Enamorada del profesor
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Qué lástima que esta clase de tormentas lleguen después de la calma
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...

Después de decirle a Mikuo lo idiota que había sido al acompañarme a casa me despedí de él con un beso en la mejilla y Momo con sus típicos lengüetazos. Y mientras veía alejarse su ancha y musculosa espalda no evité suspirar, enfriando mi cabeza y cayendo en la cuenta de que lo iba a tener muy cojonudo.

Esto no era lo típico que salía en las novelas románticas que decoraban la estantería de mi habitación, sino un amor casi imposible, una relación entre familiares después de todo. Quizás algunos estuvieran de acuerdo dado que, por suerte, no era algo muchísimo más grave como si hubieran sido hermanos. Aun así, era un asunto serio. Muchos no estarían a favor y les supondría un gran obstáculo.

Claro, si Miku correspondiera sus sentimientos que eso era otro asunto bastante importante.

Soplé mi flequillo, sacudiendo ligeramente mi cabeza para intentar no pensar más en ello antes de voltearme hacia la puerta de casa y buscar las llaves.

Pero cuando toqué los bolsillos de mis vaqueros, mi corazón dejó de funcionar y mis ojos se abrieron como platos. Las llaves, ¿dónde puñetas están las llaves? Rebusqué por todos los bolsillos que tenía, incluso dentro de mis pantalones y zapatos bajo la curiosa mirada de Momo antes de caer en la cuenta de la cruda realidad: las había vuelto a perder por décima vez en dos meses.

— Pues nada. —Sonreí forzosamente para no ponerme a llorar, agachándome para sentarme en el escalón de casa. Momo emitió algún sonido, como si me preguntara qué ocurría. Le di un par de golpecitos en la cabeza, tomando una profunda calada de aire—. Nos va a tocar esperar a nuestras mamis, mi pequeña amiga. Así que ponte cómoda que va para largo.

Ø

— Oh, no puede ser... —Murmuré mirando patidifusa cómo el furgón que me aterraba desde que se creó se detenía frente mi casa.

Mi padre no era médico ni empresario importantísimo ni abogado ni político ni ningún otro trabajo que pudiera ser reconocido como uno de alto cargo. Aunque mi padre pudo haber estudiado una carrera normal como logopedia al igual que mamá, él prefirió ser original y convertirse en experto en insectos, seres que desgraciadamente temía. ¿Pudo conformarse con ello? Sí. ¿Pero se quedó quieto? No, y por eso levantó una empresa para exterminar (paradójicamente) bichos de manera natural y sin asesinarlos: Espanta bichos Kagamine S.L. Y, obvio, para poder atender la llamada de auxilio de las personas que querían ver sus casas limpias de insectos y animales no deseados, necesitaba un automóvil. Fue entonces cuando nació esa monstruosidad; una camioneta amarilla con el nombre de la empresa bajo un logo bastante llamativo (un chibi de papá haciendo el gesto de la paz junto a una cucaracha personalizada) en las puertas, su lema ¡sin químicos ni insecticidas dígale adiós a Spiderman! y una gran, enorme, maqueta de hormiga en el techo.

Las puertas se abrieron y salieron mis padres y una cabellera rosa muy especial. Momo, al reconocerla, enseguida irguió su cabeza y ladró animada, alzándose de un salto para correr hacia ella. Sonreí algo emocionada, levantándome del escalón. Después de todo, habían pasado dos años sin ver a mi tía.

— ¡Hola, mi bebé bonita! ¿Quién es la más guapa de todas? ¡Sí, tú, mi niña! ¡Ay, cuánto te ha extrañado mamá! —Una gota resbaló por mi nuca al ver a mi tía abrazar a Momo como si hubieran pasado siglos, usando aquella voz tan empalagosa mientras a la perra parecía faltarle el aire. Sin embargo, cuando me vio pegó un grito de ilusión, dejando a Momo en el suelo antes de correr hacia mí y abrazarme con la misma fuerza, alzándome incluso del suelo.

— ¡Tía Luka! —Exclamé, correspondiendo al gesto con una amplia sonrisa, escuchando a Momo ladrar alrededor de nosotras.

— ¡Rinny, por fin, mi chica! —Aplastó su mejilla contra la mía, haciéndome reír—. ¡Dios, han sido los dos años más largos de mi vida!

— Y seguro que tendrás muchas cosas que contarme. —Arrugué mi nariz antes de que ella me dejara en el suelo y mostrara sus perfectos dientes en una sonrisa de oreja a oreja.

— Oh, y tanto que tiene. —Canturreó mi madre, apareciendo en escena con varias bolsas en las manos.

— Y una te va a gustar mucho, Rinchu. —Añadió mi padre tras mi madre, con las llaves en mano.

Los miré confundida, arqueando una ceja.

— ¿El qué?

— Pues...

— ¡Voy a vivir una temporada contigo! —Exclamó tía Luka de golpe, interrumpiendo a mamá quién enseguida le fulminó con la mirada, aunque ni se inmutó.

Abrí mis ojos de la sorpresa y poco después, mis labios se curvaron en una sonrisa abierta.

— ¿¡Enserio?! —Ella asintió eufórica y chillé, volviendo a abrazarla—. Pero, espera —me separé al caer en algo importante—, ¿y tu carrera? O sea, aprobaste las oposiciones, pero me dijiste que habías conseguido un puesto en Kyoto. —Recordé curiosa por su decisión de haber viajado hasta aquí.

Pero tía Luka solo amplió su sonrisa, arqueando ambas cejas.

— ¿Se lo suelto ya? —Preguntó, dirigiéndose a mis padres. Ellos asintieron a la vez, impacientándome cada vez más.

— ¿Decirme qué?

— ¡Tu inigualable tía va a estar de profesora en prácticas en tu instituto mañana!

... ¿Eh?

¿¡Ella iba a ser qué en qué en dónde y cuándo!?

Pestañeé varias veces seguidas, con la boca semiabierta en una sonrisa, esperando a que dijera que era coña o incluso pidiera que saliera la cámara porque la broma había sido un éxito. Pero no. Tía Luka iba a ser profesora de historia en prácticas con Kasane sensei. Eso no era nada raro, en aquellas fechas solían venir a nuestro instituto graduados con las oposiciones aprobadas para que pudieran adquirir algo de experiencia en ser profesores. Sin embargo, esto de que tía Luka iba a estar en mi instituto durante una temporadita nada corta me cagó durante unos instantes.

— Vaya, le ha dejado sin palabras la noticia, literal. —Bromeó papá, pasando una de sus manos frente a mi cara, despertándome entonces del trance en el que entré.

— ¿¡Qué?! —Chillé sin evitarlo, alejando a papá con un sobresalto—. ¿¡Cómo que vas a ser profesora de prácticas en mi instituto y no me has dicho nada!? ¿¡Sabes al peligro que te enfrentas!? ¡Kasane sensei parece la tierna señora mayor que te da caramelos de menta y limón y dice lo guapa que eres, pero en realidad es mala como el mismísimo demonio, un día me castigó obligándome a estar de pie en una esquina del salón porque estornudé tan fuerte que la interrumpí mientras hablaba! —Dije del tirón, sin siquiera detenerme a respirar. Mi familia parpadeó sorprendida, intercambiando rápidamente una mirada.

— Bah —tía Luka le restó importancia, volviendo a su sonrisa mientras se encogía de hombros—, a lo mejor le caigo bien y todo. —Me guiñó un ojo y yo forcé una sonrisa, golpeando mi cabeza mentalmente contra un muro, sollozando en silencio.

— Sí, seguro...

A esa mujer no le caía bien ni el pez que tenía como mascota.

Ø

— ¡Hora de sacar ese culo de la cama, Rinny! —Gruñí y me cubrí el rostro con mi sábana cuando los letales rayos del sol matutino me dieron directamente en el rostro—. ¡Vamos! ¡Tenemos que prepararnos! —Insistió, pero yo, como buena vaga, me aferré a la sábana y me volteé. Pero como buena Megurine que era mi tía también, no se rindió y, al poco, sentí un peso más en mi colchón. ¿Por qué insistía? ¿Qué había de malo en mi relación con mi querida cama? Estábamos echas la una para la otra—. ¡Levanta, Rin! —Volvió a exclamar mi tía, tirando a la vez de la sábana que me protegía.

— ¡NO, EL SOL, ME QUEMO! —Grité, cubriendo con rapidez mi cara con mis manos, evitando que la luz volviera a atacar mis ojos y me obligara a abrirlos. Pero era demasiado tarde. Con la risa de mi tía de fondo, solté un suspiro antes de abrir mis ojos y retirar mis manos de mi rostro y fulminar a mi tía con la mirada.

— ¡Venga! ¡Alístate rápido que te espero abajo! —Dijo tras relejar su risa antes de largarse por fin de mi habitación con una incomprensible energía matutina.

No entendía cómo demonios podían existir personas que se despertaban a la siete en punto de la mañana con energía y ganas.

Suspiré con pesadez, alzándome de mi cama para arrastrar mis pies hasta el baño y detenerme ahí a pensar sobre quién mierda pensó que madrugar hacia bien a la gente antes de asearme. Cuando salí, me despojé con pena de mi pijama para vestir mi dichoso uniforme. Éste constaba de una camisa blanca bajo un jersey crema, una corbata roja, una chaqueta gris y una falda con pliegues y encuadrada de tonos grises oscuros, suaves y blanco, además de unos calcetines del mismo tono que la chaqueta que llegaban a estar un palmo bajo las rodillas.

Podía ser más feo, así que no me quejaba mucho.

Una vez terminé, cogí la mochila y la arrastré por el suelo de camino a la planta baja, dejándola en la entrada para ir a la cocina. Papá estaba en el bar, leyendo el periódico con una taza de café a su lado, mamá llenaba el bol de Momo con su comida y tía Luka estaba perfecta, como siempre.

— Buenos días, princesa. —Saludaron cantarines mis padres. Les devolví el saludo, aunque no podía apartar la mirada de mi tía.

data-p-id=130be1ce4826b93e174eaa7e46a5deac,— ¡Buenos días, dormilona! ¿Qué tal me veo? —Me preguntó, irguiéndose frente a mí y extendiendo sus brazos, dejándome ver por completo su estilo. Su cabello estaba peinado en una coleta alta, llevaba una camisa vaquera que rozaba su cintura bajo un jersey marrón chocolate, unos jeans negros que remarcaba sus estupendas piernas y sus pies venían enfadados en botas color café.

— Estás increíble. —Silbé y ella alargó su sonrisa.

— ¿Verdad que sí? —Intervino mi madre tras dejar el bol frente a Momo—. A la quinta va la vencida, hermanita. —Le guiñó el ojo antes de voltearse hacia la tostadora justo cuando las tostadas salieron.

— ¿A la quinta?

— Tu tía se ha cambiado cinco veces de ropa. —Me contestó mi madre, untando mermelada de melocotón sobre mis tostadas.

— Y si se me permite halagar, cada uno la embellecía más. —Comentó mi padre, todavía con la mirada sobre el periódico. Yo di un paso atrás justo cuando mi madre le lanzó lo primero que cogió: una manzana. Lo increíble fue la puntería; le había dado en sus partes masculinas. Mi padre ahogó un grito antes de dejar caer su cabeza sobre el bar y sujetarse el paquete.

Mi tía y yo tragamos saliva a la vez, intercambiando una rápida mirada.

— ¿Quieres tostadas, Rinny? —Me ofreció mi madre de golpe, tendiéndome un peculiar sándwich de mermelada con una larga y escalofriante sonrisa. Yo asentí con una nerviosa sonrisa, tomándolo.

Cuando mamá Lily se enfadaba con papá Leon, a él le faltaba mundo para huir.

— Papá, ¿te encuentras bien? —Pregunté volteando mis ojos hacia él, quién seguía agonizando sobre el bar. Aunque poco después, alzó el pulgar de una de sus manos.

— Ups, Rin, creo que tendrás que ir desayunando en el camino. —Comentó mi tía entonces, comprobando la hora en su enorme reloj bañado en plata. Cogió su gran bolso gris antes de tomar mi brazo y arrastrarme hacia la entrada.

— ¿Eeeeh? ¡Pero si aún queda tiempo! —Me quejé, intentando que mi mirada de súplica hiciera efecto en ella.

Mi tía ni pestañeó.

— ¡Buena suerte hoy, mis niñas! —Chilló mamá desde la cocina.

Yo bufé, inflando una de mis mejillas y colgando mi mochila por uno de mis hombros antes de darle un mordisco a mi sándwich tostado y calzar mis zapatos. Tomé las llaves de casa de papá, sabiendo que no las iba a necesitar (aunque en realidad sí) y las guardé en mi mochila.

— Aún no he tomado mi jugo de naranja. —Reproché acercándome a la puerta para abrirla. Al voltearme vi a tía Luka sonreír con calidez.

— Te compraré uno en la cafetería, mi querida alumna. —Era innegable que ella estaba completamente feliz de que, durante un tiempo, fuera mi profesora y, en el fondo, yo estaba muy orgullosa de que lo hubiera conseguido. No evité reír suavemente y aceptar gustosa que me revolviera el cabello.

Aunque por un milisegundo, sentí que eso no se comparaba con la caricia de Len.

Ø

En todo el camino de mi casa a mi instituto fuimos (o más bien mi tía fue) acompañadas por las diversas miradas de algunas personas hacia el cuerpo natural de una modelo que tenía mi tía. Aunque todo fue más gracioso (nótese la ironía) al cruzar la entrada; fue como si todo se paralizara. Chicos y chicas observaban con curiosidad, lujuria e incluso celosos. Yo estaba a su lado y me sentía como un trozo de brócoli junto a una tableta de chocolate.

— Esto es algo... —Comenzó mi tía, observando todo a su alrededor. Yo sonreí vagamente.

— Incómodo. —Terminé por ella, volteándome para observar como asentía ante mis palabras antes de que abriera la puerta y la dejara pasar primero.

Pero cuando entramos, realmente deseé haber llegado tarde.

— ¿Luka?

— ¿Len?

No puede ser.

Mis ojos se salieron de su órbita cuando frente a mí, a escasos pasos de distancia, mi tía abrazaba con fuerza el cuerpo de mi nuevo profesor de matemáticas. ¿Ellos dos se conocen? ¿Desde cuándo? Mi mente luchaba por despertarme de aquél estado de sorpresa, pero en vano. ¿Por qué me tenía que sorprender tanto? ¿Por qué le estaba dando importancia? Era normal, ¿no? Es el reencuentro de dos amigos.

Pero ¿por qué mi yo interno se negaba a creerlo?

Siento que hace milenios que no escribo una nota de autora en FF ahre

HeLeNa KaGaMiNe y RN Kagamine, muchísimas gracias por vuestros comentarios Sobre todo a Helena, enserio, fuiste muy linda ;u; No te imaginas cuaaan feliz me hizo tus palabras!

Y también, al resto que comentaron: DarkMeroko, serena islas, kryn hoshi, makoto y ValeSivan. ¡Nunca me cansaría de daros las gracias!

Espero que continúen ahí, que yo también seguiré molestando durante un tiempo más

Aquí y en wattpad (maisxkura_) jakajak

Un suuuper abrazo vitural,

with love