció.
SANTUARIO DE ATHENA...
Al llegar al Santuario, Camus rápidamente llevó a Lhía a las cabañas de las Amazonas para que ellas cuiden de la joven mientras que Afrodita fue a informarle a la diosa sobre lo que había pasado.
Sebastien que acompañó a Camus se encontró con Leila y ella le contó lo que pasaba y quienes eran estas personas, Camus estuvo un tiempo hablando con Shaina que se encargó de Lhía y luego salió para volver al Santuario.
—Camus espera!... dijo Leila que corrió detrás del Santo, Camus se detuvo y volteó hacia ella. —Gracias por salvarla... continuó diciendo la joven con una sonrisa.
—Mi deber como Caballero es proteger Athena y a las personas de este mundo, solo cumplí con mi deber... respondió Camus.
—Entiendo... dijo Leila mirando a Camus.
—Que tengas buenas noches... terminó diciendo el Caballero y siguió caminando hacia el Santuario.
Al llegar a la casa de Acuario se paró en la entrada y miró al cielo. "No puedo salvar tu alma pero al menos pude evitar que sigas haciéndole daño a las personas inocentes." Pensó el joven guerrero recordando a su madre y dejó caer sus lágrimas.
