DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV

Noviembre 13

No fue una sorpresa para mí verlo correr por el campo de juego siguiendo mis instrucciones sin quejarse, haciendo exactamente lo que le decía sin dedicarme más atención que la estrictamente necesaria. Durante todo el entrenamiento él estuvo serio, lejano a mí. Ni siquiera fue esa actitud suya la que me sorprendió, creo que dentro de mí, algo estaba seguro de que él no me lo pondría fácil. Vamos, después de todas las cosas estúpidas que le dije, toda esa frialdad era de esperarse.

Tampoco me sorprendió el hecho de darme cuenta de que Yuri Katsuki es, de hecho, un buen jugador de soccer. Al colocarlo en la media cancha, pude observar que es dueño de una velocidad mortífera: él es capaz de hacer que el balón baile en sus pies del mismo modo elegante y hábil en el que lo haría en una representación de ballet. Yuri Katsuki fue capaz de entender los principios básicos del juego en cuestión de minutos y cuando todos nos dimos cuenta, ya estábamos mirándolo con la boca abierta mientras el chico burlaba a sus oponentes y ponía a mi servicio mil y un posibilidades de anotar un gol con uno de sus certeros pases.

— ¿Por qué no nos dijiste que el chico tenía sangre brasileña en las venas, Victor? — me dijo Yuri Plisetsky al terminar el entrenamiento del que Yuri se había ido sin despedirse de mí o de cualquier otro—. Lo del castigo de Katsuki es en serio ¿No? ¿No van a quitárnoslo antes del campeonato nacional de soccer, o sí?

— ¿Tú crees que es bueno? — dije yo mirando a mi rubio compañero con los ojos abiertos de la impresión, las palabras de Yurio sonaban extrañas en él porque vamos, el chico no suele derrochar elogios así como así con cualquiera.

— ¿Bromeas? ¿No lo notaste? — dijo Yurio con una sonrisa burlona— ¿Estabas tan ocupado fantaseando con él como siempre lo haces que no notaste que Katsuki es un excelente jugador? ¿Viste cómo pudo burlar a Georgi? Vamos Victor, es rápido, sabe moverse en la cancha y su resistencia... ¿acaso no lo viste levantarse inmediatamente después de que alguien lo derribó? En serio creo que debes superar tu enamoramiento infantil para que puedas verlo como lo que es: él es la pieza que le faltaba a este equipo, es nuestro as bajo la manga. Ya casi puedo escuchar a todo el mundo llamarlo así: "El as japonés del equipo de soccer de la Academia Feltsman"...

—No estoy enamorado de él...—le respondí a Yurio sin saber por qué, supongo que porque simplemente tenía que decir algo idiota.

—No, claro que no...— dijo mi compañero rodando los ojos—. Y seguramente Yuri Katsuki tampoco está enamorado de ti. Cuando cree que nadie lo ve, te mira con la misma cara de estúpido con la que tú lo miras a él ¿sabes? Creo que los dos deberían poner en práctica eso que los mayores llamamos discreción, todo el mundo es capaz de ver que se mueren de ganas por lanzarse a los brazos del otro para arrancarse la ropa o pelearse a golpes una vez más, lo que suceda primero...

Reí sin poder evitarlo y Yurio se alejó de mí antes de que pudiera siquiera intentar contestarle algo inteligente, aunque dudo que hubiera podido hacerlo.

Y aunque esas palabras de Yurio movieron algo en mi interior de forma irremediable, tampoco fue el hecho de saber que existe una posibilidad de que Yuri Katsuki sienta algo por mí lo que me ha dejado en este estado mitad deslumbramiento, una parte de catatonia y otra parte ganas de salir de mi habitación para buscar a Yuri para pedirle, no, para rogarle que me explique qué demonios fue lo que sucedió entre los dos.

Y es que creo que mi cerebro no lo procesa aún del todo. Creo que nada tiene sentido porque aquello sólo pudo ser obra de mi imaginación, tiene que serlo, todo debió ser un sueño y es por eso que no puedo dormir ahora, porque ya estoy dormido. Despertar, despertar es lo que tengo que hacer. Pero si esto es un sueño no quiero despertar, no quiero regresar al mundo real en el que nada de esto sucedió. Solo quiero quedarme un rato más volviendo a revivir una y mil veces cada segundo de aquella escena, perderme en el ensueño porque vamos, creo que hasta hoy no me había sentido tan feliz como ahora aunque mi felicidad esté llena también de un terrible desconcierto pero...

Vaya... ¿qué demonios acabo de escribir? ¿Soy feliz? ¿De verdad lo soy? ¿Yuri Katsuki es capaz de convocar felicidad a mi vida en contra de todo pronóstico, en contra de toda posibilidad? Supongo que sí porque en medio de mi catatonia, tampoco he dejado de sonreírle como imbécil al vacío de mi habitación, esta habitación a la que Yuri no ha vuelto y a la cual ese chico no volverá sino hasta dentro de una semana pero... si él estuviera aquí, si él no hubiera huido de mí después de que aquello pasó ¿podría haberle preguntado todo aquello que quiero saber? ¿De verdad sería una locura ir ahora hasta el hotel de su familia y hablar con él y pedirle que me diga que no fue un sueño? Dios, que alguien me ayude porque acabo de aceptar que estoy enamorado de Yuri Katsuki hasta el último latido de mi corazón y no sé qué demonios hacer con todo esto.

Mi cuerpo sigue temblando cada vez que a mi mente llega aquella escena, es decir, el sueño del que al parecer no quiero despertarme. Mi cerebro reproduce aquel momento una y otra vez y las miles de nuevas preguntas en mi corazón levantan la voz como un enjambre de abejas furiosas que me piden que les dé una respuesta de una vez por todas para no enloquecer. Pero en este justo instante, mientras miro las estrellas brillando por la ventana de mi habitación de la Academia Feltsman, sé que no tendré respuestas porque todas ellas se quedaron en los labios de Yuri Katsuki.

Suspiro como colegiala enamorada y ni siquiera me siento avergonzado, creo que es parte de la parálisis mental que me aqueja. Pero sí le pregunto a Yuri... ¿de verdad tendré una respuesta? La verdad es que creo que no me dejará preguntarle. Por eso creo que por hoy, al menos por esta noche, es preferible anclarme al pasado y quedarme flotando en medio de mi sueño en lugar de pensar en el futuro en el que es posible que me espere un trágico despertar.

Vuelvo a reírme de mi mismo mientras escribo y mi cabeza se agita fieramente en señal de negación ante mis pensamientos pesimistas y antes de ponerme a pensar en más estupideces, dejo que la escena de la tarde se repita en mi mente una vez más como un recuerdo que parece estar sucediendo de nuevo delante de mí como una película. Vuelvo a sentir en mi interior toda la ansiedad que sentí al estar caminando rumbo al estudio de danza después de clases, caminaba deseando que Yuri no estuviera ahí, deseando que sí estuviera, deseando que nada sucediera entre los dos para poder vivir en paz y también deseando que algo cambiara y que él me dijera de una vez que todo lo que los demás observan, es verdad.

De verdad estaba nervioso pero cuando abrí la puerta del estudio de danza y vi a Yuri ahí, de pie en medio de la sala esperando por mí, me dije que no lo arruinaría de nuevo, me prometí a mí mismo que era momento de hacer las cosas de modo diferente si de verdad quería tener una oportunidad, si de verdad quería dejar de ser el jodido cobarde que había sido por tanto tiempo.

Así que simplemente entré a la sala y sin darle oportunidad a Yuri de decir algo, porque vamos, la experiencia ya nos ha enseñado de sobra que las palabras no son nuestro fuerte, encendí el reproductor de música de la profesora Baranovskaya y me acerqué a Yuri quien me miraba de forma algo asustada y aunque aquello no era del todo bueno, al menos me alegró no ver más frialdad en ellos.

—Tenemos que empezar a bailar juntos si de verdad no quieres que hagamos el ridículo delante de toda la Academia ¿No crees? — dije y extendí mi mano hacia él.

—No, creo que podemos seguir ensayando por separado, definitivamente eso es lo mejor para los dos porque...— replicó él y yo interrumpí sus palabras tomando su mano con suavidad para después, acomodarlo en la sencilla posición de baile con la que teníamos que empezar nuestro dueto.

—Un tango tiene que bailarse entre dos— le dije y sonreí de forma tranquila haciendo que sus mejillas se sonrojaran.

—No vamos a bailar un tango, Nikiforov...—dijo él sin alejarse de mí—. En realidad, esto es un vals moderno en el sentido estricto de la definición...

—Entonces cállate y baila, señor experto en bailes de salón— le dije sin dejar de mirarlo a los ojos—. Los duetos se llaman duetos por una muy buena razón y aunque esto no sea un tango, tú y yo tenemos que bailar juntos así que baila conmigo de una vez ¿quieres?

Sonreí sin poder evitarlo, y cuando el cuerpo de Yuri comenzó a moverse al compás del mío, sonreí aún más porque aquella era la canción que Yuri Katsuki quería bailar en su boda y aunque yo tenía muy pocas posibilidades de ser el feliz esposo de un chico como él, en aquel momento aquella danza era suficiente. Yuri estaba en mis brazos. Yuri bailaba conmigo y su corazón latía al ritmo del mío en medio de aquellos felices minutos que para mí, eran solamente un remanso de paz robado al tiempo.

Sé que era estúpido sentir todo aquello pero no podía evitarlo. La música del piano, el dulce comienzo de aquella melodía hacia que mi corazón latiera con fuerza y que por mis venas corriera un torrente de emoción que no podía contener. Aquella canción era hermosa aunque al principio me había burlado de ella. La canción era bella y yo sentía que era afortunado de poder bailarla con Yuri y no me importaba que él no sintiera lo mismo respecto a mí porque de todos modos tendría que bailarla conmigo una y otra vez aunque todo fuera parte de nuestra responsabilidad con el festival de aniversario de la Academia.

Sin embargo, al menos aquella parte de mi sueño, el sueño de estar cerca de Yuri sin discutir o sin decirle cosas estúpidas de las que después tendría que arrepentirme, estaba siendo posible.

Así que me dejé llevar y sin pensar en más tonterías, mis ojos se quedaron clavados en el rostro de Yuri quien estaba frente a mí, girando entre mis brazos, haciéndome pensar que sus pupilas marrones las cuales estaban posadas en el azul de las mías, contenían en sí todo el calor y la cadencia de todas las canciones de amor que se habían escrito en la historia del mundo. Jamás sabré si todo aquel encantamiento fue obra de la música o de la soledad de la sala, pero en aquel momento ninguno de los dos teníamos miedo de ser quienes éramos.

En aquella habitación solitaria en la que el silencio estaba lleno ahora de una promesa de amor musical, solo éramos Yuri y Victor, solo éramos dos muchachos jóvenes e idiotas que estaban descubriendo mil cosas en el silencio, ese silencio al que siempre nos gustaba alterar por medio de nuestras estúpidas peleas y discusiones.

Él estaba ahí, yo estaba ahí y eso era todo lo que importaba en ese justo instante. Por eso, sin dejar de mirarlo, dejando solamente que la emoción sin nombre que había contenido dentro de mi pecho por más tiempo del necesario, se liberara por medio de aquella coreografía de baile que sin quererlo, o quizá, porque así había estado escrito en el destino a pesar de nosotros mismos, estaba uniéndonos de un modo extraño por medio de las palabras dulces de aquella canción de amor:

El día en el que nos conocimos me quedé helado, contuve el aliento.

Desde el inicio supe que había encontrado el hogar para mi corazón.

Mi corazón late rápido, hay colores y promesas

¿Cómo ser valiente? ¿Cómo puedo amarte si tengo miedo de caer?

Y sin embargo, al mirarte de pie frente a mí todas mis dudas se desvanecen de algún modo.

Estamos un paso más cerca...

He muerto un poco cada día mientras esperaba por ti.

Querido no tengas miedo, te he amado por mil años y te amaré por mil años más.

Te amaré por mil años, te amaré por siempre... la promesa de aquella canción, la que estaba cantando aquella mujer, no es una promesa que pueda hacérsele a cualquiera. Pero mientras ella cantaba, mientras la sala se llenaba del eco de aquellas palabras que eran poesía musical y Yuri no dejaba de mirarme, sentía que podía hacerle aquella promesa a esos ojos color marrón sin importar que los dos tuviéramos sólo diecisiete años y que a nuestra edad la eternidad fuese algo inconcebible para los dos.

Pero es que todo ese momento era perfecto, yo estaba bailando con Yuri y por medio de aquel baile estaba también hablándole a él acerca de las cosas que siempre había creído en el fondo de mi alma y él me miraba a mí como si en ese instante yo fuera lo más importante de todo su universo. Quizá solo estaba imaginándome las cosas que necesitaba ver en los ojos de Yuri pero en aquel justo instante comprendí lo que mi abuelo quería decir con aquello de que ser valiente y amar a alguien es algo que te convierte en un hombre de verdad. Lo entendí. De verdad lo entendí. Y al comprender aquello, detuve la danza de los dos y simplemente acerqué a Yuri a mí queriendo llenarme de su calor y en lugar de huir, Yuri hizo algo totalmente impredecible:

Él se acercó a mí y enredó sus brazos en mi cuello haciendo que su rostro y el mío estuvieran cerca, peligrosamente cerca, malditamente cera y a la vez a miles de kilómetros de distancia. Mi corazón se detuvo una vez más y yo posé mi frente en la suya, lo tomé por la cintura y él no se alejó de mí. Él no se fue cuando los dos estuvimos frente a frente y sin preguntarme acerca de los porqués de mi comportamiento, sin decirme nada, me llevó al centro del salón de música y me miró a los ojos, gesto que me hizo temblar.

Mi sueño, el sueño de bailar con él aquella canción sintiendo que él también sentía algo más por mí, estaba siendo real y como le ha sucedido a la raza humana desde tiempos inmemoriales, una vez que un sueño se hace real, no sabemos cómo reaccionar, no sabemos qué demonios hacer.

Puedo decir que no estaba pensando nada en claro. Yuri me hizo un gesto con la cabeza para indicarme que empezáramos con los giros de nuevo y mi mano obedeció sin que yo pudiera evitarlo, como si mi cuerpo supiera que aquel era su lugar, el lugar al que siempre había deseado ir. Temblé de nuevo y como si los ojos de Yuri fueran un embrujo, como si la magia de aquel momento viniera de esa mirada, no aparté mis pupilas de ellos por miedo a que si lo hacía mi sueño se desvanecería como siempre lo había hecho.

Yuri comenzó a guiarme en una lenta danza alrededor del salón, sus pies se movían con naturalidad y ligereza al igual que los míos, dejándome ver que los dos teníamos más experiencia de la que nos hubiera gustado admitir en el asunto de los bailes de salón. Y entonces él hizo que el tiempo se detuviera y me sonrió y yo le devolví la sonrisa al tiempo que sus labios tarareaban la canción que seguía reproduciéndose a nuestro alrededor y a mí me pareció que la voz suave de Yuri cantando canciones de amor era mil veces más perfecta que la voz de la cantante original y fue ese pensamiento el que me hizo sonreír como iluminado una vez más.

Bailar con Yuri, estar de nuevo en los brazos de Yuri... creo que jamás había escuchado una música más bella en mi interior. Fue por eso que yo me perdí irremediablemente, me dejé ir totalmente ajeno al mundo, atrapado, cautivado, rendido a la belleza de aquel instante y a la belleza del chico que era la otra parte de mi sueño convertido en realidad al menos durante aquel instante:

El tiempo se detiene y hay belleza en todo tu ser.

Seré valiente, no dejaré que nadie me arrebate lo que está frente a mí.

Cada suspiro, cada hora me ha traído hacia ti.

Estamos un paso más cerca...

He muerto un poco cada día mientras esperaba por ti.

Querido no tengas miedo, te he amado por mil años y te amaré por mil años más.

Y yo siempre supe que te encontraría.

El tiempo ha traído tu corazón a mí, te he amado por mil años y te amaré por mil años más.

Mi corazón latía al compás de la canción y de la danza que Yuri y yo estábamos creando. Nuestros cuerpos estaban cantando acerca de un amor inmortal y en ese instante deseaba que nuestro baile también lo fuera, que el mundo se detuviera, que el mundo se terminara en ese justo instante porque estaba seguro de que no toleraría despertar de nuevo de aquel sueño.

Pero, cuando las últimas palabras de la canción se desvanecieron, los dos nos quedamos en silencio, mirándonos sin miedo, sin reparo alguno. Había algo en los ojos de Yuri que alejaba de mi todo el miedo, el miedo a ser lastimado, el miedo de perderlo sin siquiera haberlo tenido, todo ese miedo parecía haberse evaporado. Mi corazón latía rápidamente, él no había soltado mi cuello, ni yo había retirado mis manos de su cintura, yo me aferraba a él del mismo modo en el que él se aferraba a mí.

Y entonces, cuando pensé que me soltaría, cuando mi corazón estaba de nuevo pensando en cómo se sanaría de aquella distancia que estaba a punto de reaparecer entre Yuri y yo, el chico de los ojos marrones suspiró y yo me sentí incapaz de dejarlo no ir, no podía, mi cuerpo entero se rebelaba ante la futura distancia. No podía irme de él, a pesar de que la canción había terminado, quería seguir sintiendo música en mi interior.

Fue por eso que sin pararme a pensarlo ni un segundo más, lo acerqué más a mí soltando su cintra para aferrar mis dedos a su rostro. Acaricié sus mejillas y quedé tan cerca de sus hermosos ojos y de sus labios que sentí que iba a desmayarme. Pero de nuevo estaba atrapado, no, de nuevo estaba en el lugar en el que tenía que estar y no quería irme de ahí. Los labios de Yuri me dejaban sentir el aliento cálido que emanaba de ellos haciéndome temblar, haciéndome desear tenerlos más cerca...

Y entonces, sucedió.

Mis labios se posaron en los labios de Yuri Katsuki y una explosión de mil estrellas me cegó haciendo que mis ojos se cerraran y que mis brazos se aferraran a mi compañero al que estaba besando con un ansia incontenible que él mismo devolvió. Nuestro beso no fue dulce, fue apasionado. Ese tipo de beso que le das a alguien cuando sabes que quizá sea el único, que quizá ese beso está condenado a no repetirse. Y es que eso parecía ser, mientras los labios de Yuri se movían encima de los míos, mientras yo mismo me llenaba del sabor y de la humedad de sus labios sin que el mundo me importara un pepino, yo estaba temiendo que aquel primer beso fuera de verdad el último.

Yuri acariciaba mis mejillas y mis cabellos plateados casi sin darse cuenta, el aire no importaba, parecía que nada que no fueran nuestros labios fuera real de verdad. Nos besamos, seguíamos besándonos y algo en su beso encendió mi cuerpo, todo yo parecía estar hecho de calor. Hice un esfuerzo sobre humano por no gemir, pero aquello era tan placentero... el beso de Yuri, las manos de Yuri acariciando mi rostro, mi cuello, mi cabello...

Creo que de verdad nos besamos hasta que la necesidad de respirar nos devolvió la cordura. Él separó de mí su boca y sentí que con aquella distancia se me iba también la vida. Quería besarlo de nuevo, quería que aquello no se detuviera. Él sonrió bastante avergonzado, adivinando mis pensamientos y supe, por su mirada, que él estaba pensando en lo mismo que yo.

—Borra esto, todo esto que siento por ti, de la lista de cosas que me importan una mierda —dije yo sin soltarme de sus brazos todavía y mi corazón pareció haber dejado de latir al escuchar mi propia declaración, mis labios aún sentían el calor y la humedad de los labios de Yuri.

¡Había besado a Yuri y él me había besado a mí!

Yuri escuchó mis palabras sin responderme nada y cuando mi voz alcanzó sus oídos, fue como si el encantamiento anterior se hubiera desvanecido porque el rostro de Yuri se llenó de temor y como si mi piel quemara la suya, el chico se alejó de mí y salió corriendo de la sala dejándome con un vacío extraño en el pecho y a pesar de eso, una felicidad alocada dentro de mí.

Y es que justo ahora, a pesar de la belleza de aquel momento, no sé si pueda decir que lo que pasó entre Yuri y yo sea el verdadero inicio de la historia que estaba destinada a ser, pero ahora que todo ha pasado y aunque sigo sintiendo el calor y la emoción del beso que compartí con Yuri dentro de mí, no sé si de verdad pueda llamarle a esto un inicio, además hay un montón de cosas que debo resolver antes de pensar en... ¿En qué estoy pensando? No sé qué pasará a partir de ahora pero sí estoy seguro de una cosa: le importo, él también siente algo por mí, él me mira por fin.

Definitivamente yo soy algo para Yuri Katsuki y creo que esta vez no me rendiré hasta descubrir qué es ese algo exactamente...


CANCIÓN: A thousand years- Christina Perri