DIARIO DE YURI KATSUKI

Noviembre 12

Me siento tranquilo, tan tranquilo como no me había sentido en días. Creo que ese dicho en el que afirman que después de la tormenta llega la calma, es cierto de algún modo. Creo que toda esta calma tiene que ver con el consejo que me dio mi madre, consejo que he tratado de seguir al pie de la letra desde que lo escuché. Ella me pidió que no huyera y que fuera sincero con mi corazón y eso intento hacer.

Porque la verdad, después de mi último encuentro con Victor, lo único que quería hacer era esconderme y no tener que volver a verlo nunca más, olvidarme de él. Sin embargo, mamá tuvo razón al decirme que todo aquello de lo que intentas huir acaba persiguiéndote tarde o temprano y lo cierto es, que debajo de toda la animadversión que Victor pudo haberme causado, el deseo de poder entenderlo es más fuerte que todo lo demás en mi interior. Sí, sin duda alguna soy una especie de idiota masoquista que no es capaz de aceptar que Victor Nikiforov de verdad no tendrá un lugar para mí en su vida y lo más estúpido, es que me parece que yo quiero un lugar en ella.

Suspiro, no puedo evitarlo. Sin duda alguna la parte de no huir de Victor es más sencilla que esa otra que implica ser sincero con lo que siento, con lo que quizá siempre he sentido por él. Justo ahora, mi confusión inicial ha transmutado en otra cosa, ha cambiado por un panorama amplio que, aunque es claro me aterra bastante: porque he descubierto que quizá he estado engañándome a mí mismo desde el principio.

Y es que he descubierto que mis sentimientos por Victor Nikiforov son algo aterrador pero también algo bastante profundo. Aun no sé qué nombre darle a toda esa maraña de emociones contradictorias que parecen doler hechas bola en mi pecho pero sé que tengo sentimientos por él, sentimientos que me hacen ser aún más idiota que de costumbre. Sí, me siento idiota y sobre todas las cosas me siento culpable también al pensar en Phichit, al pensar en cómo lo metí en esto, en toda esta revolución que parece no tener pies ni cabeza.

Sé que debo hablar con él pero esa sola posibilidad me aterra, me llena de temor. Porque sé que debo ser sincero pero la verdad hiere y creo que preferiría morir mil veces antes que lastimar el corazón de Phichit pero si no lo hago a la larga terminaré hiriéndolo de forma más profunda ¿no es así? Y es que además de ser idiota parece que también soy un jodido cobarde.

Pero el día en el que volví a ver a Victor después de haber estado ausente por una semana de la Academia Feltsman, y hoy durante mi primera practica seria con el equipo de soccer, he vuelto a comprobar que no puedo estar lejos del señor Nikiforov y además de todo eso, parece ser que mi manto de frialdad, ese manto detrás del cual me oculto para no permitirle que me haga daño de nuevo, ha funcionado.

Sí claro, mamá me aconsejó ser sincero pero he descubierto que eso no funciona con Victor al menos que tengas un as bajo la manga, es decir, al menos que te sientas seguro frente a él. Y el día que lo miré de nuevo, de verdad me sentí seguro, vamos, no esperaba que me explicara nada, no quería sus disculpas que viniendo de él sonarían completamente falsas, pero no me esperaba ver tristeza en sus ojos, sigue habiendo tristeza en sus ojos azules y creo que aquella emoción en sus pupilas por poco hace que me sintiera débil ante él pero no, no puedo hacer eso.

Y es que sus palabras me hicieron sentir en el infierno, mi vida se sintió como un infierno después de aquel episodio y tal parecía que eso era solo el inicio. Y es que era como si después de ese episodio con él y de un momento a otro mi vida se volteara de cabeza. Después de hablar con Victor, o mejor dicho, después de gritarle a Victor, mi padre me llamó diciéndome que mamá había tenido un accidente mientras conducía al trabajo y que habían decidido que pasara unos meses lejos de todo aquel drama, descansando y reponiéndose de la fractura de fémur que fue el resultado del choque que había sufrido.

En aquel momento, a la tristeza que me habían causado las palabras de Victor se unió la preocupación de que algo de verdad malo le pasara a mi madre. He de decir que ella es la persona a la que más cercano me siento en todo el mundo, y el sólo hecho de pensar que había estado a punto de perderla era enloquecedor. Cuando llegué a la casa, mi padre, Toshiya Katsuki, estaba esperando por mí en la sala y me recibió en sus brazos con un fuerte abrazo que mitigó un poco de mi angustia. Papá lucía elegante y alegre como corresponde al presidente de nuestro consorcio hotelero, con su cabello oscuro ordenado y sus ojos marrones llenos de inquietud detrás de sus gafas de montura cuadrada.

— ¿Cómo está mamá? — dije yo tratando de guardar la calma— ¿Qué fue lo que pasó? ¿De verdad fue un accidente? Sé que han estado teniendo problemas con otros dueños de franquicias hoteleras, sé que los negocios son algo despiadado y...

—No, no, Yuri, esto fue un accidente, solo un accidente— dijo papá tratando de lucir realmente convencido de sus palabras—. No debes preocuparte, solo debes cuidarla. Le he pedido a Yakov Feltsman que te deje quedarte en casa algunos días mientras Mari vuelve de Estados Unidos. No quiero que te preocupes de nada mientras tanto ¿está bien? Tienes que concentrarte en los estudios, Yuri, todavía quieres ser el presidente de nuestro consorcio algún día ¿no es cierto?

—Es cierto...— le respondí a mi padre porque aquello era verdad, desde que era niño, no he soñado con hacer otra cosa más que seguir construyendo la historia de nuestra familia en los negocios—. Y eso seré, sigo siendo el mejor alumno de la clase y podré a cualquier universidad que desee...

—Lo sé...— dijo mi padre revolviendo mi cabello del modo cariñoso en el que siempre lo hace—. Así que anda vamos a cenar y después podrás ve a ver a mamá, sé que te ha extrañado mucho, pero ahora debemos dejarla descansar un poco...

Mi padre y yo cenamos juntos aquella noche y después de eso, sin poder evitarlo, entré en la habitación de mamá para poder observarla. Su pierna estaba enyesada pero su rostro estaba tranquilo, sus labios parecían sonreír. Su cabello castaño que llegaba hasta sus hombros, descansaba en su almohada y yo no pude evitar sonreír. Amo a mi madre, la amo tanto que mi corazón habría podido morir para siempre si algo peor le hubiera pasado. Me quedé mirándola un rato más y después salí de su habitación porque a pesar de que quería abrazarla, también sabía que ella necesitaba descansar.

Mamá no despertó sino hasta la mañana siguiente por causa de la medicina que el doctor le había recomendado para aliviar el dolor de la fractura. Al día siguiente entré a verla usando aún el uniforme de la Academia Feltsman, creo que me quedé dormido sin darme cuenta y sin ponerme el pijama porque había estado dando vueltas en la cama pensando en el desastre en el que se había convertido mi vida y en ese momento estaba decidido a no ir al entrenamiento de soccer nunca más y a pasarme por el arco del triunfo la orden de la profesora Baranovskaya acerca de bailar a dueto con Victor Nikiforov. No quería volver a la Academia Feltsman, de verdad tan solo quería quedarme con mamá para siempre y esconderme ahí, no me sentía con fuerza suficiente para volver a la rutina.

De verdad no me sentía con fuerza suficiente para hacerlo, mi corazón no alcanzaba para eso. Había pasado la noche en vela en mi cuarto escuchando una y otra vez las palabras que Victor me había dicho, sabiendo que para él yo era menos que nada, sólo un juego, un juego más como deber serlo todo en su vida. La tristeza pronto le dio paso a una rabia inmensa y decidí que si Victor había sido un maldito conmigo, así debía ser yo también con él. Me importaba un bledo el castigo del director, me importaba un bledo no poder volver a ser el bailarín principal de nuestro grupo de baile. Me estaba arriesgando a perder algo que de verdad me hacía feliz pero el rechazo que me causaba la idea de estar cerca de Victor una vez más era más fuerte.

Suspiré y cuando entré a la habitación de mi madre, ella me recibió con la sonrisa más deslumbrante del mundo y yo corrí hacia ella olvidándome de mis preocupaciones en un solo instante.

— ¡Mamá! — le dije y ella besó mi frente— ¿Por qué dejas que todo eso te pase, Hiroko? ¿Es que quieres dejarnos huérfanos a mí y a Mari?

—Siempre tan aprehensivo, hijo mío— dijo ella sin dejar de sonreír—. Eres idéntico a tu padre. De verdad Mari y yo nos quedamos con las almas libres en esta familia...

Los dos nos echamos a reír con sus palabras y la amargura que me había acompañado en las últimas horas pareció desvanecerse un poco. Mi madre estaba bien y ahora estaría un poco más cerca de mí, de verdad no me causaba ninguna molestia cuidar de ella por unos días y estaba feliz de no volver a la escuela.

— ¿Por qué sigues usando el uniforme de la escuela, Yuri?- dijo ella con una mirada un poco preocupada y me sobresalté al pensar que quizá había notado que debajo de mi sonrisa se encontraba aún demasiada tristeza—. Toshiya me dijo que no tendrías que ir a clases por unos días ¿te encuentras triste porque no podrás ir? Le dije a tu padre que no es necesario que te quedes aquí el día entero, sé que debes querer estar con tus amigos, con Phichit y el grupo de danza y...

— Eso no importa ahora, mamá— dije yo tratando de poner todo el entusiasmo del universo en mis labios— ¿Cómo te sientes tú? ¿Por qué falló esta vez tu equipo de seguridad? ¿Sabes cómo le está yendo a Mari en Estados Unidos?

—Yuri...— dijo mi madre en un tono serio que solía usar sólo en ocasiones muy específicas— ¿Qué está pasando? ¿Has tenido algún problema con Phichit? Hijo, esas cosas de novios siempre son un caos, pero sabes que puedes contarme lo que sea, debo decir que antes de tu padre, tuve demasiada experiencia en novios, no le digas a Toshiya que te dije pero...

—No es Phichit...—dije yo sin poder evitarlo, sintiendo que de verdad tenía que contarle a ella—. No es acerca de Phichit, mamá...

Un suspiro pesado escapó de mis labios y después, un torrente de palabras siguió el mismo camino. Aquello siempre pasaba solamente con mi madre, estaba seguro de que ella entendería, de que no me juzgaría, de que me dejaría expresar todas esas ideas que me estaban matando por dentro. Le conté de Victor, le hablé de él sintiendo en mis huesos todo el dolor que pronunciar su nombre me causaba. Le hablé de él describiéndole todo con detalle, la impresión que había dejado en mi desde el primer momento y todos esos sentimientos confusos que su existencia causaba en mi interior, todo lo contradictorio que era porque yo quería a Phichit, pero Victor era como una presencia en mi corazón que parecía decidida a devolverme a él una y otra vez, como si se tratara de un imán o eso a lo que los poetas le llaman destino.

Le hablé a mi madre de mi castigo en el equipo de soccer, le hablé del abrazo, le hablé de la última discusión y sus ojos color avellana no dejaron de sostenerme todo el tiempo. No volví a llorar, pero cuando terminé de hablar la tristeza me invadió de nuevo. Victor me seguía doliendo y yo quería escapar a como fuera lugar a aquel dolor...

—Huir no es la respuesta, cariño—dijo mi madre tomando mi mano entre la suya—. Si este Victor Nikiforov te importa a tal grado, no creo que debas escapar de él, estoy segura de que él te quiere cerca pero no sabe cómo decirlo.

—Ayer me dejó muy claro que no le importo, mamá—dije yo con verdadero pesar—. Y creo que me dijo la verdad...

—No debes juzgar a la gente por sus palabras, hijo, las palabras mienten— dijo ella con una suave sonrisa—. Son las acciones las que te acercan más a la verdad. Victor pudo haberte dicho que no le importas, pero creo que lo que ha hecho dice otra cosa: ese castigo es sólo un pretexto para estar cerca de ti, te dejó sostenerlo cuando pudo haberte mandado al diablo de una vez y más importante aún: estoy segura de que ese chico debe estar esperándote ahora mismo para ensayar el dueto de la fiesta de la Academia. Y si yo fuera tú, me encontraría con él.

—Pero...

—Tienes miedo, claro —dijo ella con una alegre sonrisa —. Creo que has tenido miedo por mucho tiempo, pero eres un Katsuki y gracias al cielo heredaste la determinación de tu madre y el coraje de tu padre. Mira Yuri, el miedo lo complica todo, y muchas cosas pueden cambiar, pero no debes seguirle mintiendo a tu corazón y tampoco a Phichit. Si tu corazón está en otra parte, si él desea estar con alguien más, bueno... date la oportunidad de vivir la aventura, Yuri, ser valiente es algo de lo que una persona jamás va a arrepentirse.

Mi madre mi guiñó un ojo y yo me aferré con más fuerza a su mano. Ella tenía razón pero el pánico de estar cerca de Victor estaba ahogando el valor de mi interior. Pero es que era verdad, las palabras eran solo palabras y tenía que averiguar si había algo más debajo de ellas, saber si en verdad había algo más en Victor de lo que él quería dejarme ver.

Fue así como me sentí un poco más tranquilo. Dejé que los días pasaran sin pensar demasiado las cosas, solo quería sentirme cercano a mamá mientras pudiera hacerlo y finalmente, el día de volver a la rutina de la Academia llegó.

Lo más difícil fue reencontrarme con él, con Victor. Al menos en clases había podido pretender que no lo había visto, pero ir al ensayo del dueto que la profesora Baranovskaya ya había establecido sería mi prueba de fuego. Debo admitir que me tardé más de lo esperado en acudir a la cita y cuando llegué al estudio de danza, mi corazón pareció detenerse un minuto completo cuando al abrir la puerta, me encontré de frente con la figura de Victor Nikiforov esperando por mí. Mis ojos se abrieron de par en par al verlo de pie en medio de la sala, con el disco de nuestra canción tirado en el suelo y sus ojos azules llenos de una sorpresa igual a la que había en los míos. Victor estaba ahí. Victor había esperado casi una hora por mí y el significado de aquella acción de verdad era más fuerte que todas las palabras que había pronunciado la última vez que lo vi.

Sin embargo, no dejé que la emoción de aquel descubrimiento me nublara la mente. Caminé hacia él y lo traté con la misma frialdad y burla con la que él me hubiera tratado. Pero él parecía inmune a todo eso, parecía estar sorprendido o agradecido de que yo estuviera ahí, no pude descifrar nada en ese momento. Sólo sé que después de un intercambio corto de palabras, mis manos y mis piernas empezaron a interpretar la danza de una de mis canciones favoritas, la canción que desde que conociera a Victor, imaginé bailar con él en el baile de graduación, la canción que bailé mil veces con él en mis sueños desde que sus ojos azules aparecieron en mi vida.

Sonreí sin poder evitarlo, sonreí porque aquel baile jamás sería real, pero al menos pretendería bailarla con él en el festival. Sé que era estúpido sentir todo aquello pero no podía evitarlo. La música del piano, el dulce comienzo de aquella melodía hacia que mi corazón latiera con fuerza y que por mis venas corriera un torrente de emoción que no podía contener. Aquella canción era hermosa y no me importaba que Victor Nikiforov no opinara lo mismo, porque de todos modos tendría que bailar esa canción conmigo y yo estaba estúpidamente feliz porque al menos aquella parte de mi sueño sería posible.

Debo decir que no dejé que Victor bailara conmigo, no dejé que me tocara. Aun no me siento lo suficientemente fuerte para soportar su cercanía. Aquel ensayo fue algo extraño porque me limité a practicar mis movimientos de baile con la mirada fija de los ojos de Victor sobre mi piel y aquello fue algo que no me importó demasiado. Él me estaba mirando, él me miraba. Por una hora, yo fui todo lo que Victor veía como él lo ha sido para mí desde hace tanto tiempo.

Al terminar el ensayo sé que él intentó hablar conmigo pero me faltó valor para escucharlo, en realidad no quería más palabras. Incluso hoy después de la práctica de soccer en la que Victor me ha asignado por fin mi posición en el equipo y los sorprendí a todos por mi velocidad y resistencia en el campo de juego, sé que Victor esperaba que hablara con él pero no quiero, no me siento realmente capaz de hacerlo. Temo que mi corazón vuelva a romperse, temo que él pueda ver lo mucho que me importa aun. Sí, sé que no podré huir eternamente de esto que siento y sé también que mañana definitivamente tendremos que bailar juntos de una buena vez y realmente no sé qué demonios pasará entre los dos cuando él me tome entre sus brazos...