Capítulo XI

¡Grata Sorpresa!

Esa noche me acosté pensando en Edward y desperté pensando en él…

Estuve en cama hasta cerca de la una y mi corazón parecía haber perdido algo…necesitaba de él, verlo, hablar… Mis ansias por sentirlo conmigo eran infinitas y estaba al borde de la locura por no tenerlo. Esa misma tarde me pasé todo el día encerrada, dilucidando mi futuro amoroso. Cerca de las cuatro llegó a buscarme Alice. Venía especialmente contenta y sus ojos dorados destellaban alegría. Cruzamos hacia su puerta, pero antes de entrar me detuvo.

- Isa, te voy a presentar a mi hermano menor… y quiero que sepas que él es muy importante para mí –parecía una advertencia.
- ¿Estás segura? –enarqué una ceja, porque no estaba tan convencida de querer conocerlo… no necesitaba un tercero en mi vida… ya con dos era suficiente, y por como me hablaba de él, de seguro que era para que nuestra relación fuese algo más que amistad.
- Sí, por supuesto –sonrió.

Cuidadosamente abrió la puerta de su habitación y ¡Ahí estaba él! Tan hermoso como siempre… no sabía si correr a sus brazos o irme… Mi respiración empezó a acelerarse y sentí como si estuviese viviendo un sueño, entonces miré a Alice.

- ¿Siempre lo supiste? –la miré sorprendida.

Asintió algo culpable.

- Pero ¡Alice! ¿Cómo no me lo dijiste antes? –Edward me miraba perplejo.
- Lo siento, aún no era tiempo…, primero debía conocerte bien –sonrió y bajó la cara en un gesto de timidez.
- Ahora los dejaré solos, creo que deben conversar.

Poco a poco me fui acercando a Edward. Él me esperaba algo ansioso, se notaba en la mirada, en esos bellos dorados líquidos. Cuando estuve por fin a su lado lo abracé con tanta fuerza que sentí que moriría de la impresión, mi pecho se comprimió y tuve ganas de llorar. Él acariciaba mi cabello con sus gélidas y hábiles manos de príncipe encantado.

- No te vuelvas a desaparecer de esa manera… -le dije angustiada, pero feliz de verlo.
- No, te lo juro –tomó mi rostro entre sus manos y acercó sus exquisitos labios cereza a los míos.

Nos besamos con tanta ternura, que sentía el corazón galopante de alegría. Me abrazaba con fuerzas y yo a él, creo que recién en ese momento me di cuenta de la verdad: lo amaba, y ni siquiera yo sabía como podía ser tan fuerte ese sentimiento. Los besos y las caricias comenzaron a subir en intensidad, hasta que Edward se separó de mí.

- Bella, quiero que esta vez hagamos todo bien –parecía suplicante –creo que debemos esperar…, aunque yo quiera estar contigo tanto como tú conmigo –sonrió y su rostro pálido como la nieve se veía aún más bello.

Rápidamente me di cuenta que nuestra relación había dado un vuelco, ahora era más tranquila, más pausada. Besó mi frente y luego mi nariz, para terminar en mi boca.

- Te amo Bella, eres el amor de mi vida… te lo digo muy enserio –sus ojos casi se llenaban de lágrimas.
- Tú eres muy especial para mí Edward… -lo miré queriendo besarlo, entonces nuevamente acercó sus labios a los míos y me besó con ansias de amor.
- Mi amor… tú eres mi luz de vida, sin ti nada tiene sentido… -sus ojos tostados se humedecieron o al menos, parecieron.

Nos pasamos toda la tarde, contemplándonos y besándonos muy apaciblemente, pero nuestra relación de afianzó mucho más. Sentí que lo amaba y lo conocía desde siempre ¡Ahora si que no podría escapar de este sentimiento! Tan profundo e invasivo.

- Y Alice… siempre lo supo –sonreí mientras acariciaba sus frías manos de vampiro.
- Sí. Yo le pedí que viniera para cuidarte… ¿Te acuerdas que te dije que alguien te protegería y que tú ni siquiera lo notarías? –rió, torciendo esos exquisitos labios cereza.
- Verdad ¡Se me había olvidado! En realidad ese día estaba más preocupada de que te enojaras conmigo –fui sincera –pero, Alice es una traicionera ¡Nunca me dijo nada! Lo único sospechoso era que me hablaba demasiado de su hermano menor, que lo adoraba y que me lo tenía que presentar –reí –mientras a mí me daba lata pensar en conocerte, porque no quería más enredos en mi vida…
- Bueno la idea era que te hubieses enterado antes, pero te fuiste de vacaciones –parecía triste con esta última frase.
- Sí. Lo siento… es complicado Edward.
- Está bien, ahora sólo deja mirar lo hermosa que eres –me tomó por la cintura y me sentó en sus piernas –¿sabes cuántas veces quise venir a verte? –sonrió y sus ojos tostados se iluminaron.
- ¿De verdad? Pensé que no te importaba nada…
- ¡¿Cómo dice eso?! Eres lo mejor que me ha pasado en la vida Bella –acarició mi pelo.
- Es que como te desapareciste…
- No tenía opción… Además, muy pronto te reconciliaste con Ethan –sonaba tan extraño que Edward se refiriera a Ethan como Ethan, y no como tu novio o algo por el estilo.
- Bueno, es verdad… -lo miré fijamente –Edward es muy complicado… debo decidir, lo sé, pero no es nada fácil, no quiero hacerle daño a Ethan.
- Lo sé mi amor –cogió mi pelo con una mano, lo enrolló y lo pasó por encima de mi hombro.

Era tan enormemente comprensivo ¡Era perfecto! Nadie más entendería mi situación, sólo Edward. Sus ojos brillaban de emoción y yo lo adoraba…

La noche llegó sorpresivamente y nosotros ni siquiera habíamos encendido la luz de la habitación.

- Edward… si volviera a nacer no dudaría en quedarme contigo…, te adoro y amo este infierno-paraíso que vivo cuando estoy contigo –reí.
- ¿Infierno? –parecía preocupado.
- Así es…, porque no puedo estar contigo lo suficiente…, quisiera tenerte conmigo siempre, junto a mí y en mí –sonreí algo ruborizada, pero como estaba oscuro él no lo notó, pero lo que si sintió fue como mi corazón se empezó a acelerar a mil por hora.
- Lo que más quiero es estar contigo Bella –pude sentir su mirada fulminante en medio de la oscuridad –tú eres la única persona que puede arreglar mi vida y transformarla en algo sagrado –suavemente entreabrió mis labios con los suyos.
- Y ¿qué haremos Edward? –respondí al contacto de sus labios carmesí.
- Sólo depende de ti… -besó mi cuello cuidadosamente.
- No lo sé… -mi sangre hervía al sentir su piel suave y fría.

Nuevamente se echó para atrás para bajarle las revoluciones a la situación.

- Perdona Bella, pero no quiero que esto se convierta sólo en estas "visitas". Tú eres mi vida… llevo generaciones esperándote… -torció sus bellos labios de miel.
- ¿Por qué hablas de generaciones?
- Porque así es mi Bella…, por eso no te escaparás tan fácilmente de mí… -desvió el tema.

Me acerqué nuevamente a él para besarlo y saborear esos deliciosos labios, frescos, suaves y húmedos ¡Realmente era un manjar de dioses! Y no me dejaba continuar ¡Que fastidio! Sin embargo, tenía razón… , aunque me costara aceptarlo.

De un momento a otro nos encendieron las luces ¡Era Alice! Venia muy contenta y de la mano con rubio, alto, muy estupendo ¡Su novio! ¡Jasper! Y había sido uno de los chicos que había ayudado a Edward cuando August intentó acabar conmigo…

- Ahora si nos podemos conocer bien –sonrió Jasper, iluminando sus ojos dorados, algo más oscuros que los de Edward y Alice.
- Sí, muchas gracias… creo que no hubiesen llegado a tiempo ¡Uf! No estaría aquí ahora.
- De nada…, es lo menos que podíamos hacer, sino nuestro querido hermanito nos mata –le dirigió una mirada a Edward.
- ¿Han sabido de August? –pregunté algo inquieta.
- Hemos intentado mantenerlo al margen. Él sabe que te estamos custodiando –Edward acarició mi espalda.
- ¿En serio?
- Sí –contestó Edward.
- Entonces por eso no ha vuelto, sin embargo…
- ¿Qué pasó Bella? –ahora Edward parecía alterado.
- Me envió un mensaje…

El rostro bello y perfecto se desfiguró.

- Creo que tendremos que tener aún más cuidado –miró Jasper a Edward, como tranquilizándolo.
- ¿Te molestaría si me quedara de vecino tuyo? –mi dirigió una mirada plagada de amor infinito.
- No. Por supuesto que no…

Edward sonrió.

- Entonces me quedaré vigilando día y noche que no te pase nada –sonrió, dejando al descubierto sus perfectos dientes de mármol

Alice y Jasper sonrieron al unísono.

- Más bien parece una excusa –dijo Alice muy complacida.
- Puede ser, pero a mí no me molesta en absoluto, todo lo contrario ¡Feliz que por fin deje de desaparecer! –dirigí una mirada a Edward.
- ¡Uy, por Dios! Tanto amor que se respira en esta habitación –dijo Jasper algo jocoso.
- Y ¿Qué haremos para celebrar que están nuevamente juntos? –Alice parecía muy entusiasmada.
- ¿Nuevamente? –enarqué una ceja.

Hubo silencio general por un minuto.

- ¿Cómo es eso Edward? –le pregunté intrigada.
- Son tonteras de Alice –me sonrió y entrecerró los ojos.
- Sí son tonteras mías –dijo Alice muy convincente y con una gran sonrisa en los labios –pero ¿Qué haremos? –su voz era muy alegre.
- ¿Bella? –me miró Edward.
- Mmmm, no sé, lo que ustedes quieran…-estaba confundida.
- Entonces ¡A bailar! –casi gritó Alice.
- ¿A bailar? ¿Dónde? –pregunté casi asustada.
- No te preocupes Bella, ¿por qué te puedo decir Bella cierto? –rió –no será el lugar que conoces…
- Está bien –no quería decirlo, pero en ese galpón había muchísima gente conocida y no quería que Ethan se enterara… por terceras personas.

Partimos los cuatro en el jeep de Alice. Nos fuimos a un lugar muy retirado, casi a dos horas de la facultad. Cuando llegamos había muchísima gente y Alice rápidamente nos arrastró a todos a la pista de baile. Después de bailar muchísimas canciones, nos detuvimos un rato, porque yo al menos, estaba exhausta. Edward me fue a buscar una bebida y antes de que llegara de vuelta, vi el rostro deformado de Phillip, sus rizos rubios parecían haberse engrifado y una sonrisa irónica invadía sus labios.

- Veo que te diviertes Isa…creo que hay gente que estaría muy interesada en saber que estás aquí… –su mirada inquisidora me lo dijo todo.