CAPÍTULO XXIV: PLATICA EN LAS ESCALERAS DE ACUARIO.

Camus cerró los ojos y agachó la cabeza, se dio la vuelta y miró hacia Shaina que se había detenido a esperar a Lhía. -Yo la llevaré a tu cabaña.- dijo.

-Athena me ordenó cuidarlos.- dijo la Saint negándose a dejarla.

-Hablaré con la diosa, yo me hago responsable de lo que le pase mientras ella esté conmigo.- dijo Camus en tono poco amigable, Shaina no dijo nada y siguió caminando, Leila se acercó a Lhía y posó su mano sobre el hombro de su amiga, le sonrió y luego siguió a Shaina. Sebastien se quedó mirándolos por unos segundos pero luego prosiguió su camino.

-Creí que no los dejarías solos.- le dijo Leila mientras se alejaban del templo.

-No me parece una buena idea dejarla sola con ese tipo a estas horas de la noche.- dijo Sebastien con evidentes signos de molestia.

-¿Olvidas que ellos vivían juntos?. Jajá… Prefiero dejarla sola con el que contigo porque como dije ellos llevaban meses viviendo en la misma casa y evidentemente Lhía no se siente incomoda al estar a solas con el y a ti te conoce desde hace unas semanas.- dijo Leila burlándose de los celos de Sebastien.

-Esa es la única razón por la que dejé a tu amiga con Acuario, si no se conocían no lo hubiera permitido pero ellos tienen cosas de que hablar.- dijo Shaina metiéndose en la conversación de los jóvenes

-No es gracioso.- dijo Sebastien molesto.

-Tranquilo, Camus no le hará nada malo, el Caballero de Acuario es uno de los mas respetables tiene un carácter frio, fuerte pero bondadoso y correcto. No es un tonto que se deja llevar por cualquier pensamiento banal, así es que compórtate como hombre y deja de quejarte- dijo la guerrera mientras seguía caminando sin detenerse, al escuchar eso Leila empezó a reírse de Sebastien haciendo que este se pusiera mas furioso.

Lhía veía como sus amigos se alejaban y cuando ya estaban a cierta distancia volteó hacia Camus que también observaba a los jóvenes. Quiso acercarse mas pero prefirió mantener cierta distancia para no incomodar al frio acuariano.

-Era tu madre, ¿Verdad?- dijo rompiendo el silencio, Camus no dijo nada pero su silencio era suficiente para confirmar las sospechas de Lhía. La joven se quedó mirándolo por un momento en completo silencio, tenía miedo de hacerle preguntas mas profundas pero sabía que debía aprovechar el momento porque tal vez no tendría otra oportunidad de conversar con el, bueno, si a eso se le podía llamar una conversación y a pesar de su temor tenía que armarse de valor para poder aclarar sus dudas.

-¿Por qué… dijo y al mirar al acuariano tuvo miedo de terminar la pregunta pero no era el momento para titubear, suspiró y continuó. -¿Por qué acabaste con su vida?¿No había alguna forma de salvarla?- preguntó con cierto temor. Camus miró hacia el horizonte y luego volteó hacia ella.

-No, fue lo mejor.- respondió el guerrero.

-¿Lo mejor?¿ Acabaste con la vida de tu madre y dices que es lo mejor?. Ella parecía muy contenta de verte.- replicó Lhía sorprendida por la respuesta de Camus.

-Estaba fingiendo, quería hacerme caer en su engaño aunque no se cual era su propósito.- respondió Camus. -Ella falleció cuando yo nací, yo sólo la hice volver al lugar de donde nunca debió salir. Solo era un espectro mas del ejercito de Hades.- concluyó.

-¿Ella siempre estuvo al servicio de Hades?- preguntó la joven

-No, la mujer que servía a Hades se llamaba Pandora pero en la anterior Guerra Santa ella traicionó al dios del inframundo al ayudar a uno de los Caballeros de Bronce a llegar a los Campos Elíseos. Motivo por el cual, Thanatos el dios de la muerte acabó con su vida. Esa mujer ya no le era útil pues, Pandora tenía un corazón puro y servía a Hades en contra de su voluntad.– comentó el acuariano –No quisieron cometer el mismo error y buscaron a una mujer llena de maldad para ocupar ese cargo, lo mejor era acabar con su vida para que no pudiera hacerle daño a nadie.– concluyó, su rostro reflejaba mucho odio y resentimiento aunque trataba de ocultarlo, Lhía lo miró fijamente y sin decir ni una palabra lo abrazó.

Camus sintió un cosquilleo, este abrazo era diferente al anterior, era mas suave y cálido, le hizo sentir que no estaba solo. El joven guerrero sonrió y tímidamente abrazó a Lhía, el tiempo se detuvo para los dos, los problemas, las muertes, los peligros, la guerra y las responsabilidades, en ese momento nada de eso tenía importancia, solo importaban ellos dos.

Estuvieron así por un largo rato pero Camus recuperó la cordura y lentamente se separó de Lhía, ella lo miró a los ojos y le sonrió, luego se sentaron en las escaleras del templo y conversaron, Lhía le comentó que conoció a Hyoga, su discípulo y que el le contó sobre las batallas en las doce casas y todo lo que pasó en la Guerra Santa anterior, luego le preguntó sobre su vida como Caballero, la guerra, los dioses y sus ejércitos, Camus respondía a todas las preguntas de Lhía sin ser cortante como acostumbraba, era la primera vez que hablaron por mucho tiempo e irónicamente ambos evitaban hablar de los peligros que el Caballero tenía que enfrentar en esta guerra, Camus evitaba el tema porque no quería dañar la conversación, Lhía por su parte no quería escuchar lo que era evidente, Camus podría perder la vida en esta guerra y el estaba preparado para eso pero prefería no oírlo de los labios del Caballero.

Ya era de noche y Camus decidió que era hora de que Lhía vuelva con sus amigos, ella no debía estar a esas horas dentro del templo de Acuario. Se levantaron y empezaron a caminar por las escaleras, Lhía caminó detrás del acuariano que luego de la plática volvió a ser el mismo cubo de hielo que todos conocían pero a Lhía ya no le molestaba, de hecho eso era lo que le encantaba de el, cruzaron todos los templos en completo silencio y al salir por la puerta del templo de Aries vieron Mu hablando con Leila y Sebastien.

–¿Que hacen aquí?– dijo Lhía sorprendida.

–Te tardaste demasiado y quisimos asegurarnos de que estabas bien pero no nos dejaron cruzar.– respondió Sebastien al ver a Lhía.

–Ya ven, les dije que estaba bien.– dijo Mu mirando a los jóvenes.

–Tu estabas preocupado, yo no y no te quejes porque Mu solo cumplía con su deber.– expresó Leila y le sonrió al Caballero de Aries.

–Debemos irnos, pero antes...– dijo Lhía y volteó hacia Mu –Quiero darte las gracias por haberme salvado, si tu no hubieras aparecido yo no estaría aquí.

Mu la miró y sonrió –No tienes nada que agradecer pero como le estaba diciendo a tus amigos, lamento no haber podido defender a Angelo y a su madre que lamentablemente perdió la vida en manos de Hades y sus Espectros, pero su muerte no será en vano.– terminó diciendo el guerrero.

–De todas formas, gracias.– replicó Lhía y se despidieron, ella y sus amigos se dirigieron a las cabañas de las amazonas mientras los dos Caballeros los observaban.

–Como estás amigo mío.– dijo Mu rompiendo el silencio.

–Preocupado.– respondió Camus.

–¿Por estos jóvenes?– preguntó de nuevo.

–No, de hecho estoy mas tranquilo al saber que están aquí, así Hades no podrá hacerles nada. Lo que me preocupa es la presencia de Poseidón, no confío en el.– respondió y Mu miró hacia el templo de la diosa.

–Dohko, Saga, Shaka e incluso la diosa y el patriarca también tienen sus dudas, lo mas recomendable es mantener cierta discreción para no generar una pelea innecesaria.– dijo Mu.

–Tienes razón, buenas noches Mu.– dijo Camus y volvió a su templo.

HORAS MAS TARDE...

Saori estaba parada en la entrada al templo en completo silencio, Shion se acercó a ella lentamente.

–Athena, ¿Cree que sea necesario que los doce Caballeros Dorados vayan a ese lugar?– preguntó Shion interrumpiendo los pensamientos de la diosa.

–Los Caballeros de Oro se han olvidado de algo muy importante y es necesario que vuelvan a recordarlo, además si todos ellos van a ese lugar provocarían un alboroto y eso serviría de distracción para que nosotros podamos pasar desapercibidos e ir ahí para poner en marcha nuestros planes.– dijo la diosa y volteó la vista hacia Star Hill.

CABAÑA DE LAS AMAZONAS…

Ya era muy tarde y todas las amazonas ya se habían ido a descansar, solamente quedaban las encargadas de hacer guardia en el lugar, Shaina por ordenes de Athena les preparó una cabaña solo para las dos jóvenes que aunque ya se habían acostado seguían despiertas.

-Espero que Shaina no se haya enojado porque le pediste que pusieran nuestras camas en la misma habitación.- dijo Lhía.

-Esa mujer parece que está enojada todo el tiempo.- respondió Leila riéndose.

-El que si parecía enojado es Sebastien, no le permitieron entrar aquí y el Caballero Hyoga lo llevó a una caballa de los Santos de bronce por ordenes de Athena.- dijo Lhía.

-Quien lo diría, después de vivir entre lujos, tener una habitación enorme con todas las comodidades, dormir en las camas mas suaves, Sebastián tendrá que dormir en una cabaña hecha para guerreros y sin ningún lujo, tu y yo podremos adaptarnos a esto con mas rapidez pero para el esto debe ser un castigo jajaja.- dijo Leila entre risas.

-No te burles, la situación es complicada pero si Camus y el ejercito de Athena derrotan a Hades volveremos a nuestras vidas, no creo que nos quieran aquí porque no somos guerreras.- dijo Lhía riéndose.

-Pues si.- respondió Leila. -Aunque para nosotras ya nada será como antes.- dijo mirando el techo, Lhía la miró y parecía muy tranquila aunque hace poco había perdido a su madre y su hermano había sido raptado.

-Eres muy fuerte, no has perdido tu sentido del humor a pesar de lo que has pasado.- dijo Lhía mirando a su amiga y sonrió, Leila seguía mirando al techo y suspiró.

-Esa mujer...- dijo -La diosa Athena, la verdad me reconfortó, su voz, su presencia. Definitivamente tiene algo divino.- terminó diciendo y volteó hacia Lhía.

-Es verdad, al estar cerca de ella sentí una presión que no puedo explicar pero a la vez sentía paz, tiene un aura llena de bondad.- dijo Lhía.

-Tanta bondad que te aprovechaste para hacerle una propuesta.- replicó Leila y Lhía borró la sonrisa de sus labios. -A mi no me engañas, esa cena que le propusiste fue solo un pretexto para meterte dentro de los templos, no se con que propósito pero te seguí la corriente.- dijo Leila mirando a los ojos a su amiga.

-No te voy a engañar, quiero saber mas sobre este conflicto entre los dioses y cual será el papel de Camus y los Caballeros Dorados en esta guerra.- dijo Lhía aclarando sus intenciones.

-No deberías meterte en eso, es peligroso.- le advirtió Leila y Lhía suspiró.

-Lo sé, eso quería hacer pero desistí de mis intenciones después de hablar con la diosa y con Camus, aun quiero saber pero es mejor no entrometerme en algo que está fuera de mi comprensión. Pero de todas formas tendremos que preparar esa cena, perdón por arrastrarte a eso.- dijo Lhía.

-No importa, amo la cocina y con gusto lo haré pero dime. ¿Qué tal te fue con Camus?- preguntó Leila con una sonrisa pícara.

-Hoy conocí un poco mas de el, hablamos sobre su vida y sobre los dioses y las guerras… Es mas interesante de lo que creí, Camus es una caja de sorpresas.- respondió Lhía.

-¿Es en cerio?. ¿No pasó nada romántico?. ¿Al menos le preguntaste por que se fue sin despedirse?- preguntó nuevamente Leila.

-Se me olvidó, tenía tantas cosas en la cabeza que nunca se me ocurrió preguntarle es….- dijo y en ese instante recordó la historia del hombre con manto sagrado que le contaba su padre. -Aun tengo preguntas que quiero hacerle.- dijo Lhía y se quedó pensando.

Leila puso su mano en su rostro. -Eres una idiota, lo he visto y he escuchado lo suficiente de ese hombre para darme cuenta de que jamás se abrirá por iniciativa propia, no es como Sebastien que solo necesita ver tu lindo rostro para empezar a andar detrás de ti. Camus es la introversión, la frialdad y la indiferencia en persona, necesita un impulso para poder demostrar lo que siente y si sigues siendo una lenta jamás vas a lograr que te corresponda por mas que esté muy enamorado de ti.- dijo e hizo un gesto de desaprobación.

-¿Y que quieres que haga?¿Que me lance a sus brazos como una chica fácil? Tampoco le puedo dar motivos para que piense que soy una ofrecida... dijo Lhía mirándola, Leila se echó a reír.

-No seas tan dramática, una sonrisa, una pequeña muestra de afecto, poco a poco acércate mas a el, hay mucha diferencia entre andar de ofrecida y demostrar que alguien es importante para ti, Camus definitivamente no es un tonto, el de seguro sabe diferenciar ya que según tu y su alumno el Caballero Hyoga es un hombre que muy equilibrado emocionalmente.- concluyó Leila.

-Tal vez tengas razón.- dijo Lhía y luego ambas se quedaron calladas, Lhía miró el techo y en sus manos frotaba la cruz que Camus dejó en su casa mientras pensaba en el momento en el que conoció al caballero.

"Que debería hacer para derretir ese corazón de hielo."