Enamorada del profesor
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Y ojalá pudiera perderme para siempre en tus ojos
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...
Me detuve jadeante frente a la puerta de mi casa. Pasé mi mano temblando sobre mi rostro, intentando controlar mi respiración. Mikuo estaba enamorado de Miku y yo había huido como una cobarde, le había dejado tirado en el banco después de que me hubiera contado su más profundo secreto. ¡Mierda, soy lo peor!
La noticia me impactó, claro que lo hizo. No supe qué decir, cómo actuar, qué creer en ese momento porque era lo último que pensé oír. Mikuo, mi mejor amigo, se había enamorado de su prima, mi mejor amiga, de la hija de la hermana de su papá. Eran primos hermanos y eso era un pecado, ¿verdad?
Pero... él no lo quiso así, ¿cierto? Después de todo nadie decide a quién amar.
Cerré mis ojos con fuerza, negando con la cabeza, sintiéndome la más gilipollas del país.
Habíamos hecho del amor un juego letal donde la sociedad te señalaba, etiquetaba y humillaba cuando para ellos fallabas enamorándote de personas de tu mismo género, personas bastante mayores que tú, personas cuyo rechazo se sentía como una apuñalada, personas que comparten lazos sanguíneos por más débiles que fueran. Y tú te sentías la peor mierda por creerles porque tampoco sabías la dura realidad tras el juego que ocultaban. El amor no entendía de límites, no entendía mas que del anhelo desenfrenado de unir con dulzura dos almas para la eternidad. Y eso era inevitable.
Después de todo yo no sentía asco ni repulsión ni odio hacia mi mejor amigo. Quizás me había impactado porque me esperaba de todo menos aquella confesión, pero sabía que lo acabaría tolerando. Amar es amar, ¿no?
Mierda, ¿por qué no caí en esto antes? Ahora Mikuo sí que debe de estar defraudado conmigo y con razón.
Saqué las llaves junto a mi móvil de mi mochila y abrí WhatsApp, buscando el nombre de mi amigo entre los contactos antes de enviarle un enorme perdón. Necesitaba hablar con él y arrodillarme si hacía falta. Había conseguido el premio a la peor amiga del mundo.
Suspiré, guardando mi IPhone tras enviarle el mensaje y antes de abrir la puerta de casa, adentrarme con pesadez, anunciando mi llegada, descalzándome. Sin embargo, justo cuando dejé mi mochila en el suelo, escuché unos ladridos y en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba en el suelo, bajo una peluda perra labradora bastante familiar.
- ¿¡Momo?! -Chillé de la impresión, dejando que la mascota de mi tía lamiera mi rostro con frenesí, haciéndome cosquillas. Momo era la mascota de mi tía, llamada así por mamá debido al parecido del color de su pelaje con el de un melocotón. Sonreí a mi pesar antes de acariciarle el cuello. Había crecido bastante desde la última vez que la vi-. Yo también te eché de menos. -Susurré, incorporándome en el suelo sin dejar desatendido su cuello. Pero entonces caí en algo.
Si Momo estaba aquí, entonces ¿¡mi tía también?!
Me alcé torpemente y con la perra detrás de mí, moviendo su cola feliz, llamé en alto a mi madre y tía, pensando que quizás no me hubieran escuchando entrar, pero cuando me asomé a la cocina lo primero que me llamó la atención fue un imán bastante grande en forma de atún. Fruncí ligeramente el ceño y me acerqué, dándome cuenta de que el imán mantenía pegada en la nevera una nota.
La descolgué, leyéndola.
Rinny, si lees esto significa que acabas de llegar y tía Luka y yo acabamos de irnos al centro. Hemos tenido que dejar a Momo sola, pero seguro que te habrás alegrado mucho de volver a verla y querrás sacarla de paseo 3
Como sea un no, despídete de tus malditas y caras galletas de naranja
¡Te súper quiero!
Mamá
P.D: a estas horas no hace tanto frío pero más te vale abrigarte bien
Aguanté el impulso de pasar la nota por la trituradora del fregadero y respiré profundamente, dejándola sobre la encimera. Me la habían jugado demasiado bien.
Bajé mi mirada hacia Momo, quién también me observaba con sus ojos oscuros. Jadeaba, con la lengua fuerza y su cola se movía de un lado a otro, como si hubiera esperado este momento. Suspiré y me agaché a su altura para acariciarle su cabeza.
- Seguro que tienes ganas de salir de paseo, ¿verdad? -Como si ella me entendiera, ladró, dándome un lengüetazo a mi mejilla. Reí y me alcé, dispuesta a pegarme una rápida ducha y cambiar mi uniforme.
Aunque antes de entrar al baño, desbloqueé mi móvil y busqué el de Mikuo, comprobando que mi mensaje había llegado y que su última conexión fue hace un minuto.
Ø
- ¡Mo-Momo, no corras tanto! -Pedí jadeante, intentando no tropezarme mientras era arrastrada por ella.
Pese a que yo pesaba el doble que ella, era impresionante la fuerza que tenía. Y también su memoria. Dos años pasaron desde su última visita pero mi pequeña amiga aún recordaba dónde se ubicaba el parque de mascotas donde tanto se divertía.
Por fortuna, llegué sana y salva al recinto y Momo se detuvo, inquieta. Sonreí levemente y la liberé de su agarre, dejando que corriera por todo el parque. Estuve un rato siguiéndola desde la distancia, comprobando que no se alejara antes de sacar de nuevo mi móvil y revisar que mi mensaje seguía intacto. Quise pensar que era por el entrenamiento de hoy y que no se había fijado en mi mensaje. Pero seguía sintiéndome fatal... ¿y si ya no quería hablarme? ¿y si me había bloqueado? ¿y si ya no quería verme? ¡No, no, no, tenía que hablar con él y aclarar las cosas! Su entrenamiento acababa a las ocho de la tarde, por lo que iría hasta el campo de fútbol y lo encerraría en los vestuarios si hacia falta. Una relación de más de quince años no podía romperse tan fácil, ¿cierto?
Pero, ¿y si no ha ido al entrenamiento de hoy?
¡No, no, no! Sacudí mi cabeza, queriendo eliminar esos pensamientos de mi cabeza. Positividad, positividad. Él seguro que está ahí. Respiré profundamente antes de alzar mis ojos y buscar a Momo. Sin embargo, mi corazón se detuvo al no encontrarla entre los distintos canes. Corrí en su búsqueda, preocupándome de que hubiera salido del parque.
- ¡Momo, Momo! -La llamé, observando a ambos lados por si la divisaba-. ¡Momo, bonit...! ¡Kya! -Una bola de pelo anaranjado impactó contra mi cuerpo, derribándome al suelo-. Ay, qué daño... -Murmuré, sobándome el culo. Pero entonces una cálida lengua volvió a recorrer mi mejilla, haciendo ver que tenía a mi perra de nuevo sobre mí-. ¡Momo! -Exclamé aliviada, sonriendo ampliamente mientras la abrazaba, riendo suavemente ante las cosquillas que me hacía con su pelaje-. Qué susto me has dado.
- ¡Woff, woff! -Ladró, revolviéndose entre mis brazos, buscando más caricias que le dediqué antes de besar su cabeza y alzarme del suelo.
Sacudí mi ropa, limpiándola del polvo antes de acercar la correa al collar de Momo, dispuesta a llevarla al centro del parque sin que pudiera escapar. Sin embargo, ésta me gruñó levemente, esquivándome. Abrí mis ojos algo sorprendida. Nunca había hecho eso. Lo volví a intentar, pero aquella vez ella se escabulló entre mis piernas y echó a correr. Maldije entre dientes, apresurándome en seguirla.
Aunque la carrera duró poco.
Precisamente nos detuvimos en la otra punta del recinto, donde se encontraba la segunda entrada.
- ¿Pero qué...? -Pestañeé varias veces seguidas, observando cómo mi perra se detenía frente a un pastor alemán blanco, esperando junto a la puerta.
Los dos canes ladraron entusiasmados antes de correr a por el otro y saludarse con caricias. No evité sonreír ante esa escena y acercarme a ellos, llamando enseguida la atención del precioso animal blanco.
- Hola, precioso. -Saludé con suavidad, sin saber muy bien si era hembra o macho, agachándome a su altura. El can me observó algo receloso y estiré mi mano, la cual olisqueó. Momo estaba a mi lado, como si quisiera darle la suficiente seguridad. Acaricié su cuello, ganándome enseguida su plena confianza y reí cuando su cabeza se removió entre mis brazos, buscando más atención que le di encantada-. ¿Qué pasa, bonito? -Pregunté, usando la misma voz empalagosa que con Momo cuando la halagaba y mimaba, sujetando su cabeza entre mis manos, sin dejar de acariciarle. El perro jadeaba encantado, ya acostumbrado.
Aunque ese festín de cariño se vio interrumpido cuando una jodida y perfecta voz estremeció todo mi ser.
- ¿Haciendo nuevos amigos? -Alcé mis ojos de inmediato, encontrándome frente a mí, de pie, al mismísimo Sakine Len, con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Se-sensei! -Me alcé con torpeza de inmediato, dejando de acariciar a mi nuevo amigo. El animal ladró, volteándose hacia Len antes de levantarse sobre sus patas traseras y apoyar las delanteras en él, quién rió suavemente, acariciando su cabeza antes de que bajara.
Y ahí me di cuenta de cómo iba vestido; un chándal gris holgado y una camisa blanca adherida a su fuerte torso, marcando sus pectorales bajo una chaqueta azul. Que Dios me bendiga al diseñador o diseñadora de la cami... ¡RIN, QUÉ DICES, MÍRALE A LOS OJOS! Pero cuando lo hice, justo él tenía los suyos en mí y en ese momento Rin Kagamine olvidó respirar.
- Vaya que si es sorpresa encontrarla aquí, Kagamine. -Comentó, haciéndome sonrojar levemente.
- Eh, sí, bueno -reí nerviosa, rascándome el brazo-, no hay otro lugar mejor para los perros. -Él soltó una pequeña risa, sin apartar sus ojos de mí, cosa que me incomodaba de alguna forma, por lo que desvié la mirada-. Eh... ¿es suyo? -Pregunté, señalando el pastor alemán con el que Momo parecía ligar.
Era alucinante cómo mi perra ligaba más incluso que yo. Aunque con ello solo reafirmaba el dicho de que las mascotas eran la digna imagen de sus dueños.
- Sí, esa es Haruko, mi pequeña y revoltosa amiga.
... ¿Espera qué?
Sorprendida por aquél detalle desvelado, parpardeé varias veces seguidas, volteándome hacia él, quién miraba a los dos animales con gracia.
- ¿Es perra?
- Ajá.
¿Acaso los perros pueden ser homosexuales? Sacudí mi cabeza ante aquella estúpida pregunta que me hice y miré cómo (ahora sí) ambas perras seguían jugando. Sonreí de nuevo.
- Al menos ya tiene una amiga perruna nueva. -No me había dado cuenta de que había dicho aquello en voz alta hasta que la risa de Len caló en mí. Querida Tierra, ya puedes proceder a abrirte y tragarme. Mi rostro hardió y tuve que evitar la tentación de golpear mi frente con la palma de mi mano.
- Desde luego que se llevan muy bien. -Y entonces, de reojo, vi cómo se arrodillaba, apoyando sus codos en ambas rodillas-. ¿Cómo se llama su perra? -Me preguntó con suavidad.
- Momo. -Respondí con algo de titubeo, sin sentir la necesidad de puntualizar que era la de tía Luka.
Él silbó, canturreando el nombre de mi estimada bola de pelo, quién enseguida alzó su orejas y volteó su cabeza hacia mi nuevo sensei. Haruko fue la primera en acercarse a él con energía, siendo premiada con una angelical sonrisa y varias caricias más. Momo inclinó su cabeza con curiosidad, acercándose recelosa. Observé atentamente cómo Len le tendía la mano y mi perra la olisqueó, tomando rápidamente confianza cuando él acarició su cabeza, tras su oreja, uno de sus puntos débiles.
- Es muy cariñosa. -Comentó que entre suaves carcajadas mientras la descarada de Momo le lamía el rostro.
- Demasiado. -Volví a sonreír, arrugando mi nariz.
Haruko ladró varias veces, haciendo que Momo se alejara y ambas corrieran de nuevo hacia los obstáculos que formaban el parque. Miré a Len, quién se alzó, sacándome de nuevo una cabeza de altura. Su imborrable sonrisa se dirigió hacia mí.
- ¿Le gustaría dar una vuelta, Kagamine? -Me propuso y alargé mi sonrisa antes de asentir y caminar junto a él.
Si ya me era exageradamente raro encontrarle en un parque de perros, más todavía lo era estar paseando con él. No podía evitar mirarle de reojo de cuando en cuando, apreciando su perfil, con aquél revuelto flequillo que tenía y su pequeña coleta. Además de su impecable rostro, sin rastro de marcas por granos, pecas, lunares ni nada que pudiera pintar su cara. ¿Usará base?
... Debería dejar de pensar estupideces.
Len era como el típico chico carismático cliché, rubio, de ojos azules profundos, sonrisa perfecta, cuerpo esculpido por el mismísimo Dios. Si me contaran que en su adolescencia era todo un rompe corazones no me sorprendería.
- Kagamine -me sobresalté un poco al oírle pronunciar mi apellido y volteé mi rostro hacia él, prestándole toda mi atención-, ¿le importaría si le hago una pregunta en relación con la clase? -Fruncí mi ceño, curiosa. Él miraba todavía hacia delante, con la correa verde de Haruko en sus manos.
- Mmm, no, puede hacerme todas las preguntas que quiera.
Sonrió de nuevo.
- ¿Cómo eran las clases con Sweet sensei?
Me sorprendió un poco su pregunta, aunque me detuve a pensar en la respuesta, observando a lo lejos a Momo y Haruko subir a una pequeña rampa.
Desde luego que clases normales no eran. Sweet sensei tenía que mediar con el desastre que era nuestra aula. Hablábamos en susurros, las chicas y chicos de la última fila batallaban con bolas de papel y, debido a su voz tan sutil y suave, únicamente quienes deseaban atender se colocaban en primera fila, normalmente el actual equipo I love maths. Aunque después de todo, Sweet sensei era un grandioso hombre (más bien le intimidábamos); te aprobaba (muy justo, claro) aunque reprobaras y evitaba mandarte al despacho del director pese a la gran cantidad de trastadas que hicieras.
- Bueno... Podían haber sido mejores. -Respondí finalmente, arqueando ambas cejas y notando sus ojos de nuevo en mí.
- Entonces tengo oportunidad de lograr que todos aprueben, ¿no? -Mis ojos se abrieron como platos y no evité soltar una carcajada, cubriendo enseguida mi boca al pensar que eso era grosero.
- ¡Lo siento! -Me disculpé, leyendo en su rostro la sorpresa-. Pero creo que su propósito sería algo casi... imposible. -Sonreí algo nerviosa. Él arqueó una ceja, esperando a que continuara-. Es decir, hacer que toda una clase apruebe una asignatura tan dura como las matemáticas es muy improbable. Quitando a la gente que lo entiende y sacan muy buenas notas, el resto estamos divididos en dos: los que aprobamos por milagro divino o los que se han rendido ya. -Y un tercer grupo en medio que está a punto de tirar la toalla y al que yo, por desgracia, pertenezco.
Él desvió su mirada hacia delante mientras se encorvaba y apoyaba sus codos en sus muslos.
- Podré conseguir que esos dos últimos grupos se fusionen en uno y pasen a llamarse "el grupo de notables" -Pestañeé varias veces seguidas, curiosa por entender por dónde iban los tiros-. Quedan más o menos cinco meses antes de acabe el curso y empecéis con los exámenes de ingreso a la universidad. No es mucho tiempo, pero rendirme tampoco está en mis planes. Debo encontrar algún método para guiaros además de prepararos para dicho examen.
Arqueé una ceja.
- ¿Por qué está insistiendo en ello? -Pregunté casi sin querer.
Una divertida curva surcó sus labios.
- Porque los retos son divertidos, sé que voy a conseguirlo. Además, quedaría de muerte en mi currículum.
Pese a su aura un pelín egocéntrica, no evité sonreír levemente, llevando tras mi oreja un mechón de mi cabello.
- ¿Acepta consejos? -Le pregunté con suavidad, haciendo que volteara de nuevo sus ojos hacia mí-. Haga las clases más divertidas, intente llamarnos la atención con las matemáticas y que las comencemos a entender. -Propuse.
Afortunadamente, yo iba muy bien en el resto de asignaturas, pero para ello tuve que esforzarme mucho. Muchos profesores pensaba que únicamente estábamos ahí para memorizar libros de más de dos cientas páginas en tiempo récord, sin tener en cuenta que, a la par que estudiábamos en clase, lo hacíamos también en la escuela de la vida. No se detenían a recordar que después de todo éramos adolescentes, pasando por la etapa más dura de una persona, donde sufríamos muchos cambiamos e intentábamos madurar. Debían ajustarse a nosotros, esforzarse porque entendamos las cosas y nos interesemos por ello. No era nada justo que existieran docentes que se encargaban de desmotivarte hasta hacerte creer incluso que no lograrías pasar de curso por no entender a Shakespeare o no saber cómo calcular una asíntota.
- Lo voy a tener muy en cuenta, Kagamine. -Me aseguró, ampliando su sonrisa antes de comprobar la hora en su reloj que rodeaba su muñeca derecha-. Oh, Haruko y yo tenemos que irnos. -Habló, alzándose del banco y dirigiendo sus ojos hacia las dos perras a lo lejos.
Silbó y pronto Haruko vino corriendo hacia él, seguida de Momo, quién se acercó a mí y se subió sobre mis piernas (tuve que morder mi lengua para no gritar de la impresión) de un salto, acomodándose sobre ellas mientras jadeaba.
- Ha sido reconfortante encontrarnos aquí y tener esa pequeña charla. -Comentó con cierta diversión, terminando de atar la correa a su perra antes de mirarme de nuevo. Mientras acariciaba el pelaje de Momo, sonreí ampliamente, asintiendo.
Y fue entonces cuando hizo algo que me tomó desprevenida, haciendo que mi corazón retumbara dentro de mí y mis mejillas se encendieran con intensidad. Su mano izquierda estaba revolviendo con suavidad mi cabello, sin cortar esa conexión que habían hecho nuestras mirada.
- Nos vemos en clase, Kagamine. -Me guiñó un ojo, alejando su mano de mi cabeza para comenzar a alejarse de nosotras dos, dejándome enrojecida y con la boca colgando, sin palabras.
- ¿T-tú has visto eso, Momo? -Balbuceé minutos después, bajando la mirada hacia mi perra quién ladró.
Suspiré y me las ingenié para sacar mi móvil con 28 kilos encima y comprobar la hora. Pero de no ser porque tenía a Momo en ese momento sobre mis piernas, me hubiera levantado de golpe. ¡Faltaban diez minutos para que dieran las ocho en punto! ¿¡Tanto tiempo había pasado hablando con Len?! ¡Dios! ¡Mikuo! ¡Me había olvidado por completo de él! ¡Iba a salir dentro de diez minutos! ¡Joder! ¡No llegaría a tiempo! ¿¡Por qué no me traje el dichoso skate?!
- ¡Mierda, Momo, hay que levantarse, tenemos que irnos! -Le hablé, aunque ella apenas movió sus orejas. Soplé mi flequillo e intenté alzarla-. Demonios, ¿qué te da tía Luka para comer? -Farfullé entre dientes, rodeando el cuerpo de Momo y alzándola a la misma vez que yo levantaba mi culo del banco.
Mi perra, al ver que estaba sobre el aire, movió sus patas para intentar bajar. Queriendo cumplir su deseo, la solté con cuidado antes de agacharme y atar la correa a su collar. Sonreí levemente, acariciándola una vez más antes de salir corriendo.
...
Ojalá tener a un maldito profesor tan sexy como Len
¡Qué la maravillosa vida os regale mil y una sorpresas!
Un abrazo virtual,
