Capítulo XII
Imán de Amor
Estaba absolutamente desprevenida… ¿Qué le diría a Phillip ahora? Me había pillado con las manos en la masa ¡In situ!… No tenía opción, debía enfrentarlo.
- Bueno, entonces
cuéntale a quien creas que sea necesario… –fui desafiante.
-
No es primera vez que te veo con tu "amiguito", porque es el
mismo de la noche de la Fiesta Medieval ¿cierto?
No respondí y continuó.
- Realmente no pierdes el tiempo cuando mi pobre
amigo no está… -fue extremadamente irónico.
- ¿Cuál es tu
problema conmigo? –lo increpé.
- Y ¿tienes dudas? No eres
fiable… -su rostro estaba fucsia de rabia, incluso se notaba bajo
las luces intermitentes y de colores del lugar.
- Tu problema no
va por ahí… es por tu sociedad secreta ¿cierto? –fui muy
dura.
- En parte, sí… Aunque me agradabas hasta que me di
cuenta que tenías a mi amigo con unos cuernos enormes… ¿Qué
pretendes Isa? Que Ethan sea el hazme reír de toda la universidad…
-rió irónico.
- Por supuesto que no –mi respuesta fui
instintiva.
Cuando la discusión ya estaba más que acalorada llegó Edward a mi lado.
- ¿Algún problema? –me preguntó
y dio una mirada furibunda a Phillip.
- No, ninguno –mentí.
-
¡Qué se diviertan! –Phillip dijo sarcástico, antes de dar media
vuelta e irse.
Quedé muy angustiada y Edward lo notó.
-
¿Estás bien? –me dijo muy preocupado –si quieres nos podemos ir
–sus ojos irradiaban comprensión.
- No, en realidad Phillip no
tiene por qué amargarme la noche… de todos modos lo sabrá… y de
mala manera –continuaba angustiada, no quería ni pensar en lo que
pasaría cuando Ethan se enterara ¡Me odiaría! Y yo no quería
eso…, pero no podría evitarlo, ya era un hecho.
Tomé de la mano a Edward y lo arrastré a la pista de baile. Él al principio pareció algo extrañado, pero de inmediato accedió. La música era muy sensual y comencé a bailar con Edward, en realidad para él. Edward era perfecto en todo, así que me siguió sin ningún problema, sentía su cuerpo y hálito frío en mi pelo… Sentía su cuerpo pétreo y perfecto bailar a la perfección y seduciéndome también, tal como yo lo estaba haciendo con él. Lo miraba fijamente a sus expresivos ojos tostados ¡Era hermoso! Su pelo broncíneo estaba perfectamente desordenado y sus exquisitos labios cereza sonreían ¡Parecía feliz y yo también lo estaba! Seguí la música y me aferré más a él, hasta que Edward me tomó por la cintura y me besó ¡¿Qué podía hacer?! Era lo que había estado buscando toda la noche… me dejé llevar por sus deliciosos besos y me perdí en el tiempo y el espacio, sin que nada ni nadie más, interviniera. Ni siquiera me importaba Phillip, en ese momento me interesaba un comino… después de todo, hablaría igual con Ethan, eso ya estaba escrito…
Edward me besaba muy intensamente y yo lo seguía. Su lengua era fría y suave ¡Era lo mejor que me podía pasar en la vida! Sus manos gélidas como la nieve y extremadamente hábiles, acariciaban mi cabello y de cuando en cuando, secaban mi sudor del cuello, y al sentir su piel a través de la mía, sentía una especie de corrientazo eléctrico que me invadía de pies a cabeza. Crucé mis brazos por su cuello largo y blanquíneo, mientras acariciaba también su pelo de plumillas, suave y extremadamente delgado. No podía evitar besarlo cada vez con mayor intensidad… Las luces del lugar emanaban golpes de luz blanca, lo que le daba un aspecto fantasmal a Edward, pero se veía aún más maravilloso, porque contrastaba con esos exquisitos labios rubíes, que no podía parar de besar. A esas alturas nada importaba, sólo Edward y yo…, estaba como hipnotizada, poco a poco iba cayendo en una especie de frenesí con su amor extraterrenal.
Bailamos toda la noche sin detenernos prácticamente. De tanto en tanto Edward me aferraba por la cintura hacia él e inclinaba su rostro para besarme. La noche se me hizo bastante corta, en realidad, cada hora con él era como estar sólo un segundo, siempre quería más… era imperante su compañía y más aún, sus besos de terciopelo. Perdí la noción del tiempo, cuando Alice se acercó a nosotros y me habló al oído.
- Recuerden que hay más gente…-me guiño un ojo y sonrió.
Miré a Edward y él sonrió. No pasó mucho tiempo más cuando Alice se acercó a mí nuevamente.
- Creo que es hora de irnos –sonrió.
¡Eran las cinco y media! ¡Cómo se había pasado volando la noche entera! Es que junto a Edward… no hay nada que hacer. Salimos del lugar y nos fuimos los cuatro a una especie de bosque que estaba muy cerca. Jasper estacionó y ellos se bajaron del auto, mientras esperaban que amaneciera… Mientras, nosotros que íbamos atrás, nos seguimos besando desesperadamente, amaba cada parte de ese ángel encantado. Me senté sobre sus piernas y él sonrió.
- Edward… -lo miré fijamente y acaricié un mechón
de su pelo broncíneo.
- Cullen –completó la oración riendo.
-
Gracias –lo volví a besar. Realmente era inconcebible de mi parte
que estuviera enamorada de un hombre que ni siquiera sabía su
apellido –es bueno saber al menos tu apellido –sonreí.
- ¿En
serio nunca te lo dije? –parecía extrañado.
Negué con la cabeza.
- Bueno Edward Cullen y ¿Qué le gustaría hacer
ahora? –fui suspicaz.
- Lo que tú quieras –besó mi mentón.
-
¿En serio? –enarqué una ceja.
- Menos eso… -dio una
carcajada.
- No te creo ¿En serio? –hice un puchero.
- Si mi
querida Bella, debemos conocernos más… Si quieres mi amor… te
dejo dormir, para que descanses, y en la tarde salimos ¿quieres?
–sus bellos ojos miel se iluminaron.
- ¿De verdad? ¿A pleno
día? –estaba sorprendida, casi no lo había visto a otra hora que
no fuera de noche.
- Va a estar nubladísimo… a punto de llover
–sonrió –no hay riesgo alguno.
- Sí, obvio, aunque no tengo
sueño, quiero estar despierta para estar contigo –acaricié su
rostro suave.
- Está bien –sonrió y torció las comisuras de
sus labios.
Por la ventana vi que ya venían Alice y Jasper de la mano hacia el jeep. Me situé en mi lugar del asiento y partimos de vuelta a la facultad. Sin querer, me apoyé en el hombro de Edward y no supe más de mí, me quedé profundamente dormida. Sólo me di cuenta cuando desperté en mi habitación y había una nota a mi lado de la cama.
Mi bella durmiente… te recogeré a las cinco…
de todos modos aquí te dejó mi número de teléfono (que creo
tampoco lo sabías).
9 8856473.
Un beso,
Edward
¡Oh, mi príncipe azul! Parecía salido de un cuento de hadas ¡lo adoraba! Cogí mi móvil y de inmediato anoté su número. Miré la hora y era pasado las cuatro y media. Velozmente me metí a la ducha, dejé caer el agua de la regadera, tibia y exquisita que me hacia recordarlo. Después de pensar en él todo el tiempo, salí del baño y me vestí cómodamente para mi cita. Miré la hora, eran casi las cinco. Tomé el secador de pelo e intenté domar mi pelo, lo que me resultó a medias. Apagué el aparatito bullicioso y escucho la puerta. Abrí y era él ¡Aaaaaaaaaaaaaah! Se veía perfecto. Venía con unos pantalones negros y una parka gris y debajo se asomaba una polera azul ¡Era realmente bello! ¡Era irresistible! Me lancé a sus brazos y él cruzó sus brazos por mi espalda, dejándome a su altura.
- ¿Estás lista? –sonrió, viéndose aún más fabuloso.
Asentí. Tomé mi cazadora, las llaves, un bolso y nos fuimos.
- ¿Dónde vamos? –pregunté intrigada.
- A
una tarde cultural –rió y se vio espectacular.
- ¿Dónde?
-
Bueno por la hora –miró su reloj -alcanzamos sólo a visitar dos
lugares: The Tower of London y Westminster Abbey.
- ¡Uf!
Westminster Abbey tenía muchas ganas de conocerla, eso de catedrales
medias góticas me gusta, pero desde que llegué aquí no he tenido
tiempo de otra cosa que no sea estudiar…
- ¿Querrás decir de
día? –sonrió
- Bueno, sí, la noche es distinto… -sonreí
avergonzada.
Esa tarde paseamos de la mano, como quienes son novios de toda la vida. Afortunadamente no me encontré con nadie… Esa tarde después de visitar los dos lugares que me tenía preparados Edward, nos quedamos en mi habitación y conversamos mucho, sobre todo de nuestras familias, y más que nada de la de él.
- Edward, tú me dijiste que en algún momento habías
pertenecido a un clan ¿cierto?
- Sí, pero ya no. La verdad
después de que Carlisle me convirtió, fue perseguido por este grupo
durante mucho tiempo, hasta que decidí ingresar.
- ¿Y tienen
exigencias especiales?
- Exigencias, n…no, pero se supone que te
escogen porque tus cualidades coinciden con las de ellos, o bien, les
pueden servir.
- Y ¿Qué cualidades son esas?
- Ser artista.
-
¿Qué te gusta hacer?
- Tocar piano, soy medio músico –sonrió.
-
¿En serio?
Asintió.
- ¿Y el resto de tu familia
perteneció al mismo clan?
- No.
- ¿Y de dónde son ellos?
-
Bueno, es diverso, pero los que estuvieron se alejaron, porque debías
seguir siendo un bebedor de sangre humana.
Mi cara tiene que haber sido de horror, porque inmediatamente intentó tranquilizarme.
- Pero… ninguno de nosotros bebe sangre
humana Bella…
- Nada de nada –dije abrumada.
- No, nada
-sonrió
- Entonces ¿De qué clanes eran? Por ejemplo… Alice
-insistí
- Mmmm, Alice no perteneció a ningún clan, pero fue
perseguida fuertemente por los Alquimistas.
- ¿Alquimistas?
¿Cómo es eso?
- Bueno, son una especie de "magos" de
nuestra raza y están muy ligados a la ciencia, son muy
intelectuales, pero tienen una especie de "poderes
extraordinarios", es por eso que seguían a Alice, ella puede
predecir el futuro, y eso era demasiado llamativo pare ellos, querían
reclutarla de cualquier modo, y lo más interesante, quien debía
arrastrarla a su círculo era Jasper, él era uno de ellos, por eso
todavía, aún viste con pantalones negros y si te fijas lleva un
talismán, pero renunció a todo por Alice. Él debía seguirla, pero
finalmente se conocieron y Jasper se enamoró de mi hermanita, claro
que en ese tiempo aún no estaba toda nuestra familia junta, ellos
fueron los últimos en llegar.
- Y ¿Qué tipo de cosas hacen con
sus "trucos"?
- Muchas, pero básicamente torcer la voluntad
de otros vampiros, para manipularlos, y con mayor facilidad a los
humanos.
- ¡Qué horror! ¿Y andan rondando cerca?
- Bueno, no
me he encontrado con ninguno aquí en Inglaterra, porque la mayoría
reside en Italia.
- ¡Uf! Esto de los clanes es algo complicado…
me da escalofríos… -mordía insistentemente mi labio inferior de
puro nervio –¿Y Carlisle? ¿Es el más antiguo de todos ustedes,
cierto? ¿A qué clan pertenecía?
- Carlisle, bueno, él convivió
en sus inicios y muchos años con los Bellatores, que son una
especie de realeza de los vampiros.
- ¿En serio? ¿Y él aún lo
es?
- No, renunció antes de que todos nosotros lo conociéramos.
Carlisle es muy noble, cualidad contrapuesta a esta especie, aunque
ellos lo siguen considerando parte de su clan.
- ¿Cómo son
ellos?
- Son "gente" muy bien relacionada, muy distinguidos y
sofisticados. Suelen entremezclarse muy bien en la alta sociedad
humana y están a la cabeza de muchas decisiones políticas y
sociales. La influencia es lo más importante pare ellos, y por
supuesto, Carlisle, no es así.
- ¡Qué complejo!
- Así es,
pero la verdad, ninguno de nosotros ha tenido problemas después de
renunciar a nuestros clanes de orígenes, todos han sido bastante
respetuosos con nuestras decisiones.
- ¡Qué bueno! Porque algo
así si que estaría fuera de mi alcance –sonreí.
Edward me quedó mirando ensimismado.
- ¿Qué sucede? –pregunté
intrigada
- Es que no te imaginas lo feliz que me siento al estar
contigo mi Bella –acarició mi rostro.
- Edward… no te vayas…
no te alejes de mí nunca por favor –le supliqué con la
mirada.
Entreabrió la boca, parecía sorprendido.
- ¿Cómo? N…no ¡jamás! Te adoro mi vida –acercó sus labios y los apretó fuertemente a los míos.
La lluvia se escuchaba muy fuerte en el parque de la facultad. Sus manos acariciaron mi cuello y yo me abalancé sobre él para besarlo. Éramos el uno para el otro. Cada partícula de nuestras almas se unían y no querían dejar de amarse nunca más en la vida. Su piel marmórea era la entrada a la gloria y su amor, un paso seguro a mi corazón.
