Capítulo VIII

De Dulce y de Agraz

Su piel era muy fría y suave, era demasiado agradable a mi tacto; pero, sus besos… eran exquisitos, estremecían mi cuerpo y me invitaban a seguirlo amando y no dejar de hacerlo jamás en la vida. Acariciaba su pelo broncíneo, tan suave con los pelillos de las plumas…Él por su parte, paseaba sus manos por toda mi piel tibia y seducía los lugares más recónditos de mi cuerpo. Estábamos en su auto, aún aparcados en el parque. Mi piel ardía ante su contacto y sentía como se ruborizaba mi rostro, a medida que iba subiendo la temperatura. Edward era muy fuerte, por lo que temía hacerme daño, y suficiente razòn para ser extremadamente delicado conmigo. Entre tanta efusividad, se pasó al asiento del copiloto y yo me acomodé encima de su cuerpo pétreo y perfecto. Sus manos hábiles y protectoras recorrían, y acariciaban hasta la última célula que componía mi cuerpo, despertando todos los sentidos a la vez. Sus ojos ocres me miraban apasionados y deseosos de estar conmigo, y yo por mi parte era lo que más ansiaba. Abducida totalmente por la emoción del momento, saqué mi polera y mi falda, quedando sólo en ropa interior. Edward me miraba aún incrédulo, pero no hacía nada por detenerme… Lo seguí besando, jugué pasando la punta de mi lengua por su cuello y la parte exterior de su oreja fría y perfecta, y cada vez que me agachaba para besarlo nuevamente, mi pelo rozaba su pecho desnudo, lo que provocaba una especie de estertor en su cuerpo, que lo hacía sonreír y ver aún más maravilloso. La temperatura empañaba los vidrios del auto, pero no me importaba, yo quería que nos hiciéramos uno y sentirlo parte mía. Mi corazón latía rápidamente y la respiración de Edward, se hacía más agitada y exquisita; sus labios rojos como la carne viva, me besaban y traspasaban su esencia a los míos, que lo recibían como si contuvieran el néctar de la vida, y que en parte lo eran, porque pertenecían a él. Cuando ya estuvimos listos, mi piel se erizó ante el contacto, porque era la gloria y la bendición de estar juntos otra vez.

Edward me miraba atónito y enamorado, y yo, yo era una tonta que como una idiota estaba prendida a ese ser de cuentos de hadas y brujas, realmente me sentía como la cenicienta, rescatada por su príncipe azul. Su respiración aún era agitada, cuando tomó mi rostro con sus dos manos de nieve y me dijo, sin antes suspirar profundamente.

- Te amo Isabella Swan –y sus ojos parecieron humedecerse.
- Eres divino Edward –le dije llevada por la emoción, sin jamás dejar de ser cierto.

Al escuchar mis palabras, me cogió con sus brazos desnudos y me aferró hacia él, besándome la frente y luego la boca. Oí como si hubiese llorado, fue un suspiro profundo y emocionado.

- No sabes cuánto he esperado por ti mi vida –y acarició mi cabello muy efusivamente con sus dos manos, mirándome tan directo que parecía que me clavaran el corazón.

Su energía era tan fuerte que sentía que me traspasaba la piel y se alojaba en el alma. Edward era perfecto, pero habían dos grandes detalles ineludibles y dolorosos: él era un vampiro y jamás seríamos iguales, y el segundo, yo estaba de novia, y no tenía planes de dejar a Ethan…

- Edward –le dije aún encima de él –no quiero que nos creemos ilusiones… esto no puede seguir –le dije casi llorando, porque le estaba diciendo exactamente lo contrario a lo que quería.
- Bella, no, por favor, no ahora… disfrutemos mientras podamos estar juntos –su rostro era de profundo dolor.
- Es que… -no pude seguir porque se abalanzó sobre mí y me besó tan apasionadamente que no pude resistirme.

Lo podía sentir con tanta fuerza que me partió el corazón. Estaba tremendamente confundida… quería seguirlo viendo, había sido como encontrar mi alma gemela y poco a poco, lo empezaba a adorar.

- Edward, dame tiempo por favor –le supliqué.

Asintió, no muy convencido.

- Si es lo que quieres mi niña… por ti espero un siglo… sólo prométeme que jamás olvidarás que te amo –me dijo besando mi nariz muy tiernamente.
- Nunca –sentí que mi piel se levantó de un escalofrío.

Miré hacia fuera y ya estaba amaneciendo. Mi móvil sonó, no tenía muchas dudas de quien era, miré la hora antes de contestar y eran las seis y cuarto ¡Uf! ¡Era tardísimo o tempranísimo! Apreté la tecla para contestar, bajo la mirada inquisidora de Edward, que ya sabía quien llamaba.

- ¡Isa! –parecía alarmado.
- Ethan –contesté con una voz suave para tranquilizarlo
- ¿Dónde estás? –parecía desconcertado.
- En mi habitación –mentí descaradamente.
- Isa, por qué me mientes ¡Estoy en tu habitación en este instante! –parecía entre furioso y desilusionado.

¡Oh, no! ¿Qué le diría? Me había pillado… ¿Y ahora cómo saldría de esto? Realmente no se merecía todas mis mentiras, pero en este minuto tendría que arreglármelas como pudiera.

- Voy para allá y te explico –corté el móvil.

Miré a Edward intentando pedirle disculpas con la mirada, él movió la cabeza en un gesto de negación y apretó sus labios.

- Te iré a dejar –dijo molesto.
- Gracias –ya había amanecido.

Marqué el número de Eileen eufóricamente, mientras Edward me observaba de reojo. Menos mal contestó casi de inmediato.

- ¡Isabella! ¿Qué te ha pasado que me llamas a esta hora? –sonrió. Parecía estar acompañada.
- Necesito que me ayudes. Después te explico –dije urgida.
- Dime…-parecía entusiasmada.
- Tengo un problema… bueno, necesitas que le digas a Ethan que esta noche estuve contigo, a partir de las dos más o menos.
- Está biiiieeeennn –pareció reír -¿En qué andas metida Isabella Swan? ¿Se llamara August Williams? –me dijo muy divertida.
- No, bueno sí, pero no ahora –me enredé entera -¿Te puedo explicar en la tarde? –no quería seguir mintiendo delante de Edward.
- Ok. Te paso a buscar a las cinco y me lo cuentas todo, todo, todo –sonrió al otro lado del teléfono.
- Gracias… te debo una –me mordía mi labio inferior insistentemente de puro nervio.
- No importa… después veremos cómo me pagas –volvió a reír y me cortó.

Cuando miré a Edward no era difícil adivinar que estaba muy molesto, no podía esconderlo. Ya no me hablaba.

- ¿Quieres que te deje un poco antes cierto? Para que no te vea tu novio… -mordió su labio inferior, tensionando su mandíbula.
- Por favor –bajé la vista, me dio vergüenza.

Anduvimos unos diez minutos más y detuvo el auto a dos cuadras de la universidad. Ya no me miraba y eso me partía el alma…

Cuando ya me dispuse a bajar, resignada de que no se despediría de mí, me habló.

- Bella –su voz pareció salir de las entrañas.
- Sí –reaccioné inmediatamente y me giré hacia él.
- No te preocupes por August, no estarás sola…, ni siquiera lo notarás –me dijo sin mirarme a la cara.

Me bajé del auto muy acongojada, ese hombre era muy especial, me tenía totalmente embaucada y quería estar con él las veinticuatro horas del día, pero era imposible ¡Estaba Ethan! Si hubiese aparecido antes, no lo habría pensado dos veces, sin embargo ahora, era muy complicado de decidir por alguno de los dos. Caminé lentamente, mientras pensaba qué le diría a Ethan…, a parte de haber estado con Eileen, claro. Llegué a la entrada de la universidad y estaba el auto de Ethan estacionado. Mi estómago se contrajo, y las figuras de los dos me rondaban como fantasmas en la mente. Seguí caminando hasta mi habitación y abrí la puerta, mientras recordaba la noche anterior… de cómo había estado a punto de morir y había sido salvada por un ángel de la oscuridad. Apenas alcé la vista los ojos calipsos de Ethan se clavaron en mí.

- ¿Dónde te habías metido Isabella? –me dijo furioso.
- Estaba donde Eileen –mentí descaradamente.
- Te llamé a las dos y me dijiste que habías salido a dar una vuelta… -los ojos los tenía brillantes de rabia -¿Qué me escondes Isa? –insistió furioso.
- Nada, es que era tan tarde y no te quería molestar… -mentí aún más descarada.
- ¡Me ofrecí a venir a verte! ¿Tienes más confianza con tu amiga que conmigo? –ahora estaba muy dolido.
- No se trata de eso Ethan…
- ¡Entonces de qué! Al parecer tú ya no me quieres… -sus ojos destellaban desilusión y pena. Dio media vuelta y se fue…, pero antes de salir me dijo –si quieres saber de mí, sabes donde encontrarme…, de lo contrario, entenderé que ya no quieres estar conmigo –sus ojos calipso estaba enrojecidos, apunto de llorar.

Se me partió el corazón cuando lo vi salir, pero al mismo sentí alivio…, me sentía muy culpable por haberlo engañado, Ethan no se lo merecía para nada…, él había sido muy bueno conmigo y yo lo quería, pero ahora estaba confundida, y era mejor estar sola.

Me quedé tendida en mi dormitorio, pensando en toda la intensa noche anterior, pero también, en la pelea de hoy con Ethan ¡Ya lo extrañaba! ¡No quería que estuviese enojado conmigo! Aunque me merecía eso y mucho más.
Me quedé leyendo y luego me dormí. Cerca de la dos me dio hambre y salí a un minimarket que estaba a unas cuadras de la facultad. Me puse la cazadora, porque hacía mucho frío, tomé las llaves y mi móvil, aunque lo más probable era que nadie me llamara, y salí. Cerré la puerta y cuando me di media vuelta, algo distraída como era típico en mí, choqué con una menuda niña de pelos erizados y una bella cara de duende, pálida y muy risueña.

- ¡Disculpa! –le dije sonrojada por mi torpeza.
- No te preocupes –me dijo muy simpática y sonriendo, mientras sus ojos dorados brillaban de entusiasmo –creo que seremos vecinas –sonrió aún más.
- ¿Enserio? –enarqué una ceja.
- Sí, llegué recién desde Estados Unidos, estoy alojando en frente –sonrió y dijo –Alice.
- Isabella –le sonrió.
- Creo que seremos buenas amigas Isabella –me guiño un ojo y fuimos juntas a comprar.