CAPÍTULO XVIII: CÁLIDO REENCUENTRO.

–Puedes retirarte.– dijo la diosa, Camus se levantó y dio la vuelta para retirase pero se llevó una enorme sorpresa, Lhía estaba parada en la puerta, sus pupilas se dilataron y sus corazón se aceleró al verla de nuevo, la miró directamente a los ojos y la joven le sonrió.

Los sentimientos que Lhía despertaba en el eran indescriptibles pero a pesar de ello el orgulloso Caballero se mantenía serio e inmutable, su rostro no expresaba emoción alguna y empezó a caminar hacia la puerta manteniendo una postura firme y elegante mientras Lhía y los demás lo observaban en silencio, al llegar junto a ella el Caballero se detuvo y la miró a los ojos.

–Lamento todo por lo que estas pasando, pero me alegra que estés bien.– expresó el guerrero con la seriedad y serenidad que lo caracterizaba pero, Lhía no tenía esa capacidad para controlar sus emociones, se lanzó hacia Camus y lo abrazó con todas sus fuerzas.

–Pensé que jamás volvería a verte, ni siquiera te despediste.– dijo la joven mientras lo abrazaba, Camus se mantuvo firme, sin responder al abrazo de su amada, aunque por dentro se moría de ganas por abrazarla pero... ¡Era el maestro del hielo!. Ser cálido era una debilidad, volteó hacia Athena y ella le sonrió.

–No quería involucrarte en esto, era lo mejor.– respondió el Caballero apartándose de la joven.

–Creo que ya no importa, de todas formas me involucré y ahora estoy aquí aunque me gustaría que me aclararas algunas dudas.– replicó Lhía.

–Será en otra ocasión, la diosa los espera.– respondió el acuariano y se despidió.

Sin perder mucho tiempo Shaina se acercó a la diosa y se arrodilló, Athena estaba sentada en el trono, a su derecha estaba Shion y sentado a su izquierda el emperador Poseidón que estaba acompañado de Sorrento, su guardia personal. Los tres jóvenes la siguieron y se arrodillaron delante del trono, era la primera vez que lo hacían y se sintieron extraños, Athena se dio cuenta de eso y les pidió que se levantaran. La diosa tenía una pequeña caja en sus manos, al parecer contenía algo importante y eso llamó la atención de los jóvenes, se levantó y caminó hacia ellos, se acercó a Leila y le dio la caja.

–Los encontré en ese jardín.– dijo Saori –Lo lamento.– replicó.

Leila tomó la caja y lo abrió, en ella estaban los lápices de Angelo.

Al verlos la mujer empezó a llorar pero Athena trató de calmarla, hablaron un largo rato y con las palabras de la diosa se tranquilizó.

Leila y los otros dos jóvenes le agradecieron a la diosa por haberlos salvado de los espectros y por darles refugio en el Santuario, como agradecimiento las jóvenes se ofrecieron para prepararles una cena a la diosa que sin dudar aceptó la propuesta y conversaron por varios minutos sobre las reglas del Santuario hasta que la diosa los despidió amablemente. Los jóvenes ya iban caminando hacia la puerta pero la diosa volvió a hablar.

–Espera.– dijo y miró hacia Lhía –Quiero hablar contigo.

Leila miró a su amiga y le tocó el hombro –Te esperaremos afuera.– dijo.

Saori observó como los jóvenes salían y luego se acercó a Lhía.

–Te acompaño.– dijo la diosa y empezó a caminar hacia la puerta y Lhía caminó a su lado.

–De que quiere hablar conmigo.– preguntó la joven.

–De Camus.– respondió, Lhía la miró sorprendida –El está muy feliz de que estés aquí.– prosiguió, la joven suspiró y miró hacia arriba.

–Pues, no parece.– dijo.

Athena se detuvo y la miró sonriendo –No necesito ser la diosa de la sabiduría para darme cuenta de lo que sientes por el.– Lhía se sonrojó al oír eso.

–El es muy importante en mi vida pero no creo que esté feliz porque estoy aquí, ni siquiera me sonrió, cuando me saludó fue muy frío e indiferente, como si no le importara.– replicó la joven.

–Camus es el Caballero mas frío de todos, actúa con cierta indiferencia pero eso no quiere decir que no tiene sentimientos y tu mejor que nadie deberías saberlo, vivían juntos. ¿No es así?– dijo Saori y Lhía agachó la cabeza sin decir nada.

–Pero puedes averiguar que es lo que Camus piensa.– dijo.

Lhía levantó la cabeza y la miró fijamente –¿Como?– preguntó.

La diosa soltó una pequeña risa haciendo que Lhía se sonrojara –Hablando con el.– contestó –Según entiendo ustedes aún no han tenido tiempo de conversar, por lo tanto no deberías sacar conclusiones.– concluyó la diosa.

–Tienes razón, trataré de hablar con el.– contestó.

Athena siguió caminando y Lhía la siguió, llegaron hasta la puerta y se quedaron paradas en silencio. Desde ahí se veía todo el santuario y Lhía quedó maravillada por la hermosa vista y sonrió levemente.

–Te daré un último consejo.– dijo la diosa rompiendo el silencio, Lhía borró la sonrisa de su rostro y volteó hacia Athena.

–Camus es un Caballero orgulloso y comprometido con su misión, tiene un carácter bien definido y raras veces se deja llevar por sus emociones, independientemente a lo que decida te aconsejo que trates de aceptarlo, el jamás haría algo sin pensar y estoy segura de que sea cual sea su decisión será la correcta pero con esto no quiero decir que el se alejará de ti, simplemente no quiero que te ilusiones mas de la cuenta y termines decepcionada pero como te dije, no debemos sacar conclusiones, habla con el y así sabrás que es lo que el piensa hacer.– dijo la diosa y Lhía no supo que responderle, de cierta forma sabía que la diosa tenía razón, Camus era un guerrero y su misión estaba por encima de cualquier cosa y ella no debía ponerle obstáculos.

Lhía solo asintió con la cabeza y luego se despidió. Tenía muchos sentimientos encontrados y muchas dudas pero siguió los consejos de la diosa y trató de no sacar conclusiones antes de platicar con Camus. La joven bajó por las escaleras y se reunió con Shaina y con sus amigo que la estaban esperando para continuar su recorrido por los templos del Santuario.

-Creí que no me esperarían- dijo mientras caminaba hacia ellos.

-¿Y dejar que camines sola por estos templos?... Olvídalo- respondió Sebastien.

-Athena me ordenó guiarlos y no puedo dejarlos recorrer los templos solos, vamos.- dijo la guerrera y comenzó a bajar por las escaleras.

Pasaron por Piscis en silencio para no molestar al Caballero de esa casa, Lhía caminaba lentamente pensando en lo que había platicado con la diosa, en verdad necesitaba platicar con Camus porque tenía tantas preguntas en mente. Miró hacia adelante y vio que ya habían llegado hasta el templo de Acuario, el templo que estaba protegido por Camus, su amado.

Entraron al templo y sintieron que la temperatura allí era mas baja, pero el templo estaba vacío sin señales de Camus, Lhía se puso algo triste pues, quería verlo nuevamente.

-La temperatura en este templo es diferente, tengo frío.- dijo Leila mirando unas estatuas que estaban allí.

-Frio como su cuidador.- dijo Sebastien con un tono sarcástico, Leila se acercó a el y le susurró al oído.

-¿Estas celoso de Camus?- dijo con una sonrisa burlona, Sebastien la miró y solo se quedó callado.

Salieron del templo y al salir el corazón de Lhía se aceleró, Camus estaba parado allí mirando hacia el cielo, quedó inmovilizada sin hacer alguna expresión. Estaba completamente segura de que amaba a Camus pero nunca pensó que el podría alterarla hasta ese punto, respiró profundo y se acercó a el.

-Creo que tenemos mucho de que hablar.- dijo algo titubeante mirando al Caballero.