Capítulo V

Una vez más

Los cinco días siguientes pasaron sin penas ni glorias, yo por mi lado como Penélope esperando a mi Ulises, que volviera de su viaje del paraíso griego, y con un dios del olimpo en la mente, que no me dejaba descansar, era casi imposible no acordarme de él, tenía muchas ganas de verlo, pero no podía, y por lo demás ni siquiera sabía su número de teléfono y en la facultad había tanta gente, que costaría mucho que nos encontráramos, menos aún, si yo vivía rodeada de gente tan "privilegiada" y que no me dejaban sola ni a sol ni a sombra, especialmente Phillip, quien parecía vigilar todos mis movimientos, y que en ocasiones se tornaba muy desagradable… si no fuese por Eileen hubiese tenido más de algún contradicho con él, sobre todo después de saber que él había sido el mayor impulso de que mi Ethan se fuera.

Mi novio llegaba el miércoles, y el martes en la noche tuve una misteriosa llamada. El móvil sonó cerca de la once de la noche y era un número desconocido. Casi no contesto, pero finalmente la curiosidad mató al gato y apreté el botón para hablar.

- ¿Aló?
- ¿Isabella? –la voz no me era familiar, sin embargo, la había oído.
- Sí, ¿Con quién hablo? –pregunté intrigada
- Con August ¿Cómo estás? –noté su sonrisa al otro lado del fono.
- ¡August! ¿Cómo estás tú? –que curioso que llamara después de que prácticamente lo había dejado plantado.
- Muy bien, sobre todo ahora que hablo contigo… -sonrió seductoramente al otro lado del teléfono.
- ¿Enserio? –seguí su juego.
- Verdad ¿no me crees?
- Bueno, no sé, nos vimos sólo una vez… -le dije sonriente e incitándolo a seguir jugando.
- Pero puede haber una próxima luego… si quieres…
- Mmmm, ahora no puedo, pero…
- ¿Mañana entonces? –su voz era irresistible.
- Mmmm, creo que con menor razón podré… mañana llega mi novio… -le dije complicada.
- ¿Tú novio? ¡Ah! No me digas que es el chico del estacionamiento del otro día –parecía burlarse.
- Nooo, él es sólo un amigo…
- ¿Amigo no? Me da la impresión que estaba bastante más interesado que en una simple amistad –rió al otro lado del móvil.
- Bueno, sí… ¿Por qué dices eso?
- Un amigo no te convence tan fácilmente de que te vayas con él…, pero qué importa… no perdamos el tiempo hablando de nuestros amigos.
- ¿Y te animas a salir hoy? –insistió.
- Mmmm, no la verdad que no, tengo que estudiar y mañana tengo clases tempranísimo. Será para otra vez… -intenté ser gentil, después de todo August era muy agradable.
- Está bien, pero me debes una –rió con una voz ronca y sexy.
- Por supuesto…
- Estamos al habla Isabella, un beso, que duermas bien…
- Ok, un beso para ti también, hablamos.

Corté el teléfono y no sabía qué hacía ¿Por qué mis hormonas se disparaban tan fácilmente ¿O sería que en mi fuero interno aún estaba picada con Ethan y por eso me comportaba así? No lo sabía, pero era agradable tener pretendientes que te suban el ego. Apagué la luz y me dispuse a dormir, pero no podía, nuevamente la imagen de ese hombre exquisito se venía a mi mente y me hacía recordarlo y ansiarlo tanto, tanto, que saldría ahora mismo en su búsqueda.

Al otro día me tenía que levantar a las siete, pero me quedé dormida –debe haber sido por los sueños lujuriosos que tuve con mi amante secreto –sólo desperté con un beso tierno y apasionado de mi novio. Cuando sentí su lengua suave y tibia, estaba media dormida aún, y casi se me sale un gemido con un nombre que no era el de él. Como casi la embarro, a fondo, desperté y él estaba ahí observándome con sus bellos ojos calipsos. Había llegado con la piel tostada y el pelo un poco más claro, lo que hacía resaltar aún más sus bellos rasgos de príncipe encantado.

- ¿Cómo está mi bella durmiente? –sonrió y su rostro se vislumbró aún más bello.
- Bien, gracias
- Te extrañé mucho Isa –me besó nuevamente, pero ahora con más pasión.
- Yo también –mentí

¡Era una farsante! No había hecho otra cosa que acostarme con otro y coquetear con quien se me pasara por delante, dos cosas que yo creo que ni se imaginaba mi pobre novio, realmente había pagado con creses el irse de vacaciones con una compañera, en el fondo de mí esperaba que aprendiera una lección.

Me comenzó besando por la boca y bajo muy suavemente hasta mi cuello y luego a mis hombros. Su mirada era concentrada y encantadora ¡Había llegado aún más bello desde su viaje! Lo tomé fieramente y lo capturé con mis brazos y piernas. Él al ver y sentir mi reacción rió suavemente, muy satisfecho. Nos pasamos la tarde juntos, amándonos. Cuando el sol ya se había entrado, tendidos en mi cama yo tenía mi cabeza apoyada en su hombro desnudo y los dos contemplábamos, abrazados, la vista al parque. Por fin me atreví a preguntarle.

- Ethan tengo algunas preguntas qué hacerte… -le dije firme.
- ¿Qué quieres saber? –me dijo tiernamente.
- ¿No te lo imaginas? –fui suspicaz
- Sólo pregúntame Isa, tienes todo el derecho a saber todo de mí…
- Quiero saber sobre tu hermandad o tu sociedad secreta… -fui directa.
- Isa no es una sociedad…, es como una agrupación…
- ¿Agrupación? –enarqué una ceja.
- Sí, bueno algo parecido…
- ¿Y por qué tanto misterio al respecto?
- Eeeehhh…, no se trata de eso, pero se supone que una de las reglas básicas es no gritarlo a los cuatro vientos ¿me explico?
- Mmmm, más o menos…
- ¿Y parece que yo no califico para esa hermandad?
- No se trata de eso…
- Bueno eso supe…
- Ya sé lo que te contó Eileen… -frunció el ceño.
- Mmmm… ¿Entonces sabes que no le gusto a Phillip?
- Es que no es tan así… -se mordió el labio inferior y clavó sus calipsos ojos en mí.
- Ah no ¿entonces cómo es? –le dije algo disgustada.
- Bueno él es muy riguroso con algunas cosas que a mí me parecen tonteras y créeme –me tomó por la cintura y me aferró con fuerza hacia él–si tuviese que elegir… ten por seguro que sería por ti… -acarició mi rostro y mi pelo muy tiernamente…

Con su mano tibia y suave acarició mi rostro y lentamente bajo sus caricias hacia mi cuello. Con sus dos manos me tomó por las caderas y me subió, dejándome encima de él. Sus bellos ojos calipsos resplandecían y recién me percaté que tenía unas pecas diminutas bajo sus iluminados ojos, al borde de la cuenca de la órbita ¡Se veía aún más bello! Alcancé a observarlo sólo unos segundos cuando él me subió sus manos hacia mi espalda y me aferró hacia él para besarme. Y cuando mis labios estuvieron cerca de los suyos, un suspiro profundo movió su pecho y luego sonrió.

- Te amo Isabella Swan, creo que no te lo había dicho antes, pero es la verdad pura y sagrada.

Me volvió a besar, pero esta vez, en realidad desde que había llegado de las Islas Griegas, sus besos y caricias eran tremendamente emotivas y lujuriosas, como sino me quisiera perder. Me perdí en sus besos y poco a poco me fue haciendo de él nuevamente…

Por esos días, Ethan parecía muy aprehensivo, en cambio yo, divagaba con la idea de volver a ver a ese semidesconocido. Mi novio quería estar conmigo casi las veinticuatro horas del día y yo, pensaba en otro ¡Flor de novia! Me merecía el premio limón… y me sentía muy culpable, sin embargo, necesitaba verlo con urgencia, y la sensación de no saber dónde ni cómo encontrarlo me desesperaba.

El viernes de la semana después de que llegó Ethan, fui a la universidad temprano. Ethan me esperaba en la puerta con una gran sonrisa y una resplandecencia propia de los enamorados. Por mi parte, poco a poco iba haciéndome la idea de no volver a ver nunca más a Edward. Ese día cada uno fue a su rutina de clases normal, luego, nos juntamos a almorzar en la misma facultad. Nos veíamos todo el día y ¿éramos felices? Yo creo que sí, al menos Ethan, que parecía presentir todo lo que había sucedido, sin embargo, jamás dijo nada, todo lo contrario, era el ser más atento y feliz junto a mí. Cuando terminamos la jornada, ya era tarde y sentí vibrar mi móvil, era un mensaje de texto de mi novio.

¿Estás lista? Yo ya terminé las clases. Te espero afuera…

Disimuladamente y con el celular bajo el banco, le respondí.

Tengo clases hasta las ocho. Ándate no más. Te llamo cuando salga.
Besos,

Me quedé en la clase enferma de tediosa y cada cierto rato tomaba aire para no dormirme. El profesor era muy simpático, pero condenadamente fome. Sin embargo, lo único que me mantenía "despierta" era el recuerdo de nosotros, Edward y yo, y esa maravillosa noche, que a estas alturas me estaba pareciendo mentira. Por un minuto me sentí tremendamente presa de mis sentimientos, por el hecho de imaginar que todo había sido una invención de mi cabeza aburrida, después de todo nunca más había sabido de él. Empecé a sentir que me faltaba la respiración, por lo que me vi obligada a salir de la sala.

- Señorita Swan ¿Se siente bien? –me dijo muy preocupado el profesor, quizás qué cara tenía.
- Estoy bien, sólo debo salir un momento, disculpe…

Con todas mis fuerzas empujé la puerta del salón, que era enorme, de madera pesadísima, y corrí hacia el parque, mientras mi mochila se arrastraba de un brazo. Llegué afuera e inspiré el aire profundamente. Mis piernas temblaban, así que de manera instintiva, caí de rodillas al pasto. Estaba llegando la noche en pleno… y la neblina poco a poco comenzaba a bajar. Cerré los ojos por un instante y cuando los abro ¡Estaba ahí! Más maravilloso que nunca. Sus ojos tostados me miraban con intriga y preocupación.

- ¿Te sientes bien, Bella?

¡Oh, no! Cuando lo oí pronunciar mi nombre, como sólo él lo hacía, mi corazón comenzó a latir fuertemente, y eso al parecer me ayudó a no desvanecerme ¡Era real! O no, quizás, estaba alucinando.

- Edward –le dije expectante y con la respiración muy agitada.

El sonrió y entreabrió los ojos y muy pausadamente contestó.

- Si Bella, soy yo.
Mi estómago se contraía y una sensación difícil de explicar envolvía mi cuerpo y mi mente. Delicadamente me tomó entre sus brazos y me llevó a mi habitación. Su cuerpo era fuerte y frío. Aproveché el momento para impregnarme del exquisito olor que expelía su cuerpo, mezcla testosterónico y dulce ¡Era una delicia! Aún, a pesar de la semiconciencia, enterré mi rostro en su cuello y estuve a punto de besarlo ¡Era irresistible! Mi cuerpo lo necesitaba y quería estar con él. Llegamos finalmente a mi cuarto y no sé de qué modo abrió la puerta, sin pedirme la llave. Una vez dentro, me recostó sobre mi cama, me besó en la frente –lo que provocó que mi piel se erizara completamente –y luego mi miró por unos instantes, aún muy preocupado.

- ¿Estás mejor? –me sonrió y acarició mi rostro.

Asentí. Después me arrepentí, porque se iba a ir…

- Sí, pero no te vayas… -capturé una de sus manos con la mía.

Él me miró y su hermoso rostro se iluminó por completo. Sus exquisitos labios cereza se torcieron en una gran sonrisa.

- No quiero que después te arrepientas… -me dijo con dulzura.

Negué con la cabeza. Cuando lo vi sentarse a mi lado, pude respirar tranquila. Lo miré fijamente y por fin tuve el valor de decírselo.

- Pensé que habías sido un sueño… -le dije afligida.

Él sonrió y me dijo.

- ¿Esto te gustaría? –preguntó suspicaz.
- Por supuesto que no…

Me senté, empujándome con mis manos y me senté de frente a él.

- No sabes cuánto me alegra verte nuevamente… -le dije mirando fijamente sus ojos miel líquidos.
- Bueno, pensaba precisamente todo lo contrario… -me dijo con un gesto de dolor.

Lo miraba hipnotizada, su bello rostro me encandilaba. Fue tanto mi embobamiento que poco a poco me fui acercando a él, hasta sentir su exquisito hálito frío y sin más, posé mis labios sobre los suyos. Él pareció no reaccionar la primera vez, pero cuando insistí, sus deliciosos labios se abrieron automáticamente y me tomó por la cintura, aferrándome hacia él. Edward estaba sentado en mi cama, apoyado en la pared y yo, me acomodé encima de sus piernas, quedando frente a frente sobre él. Los besos se fueron haciendo cada vez más intensos y fogozos, tanto así, que sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo completamente. Yo por mi parte cada vez me apegaba más a su cuerpo, queriendo en todo minuto, fundirme en él. Llevábamos un buen rato entre besos y caricias, cuando noté que su cuerpo no se entibiaba. Me sentí muy frustrada, porque pensé que quizás yo no le provocaba nada.

- Edward –intenté separarme de él, aunque algún tipo de imán me invitaba a aferrarme a su cuerpo.
- S…sí –me respondió entre besos.
- Te puedo hacer una pregunta sin que te ofendas… -murmuré con mucha sutileza.
- Dime… -se hizo hacia tras algo complicado.
- ¿Por qué tu cuerpo siempre está tan frío? O…. es que a lo mejor no te provoco nada…
- ¿En realidad crees lo último? –me dijo mirando hacia la parte baja de su cuerpo y luego sonrió.
- Mmmm, no sé… es que es raro…
- Es verdad… -tragó saliva y se puso serio.
- ¿Por eso la vez anterior fuimos a la ducha? Para que yo no sintiera tu temperatura…

Asintió muy compungido.

- ¿Tienes algo que no me hayas contado?
- S…sí –dijo con un hilo de voz a penas perceptible.
- Es un problema genético –me dijo medio pidiendo disculpas.
- ¿Enserio? No lo había escuchado nunca… -le dije extrañada.

No contestó, entonces seguí con el interrogatorio.

- Es que eres tan frío como un cadáver… -le dije asustada, se podía ofender.
- Pero me estás viendo y hablando conmigo…
- ¡Oh, no! Quizás eres un fantasma, por eso te veo sólo yo… -le dije horrorizada.

El sonrió.

- Puede ser… -casi soltó una carcajada.
- O quizás… -sonreí.
- Dime… -esperaba ansioso.
- No es que es demasiado ridículo… -me largué a reír.
- Dilo… -me dijo aún esperando.
- Un vampiro –le dije entre risas.
- Quizás… -se quedó mirándome fijamente y luego agregó - Y si fuera así ¿Te alejarías de mí? –sus ojos dorados se apagaron y la tristeza inundó su rostro.
- Mmmmm, no sé, porque entonces significa que estás por mí, para embaucarme y beber mi sangre ¿o no? –le dije segura de mi afirmación.
- Quizás no… a lo mejor estoy esperando por ti hace mucho tiempo…, puede ser que nos conozcamos de otra vida –me sonrió y acarició mi pelo con excesiva ternura y sutileza, ubicando un mechón detrás de mi oreja.
- ¿De otra vida? Que yo sepa esta es la primera que tengo –lo miré extrañada por la conversación.
- Quien sabe… B-e-l-l-a –pronunció cada una de las letras como si fuesen sagradas.

Lo continué mirando para ver si me seguía hablando. Ahora había quedado muy intrigada con la conversación.

- ¿Pasa algo Bella?

Lo miré detenidamente y por segundos cerré mis ojos, me parecía reconocerlo: su voz de terciopelo, los ojos de miel, la textura suave de su piel y los perfectos labios rubí… y el sabor de su piel, único e incomparable. Por un minuto nos vi, en otra época, en un campo inmenso, rodeado de árboles y de un sol esplendoroso. Su aroma invadía cada parte de mi cuerpo y lo miré… Edward me miraba hipnotizado, con algo de miedo, pero parecía esperanzado. La sensación fue tan fuerte, que quise decirle ¡te amo! Y tomarlo entre mis brazos para estar junto a él por siempre. Él pareció notar mis pensamientos y esbozó una tímida sonrisa que le iluminó los ojos.

- Bella –me acarició el rostro suavemente

Su contacto fue un cable a tierra.

- Es q…que, me pasó algo muy extraño –susurré en su oído.
- ¿Qué cosa? –su modo era casi paternal y me escuchaba muy atento.
- Me pareció vernos en otro lugar… no sé, un lugar más antiguo, distinto…
- ¿Enserio? –su rostro se iluminó
- Debe ser por nuestra conversación –le dije algo escéptica.
- ¿No te gustaría que nos hubiésemos conocido antes? –me dijo algo dolido.
- ¡Sí! –le dije impulsivamente –es sólo que no creo en las cosas sobrenaturales.
- ¿No? Entonces te podrías llevar muchas sorpresas…
- Mmmm, no lo sé… ¿Por qué no eres un fantasma cierto?
- Por supuesto que no –rompió a reír.
- Entonces, tu piel… -le dije insistiendo en el tema.
- Es un problema de familia, si quieres lo puedes buscar en google –sonrió.
- Para que…, no me importa, más bien ¡Me encanta! –parecía sorprendido.
- Así es, cada pedacito de ella –le dije algo pícara.
- No sabes cuánto me alivia lo que me dices, creí que te molestaría.

Lenta y sigilosamente, me fui acercando nuevamente a sus labios y cuerpo, hasta besarlo y entregarme a él por completo…