Enamorada del profesor
ø
Ya se acabó aquellas mentiras tan perfectas
ø
Entre temas sin importancia, Miki y yo nos adentramos a la cafetería, acercándonos a la larga barra que formaba la cola para esperar turno y conseguir nuestro ansioso almuerzo entre el bullicio y la mezcla del olor a pan y humanidad que se respiraba en el ambiente. Por desgracia, preparatoria y secundaria debíamos compartir cafetería. Pese a que era muy amplia, los piques y roces entre ambas partes era inevitable. Siempre estaban último año de secundaria y primero de preparatoria matándonose los únicos con los otros, perdiendo el tiempo en resolver quiénes eran los mejores. Idiotas, nadie nos quitaba la corona a los de último año.
La cola avanzaba con rapidez y en menos de cinco minutos, ya habíamos salido de la cola tras pedir nuestra comida, dispuestas a salir del recinto.
Cuando Miki y yo llegamos a la zona de mesas del patio, a donde Miku, sonreímos al ver a Mikuo y Yuma, un amigo nuestro que cursaba en el grupo del primo de Miku, sentados frente a nuestra mejor amiga, observándola con sorpresa mientras ella hablaba. Al llegar a ellos, detuvieron la charla y les saludamos antes de que yo me acercara a Mikuo e hiciéramos nuestro particular y tradicional choque de manos antes de que Miki y yo tomáramos asiento junto a nuestra amiga.
— ¿De qué estabais hablando? —Pregunté con curiosidad.
— Del club de fans de primero que tiene Takeda. —Sonrió divertida Miku, cogiendo con sus palillos un trozo de salmón para llevárselo a la boca.
— ¿¡Que tiene club de fans?! —Miki y yo nos quedamos boquiabiertas. Takeda era nuestro compañero de salón y presidente del consejo estudiantil ya que cumplía todos los requisitos para ello; muy responsable, llevaba su uniforme siempre en orden sin ninguna mísera arruga, su cabello estaba peinado con gomina, sin dejar que ningún pelo sobresaliera, llevaba gafas y tenía una gran intuición para evitar los problemas y ahorrar gran cantidad de dinero.
— Ajá, y he oído que varias chicas que quieren confesarse se cagan de miedo porque notas las letales miradas del club. —Una gota de sudor resbaló por mi nuca al tratar de imaginarlo mientras Miku suspiraba—. Me gustaría ayudarle de alguna manera.
— Vaya, esa actitud me resulta familiar. —Miki sonrió con sarcasmo mientras yo desenvolvía mi bocata vegetal de su pequeña bolsa. Pero al abrirlo puse mala cara, reconociendo los trozos de atún entre los vegetales.
— Joder, ¿por qué le llama bocadillo vegetal si le ponen atún? —Me quejé entre dientes, comenzando a sacar los trozos para dejárselos a Miku, quién aceptó encantada, junto a sus pequeños onigiris.
— ¿Enserio? —Preguntó Yuma con algo de confusión.
Miku, Mikuo y yo, con la comida a centímetros de nuestra boca, nos detuvimos al oír a Yuma, observando a nuestra pelirroja alargar aquella sárcastica sonrisa.
— Sí, son como versiones chibi de tu prometida. —Respondió finalmente, bajando sus ojos hacia su shushi para comenzar a degustarlo.
Yuma abrió sus ojos sorprendido y nosotros tres susurramos un leve "uuh" antes de ser fulminados por su mirada.
— Tonterías, no es tan bruta. —Se encogió de hombros, restándole importancia.
Los cuatro nos miramos con una ceja arqueada.
— ¿Recuerdas el partido de fútbol de la semana que pasada? —Habló Mikuo.
— Nos persiguió mientras gritaba como una loca. —Sonreí sárcastica.
— Bueno, solo fueron gri...
— Y nos amenazaba con su zapato de tacón. —Le interrumpió Miku.
— Solo porque habíamos traído una pancarta con tu cara y la de Mikuo en un corazón para animaros. —Miki rodó sus ojos y Yuma resopló.
— Quizás sí que sea un poco, eh... celosa.
— A su lado Christian Grey es un santo. —Bromeó nuestra pelirroja, sacándonos finalmente una pequeña carcajada y una leve sonrisa a Yuma antes de cambiar de tema.
Teníamos suerte de que su prometida estudiara en un instituto privado en la otra punta del pueblo y no nos encontráramos con ella frecuentemente. Digamos que nuestra relación con ella no era muy buena. Más bien, era horrible. Ella caía en el cliché de la hija mimada de una familia poderosa; todo lo que pedía lo conseguía. Y Yuma, quién ahora intentaba hacerse a la idea y tratar de darle un pequeñita oportunidad, fue una de esas cosas que ella quería. Con esa clase de personas no sabías qué hacer; si aceptabas te convertías directamente en un capricho y si te negabas, se obsesionaría contigo y haría lo que fuera por conseguirte.
Por desgracia, Yuma se vio obligado a inclinarse por la última opción y sinceramente, sabiendo todo lo que conllevó después, si hubiera sido él habría ido de cabeza hacia la primera opción.
Ø
Los suspiros de alivio llegaron justo después del timbre de salida. Esa horrible clase de historia con la horrible Kasane sensei había llegado a su fin. Nos alzamos de nuestros asientos con rapidez, empezando el jaleo rutinario mientras recogíamos nuestras cosas con prisa antes de salir por patas del salón. De normal las clases de historia eran interminables pero aquella vez fueron el doble; al menos para mí. Y el causante no fue otro que Mikuo. Después de nuestro almuerzo me pidió que le esperara en las puertas del instituto a la salida, que tenía una cosa muy importante que decirme.
Y claro, como era de esperar, me pasé toda la hora que duraba la clase dándole vueltas sobre ese asunto tan sumamente importante que me tenía que contar, ignorando los comentarios pícaros que Miki y Yuma soltaron en el almuerzo. Aunque no los descartaba del todo, después de todo... a Mikuo y yo también nos shipeaban como la pareja RinKuo. Era una gilipollez como la copa de un pino. Él era mi mejor amigo, estuvo ahí desde siempre y, aunque entrase en el TOP 5 de la lista de tíos más Boom (lista creada por nosotras que se hizo bastante popular), no sentía lo que se suponía que había que sentir si te gustaba alguien. Aunque yo tampoco es que fuera experta en eso... De hecho, nunca me llegó a gustar nadie ni me he enamorado locamente.
— ¿Lista para tu confesión de amor definitiva, Rinchu? —Me preguntó Miki, cerrando su casillero tras cambiar sus zapatos.
Rodé los ojos sonriendo levemente, ajustando mi calzado antes de salir del edificio hacia la salida.
— No seas idiota, no se me va a confesar porque no siente nada por mí.
— Claro que sí, ¿por qué otra razón quiere hablar a solas contigo?
— ¿Por qué soy su favorita?
— Sí, la favorita para poseer su apellido. Rin Hatsune, no suena nada mal. —Alcé una ceja en una mueca y ella soltó una suave risa—. Oh, venga, no me digas que no te mola la idea de tener a Miku como prima.
— Oye, eso me lo deberías preguntar a mí. —Intervino con cierta burla Miku, haciéndonos reír.
Cuando llegamos a las puertas, pudimos reconocer a Mikuo apoyado en el muro cercano junto a varios chicos más de quienes parecía despedirse. Nos acercarmos y al vernos, sonrió abiertamente, alejándose del muro.
— Por fin se dignan a salir las tres mellizas.
— Lo mejor siempre tarda en llegar, ¿nunca te lo han dicho? —Miki llevó su cabello hacia atrás mientras alzaba el mentón con orgullo.
Él soltó una pequeña carcajada, negando suavemente con la cabeza antes de posar sus ojos en mí.
— Rin, ¿nos vamos? —Me preguntó pero apenas me dio tiempo a abrir la boca cuando sentí a Miki empujarme desde atrás hacia él. Mikuo fue rápido y me sustuvo entre sus brazos, rodeándome con esa protección tan suya.
— Cuídala bien, eh. —Habló, sacudiendo de un lado a otro sus manos mientras sonreía mostrando sus dientes. La fulminé con la mirada.
Pero mi expresión cambió cuando vi a Miku al lado de nuestra pelirroja. Fruncí levemente el ceño curiosa. Sus ojos estaban puestos en su primo y no sé si eran imaginaciones mías o la miopía que quería ignorar, que veía sus mejillas levemente enrojecidas sobre su débil sonrisa. ¿Qué le ocurre?, pensé aunque cuando quise preguntárselo, noté la mano de Mikuo sujetando la mía.
— Venga, Rin, vayámonos antes de que Miki se sienta celosa. —Se burló, sacándole la lengua antes de arrastrarme tras él.
— ¡Ya te gustaría verme celosa!
Y tras un último adiós, caminamos un buen trozo de camino hablando de tonterías sin importancia. Hacía tiempo que no pasábamos un rato los dos solos y realmente agradecí tener aquél momento con él. Mikuo era prácticamente mi hermano, había crecido junto a él y conocía hasta mi más inadvertida manía; por no hablar de todas las movidas que había tenido a lo largo de mi vida y de las cuales él me ayudó a salir.
— ¿Qué te parece si nos sentamos en el banco? —Propuso, señalando un banco de mármol bajo un frondoso árbol.
— Mmm, vale. —Asentí y nos encaminamos hacia ahí, sentándonos el uno junto al otro, disfrutando del roce de nuestras rodillas y el tímido contacto entre nuestros brazos en un débil silencio.
Pese a que descartaba definitivamente la confesión, seguía notando ese nerviosismo en mi estómago. ¿Y si era algo grave? Joder, se me va a estallar una arteria como no hable.
Le miré de reojo, admirando su perfil pensativo y sus ojos caídos en un punto del suelo. Los segundos pasaban y él seguía sin abrir la boca, desesperándome. Hasta que por fin carraspeó, logrando que volteara de inmediato todo mi rostro, intrigada y nerviosa. Sus hombros se tensaron antes de relajarse un poco tras soltar un suspiro y atreverse a alzar sus increíbles ojos hacia mí.
— La verdad, no sé cómo empezar esto. —Empezó con una voz notablemente nerviosa, lo que me impresionó todavía más. Pocas, muy pocas, eran las veces en que le veía en ese estado. Mi pierna comenzó a dar pequeños saltitos sin que yo pudiera detenerla, delatando mi inquietud—. Rin, tú eres una de las personas más importantes para mí y lo sabes. Has estado ahí a mi lado desde que tengo uso de razón, brindándome tu confianza absoluta y tu eterno cariño.
— Mikuo, me estás preocupando...
Él suspiró, rascándose la nuca mientras desviaba la mirada.
— Necesito soltar lo que tengo dentro, confesárselo a alguien; y ese alguien eres tú, Rin. —Su voz temblaba, algo sumamente extraño en él. Bajé mi mirada hacia su mano, la cual temblaba, y la rodeé con la mía, estrechándola. Alcé mis ojos, encontrándome con los suyos algo inquietos y sonreí levemente, intentando tranquilizarle.
— Ya sabes que me tienes aquí para lo que sea. —Insistí, bajando mis cejas, con el corazón enloquecido, temiendo que de sus labios saliera algo grave, como que tenía una enfermedad incurable o se había metido en el mundo de las drogas o se estaba protituyendo. ¡Joder, que podía ser cualquier cosa!
— Estoy... —respiró hondo— enamorado de Miku.
Ø
Felicidad es tener hasta el cap 18 escrito :')
Muchísimas gracias a ValeSivan y Makoto por sus comentarios, asdf
Y a todas y todos los lectores fantasma ,sé que existís, manifiéstensen (?
Bueeeno, si os habéis dado cuenta, yes, un nuevo personaje ha aparecido :') My lov Yuma No se crean, ahora lo tengo toodo pensando y cada personaje influirá de cierta manera en la historia de Rinny. Estoy orgullosa de haber conseguido un resultado como ese JAJAJAJ. Debería de hacer lo mismo en todos mis fics y no ser tan impulsiva, shit
Bueno, eso es todo
Creo, jejj
¡Que la vida os guarde billones de bellas sorpresas!
Un abrazo virtual,
lov u
