DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV

Octubre 28

Yuri Katsuki acaba de dejar esta habitación, está furioso, naturalmente.

Quisiera poder sentirme mal por el portazo con el que se despidió de mí pero no puedo. Este chico es tan jodidamente adorable que nada de lo que haga podría molestarme, o bueno casi nada. Verlo corriendo detrás del imbécil de su novio a quien se le ocurrió venir a despertarlo porque es sábado y "¡Oh Yuri pasaremos todo el día juntos viendo películas, sin hacer más nada que darnos besos castos y susurrarnos diálogos románticos al oído!", es una de las cosas que no puedo soportar.

A veces, cuando Yuri y Phichit Chulanont, el idiota fanático de los roedores, caminan de la mano por los pasillos del colegio me pregunto seriamente qué vio Yuri en él. Sí, es obvio que el chico es guapo, pero no para enloquecer por él. Su cuerpo es un asco, claro, pero supongo que a Yuri le gusta la idea de enredarse con un chico sin un gramo de músculos en él. O quizá se trate, simple y llanamente de que Phichit Chulanont es el novio perfecto con el que todas las chicas sueñan. Es dulce, es atento, es la clase de persona con la que podrías mirar las estrellas y escuchar canciones cursis, vamos, el chico es el jodido personaje principal de una comedia romántica. Es perfecto.

Pero yo no puedo entender cuál es la fascinación que la gente encuentra en la perfección ¿es real en todo caso? La gente me ha juzgado toda la vida por mi desdén ante las reglas y los cánones y en realidad me siento un poco incómodo conmigo mismo cuando pienso en que Yuri Katsuki, el bailarín principal de nuestra compañía de ballet, Yuri su majestad, Yuri el sueño húmedo andante del 99 % de la Academia Feltsman me hace querer ser parte de ese mundo que yo desdeño.

Pero así es, todo lo que siento por él es cierto.

Ni bajo tortura podría admitirlo ante nadie pero, si lo que la profesora Minako dijo es cierto y nadie leerá este cuaderno jamás, no tengo problema en admitir que ese maldito cerdito que para mí desgracia tenía que ser lo más hermoso que mis ojos han visto jamás, siempre me ha hecho cuestionarme a mí mismo. Al principio lo odié por eso, ni si quiera es que él y yo seamos los mejores amigos del mundo, la discusión que tuvimos hace algunos días ha sido nuestra conversación más larga, pero sus ojos tienen algo que siempre me ha hecho cuestionarme todo: mi vida, mis deseos, todos mis sueños.

Hace tiempo, cuando Yuri no era la propiedad de Phichit amigo de las ratas, él solía mirarme con esos ojos, yo pretendía no darme cuenta, evitaba que mi corazón se acelera con esa mirada pero después comencé a desearla. La mirada de Yuri Katsuki tiene algo, quizá algo sobrenatural que me ata a él, que me llama, que hace que mi mundo se desorganice y quede vuelto un caos. Él me vuelve un caos. Ni siquiera en Paris donde estudié antes de volver a Rusia, ni en las otras aburridas escuelas en las que estuve antes de establecerme en la Academia Feltsman, encontré a una persona que me hiciera sentir lo mismo que él. Y creo que ese es el problema precisamente: él me hace sentir.

Mis padres, quienes desde hace años viven separados, son el mejor ejemplo para mí acerca de lo mal que terminan las cosas cuando te atreves a sentir algo por alguien más. He vivido con mi padre desde siempre y es él quien me ha enseñado que la mejor forma de vivir en este mundo, es haciendo exactamente eso que quiero hacer sin importar a cuantas personas deba quitar de mi camino. Sé que los demás dirán que esa es una manera cruel y ruin de vivir pero… ¿Cómo obtienen los demás lo que quieren? Siempre fingen, todos mienten.

Yuri Katsuki, por ejemplo, es ese tipo de chico que creerá toda su vida que haciendo lo correcto alcanzará sus sueños, que ayudando a los demás, que siendo amable, que manteniéndose en el camino recto, una vida de fortuna y éxito lo esperará más allá de la línea final. Pero las personas como Yuri son siempre ingenuas, soñadores ilusos nada más. Pero él lo creé de verdad y eso, en lugar de molestarme me hacer querer poder internarme en su mundo, en su vida y entender cómo es posible que alguien como él exista.

Porque aunque me la he pasado un año evitándolo y evitando todo lo que me hace sentir, sigo sintiendo curiosidad y mil cosas más que no tienen nombre cuando pienso en él, cuando lo miro a él. Me resulta extraño pensar que de entre todas las personas con las que podía haber pasado, Yuri haya sido quien estuviera destinado a dormir en la misma habitación que yo. Aún recuerdo la primera vez que sus ojos me miraron, recuerdo que sus ojos color chocolate me hicieron dejar de contemplar el retrato de mi madre quien se esfuerza en hacer que no siga los mismos pasos que sigue Mikhail Nikiforov, el hombre con el que se casó y por el que ahora no siente más que compasión.

Pero es que hay algo curioso en los ojos de Yuri Katsuki: ven todo, pero no pueden observar. Sé que él siempre me ha contemplado, ahora lo hace con menos frecuencia, pero antes no había día en el que no me encontrara con sus ojos puestos en mí. Pero, aunque él estaba contemplándome, nunca pudo ver nada, quizá yo no lo dejé ver también. Y quizá sea patético, pero quiero que él me vea. Sé que la fachada del chico al que no le importa nada es difícil de entender pero es la única forma que he encontrado para poder vivir.

El mundo en el que viví desde pequeño, no es un mundo sencillo. El mundo de los negocios, que es donde he de vivir por siempre al ser el único heredero de mis padres, son un mundo en el que debes ser astuto, fuerte y despiadado si no quieres dejar que sean los otros quienes terminen destruyéndote. Sé desde ahora, que mi vida se basará en la apariencia, en los movimientos inteligentes, en conocer a las personas correctas, ganármelas, y obtener de ellas lo que quiero, sólo lo que yo quiero.

La gente dice también que vivo mi vida de prisa, que a mis diecisiete años he hecho más cosas de las que ninguna persona se sentiría capaz y tienen razón. Soy Victor Nikiforov y vivo como me da la gana jamás se me había ocurrido cuestionar mi vida hasta que el señor Katsuki, rey de la Academia Feltsman, hijo predilecto de todas las autoridades de la escuela y orgullo de sus padres quienes son dueños de una de las cadenas hoteleras más grandes del mundo entero, apareció en frente de mí con esos ojos suyos que me parecen imposibles de encontrar en otro lado.

Y esos ojos, ellos son los únicos que me han hecho pensar en la posibilidad de mostrarle a alguien más al chico que hay detrás de la máscara. Sé que si Yuri pudiera atravesar mi armadura, lo dejaría conocer de mi incluso esas cosas que a mi asustan. No sé por qué me pasa esto, ni siquiera estoy totalmente seguro de por qué después de todo sigo con ese plan de estar presente en su vida y que él esté presente en la mía. Lo más extraño es lo fácil que resultó todo. Me tomó cinco minutos de discusión con él hacer que el joven Katsuki pase todas las tardes de nuestro último año de preparatoria junto a mí.

De hecho, no puedo evitar reírme al recordar los recientes eventos porque todo esto me hace feliz y no puedo creer que estas cosas tan imbéciles me hagan feliz, ¿Yuri Katsuki estaba destinado a ser mi idiota felicidad o algo así?

Hubiera matado por poder tener una cámara para grabarlo hoy durante el primer entrenamiento de soccer de su vida y poder capturar por siempre su gesto molesto y su mirada brillando de odio al verme en el campo que fue algo digno de no olvidarse jamás. Debería ser ilegal lucir tan adorable en el uniforme azul y rojo del equipo de la Academia, estoy seguro de que mi boca se quedó abierta al contemplar a Yuri.

Él caminaba con toda la seguridad de que era capaz, los pantaloncillos cortos y ajustados del uniforme del equipo dejaban ver más de su piel (dios, tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para no empezar a fantasear con él en medio del campo, es decir, soy el capitán, debo controlarme) y de sus piernas bien formadas (¿Será posible que me deje tocar esa piel algún día?) o de sus brazos delgados pero fuertes que sostenían un balón ( ¿Y si utilizo mi autoridad como capitán para exigirle una ducha conmigo como castigo por ser un torpe en el juego?) o de sus ojos marrones mirándome con un odio demasiado intenso como para ser de verdad.

Yuri se había presentado tarde a su primer entrenamiento y debido a que en ausencia de nuestro entrenador, el señor Celestino Cialdini, yo tenía plena autoridad sobre mis compañeros, pensé en aprovecharme de aquello hasta sus últimas consecuencias.

—Vaya, vaya miren quién decidió venir después de todo— dije yo riendo con malicia— ¿El soccer no es lo suficientemente importante para usted, señor Katsuki?

—Lo siento— dijo él apretando los dientes al hablar conmigo—. Tuve una reunión con el director al final de las clases, tenemos que empezar a preparar las presentaciones de la fiesta de aniversario de la Academia y es deber del presidente de la clase organizar el programa. Además soy el bailarín principal del grupo de danza y estamos preparando una obra que…

—Aquí no estamos en el estudio de danza y tu único deber ahora, es respetarme como capitán —dije yo y los muchachos del equipo detrás de mí rieron divertidos—. Y no es precisamente una muestra de respeto llegar tarde. En este equipo, señor Katsuki, usted no puede hacer lo que le venga en gana como al parecer sucede en todas partes donde el mundo entero hace lo que usted quiere al tratarse de nuestro bien amado presidente y estrella del ballet. Chicos, ¿Cuál es nuestra única regla en este equipo, la que nos ha llevado al bicampeonato nacional de soccer?

— ¡Jamás llegar tarde! — respondieron los chicos del equipo al unísono mientras Yuri los contemplaba a todos con ganas de asesinarlos con sus propias manos.

— ¿Le ha quedado claro? — dije yo disfrutando como nunca el entrenamiento y el gesto de odio absoluto que había en el rostro de Yuri—. Diez vueltas al campo. Corriendo. No te detengas, si lo haces, se añadirá una vuelta más al castigo. Corre ahora, Yuri, y bienvenido al equipo.

Sus ojos color marrón me habrían matado de ser posible. Yuri no me respondió nada pero lo escuché murmurar palabrotas por lo bajo mientras se alejaba con rumbo a la pista de atletismo que rodea la cancha. Fingí no oírlo y mientras empezábamos los ejercicios obligatorios de cada práctica, me deleite viendo al pequeño muchacho mientras corría con admirable agilidad alrededor del campo. Todo parecía ir bien para él, pero después de la sexta vuelta, su piel perlada de sudor, su cabello negro pegado a su frente y su respiración agitada (una imagen perfecta para fantasear con cosas más divertidas, por cierto) me dieron cuenta de que no aguantaría mucho más, y en efecto, cinco minutos después, Yuri se detuvo.

El chico volteó a mirarme y cuando se encontró con mis ojos azules puestos en él, su rostro se llenó de un terror absoluto que casi me hace apiadarme de él. Pero no, soy un Nikiforov, no está en mi naturaleza hacer las cosas sencillas para nadie.

— ¡Ahora serán once, señor Katsuki! — Grité, y sus ojos volvieron a taladrarme una vez más—. Corre más de prisa, quiero enseñarte todo acerca de tu posición en el equipo.

Yuri comenzó a correr de nuevo y mis compañeros de equipo me dedicaron una mirada que quería decir "de verdad disfrutas ser un sádico de lo peor ¿verdad?". Yo reí con ganas de las expresiones de mis compañeros, estaba claro que más de la mitad de ellos tenían un crush con el señor Katsuki y les parecía inhumano el modo en el que lo estaba tratando. Jamás había sido tan estricto con nadie pero… sí, Yuri Katsuki me vuelve un absoluto desastre.

Una vuelta después, Yuri se detuvo de nuevo y no tuve que gritar. Sus ojos volvieron a mirarme, y yo sentí que mi cuerpo se estremecía al contemplar la imagen de Yuri Katsuki con el uniforme del equipo pegado a su cuerpo por el sudor. Él sabía que había fallado y asintió antes de que mis labios pudieran decirle que tenía que agregar una vuelta más a su castigo por haber llegado tarde.

Y a esa vuelta, se agregaron veinte más. Mientras la práctica avanzaba y la hora y media de entrenamiento diario llegaba a su fin, Yuri seguía intentando cumplir con la tarea imposible que le había puesto. Era evidente que no podía continuar, el chico no estaba acostumbrado para nada a aquel esfuerzo físico. Yuri Plisetsky, uno de los chicos del equipo de soccer, se acercó a mí para recordarme que habría consecuencias si era yo quien mataba a Yuri Katsuki de un ataque de agotamiento, pero algo en mí, esa parte idiota que hay en mí y de la que me siento tan orgulloso, me prohibió hacer lo correcto.

El equipo abandonó la cancha quince minutos después. Yuri había dejado de correr desde hacía tiempo y en lugar de tirarse en el pasto como hubiera sido congruente que lo hiciera, seguía caminando, negándose a detenerse, negándome el gusto de ganar aquella apuesta idiota. Lo observé en silencio dando un par de vueltas más. De verdad lucía cansado, a punto de desfallecer. Lo vi caminar con más lentitud, y cuando noté que estaba a punto de tropezar, algún instinto protector que no sabía que tenía dentro de mí, me llevó a correr hacia a él y cuando su cuerpo perdió el control, me encontré sujetándolo, rodeándolo con mis brazos como jamás pensé que podría ser posible hacerlo. Él me miró a los ojos sorprendido, en realidad confuso.

—Déjame seguir…— me dijo con la respiración entrecortada—. Voy a terminar con esto, voy a demostrarte que sí me importa…

—Sé que te importa — dije yo golpeado por sus palabras, ¿Por qué podría querer demostrarme eso a mí? — Pero no puedes continuar, no tienes la condición física necesaria para ello…

— ¿Por qué siempre piensas que no soy suficiente? — dijo él con las mejillas arreboladas por la furia y también por el ejercicio— ¿Por qué me odias tanto? Sé que detestas tenerme cerca, sé que soy la última persona con la que querrías estar, pero no tengo gana alguna de arruinar a tu equipo ¿entiendes? Yo no quería llegar tarde, no quería que tú pensaras que me asustaba el reto, yo no quería…

—Vamos a la habitación —dije yo realmente sorprendido por sus palabras…yo ¿Le importaba a ese grado, al grado de no querer arruinar el equipo que realmente me hace feliz para vengarse por todo lo que había hecho?

—Quiero tomar una ducha— dijo él con la mirada puesta en el suelo—. Todavía tenemos que ir al ensayo del grupo de danza y…

—Practica cancelada, señor bailarín principal— dije yo, sabiendo que Yuri no tendría energía para eso y de verdad estaba empezando a arrepentirme de haberlo recibido así al equipo.

— ¿De qué hablas?

—Espera….

Sin soltarlo, sosteniendo a Yuri con mi brazo izquierdo sin alejarlo mucho de mi cuerpo, saqué el celular de uno de los bolsillos de mi pantalón corto y marqué el número de Christophe Giacometti quien es mi mejor amigo en la Academia y quien también es parte del grupo de danza al igual que Yuri.

—Hey, Chris — dije yo con calma—. Escucha, Yuri no podrá asistir al ensayo del grupo de baile hoy, ni yo tampoco. Tuvimos un pequeño percance en el entrenamiento. No, no, él está bien, pero es mejor que descanse. Sí, yo me quedaré con él… ¿El novio? Dile que se joda… ¿Qué, que no está? ¿Entonces para qué preguntas qué decirle a él, imbécil? Que nadie entre en pánico Giacometti, Yuri estará bien, dile a la profesora Baranovskaya que todo está en orden. Sí, haré mi audición el lunes aunque amenace con echarme de la Academia por desobedecer al director. Vale, te veo en la noche, ponte algo sexy.

Me reí sin poder evitarlo y Yuri seguía observándome de ese modo curioso con el que me había mirado siempre. Me perdí en sus ojos un momento, quería pedirle disculpas, quería decirle tantas cosas. Pero callé. Aún no era tiempo de que él supiera, apenas había comenzado a mirarme o yo estaba dejando que me mirara por fin. Y es que era increíble que él me hiciera eso, que hiciera que las cosas me importaran. Que me hiciera sentir preocupado, que me hiciera llevarlo hacia las duchas del gimnasio sin pretender otra cosa más que él pudiera descansar después de refrescarse.

—Tomate tu tiempo, iré por tu ropa y una toalla al casillero— dije yo sin dejar de ser observado por esos ojos color chocolate—. Te llevaré al dormitorio, no debes preocuparte más.

— ¿Por qué…?— dijo Yuri asintiendo lentamente a mis palabras, como si le costara creer todo lo que yo le había dicho— ¿No querías matarme hace rato?

— ¿Y perderme la diversión de volver a torturarte? No lo creo…—dije yo y en sus ojos brilló una muda desilusión que tuvo el supremo poder de confundirme más—. Es decir… de verdad no quiero matarte, es sólo que debes tener en cuenta que este equipo no es un juego para nadie.

—Ya te dije que entiendo esa parte pero… eres tan extraño, Victor…—dijo él sin despegar sus hermosos ojos de mí—. Me desconciertas por completo y debería quejarme por todo esto pero… tampoco voy a darte el gusto de verme suplicando piedad.

—No lo hagas entonces— dije yo emocionado de pronto—. Ve a ducharte, vuelvo en seguida.

Yuri dio la media vuelta sin agregar más y yo corrí al casillero sin poder evitar sentir que mi corazón latía con más fuerza ¿Por qué las palabras de Yuri me movían de esa forma? ¿Por qué estaba comportándome de aquel modo amable con el que jamás había actuado? ¿Estábamos a punto de presenciar el fin del mundo y mi alma corrompida estaba volviendo al sendero del bien de nuevo? Pero es que no podía negarlo, no podía ocultarlo: Me preocupaba él, quería que él estuviera bien ¿Qué demonios me estaba pasando? Yuri se duchó de forma rápida, era obvio que lo ponía un tanto nervioso que yo estuviera esperando por él. Salió de la regadera totalmente vestido puesto que yo había colocado su ropa fuera del cubículo de la ducha y ahí estaba él: oliendo a limpio, con su implacable mata de cabello oscuro y desordenado escurriendo agua por toda la camiseta azul que yo le había llevado.

—Puedo ir solo al dormitorio, gracias— dijo él cuando me vio esperando en la puerta de la entrada—. No hagas esperar a Christophe, es obvio que él y tú tienen un montón de cosas que hacer juntos ¿no es verdad?

— ¿Phichit vendrá por ti? — dije yo ignorando su pregunta, hablando con más rencor del necesario—. Chris me dijo que no está en la escuela hoy.

—No, no está— dijo él con cierta tristeza y eso hizo que unos celos implacables mordieran mis entrañas—. Su madre no ha estado sintiéndose bien, está con ella. Pero es en serio, Victor. No debes hacer esto, tienes razón con lo del castigo, la profesora Baranovskaya te habría tratado igual de haber llegado tarde al ensayo del grupo de danza. De hecho nos tratará así por no presentarnos hoy pero estoy tan cansado…

— ¿Eso es una amenaza de que si mueres de agotamiento será por mi culpa? —dije yo, apurándome a sostenerlo del brazo cuando lo vi tropezar de nuevo. Sus piernas temblaban, era obvio que su cuerpo había estado al límite por mi culpa.

—Es una amenaza, señor Nikiforov, y espero que tengas un castigo ejemplar por casi matarme— dijo él y no pude evitar sonreír idiotamente al oírlo decirme aquellas cosas—. Además, eres un cobarde…. Hiciste todo esto para atrasar tu primer ensayo de ballet ¿verdad? ¿Bailas tan mal? Apuesto a que eres completamente torpe fuera de tu cancha de soccer…

—Desearías tener mis movimientos de baile— dije yo comenzando a caminar sin soltarlo, sin que él se soltara de mí, los dos demasiado enfrascados en la discusión idiota como para que aquel detalle nos importara del todo.

—No sabía que en el reino de los engendros demoniacos de ojos azules había buenos bailarines— dijo él.

—Bueno, si los cerditos pueden hacerlo no es tan difícil bailar para los engendros del demonio ¿sabes?

Yuri rio, rio de verdad. Jamás desde que había llegado a la Academia Feltsman lo había visto reírse de aquel modo, al menos no por algo que yo hubiera dicho. Pero ahora reía, reía de una forma tan abierta y natural que me sentí tentado a grabar aquella risa. Además, había sido yo quien lo había hecho reír así, aquella risa era mi culpa y descubrí que era mil veces mejor hacerlo reír que hacerlo mirarme con odio intenso. Mi corazón se relajó un poco cuando aquella verdad me inundó por completo. Que me maten, pero descubrí que me hace feliz ver feliz a Yuri Katsuki.

Llegamos a nuestra habitación minutos después, las piernas de Yuri seguían temblando y al ver el décimo tropezón de la tarde, me apure a detenerlo sin lograrlo esta vez porque el chico de los ojos color chocolate perdió el equilibrio y el peso de su cuerpo nos llevó a caer los dos encima de mi cama. El cuerpo pequeño del chico descansó sobre le mío y todo mi ser se estremeció con aquella cercanía. Los dos nos miramos a los ojos, los de Yuri estaban cansados, a punto de cerrarse. Su pecho chocaba contra mi pecho, sus brazos abiertos a cada costado mío. Aquella era la vez en la que más cerca habíamos estado el uno del otro, era irreal, era completamente increíble y cálido tenerlo así, su piel chocando con mi piel, sus ojos perdidos en el azul de los míos.

—Vete…—dijo Yuri muy cerca de mis labios, haciendo que mi cuerpo se estremeciera debajo del suyo—.Debo dormir, vete de aquí.

—Eres tú quien está encima de mí— dije yo, notando que las mejillas del chico estaban sonrojadas de nuevo, pero había demasiado cansancio en su voz.

—No voy a mover ni un solo musculo más— dijo Yuri con voz seria—. No tengo energía ni para eso. Muévete tú, Nikiforov.

—Es mi cama…—dije yo sin gana alguna de moverme de ahí.

—No me importa, duerme en la mía— dijo él con su voz cada vez más adormilada— ¿O quieres que duerma encima de ti toda la noche?

—También podríamos no dormir— dije yo y él me dedicó una de sus miradas asesinas—. Ok, ok, olvidaba que hablaba con una virgen. Sólo dormir.

—Eres un idiota…—dijo Yuri antes de que sus ojos comenzaran a cerrarse—. En serio eres un maldito cerdo egoísta, idiota degenerado, acosador, bastardo, imbécil… muérete Victor… Eres un…

Sus labios se quedaron entreabiertos para ese momento de la conversación, o mejor dicho, del divertido monologo de maldiciones que me había estado dedicando. Su pecho empezó a subir y bajar de modo rítmico encima de mi piel. Era extraño, pero tener el cuerpo de Yuri encima del mío, no me hacía sentir excitado. Había demasiada paz en su rostro como para pensar en otras cosas. Su cuerpo se sentía tan bien cerca del mío… sin pensarlo, guiándome por un impulso mayor a mi voluntad, mis brazos se enredaron en su cintura, lo acomodé mejor en la cama y lo observé dormir sin apartarlo de mi lado, sintiéndome yo mismo como un loco idiota, sintiéndome feliz porque Yuri Katsuki estaba dormido sobre mi pecho, muy cerca del corazón, descansando entre mis brazos. Y es que de verdad es un chico hermoso, no sé si él se dé cuenta de ello, pero lo es, es casi imposible que pueda serlo…

No sé en qué momento fue que me quedé dormido, no podría decirlo. Contemplé a Yuri sin miedo todo el tiempo que pude hacerlo y aquel sueño, el sueño de dormir así con Yuri, le dio paso a otro. La noche de ayer dormí en paz, como desde hacía mucho tiempo no lo había hecho y cuando la puerta de nuestra habitación se abrió empecé a sospechar que mi dulce sueño había terminado.

Phichit, mi mejor amigo en la Academia Feltsman abrió la puerta de la habitación y me descubrió durmiendo al lado de su dulce novio quien, sobresaltado por el ruido, abrió los ojos de un solo golpe, me miró con terror y después miró a Phichit quien, sin poder dar crédito a lo que veía, cerró la puerta una vez más.

Yuri me dedicó una mirada furiosa antes de salir corriendo detrás del chico tailandés quien había decidido largarse de ahí, haciendo que yo quisiera felicitarlo. Creo que el portazo enojado de Yuri fue el que me despertó por completo, y fue entonces que tuve ganas de escribir todo lo que había pasado porque no logro olvidarlo, no quiero. Sentir a Yuri tan cerca de mí me ha hecho desear que algo como el sueño de anoche pueda volver a repetirse. Sí, sé que él me odia ahora, sé que probablemente yo no podré competir con Phichit Chulanont, el príncipe del cuento, pero no me importa, tengo que seguir intentando.

Porque los príncipes, todos los príncipes de todas las historias están condenados a no ser reales, a no existir. Y yo soy real, ahora mismo me siento existir de un modo tan fehaciente que no tengo más remedio que sonreír porque, sí, que se mueran todos los que no puedan creerlo pero un milagro ha sucedido en mi mundo particular: Yuri Katsuki por fin ha comenzado a mirarme y a partir de hoy, no tendrá más remedio que continuar haciéndolo…