DIARIO DE YURI KATSUKI
Octubre 30
8:00 am
Estoy nervioso. Es imposible creer que esté tan nervioso pero ha sido así desde que me desperté. Quizá sea porque es lunes y hoy hay entrenamiento de soccer antes del ensayo con el grupo de danza y estoy temiendo más que nada volver a ver al señor demonio de los ojos azules al que no he visto desde el sábado en la mañana.
No sé lo que me pasa. Siento que muero de miedo al pensar en el entrenamiento y eso no es nada propio de mi ¿A qué le temo? ¿En serio he llegado a desarrollar un trastorno de estrés pos traumático después de la bienvenida que el señor Nikiforov me dio al equipo?
¿O quizá me muero de miedo al pensar que de nuevo veré en él todas esas cosas que pude ver el viernes? Porque aún no dejo de preguntarme cómo rayos fue que el demonio aquel me mostró un lado angelical que jamás pensé sería posible encontrar en él. Pero ahí estaba. Fue amable conmigo, se preocupó por mí, me ayudó a sentirme mejor después de la canallada que me hizo. Y bueno, dormir en sus brazos tampoco fue tan malo. No fue nada malo de hecho. No sé cómo fue que terminé durmiendo con él pero de algún modo misterioso, me hizo sentir protegido. Victor es fuerte, es valiente, sé que es de sobra decidido y ahora que he visto este lado suave y cálido de él... eso me aterra. Me aterra porque si Victor Nikiforov fuera así todo el tiempo, sería irresistible no pensar en…
¿IRRESISTIBLE?
¿ES EN SERIO YURI KATSUKI?
¿ACABAS DE USAR "IRRESISTIBLE" COMO UN ADJETIVO PARA DESCRIBIR AL ESTUPIDO Y MALDITO DESGRACIADO SEÑOR DEMONIO INFERNAL QUE DESPUÉS DE TORTURARTE CASI TE VIOLA MIENTRAS DUERMES?
¿IRRESISTIBLE?
¡DIOS!
He vuelto a leer mis palabras y me doy cuenta de que acabo de sonar como la protagonista de ese libro de vampiros y hombres lobo que agita a las chicas por montones. Irresistible. Bah. Irresistible… ¿Qué demonios me está pasando?
3:00 pm
Acabo de revisar mi celular. Victor Nikiforov acaba de enviar un mensaje diciendo que el entrenamiento del equipo de soccer se cancela por hoy. No sé si sentirme aliviado o doblemente preocupado. No he visto a Victor en todo el día, no sé dónde está.
Los dos compartimos las mismas clases, así que de verdad ha sido todo un misterio su ausencia el día de hoy. No entiendo nada… ¿Le habrá pasado algo? ¿Algún problema familiar? ¿Algo serio? ¿O quizá simplemente bebió de más todo el fin de semana y ahora yace en algún hospital del condado siendo atendido por una congestión alcohólica? ¿O alguna enfermedad venérea? No me sorprendería, creo que Victor tiene más experiencia en esas cosas que la de todos los chicos de la Academia Feltsman juntos, al menos eso es lo que a él le encanta presumir a todo el mundo.
Pero ahora estoy preocupado, demasiado preocupado. No entiendo por qué pero no verlo me altera, me ha alterado siempre. Es como si su ausencia doliera y no puedo saber por qué… ¿Vendrá al ensayo del grupo de danza? Tiene que venir, su audición es hoy, madame Baranovskaya insistió en que Victor tenía que hacer una audición como todos lo demás la hicimos y si ella consideraba que es bueno lo aceptaría en el grupo.
Vamos Nikiforov, aparécete de una vez. No es que quiera verte, pero odio no saber dónde estás ni lo que estás planeando.
Incluso Phichit me ha dicho que estoy un poco ausente, pero no puedo evitarlo. Me siento extraño, mi corazón pesa y late de forma angustiante en medio de mi pecho y no logro entender la razón.
De verdad el día de hoy parece ser un día deprimente. Es probable que llueva a cantaros en unas horas y Victor no está aquí… ¿Por qué Victor no está aquí? ¿Tanto le costaba agregar en su mensaje alguna explicación? Es decir, ahora sólo sé que está vivo pero ¿dónde está? ¿De verdad llegará a la audición? ¿Por qué me importa tanto, es que en serio anhelo verlo bailar?
Es que sé que él puede bailar y no lo hace nada mal. Dudo que alguien más sepa de eso, pero yo sí lo sé. Recuerdo aquella tarde tan claramente como su estuviera viendo una película en mi cabeza. Era el último día de clases antes de las vacaciones de Navidad. La nieve cubría toda la Academia y como suele suceder siempre en Rusia, hacía un frio infernal.
Yo corría por el patio principal de la escuela, tratando de encontrar un lugar para protegerme del agua nieve que seguía cayendo. Estaba esperando a Kenjirou, por lo regular su padre pasa a recogernos a los dos para llevarnos a San Petersburgo a pasar las fiestas con nuestras familias quienes se reúnen con nosotros en la sucursal de Yutopia, que es el nombre de nuestra cadena hotelera, cadena de la cual nuestras familias son socias. Así que aquel día no había sido la excepción, pero las tormentas habían retrasado todos los vuelos y las carreteras eran un completo desastre.
Kenjirou se había quedado atrapado con Christophe Giacometti en la cafetería y yo terminé buscando aquel lugar que me salvaría de morir congelado. Fue entonces cuando mis ojos vieron que la puerta del invernadero estaba abierta, aquel era un lugar cálido sin duda. Me apresuré a llegar a aquel sitio, pero mis pies se pararon de golpe cuando escuché ruidos dentro del lugar.
Era una voz cantando una canción. El cantante seguramente estaba triste porque la melodía era lenta y las palabras que cantaba entraban por mis oídos y se quedaban en mi corazón:
No tengo nada qué decir.
No puedo poner nada a tus pies.
Solo espero que tú veas en mí al hombre que no puedo ser.
¿Quién era aquella persona que escuchaba cosas así de deprimentes en un lugar desierto como el invernadero? ¿Cuál era la razón de la tristeza de aquella persona que se aislaba así del mundo entero? Mis pies seguían aquel sonido como si no pudieran hacer otra cosa. Ahí dentro, en el invernadero, hacía calor y las flores seguían vivas ignorando olímpicamente el frío y gris invierno del exterior. Y cuando me acerqué al área de las rosas, cuando aquella voz se hizo más fuerte y clara de lo que había sido hasta entonces, lo vi a él, era Victor Nikiforov.
Recuerdo que me quedé mudo de la impresión. Sus ojos azules estaban fijos en un pequeño rosal rojo cuyas flores acababan de abrir. Sus labios sonreían mientras su cuerpo se movía al compás de la música. Se notaba que él estaba triste pero él no lloraba. Me gustó ver toda aquella fuerza ¿saben? Me gustó la forma en la que sus labios sonreían a pesar de que su mirada delataba todo el dolor que su corazón estaba callando. Han pasado muchos meses desde aquello, pero yo no puedo olvidar a Victor Nikiforov bailando en medio de un invernadero desierto, sus ojos fijos en las flores, y aquella melodía que me hizo darme cuenta de lo mucho que una canción puede llegar a doler a veces.
Sé que él no me miró, sé que él jamás supo que yo estaba ahí. No tuve el valor de acercarme, me dije que seguramente Victor no era una de esas personas a las que les gustara que te metas en sus momentos de soledad. Así que me alejé de ahí, la canción que él bailaba seguía resonando en mis odios, resonando en mi corazón. Y quizá sea eso, quizá aquella canción siga sonando en mí y es ella la que sigue haciendo que me preocupe por Victor Nikiforov aunque sé que no debo hacerlo.
Pero es que aunque lo odie, aunque siempre que esté cerca de él termine con ganas de desaparecerlo de la faz de la tierra, también me intriga. Quisiera poder entender su mundo, quisiera saber por qué se esfuerza tanto en ser un idiota, o si simplemente es una persona que puede ser un idiota por naturaleza. No lo sé, no sé nada. Sólo quisiera que Victor fuera a la audición más tarde.
No, no es sólo porque quiera verlo bailar otra vez, claro que no. Mucho menos es porque necesite verlo con urgencia. No… es que… es que es mi turno de torturarlo ¿no? Aunque no sé si me queden ganas de hacer eso. Oh, vamos Victor, sólo aparécete y ya…
8:00 pm
¿POR QUÉ NO VICTOR NIKIFOROV SIMPLEMENTE DESAPARECE DEL PLANETA?
¡LO ODIO, LO DESTESTO, QUIERO QUE MUERA EN ESTE PRECISO INSTANTE!
He vuelto a leer las palabras que escribí en las hojas anteriores y tengo ganas de arrancarlas de mi cuaderno, hacerlas pedazos y salir a los pasillos de la Academia esperando que alguien pueda darme un buen golpe en la cabeza… ¿Estaba preocupado por Victor Nikiforov? ¿Preocupado por la persona que según las últimas encuestas está destinada a destrozar mi vida? Victor se burla de mí, juega conmigo, puede tenerme todo el maldito día preocupado y ¿todo para qué? Todo para darme cuenta de que el chico ha estado bien el día entero y que yo he sido un imbécil al estar angustiado y pensando en él.
Y es que justo en este instante estoy furioso con él, furioso con la decisión que la profesora Baranovskaya ha tomado y furioso con Phichit porque él tuvo la idea de todo esto.
Sé que debo calmarme pero no puedo, de verdad no puedo. Ya era lo suficientemente malo tener que dormir con él, entrenar con él y ensayar con él como para todavía tener que presentar un dueto de baile con él en la fiesta de aniversario de la Academia Feltsman. Y sé que este es su plan, sé que él quiere que todo esto pase de esta forma. Pero vamos ¿para qué? ¿Qué quiere de mí? ¿Quiere que me convierta en uno más de su interminable colección de corazones rotos? ¿Quiere usarme como los usa a todos y después encontrarse un reto aún más difícil con el cual olvidarse de mí?
¡Dios! Siento que mi cabeza va a estallar. Tengo demasiadas preguntas y muy pocas respuestas cuando de Victor Nikiforov se trata. Pero es que no es posible, de verdad no puede ser posible. No quiero bailar con él. Sé que antes dije que es bueno bailando y de hecho es aún mejor cuando lo miras hacerlo sin tener que esconderte, pero no, no presentaré un dueto de baile con él y esta es mi última palabra.
No me importa si me expulsan del grupo de danza, mañana mismo me presentaré ante la profesora Baranovskaya y le haré saber de mi rotunda oposición ante este atropello a mi autoridad como presidente de la clase y bailarín principal del grupo. El director me había pedido una de nuestras presentaciones tradicionales como grupo de danza clásica y eso es lo que haremos. Nada de duetos con el pomposo nuevo integrante del grupo, nada de eso. No señor.
Es que… admito que la audición de Nikiforov fue algo digno de no olvidarse nunca, pero ¿por qué a mí siempre me toca la peor parte? ¡Es injusto!
Recuerdo que cuando llegué al estudio de danza yo estaba nervioso todavía. Deseaba que Victor apareciera, pero también deseaba que no llegara para tener la excusa de echarle en cara lo cobarde que era. Pero cuando el reloj de la sala dio las cinco en punto de la tarde, y todos mis compañeros estaban reunidos ya en espera de lo inevitable, un elegante y exageradamente seguro de sí mismo señor Nikiforov atravesó la puerta con su siempre seductora sonrisa (no pienses "irresistible", Yuri) que puede atraer las miradas de cualquier mortal.
Todo mundo se quedó observándolo en silencio, porque vamos, los chicos del grupo de danza son humanos después de todo y nadie es capaz de ocultar el efecto que una persona como Victor tiene sobre todo aquel que osa poner sus ojos encima de su piel y de sus ojos azules.
— Bienvenido, señor Nikiforov — dijo la profesora Baranovskaya con ese aire estricto que siempre usa sin importar la situación en la que se encuentre—. La sesión de hoy será dedicada únicamente a su audición. Si no me gusta lo que veo te irás de esta sala inmediatamente porque a pesar de que Yakov Feltsman es la máxima autoridad de esta escuela, no permitiré que nada ni nadie que no esté preparado o no sea lo suficientemente bueno sea parte de este grupo ¿has entendido?
—Pensé que el director la había obligado a tenerme en su grupo, profesora— dijo Victor con una sonrisa de suficiencia que nos sorprendió a todos porque nadie en este escuela (o en el universo) osaría usar ese tono con Lilia Baranovskaya— ¿No debo ser yo el que juzgue si este grupo merece tenerme o no?
—No, no lo creo —dijo la profesora con ese tono tranquilo y maduro que yo jamás tendré—. El director aceptó mi sugerencia de botarte si es que llego a pensar que arruinarás la armonía del grupo. Así que… venga, demuéstrame que estás aquí más que por el castigo que alguien te impuso.
Victor sonrió, al parecer, sin ser afectado por las palabras de nuestra profesora. Todos los chicos de la sala tratábamos de contener las sonrisas que amenazaban con aparecer en nuestros labios, vamos, era divertido ver cómo alguien podía poner en su lugar a Victor Nikiforov aunque a éste, parecía no importarle en lo más mínimo.
La profesora le indicó a Victor que era hora de presentarse y éste le hizo una seña a su mejor amigo con la que Christophe Giacometti se abrió paso por en medio de algunos de los chicos y depositó un pequeño reproductor de música unido a un par de altavoces sobre la mesa del consejo. Victor sonrió al ver nuestro gesto sorprendido cuando todos comprendimos que había llevado una pista a su audición.
— Siempre hay que hacer justo lo contrario a lo que se espera de nosotros ¿no? — dijo él dándole la espalda a la mesa del consejo—. Ustedes piensan que no estoy familiarizado con la danza clásica pero creo que se llevarán una grata sorpresa…
Victor sonrió y cuando sus ojos miraron al frente, me di cuenta de que aquellas pupilas azules estaban puestas en mí y sólo en mí. Mis compañeros siguieron con la vista la dirección de la mirada de Victor y yo tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para no sonrojarme. Aquellos ojos estaban diciéndome que la canción, la que Victor bailaría, era algo únicamente para mí. Phichit sonrió al lado mío y yo no pude entender muy bien la razón. Simplemente me sujeté de su mano porque aquellos ojos, aquellos hermosos e hipnóticos ojos azules podían ponerme a temblar cuando se quedaban quietos sobre mi piel de la forma en la que estaban haciéndolo en ese momento.
Victor asintió sin dejar de sonreír y en ese mismo instante una melodía suave que identifiqué como una de las arias de la obra de "Don quijote" llenó el lugar, mientras el cuerpo del señor Smythe se movía con una gracia y una sensualidad que jamás se había visto en aquella sala de ensayos, porque hay que ser sinceros: no somos tan hábiles con los movimientos que además de gracia, necesitan cierto aire travieso para ser presentados. Pero para Victor, bailar parecía ser tan natural como respirar o como ser un idiota y lo peor de todo, fue que mientras se movía así, mientras bailaba y no despegaba de mí sus ojos azules la palabra "irresistible, jodidamente irresistible" seguía apareciendo en mi mente.
Mi cuerpo comenzó a temblar, sentía que mis mejillas estaban ardiendo y algo nuevo comenzó a temblar en el centro de mi cuerpo con urgencia. Aquello me hubiera asustado de no ser porque de pronto, me olvidé de mí mismo. Me perdí en la danza de Victor. Creo que todo estábamos irremediablemente perdidos en él.
Victor seguía moviéndose en medio de la sala, mirándolos a todos ahora, sonriéndoles a todos, haciéndome desear que sus ojos azules volvieran a mí y sólo a mí. Sí, sé que sueno patético al escribir esto, pero eso quería: que Victor se olvidara de sonreírles a Chris y a Kenjirou; que Victor dejara de bailar tan cerca de Mila, que Victor volteara a mirarme de nuevo y me sonriera a mí y sólo a mí, que dirigiera de nuevo esa presentación de baile hacia la única persona que podía entenderla.
Fue en ese instante en el que me di cuenta de que él nunca había sido invisible para mí, jamás. No lo era en aquel momento, porque hubiera sido imposible no verlo, no quedarme mirándolo como imbécil. Porque él estaba acercándose más y más a mí. Porque cuando fui consciente de ello, Victor estaba frente a mí, cumpliendo mis deseos de antes: mirándome, sonriéndome, bailando cerca de mí. Mi corazón se aceleró y cuando vi sus ojos de cerca, me di cuenta de que había ojeras en su rostro, de que su mirada parecía cansada y de que en definitiva, no estaba tan bien como quería aparentar. Y aquello me preocupó… ¿Qué le había pasado?
Y cuando sus manos tomaron las mías y me llevó a bailar con él en medio de las miradas sorprendidas de todos, mi corazón tembló, se alegró y se asustó al mismo tiempo y un solo pensamiento se quedó en mi mente "no eres invisible, Victor, tú siempre eres todo lo que yo veo":
La canción de Victor se terminó y la sonrisa de sus labios se desvaneció del mismo modo en el que la música lo había hecho. Y por aquel segundo, por aquel mínimo instante en el que el joven Nikiforov me miró a los ojos sin el resplandor de su sonrisa en ellos, supe de nuevo que algo no estaba bien. Pero era demasiado cobarde para preguntarle y dentro de mí, el recuerdo de los últimos acontecimientos entre los dos, seguía recordándome que no podía hacer más por él que odiarlo, odiarlo por volver a sonreír de ese modo, odiarlo porque jamás podría llegar a entenderlo, odiarlo porque de nuevo soltaba mis manos condenándome a estar lejos de él como debía ser.
— Bienvenido al grupo de danza, Victor— dijo la profesora Baranovskaya de forma un tanto entusiasta cuando el joven Nikiforov me dio la espalda y se enfrentó a nuestra directora una vez más— . Creo que hemos descubierto a un talento escondido en las profundidades del abismo deportivo, chicos…
—¿Ya me puedo sentir halagado? — dijo Victor con un descaro que en él resultaba un tanto adorable—. Espero tener ciertos privilegios por ser un genial talento oculto. Y espero que esos privilegios incluyan un dueto de baile con su majestad Yuri Katsuki…
Victor volvió a mirarme y todos los chicos — bola de ratas traicioneras— sonrieron con complicidad como si supieran algo que yo jamás podría llegar a descifrar.
— De hecho no creo que sea tan mala idea— dijo Phichit sorprendiéndome completamente cuando lo escuché hablar—. Es decir, la idea del dueto, un dueto entre Yuri y Victor para la presentación del festival de aniversario.
— ¿Me vas a dar permiso de hacer… un dueto con tu novio, Phichit? — dijo Victor riendo divertido — ¿Me lo vas a poner así de fácil?
—Phichit, no creo para nada que esto sea una buena idea— dije yo totalmente asustado.
— Sólo es una presentación, Yuri — dijo mi novio sin soltar mi mano— ¿Verdad, Victor? Después de todo, una canción es todo lo que podrás tener de Yuri, lo siento.
Victor rio y a partir de ese momento dejé de escuchar la discusión que la propuesta de Phichit había causado en el grupo entero, propuesta que incluso nuestra profesora parecía apoyar. Un dueto. Un dueto con Victor Nikiforov. No, eso no podía ser posible en ningún universo, por ningún motivo. Pero al final de todo, la profesora Baranovskaya había decidido seguir torturándome decretando que la cosa del dueto con Victor era un hecho y que en breve, el consejo decidiría el tipo de canción que presentaríamos los dos.
— Una canción de amor, sin duda alguna— dijo Kenjirou causándome ganas de dedicarle una de mis famosas miradas asesinas— .Eso es lo que será, no puede ser otra cosa.
Todos los chicos de la sala rieron y sin esperar más, yo salí de ahí con ganas de renunciar al grupo de danza, soltando la mano de Phichit con verdadero enojo y queriendo escapar de ese mundo donde Victor estaba en todas partes. Porque esa era la verdad, el joven Nikiforov había invadido mi vida, seguía invadiéndola y yo sabía que apenas estaba empezando.
Y es que lo que más me molesta aún ahora es que la idea del dueto me causa más ansiedad que amargura, es decir, casi me siento capaz de hacerlo a pesar de que me repito con todas las fuerzas de mi alma que no quiero hacerlo. Y sobre todas las cosas, aquella tristeza que vi en Victor sigue preocupándome… ¿De dónde viene ese dolor? ¿Por qué no me deja verlo? ¿Por qué no ha llegado a nuestro dormitorio si ya es hora de dormir? ¿Y por qué sigue preocupándome, por qué mi odio se desvanece cuando pienso en esa mirada rota? Ya ni siquiera tengo ganas de sentir el odio de las primeras líneas de estas páginas.
Victor Nikiforov es un misterio, eso es lo que es. No es que sea invisible, sino que no sé por dónde empezar a mirarlo. Es como una obra de arte compleja y abstracta. Y como todos los misterios, como todas las obras de arte, supongo que eso es lo que lo hace tan —por favor alguien máteme por escribir esto — irresistible…
Octubre 31
Siempre me ha gustado el invernadero de la Academia Feltsman, nadie viene a este lugar. Me gusta sentarme en medio de las flores, porque las flores siempre pueden recordarte que por más gris que parezca el mundo a tu alrededor, siempre habrá un poco de color si sabes dónde mirar.
Mi mundo es bastante gris ahora, y odio sentirme de este modo. Afuera llueve, dentro de mí también está lloviendo.
Y es que a pesar de que sé que yo no soy gris, no puedo evitar sentirme así. Porque supongo que la muerte de alguien siempre pinta de ese color la vida, quizá cuando alguien a quien amaste del modo en el que lo amé a él, deja el mundo, la partida de ese alguien se lleva todos los colores consigo.
Mi abuelo ha muerto. Murió el sábado nombrándome como su único y total heredero legítimo.
Soy dueño de la mitad de Rusia ahora. Mi padre me odia por eso y sé muy bien que la amenaza de volver mi vida un infierno, es apenas el principio de todo.
Me siento solo ahora. Quisiera volver a la habitación y estar con Yuri Katsuki, estar cerca de él al menos pero sé que sigue molesto conmigo. Vaya. Quiero estar con Yuri... ¿Él podría ayudarme a soportar este dolor? ¿Se reiría de mí si me viera llorar, o me dejaría hacerlo sin decirme nada? En serio quisiera estar con ese molesto cerdito bailarín, me bastaría con una de sus miradas molestas para dejar de sentir que me muero de dolor porque el marrón de sus ojos, me recordaría que no soy gris, que sus ojos pueden ver en mí todos los colores del universo aunque aún no lo sepan.
Pero esta es la verdad de la vida de un Nikiforov: siempre estamos solos, mi padre, mi abuelo, yo... todos hemos estado profundamente solos siempre.
Quizá sea un pecado querer ser diferente. Quizá ni siquiera deba desearlo. Debo acostumbrarme a la soledad y vivir con ella. Debo hacerlo, lo haré. Esta noche me quedaré aquí rodeado de flores, hundido en mi propia miseria, pero mañana... Mañana todos me verán sonreír y nadie sabrá nada de esto, nadie, absolutamente nadie.
