DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV

Noviembre 9

Estoy a punto de encontrarme con él, aunque, después de lo que pasó hace una semana tengo serias dudas acerca de si vendrá o no. Mis ojos van del disco donde se encuentra grabada la romántica y asquerosamente cursi canción de amor que la profesora Baranovskaya quiere que Yuri y yo presentemos en la fiesta de aniversario de la Academia Feltsman, hacia el reloj que indica que ha pasado ya media hora después de las cuatro, lo cual significa que probablemente Yuri Katsuki no vendrá a este lugar.

No puedo entender a qué se debe esta ausencia ¿No se supone que el maldito cerdito hermoso ese es un profesional? Tampoco se presentó a la práctica del equipo de soccer, vamos, el chico ha estado ausente en todas las clases por una semana y aunque he estado pensando en las mejores formas de castigarlo por aquella ausencia una vez que llegue, también me siento preocupado y bastante culpable cosa que no me agrada en lo absoluto.

Cuando pienso en la mirada enojada de sus ojos color marrón y en el modo en el que me miró después de que le dijera que su torpe abrazo había sido sólo eso para mí, un tonto abrazo, el dolor de sus ojos sigue repitiéndose en mi cabeza a pesar de que en serio intento evitarlo con todas las fuerzas de mi alma. Y es que cuando las palabras salieron de mis labios, cuando contesté a su pregunta, cuando le dije que no me importaba nada, que él estaba en lo cierto, pareció como si algo en él se rompiera en mil pedazos, como si … espera un segundo ¿Es eso?

Es… ¿Rompí el corazón de Yuri Katsuki?

Mi propio corazón parece contraerse en mi pecho con la fuerza de ese pensamiento. Me quedo mirando al vacío sabiendo que si eso es cierto, no está nada bien. Yo… si yo rompí su corazón que parece estar hecho del cristal más frágil del mundo y de hecho, sé que lo hice… él no volverá a querer mirarme ¿cierto?

Y si él no me mira de nuevo, si él no me abraza de nuevo, si él…

El disco de la canción cae al suelo y el mundo parece haber perdido su color de repente. Parece que la sola idea de haber roto el corazón de Yuri, le agrega un poco más de dolor a mi propia alma y odio eso, odio sentirme así. Pero es que aquel día todo parecía tan correcto, como si tratarlo de aquella manera me acercara a él, porque ¿sabes algo?, eso siempre ha funcionado. Por más que intento que la gente se aleje de mí, ellos parecen acercarse más como si les gustara el modo maldito en el que suelo tratarlos. Quizá por eso creí que con Yuri pasaría lo mismo pero… no será así, ¿verdad?

No puede ser así porque Yuri Katsuki no es como las demás personas, jamás lo será. Ese chico se valora lo suficiente como para no quedarse al lado de alguien como yo. Quizá aquello fue el límite. Quizá al romper su corazón, acabe también con toda oportunidad de que él pudiera ver a través de mí pero… ¿Qué demonios? ¡Soy yo el que se oculta, soy yo el que se complace en ser invisible y después me quejo culpando a los demás por no verme! Y es que ha sido una táctica que ha funcionado por años, he sido así por tanto tiempo que otra forma de vivir me parece inconcebible.

Pero ahora entiendo que es eso lo que ha hecho que Yuri haya decidido no venir hoy, desafiando a todo mundo, arriesgándose incluso a ser expulsado de la escuela al desobedecer una de las órdenes directas de nuestro director. Y eso me da cuenta de que esto de no venir, que esto de no verme es en serio. Durante todos estos días no he querido sentirme preocupado por el hecho de que Yuri no haya llegado al dormitorio, pero ahora todo tiene sentido. Él ha decidido alejarse de mí porque cree que no me importa, porque yo le grité que no importa. Pero sí me importa, siempre lo ha hecho.

Cierro los ojos y las imágenes de nuestro último encuentro se arremolinan detrás de mis parpados. Vuelvo a ver sus ojos rojos, sus dedos limpiando el rastro de lágrimas de sus mejillas de forma torpe. Recuerdo su mirada color chocolate mirándome con furia, o con lo que intentaba ser furia y que era solo miedo. Él tenía miedo de mí y con razón, porque yo lo miraba con una sonrisa burlona en mis labios, más por costumbre que porque en realidad quisiera reírme de él.

Había pasado los últimos veinte minutos de aquel día tratando de encontrarlo, asustado por los rumores de que no había asistido a ninguna de las clases, que nadie lo había visto. No puedo mentir, mi corazón se alegró al encontrarlo, pero pronto la alegría cambió por mi gesto duro y confiado de siempre. Sus ojos estaban llenos de preguntas, miles de preguntas a las que no les quería dar una respuesta, preguntas que tenían que ver con el abrazo que él me había dado y con la razón de aquel torrente de llanto que salió de mis ojos sin que yo pudiera evitarlo.

Y es que cuando los brazos de Yuri se aferraron a mí, cuando todo aquel calor pareció invadirme mi coraza se vino abajo. Es increíble que él pudiera hacer aquello con el sólo roce de sus manos acariciando mi espalda, con su aliento cálido rozando mi frente, la que reposaba en su pecho. Puedo decir con seguridad que aquel fue el abrazo más sincero que haya recibido jamás, ni siquiera mi madre me ha sostenido así y por uno sólo segundo, por aquella pequeña eternidad llegué a pensar que no estaba mal sentirte protegido de vez en cuando. Aunque algo dentro de mí seguía diciendo que aquello era ridículo, callé aquella insidiosa voz que se parece mucho a la voz de mi padre con el calor de Yuri, con todo aquel sentimiento extraño al que no puedo darle un nombre, es demasiado confuso aún. Pero en los brazos de Yuri Katsuki, el mundo tenía sentido.

Era como si todas las respuestas a los misterios del universo estuvieran ahí, en ese chico, en su cuerpo cálido y pequeño que se llevaba como por arte de magia el dolor que siento aún por la muerte de mi abuelo, por la vida de desgracia que está esperando por mí una vez que cumpla los dieciocho años y mi padre pelee conmigo hasta la muerte, luchando por impugnar el testamento de mi abuelo. En aquel momento nada de eso importaba, y las últimas palabras de mi abuelo, Sergei Nikiforov resonaban en mi cabeza con una fuerza sobrenatural, como si él estuviera ahí conmigo y no en la urna que depositamos en el mausoleo de la familia hace días:

"Ama Victor", me dijo él antes de morir. "Ama y haz lo que quieras, no seas como tu padre, no seas un cobarde. Tú eres lo suficientemente valiente para amar, hijo mío."

Mi llanto se detuvo en aquel momento, como si la voz de mi abuelo y los brazos de Yuri hubieran solucionado algo que yo consideraba irremediablemente roto. Amor… ¿era eso lo que se insinuaba en los brazos de Yuri y en mi corazón que se había jurado jamás imaginar aquella palabra? ¿Era eso?

No lo supe, aún no lo sé pero aquella verdad me aterraba. Una vez que estuve en la cama, siendo consciente de que Yuri me miraba en la oscuridad, aquella frase de mi abuelo me asustaba. Yo no quería amor, yo no quería nada de aquello y me decidí a ahuyentarlo como si se tratara de la peor de las pesadillas que un ser humano podía llegar a sentir. Antes de caer dormido, vi los ojos tristes de mi abuelo diciéndome que podía ser algo mejor que eso pero mi decisión estaba tomada: no iba a dejar que lo que había en los brazos de Yuri y que se había colado en mi alma creciera, no podía dejar que eso pasara. No abuelo, no puedo, de verdad no puedo…

Fue por eso que mis ojos lo miraron con lástima, en vez de agradecimiento cuando lo vi. Es por eso que me reí cuando la pregunta brotó de sus labios, rompiendo el tenso silencio que había entre los dos al mirarnos frente a frente, aquel silencio que sólo estaba matizado por las gotas de lluvia que golpeaban el suelo de mármol del patio de la Academia. Me reí, me reí como si él hubiera dicho lo más gracioso del mundo… ¿Qué si no recordaba nada? ¿Que si todo siempre era así de simple para mí?

—No sé de qué hablas— dije yo levantando los hombros en señal de no comprender a qué venía toda aquella chapucera escena de rabia y decepción—. La profesora Baranovskaya me dijo que te buscara, y aquí estás. Ahora, ¿Podrías venir conmigo? Todo el mundo está esperándonos para poner en escena ese dueto idiota de amor eterno o algo así que los dos debemos bailar…

— ¡Respóndeme! — dijo él con los puños cerrados a sus costados—. Sólo dime por qué lo haces, por qué haces todo esto, sólo dímelo Victor. Solo quiero entender por qué te acercas y después te alejas, solo dime eso y te juro que te dejaré en paz, te lo prometo pero no puedo seguir así ¿No sabes lo confuso que es todo?

—No entiendo de qué hablas, Yuri— dije yo empezando a impacientarme—. Si quieres que te alabe y me postre ante ti por lo que hiciste ayer, no lo haré. Tampoco te daré explicaciones, no te las debo. Nadie te obligó a hacerlo, ¿o sí? No soy una persona que agradece algo que no pidió ¿entiendes? Así que deja de hacer este drama y ven conmigo, o si no quieres venir, simplemente toma esto. Es la canción estúpida que vamos a bailar, he de admitir que sólo lo hago porque quiero molestar a tu novio… ¿Imaginas qué cara va a poner cuando nos vea pretendiendo ser una pareja de recién casados?

—Lo recuerdas, de verdad lo recuerdas…— dijo Yuri con la voz mortalmente herida, como si mis palabras se hubieran transformado en dagas atravesando su alma, sus ojos color chocolate llenos de dolor—. Lo recuerdas pero no te importa, no es…

—Nada…—dije yo sin tanta animosidad ya, empezando a preguntarme qué demonios estaba haciendo—. No significa nada. Sí, me abrazaste. Sí, me viste llorar, gran cosa. Quizá si hubiera sido sexo de consolación habría significado algo, pero la verdad es que…

Su puño impactó en mi cara y yo no opuse ninguna resistencia. Me lo merecía, mis palabras sonaban tan mal, las cosas que estaba diciendo… ¿De dónde venían? ¿Por qué estaba haciendo algo así? ¿Por qué había hecho que Yuri me mirara con sus hermosos ojos llenos de odio?

—Para mí tampoco significó nada— dijo Yuri respirando con dificultad—. Alguien como tú, alguien tan estúpido y cobarde como tú no merece que alguien se preocupe por él. Tienes razón, tú eres suficiente para ti mismo, sigue así Victor. La verdad me alegra que nadie tenga que soportarte pero adivina ¿qué? Tú vas a tener que vivir contigo toda la vida y no creo que sea algo agradable, no cuando te odias a ese grado, al grado de pretender que nada importa. Está bien, quédate con tu soledad entonces. No eres mi problema, no eres nada para mí, nada…

Yuri arrebató de mis manos el disco en el que la canción que bailaríamos se encontraba, y empezó a caminar lejos de mí dejándome ahí sin nada para contestarle, porque él tenía razón: soy un cobarde, de verdad soy un cobarde como mi padre, un cobarde que está orgulloso de decir que no es capaz de sentir nada.

Los pasos de Yuri se perdieron en el corredor dejándome con el silencio y con la constancia de aquella soledad rodeándome. No sólo la soledad del momento sino la soledad que me había rodeado toda la vida. Ayer, en los brazos de Yuri Katsuki, había vislumbrado otro tipo de mundo, un mundo donde la compañía era posible y no sólo uno de los deseos que mi corazón aprendió a negar tan bien a lo largo de los años. Pero en ese instante aquel mundo parecía alejarse, parecía desvanecerse junto al rastro de la colonia de Yuri que se perdía en el aire.

Era como perder la posibilidad de un sueño, como si la idea de tener a Yuri al lado mío fuera ahora más imposible de lo que ya era. Como si estuviera condenado a vivir aquella pesadilla que yo mismo había creado, creyendo que eso era lo mejor para mí. Dejé que Yuri se fuera, yo mismo lo había alejado.

El reloj marca ahora diez minutos para las cinco y la constancia de que Yuri no vendrá se hace más grande. Mis ojos vuelven a mirar el disco de nuestra canción, esa canción que ya no existirá y algo dentro de mi parece empezar a morir y me pregunto por qué la muerte se ensaña de ese modo conmigo. Me arrebató a mi abuelo, a la única persona que parecía entenderme y escucharme. Ahora me arrebataba aquel sueño, pero algo en la soledad de esta sala me dice que fui yo mismo el que asesinó a su propio sueño.

"Te he amado durante mil años". Dice la canción, "Te seguiré amando durante mil años más"…

¿Es eso posible?

¿Es posible amar a alguien de ese modo, o si quiera por un día?

No lo sé, nunca lo he sabido y sé que no lo sabré. No, porque Yuri Katsuki no vendrá y él tiene razón: siempre estaré solo, es mi destino estar solo siempre como lo ha sido en toda la historia de la familia Nikiforov. Suspiro resignado antes de levantarme y mis ojos se abren de par en par porque Yuri, vestido con ropas que no son el uniforme azul claro de la Academia me mira desde el marco de la puerta con una mirada seria pero tranquila que sin saber por qué acelera el ritmo de mi corazón.

Él está aquí. Él está aquí y no puedo creerlo del todo.

Él se ha ido ya.

En realidad no sé si durante este primer día de práctica estuvo aquí puesto que en realidad estuvo ausente, lejano. Hay veces que la presencia de una persona te hace sentir completamente solo y esta fue una de esas veces.

En el justo instante en el que cerré mi diario para enfrentarme a él, supe que Yuri Katsuki aún no me había perdonado por ser un imbécil y en realidad tampoco esperaba que lo hiciera.

—Disculpa la demora y también la ausencia en la práctica de soccer, el director Feltsman me permitió ausentarme unos días— dijo él y en realidad no sabía qué contestarle cuando se dirigió a mí—. Mi madre sufrió un accidente hace una semana, está bien pero necesitará unas vacaciones de la gerencia de nuestro hotel de Moscú. Papá la trajo aquí a San Petersburgo y yo fui a cuidarla, ya que Mari, mi hermana, estaba en un congreso internacional de negocios en Estados Unidos y llegó hoy. Es por eso que no había podido venir a clases, ni a las prácticas. Estás en todo tu derecho de castigarme, lo entiendo. La verdad pensé que no estarías ya aquí…

—Aquí estoy…— dije yo, poco acostumbrado a la frialdad de su mirada y de sus palabras—. No habrá castigo, fue una emergencia familiar y yo…

— ¿Entiendes? — dijo él con una sonrisa burlona de la que yo mismo me hubiera sentido orgulloso—. No, claro que no entiendes. Nada te importa, discúlpame por aburrirte con explicaciones… ¿Has aprendido ya los pasos de la canción? La profesora Baranovskaya me dijo que había trabajado contigo esta semana…

—Sí, aprendí la coreografía… ¿y tú?

—La sé de memoria desde hace años— dijo él y se dirigió hacia el aparato de sonido del estudio de danza en el cual empezó a preparar la música de nuestro dueto y lo miré sonreír de forma burlona mientras lo hacía—. Era predecible que la profesora Baranovskaya eligiera esta canción.

— ¿Por qué? — dije yo sin poder evitarlo.

—Una vez le dije a la profesora Baranovskaya que esta es la canción que me gustaría bailar el día de mi boda y ella me ayudó a coreografiarla por pura diversión— dijo él y después se rio de sí mismo—. Pero puedes añadir eso a la lista de cosas que te importan una mierda… ¿Podemos empezar a ensayar ya? De ese modo la tortura terminará antes para los dos ¿No crees?

Intenté sonreír, burlarme de él, decirle que efectivamente la lista de cosas que me importan una mierda es bastante larga pero no lo hice. Él jamás se había portado así conmigo, él no era el Yuri del que yo… ¿Del que yo qué?

Sus manos y piernas empezaron a moverse al ritmo de la canción y yo seguí mirándolo, intentando descifrar que demonios había sucedido. Su expresión se relajó mientras bailaba sin mí y una inevitable dulce sonrisa apareció en sus labios y mi sangre hirvió de rabia porque esa es la canción que él bailará el día de su boda y sé que no lo hará conmigo. Y de pronto comencé a odiar a ese asqueroso extraño que sostendrá su mano y me dije, no, me juré, que encontraré mi camino de vuelta hacia él. No sé cómo lo haré, ni siquiera sé por qué estoy sintiendo todo esto pero… voy a hacerle saber a Yuri Katsuki que él me importa, voy a hacerle honor a la memoria de mi abuelo.

Seré valiente, tengo que ser valiente al menos por esta vez porque si es verdad que tengo la capacidad de amar, quiero que todo ese amor se quede en los brazos de Yuri Katsuki…