Capítulo VII
Verdades…
A las diez en punto sonó mi móvil, era August.
-
¿Isabella?
- Sí, bajo enseguida –le respondí
Corté, tomé la cazadora, el móvil y las llaves y salí. Estaba muy oscuro y había bastante neblina. No podía divisar el auto, miré para todos lados y de repente, sentí que me tomaron por el brazo con demasiada precisión.
- Hola Isabella –mi oscuro y bello
acompañante me sonrió.
- Hola –creo que lo miré algo asustada
porque no lo vi llegar.
- ¿Cómo has estado?
- Bien y tú
–dije por cortesía.
- Mucho mejor ahora que te veo –esbozó
una sonrisa y me indicó el auto.
Era un coche negro deportivo, que se notaba de lujo a leguas. Adentro era muy confortable, con asientos de cuero negro y ¿vidrios polarizados? Oh, oh, eso no me daba buena impresión, sin embargo, me mantuve en el auto, porque necesitaba que me confirmara mi versión de la historia. Cuando estuvimos dentro, August se giró a mirarme, sonrió y luego puso en marcha el motor, que rugió como el sonido de diez leones juntos.
- ¿Dónde vamos? –le dije asustada, pero intenté
no demostrarlo.
- De paseo…, para que conversemos –volvió a
sonreí, pero esta vez sin mirarme.
Mientras conducía miré su rostro, era de facciones finas, pelo cobrizo y extraordinariamente blanco. Tenía una bella sonrisa, pero no era transparente, tenía algo extraño, que me hacía dudar de sus intenciones. Anduvimos a una velocidad poco recomendable, por un camino algo estrecho, rebuscado y oscuro. Finalmente llegamos a una especie de castillo, que jamás había visto en mi vida, que estaba enclavado en una colina.
- ¿Y esto? –lo miré extrañada.
- Mmmm, es un
préstamo… de mi familia digamos, ha pasado de generación en
generación.
- ¿Enserio? –le dije mientras disimuladamente
miraba mi celular para saber si tenía señal por alguna emergencia y
¡No tenía! Él notó que miré el móvil, pero lo ignoró.
Cuando llegamos, alguien, que no vi jamás, abrió la puerta para que el auto entrara. Todo era oscurísimo y muy, pero muy lúgubre. August se bajó del coche y me abrió la puerta.
- Bienvenida… será
una velada inolvidable –sonrió perversamente.
- Mmmm, creo que
es mejor que me vaya –le dije ya asustada, sin poder disimularlo.
-
¿Por qué? Recién ha empezado la noche…-sus ojos destellaban
lujuria y perversión, sin embargo, era muy atractivo.
Abrió la puerta, sin mayor esfuerzo, y pude observar unos techos enormes, con murallas de piedra; habían cuadros y muebles de otro siglo, pero excelentemente restaurados. Jamás encendió luces, a pesar de que había electricidad porque puso música… sonaba "Eyes on fire" de Blue Foundation. Encendió una especie de cirios, pero todo quedó en penumbras.
- ¿Y qué me cuentas de ti Bella? –me dijo mientras me pasaba un vaso con ron y yo tomaba sorbos largos para relajarme un poco.
¿Bella? Me había dicho Bella también, al igual de Edward ¿Por qué? ¿Cómo sabría? Él sabía mucho más de mí que yo de él ¿Seria amigo de Edward? Realmente no lo creo, porque me hubiese dicho, pero ¿cómo? Era demasiado raro todo, pero no consideré conveniente discutirle, no me inspiraba confianza, así que no hice ningún comentario al respecto.
- Nada nuevo, lo
que tú ya sabes –sonreí nerviosa.
- Mmmm, bueno, quizás te
sientes más cómoda si bailamos, de ese modo nos entendimos muy bien
la última vez…
Extendió su mano y yo temblaba de pies a cabeza, como si tuviese mucho, mucho frío. No tuve opción, me levanté y él tomó mi mano ¡Era tan fría como la de Edward! Y sus labios igual de rojos, quizás más, los de él eran más oscuros, más parecidos a la sangre humana…los de Edward eran más parecidos al color de las cerezas. Fuertemente me pegó a su cuerpo ¡Era muy frío, incluso más que Edward! Comenzó a bailar conmigo de una manera bastante particular, demasiado sensual… Su cuerpo estaba demasiado pegado al mío, podía sentir cada parte de su cuerpo. Continuamente me sonreía y me invitaba a hacer brindis, más seguidos de lo recomendado, pero no me atrevía a negarme, sentía miedo. Él era muy sensual y sentía que sus manos tocaban mi cuerpo, de una manera extraña, como si fuera un trofeo ¡Eso me asustó aún más! Sentí que inspiraba mi pelo y mi cuello, cada vez que se aproximaba aún más. Estaba bastante incómoda, no sabía qué hacer, ya no era nada parecido a nuestro baile de cuando nos conocimos, ese día lo disfruté… ahora lo odiaba y me sentía prisionera. Lentamente fue acercando su rostro al mío y ¡Me besó! Sentí su lengua fría y húmeda, pero algo tensa. Sus besos eran prolongados y algo desesperados… luego, subió una de sus frías manos por mi cuello y lo acarició reiteradas veces, y cada cierto rato, bajaba sus labios a mi cuello y lo humedecía con sus besos, como si lo estuviese preparando para algo… Mi pánico aumentaba y empecé a sentir el miedo que los humanos tenemos a los perros cuando creemos que nos van a morder… Poco a poco traté de zafarme de él, pero lo notó de inmediato y me pegó a él, nuevamente.
-
¿Te habían dicho que olías de maravilla? –me dijo y los ojos
destellaron.
- No, creo que no… -le dije en pánico.
Se acercó a mí, más decidido aún, pero sonó un portazo arriba. Me dirigió una mirada algo furiosa.
- Vengo enseguida, no intentes irte –y sonrió, pero era una amenaza.
A penas desapareció, sentí que me tomaron por la espalda, una mano tan fría como la de August.
- Bella, tranquila, soy Edwar –su voz de terciopelo me tranquilizó un poco.
Cuando volví a mirar, estaba frente a nosotros August. Ahora parecía enfadado y rugía como un animal, casi colapso del pánico ¡Era una bestia! Comencé a temblar y él nos miraba expectantes, como los animales cuando van a pelear. Sin que me diera cuenta casi, estaba casi al lado de nosotros –ahora Edward me tenía de la mano detrás suyo -. Quise huir, pero el miedo me tenía paralizada, y él era bastante más rápido que yo… ¿En qué me había metido? August se iba a lanzar sobre Edward –de hecho lo hizo, pero Edward lo empujó- entonces, aparecieron un par más de jóvenes guapos y fuertes, tales como Edward y August, y tomaron a este último de los brazos para inmovilizarlo.
-
Queremos mantener el trato de paz entre nosotros y su clan –le dijo
el rubio, alto y más veloz.
- ¿Y lo romperán por una humana
insignificante? –le dijo August furioso y sarcástico.
- Sabes
que no es cualquier humana ¿cierto?
No escuché la respuesta, porque Edward me tomó y me subió en su espalda. Comenzó a correr con tanta rapidez, que pensé que estaba soñando, ¡Eso no era normal, ni para el mejor atleta del mundo! Cuando llegamos a su volvo plateado, me bajó y prácticamente me subió al auto. Se sentó al lado mío, totalmente descolocado, y encendió el auto.
-
Bella, te advertí que él era peligroso –me miró muy apenado y
furioso.
- Lo sé, pero me debes algunas explicaciones –le dije
aún muy nerviosa y digiriendo lo que acababa de presenciar.
No respondió. Anduvimos cerca de una hora y no me dijo nada. Finalmente aparcó frente a un parque. A penas detuvo el auto me bajé y me dispuse a caminar para devolverme a la universidad, todavía estaba histérica y tiritaba entera. No alcancé a dar dos pasos, cuando Edward me detuvo.
- ¿Dónde vas? –me dijo aún
desconcertado.
- A la facultad –le respondí algo tartamuda.
También le temía.
- No, por favor ¡escúchame! – miró de un
lado para otro –necesito explicarte algunas cosas… -puso los
labios en una línea.
- ¿Q…qué significa esto Edward? –le
dije aún incrédula.
Inspiró profundo y tomó mi rostro con ambas manos.
- Sólo quiero que sepas que te adoro Isabella
Swan y que jamás te haría daño, te lo juro –sus ojos eran
demasiado sinceros.
- ¿Qué se supone que son ustedes? –seguía
abrumada.
- No sé si después de esto me quieras seguir
viendo…-sus ojos se entristecieron a punto de llorar- ¿te acuerdas
lo que hablamos el otro día?
Asentí.
- Bueno, una de
tus teorías era cierta…-bajó la vista nervioso.
- ¿Cuál? Un
fantasma o me estoy imaginando todo esto… -le dije angustiada.
-
No, lamento que sea la tercera…
- ¿Cuál? –le dije
confundida.
- Recuérdalo.
Retrocedí a esa noche y me acordé.
- ¡¿Un vampiro?! –le dije ahora sí, absolutamente enloquecida.
Asintió.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¡Mentira! Eso no es posible… -le dije zafándome de él.
Sus ojos me seguían con una mirada tierna y comprensiva.
-
Entenderé si no me quieres ver nunca más…- me dijo con los ojos
al borde las lágrimas.
- ¡No! ¿Por qué? ¡Eso no es posible!
Son mitos… -continuaba sumida en lo que me acababa de decir. Aún
no lo creía, pero todo calzaba.
Instintivamente acaricié su rostro, era suave como la piel de un bebé, pero tan fría como el hielo.
- ¿Eres frío por eso? –lo miré con tristeza.
Asintió.
Lo continué mirando, sin poder creerlo ¡Ese hombre maravilloso era de mentira! Me senté en la cuneta del estacionamiento y lo volví a mirar.
- ¿Por eso no
estás en el día? –le dije ya más tranquila.
- No, cuando hay
sol –me dijo resignado.
- ¿Te quema? –lo miré
impresionada.
Él se agachó frente a mí y me miró fijamente.
- No. Es sólo que soy distinto, mi piel es diferente… verás, es difícil de explicar, pero, brilla y es muy notorio. Tendrías que verlo…
Estaba completamente atónita de todo lo que escuchaba. Pensaba que era un sueño… ¡Esto era completamente irreal! Pero, Edward, era así, distinto, era tan atractivo, en todo sentido, realmente no me convencía de estar ¡Conversando con un vampiro! Y aún peor, ¡Habíamos hecho el amor! ¿Era posible? Era todo extrañísimo, porque ni siquiera me causaba miedo, a pesar que él me podía atacar cuando quisiera y yo no podría oponer ninguna resistencia ¡Recién había quedado en evidencia! Eran tremendamente fuerte y veloces, no tenía ninguna posibilidad contra ellos… Era irrisorio pensar que podría defenderme, pero tampoco quería hacerlo, todo lo contrario, cada vez deseaba con más ansias estar con Edward.
- ¿Y eres alumno de
la facultad efectivamente? –lo miré inquisidora.
- Sí, de
medicina.
- ¿Medicina? ¡Con sangre! –puse cara de
horror.
Sonrió y se vio encantador, era un verdadero ángel, pero aún no tenía claro si del cielo o de las tinieblas…
-
Sí. Es una manera de fortalecer mi autocontrol –me dijo muy serio
y convencido.
- ¿Y en qué año estás?
- En tercero ¿tercero?
–recordé que Grace, mi cuñada, estudiaba medicina y estaba en
tercero –¿eres compañero de Grace Campbell
Asintió y luego respondió.
- Sí, soy compañero de tu "cuñada" –sonrió algo molesto.
Quedé muda. Ya sabía todo.
-
¿Tú sabías que yo tenía novio?
- Sí –me dijo medio
sonriendo de culpabilidad, pero en realidad no creo que le haya
importada.
- ¿Estás muy enamorada de él? –me preguntó
expectante.
- N…no sé, no creo que sea a ti a quien deba
responder esa pregunta –le dije inquieta, porque ni yo sabía lo
que sentía.
Hizo un gesto de resignación, bajo la vista unos segundos, y luego volvió a clavar sus bellos ojos ámbar en mí.
- Sé que aún no procesas nada de esto Bella, pero te voy a esperar todo el tiempo del mundo…, si tú quieres, claro –sonrió tímidamente.
No respondí. No sabía qué decirle, tenía que aclarar todo en mi mente.
- Me dijiste que por autocontrol
estudiabas medicina ¿Cómo es eso?
- Sí, verás, yo no "bebo"
sangre humana… me alimento de animales…
- ¿Animales? –le
dije impresionada.
- Sí, pero cuesta mantenerse al margen y no
atentar contra la vida humana –esbozó una sonrisa leve y luego
volvió a ponerse serio.
- ¿Y lo puedes control siempre? Es
decir…, no hay momentos de "arrebatos"
- No. No puedo tener
ningún desliz, eso acabaría con promesa de cuidar la vida de los
humanos… -me miró con ternura.
- ¿Y no es peligroso vivir
entre nosotros?
- No, si sabes controlarte… -su mirada irradiaba
bondad.
Estaba muy asombrada de la fuerza de voluntad de Edward, en realidad, no podía concebirlo como un vampiro, más bien era parecido a un príncipe de cuentos de hadas o a un ángel divino. No podía evitar mirarlo hipnotizada, él era increíblemente seductor y atractivo. En ese estado de embobamiento y admiración estaba… hasta que el vibrador de mi móvil me hizo dar un salto involuntario.
- ¿Isa? -¡Era Ethan!
- Ethan… hola –dije
algo nerviosa.
- ¿Dónde estás Isa? –Edward no dejaba de
mirarme desazonado, pero paciente.
- Mmmm, salí a dar una vuelta
por el parque… no podía dormir –mentí.
- ¿Una vuelta? ¿A
esta hora? Son casi las dos de la madrugada Isa –me dijo
extrañado.
- No me fijé en la hora…
- ¿Quieres que te vaya
a ver o a buscar? –me dijo tiernamente.
- ¡No! –fui cortante
–estaré bien –calmé mi tono de voz.
- ¿Segura? No me cuesta
nada… Además, te echaba mucho de menos…creo que debemos hablar…
-me dijo medio melancólico.
- ¿Puede ser mañana? –intenté
ser cariñosa.
- Está bien. Un beso y por favor, ándate luego a
tu habitación… no soportaría que te pasara nada –me dijo
apremiado.
- Te lo prometo… un beso… -corté el móvil
Edward me miraba algo molesto.
- ¿Qué pasa? –le pregunté
extrañada.
- ¿Era tu novio? –su voz tenía un dejo de
desconcierto.
Asentí. Aunque él siempre supo quién me llamaba, era muy notorio en su rostro de impaciencia. No dijo ni una palabra más, pero parecía disgustado.
- Edward…
- Dime
–me contestó sin mirarme a los ojos.
- Tú me dijiste que
August era un Set…
- Sí –me dijo mirando hacia el cielo
-
¿Qué significa eso? ¿Es vampiro? ¿Eso quiere decir Set?
–intentaba comprender.
- Es vampiro, pero los Set son un clan de
vampiros muy peligrosos, por eso te pedí que no te acercaras a él
–se notaba angustiado.
- ¿Tú eres de uno de ellos?
- No.
-
¿Perteneces a algún clan?
- No, es decir… ya no…
- Pero
¿Ustedes se conocían?
Asintió.
- Casi todos nos
conocemos, pero somos de ideas y orígenes distintos.
- ¿Cómo es
eso? –estaba aún más intrigada.
- Verás… uno no se adhiere
a un clan así porque sí. Ellos te eligen por tus cualidades… y
bueno, hay algunos clanes más oscuros que otros.
- Pero ¿son
todos malos? ¿Por eso ya no perteneces a ninguno?
- Mmmm, bueno
todos beben sangre humana… y bueno, mi familia y yo, decidimos
abandonar nuestros clanes de orígenes porque queremos ser
diferentes…
- ¿Y todos ustedes provenían de un mismo clan?
Como son familia…
- Es que no somos familia sanguínea, nos
hemos reuniendo en el tiempo…
- ¿Cómo es eso?
- Es que
compartimos maneras de ver la vida parecidas…, especialmente
respetando la vida humana… -me miraba fijamente.
- Y ¿Eran
todos del mismo clan?
- No, incluso hay algunos que nunca
pertenecieron a ninguno…
- ¿Y tú de dónde eras?
- Era del
clan Facis Formosus…
- ¿Y qué cualidades tienen ellos?
-
Mmmm, varias, pero principalmente escogen gente que sean músicos o
artistas…a simple vista no se ven nada de mal y pasan muy
inadvertidos en la sociedad…, bueno entre comillas, porque son de
gustos caros y llaman la atención porque siempre visten a última
moda. Aman la belleza y… muy a menudo se enamoran de mortales,
porque son de alguna manera "protectores" de la raza humana, pero
muchas veces se dejan llevar por el placer y eso les trae muchos
problemas, principalmente con los humanos –habló algo decepcionado
al final.
- ¿Enserio? Y a ti alguna vez… te pasó –estaba muy
intrigada, no podía creer que este ser espectacular le hubiese hecho
daño a alguien.
Asintió muy acongojado.
- ¿Qué fue
lo qué te pasó? –ahora estaba más cerca de él de lo
recomendable, considerando su condición, pero no podía evitarlo,
era como un imán para mí.
- Mmm, perdona, pero no quisiera
hablar de eso ahora, quizás más adelante… -parecía muy
apesadumbrado.
- Está bien… -intenté ser comprensiva… algo
muy potente le debía haber pasado para sentirse tan mal.
- ¿Y
los Set? ¿Cómo son ellos?
- Son seres del bajo mundo –respondió
mirando al horizonte.
- ¿Cómo es eso?
- Verás… ellos son
muy, pero muy antiguos, su clan tiene miles de años y son inclusos
aborrecidos por sus pares.
- ¿Por qué? –insistí.
- Bueno,
ellos son corruptos morales y espiritualmente, no les interesa nada
ni nadie, sólo pretenden manipular a las personas, especialmente a
los humanos, para obtener algún provecho. Además, embaucan a través
de los puntos más débiles de los humanos: el poder, las drogas, el
dinero y el sexo. Están convencidos de que nadie era inmune a estos
flagelos y utilizan sus mejores armas para conquistarte primero,
obtener alguna ganancia y luego destruirte. Por eso te pedí que no
te acercaras a él ¿Me entiendes ahora?
Asentí.
Como había sido tan ciega, y no había visto toda la maldad en ese hombre… parecía infinitamente atractivo, pero era muy misterioso y claro… August siempre estaba involucrado en fiestas, alcohol, autos de lujo y oscuridad… ¡Qué estúpida había sido! ¿Cómo no lo había sospechado? Es decir haberme dado cuenta de verdad… Miré a Edward y acaricié su rostro gélido y bello. Él me miraba sorprendido.
- ¡Perdóname Edward! Perdóname por meterte en
problemas… no fue mi intención… sólo quería saber de ti…
-
¿Saber de mí? ¿A través de él? ¿Cómo Bella?
- Me vas a
encontrar algo tonta, pero… pensé que no eras real y que estaba
enloqueciendo y que tus apariciones eran producto de mi imaginación…
entonces recordé que la única persona que te había visto, y que yo
conocía, era August, la noche que nos encontramos en el
estacionamiento…
- Pero, Bella –se acercó y me cogió por la
cintura, aferrándome a su cuerpo –yo iba aparecer de todos modos,
ese mismo día…necesito verte… eres muy especial para mí…
Me envolvió con sus fuertes brazos y acercó sus fríos y dulces labios cereza a los míos, sabían de maravilla, era un manjar de dioses. De manera instintiva comencé a acariciar su bello pelo broncíneo. Sentí que en cada beso y caricia, él se impregnaba cada vez más en mi piel y mi corazón. Era una fuerza desconocida, pero infinitamente poderosa… no podía dejar de amarlo nunca más en la vida… menos ahora que conocía su secreto…
