Capítulo XIII
Ciclos
Realmente nunca había sentido esto por nadie, absolutamente nadie, lo de Ethan era completamente distinto…, porque lo quería, pero no lo amaba como a Edward Cullen. Su dulce aroma estaba impregnado en cada partícula de mi cuerpo y quería amarlo siempre, pero había algo…, bueno aparte de que él fuera vampiro, no sé, en ocasiones tenía la impresión de que era irreal, que era producto de mi imaginación, esa idea me aterraba, quería sacarla de mi mente, él era maravilloso, pero demasiado perfecto para ser verdad… Debía decidir, tenía que aclarar mi mente y asumir las consecuencias si me quedaría con él.
Llevábamos más de tres semanas viéndonos prácticamente las veinticuatro horas al día, y lo que sentía por él cada vez se intensificaba aún más, a pesar de que no habíamos intimado, Edward mantuvo su palabra de conocernos mejor, y para sorpresa mía ¡había resultado! Él era un ser adorable y varias veces pensé que quizás yo no lo merecía…
Este sábado volvía Ethan de su viaje y era imperante que tomara una decisión respecto a qué haría cuando él volviera… En realidad una parte de mí quería terminar con él, aunque había otra que igual lo extrañaría, pero tenía claro que debía elegir y ¡luego! Porque más que mal a cuanto aterrizara se enteraría de la verdad y debería asumir las consecuencias y la peor de ellas era que me odiaría y no me querría ver nunca más en la vida…
La noche del viernes para el sábado no había pegado un ojo, mi cabeza dilucidaba cientos de formas para terminar con Ethan, pero todas resultaban tremendamente dolorosas y era justamente lo contrario a lo que quería, incluso muchas veces, quise que a mí me hicieran lo que yo le hacía a Ethan para no sentirme tan culpable, porque la culpa me estaba carcormiendo, por lo que debía ponerle un fin a esta historia y dejar de ser tan cobarde. Mi novio, o ex novio a estas alturas, llegaría a las cuatro, y eran las tres y no sabía qué hacer, si ir a buscarlo y decirle todo, o bien, esperar a que él viniera; tampoco sabía si Phillip ya le había contado…, lo que era muy probable porque Ethan no me había escrito ningún mail. Esperé y esperé en mi habitación sin decidir finalmente qué hacer, hasta que miré el reloj y eran las cuatro y cuarto ¡se había pasado la hora y yo no había ido! Creo que una parte inconsciente de mí me jugó una mala pasada e hizo que ignorara la hora. Los nervios me mataban, sentía que no podía quedarme quieta ni un solo segundo y mis labios estaban absolutamente partidos de tanto morderlos. Traté de calmarme y encendí el televisor, pero en realidad no vi nada, sólo tenía la vista fija en esa caja de movimiento y colores, mientras mi mente intentaba desenredarse y encontrar un norte. Miré mi móvil y nada, no había ningún llamado ¡Ya lo debía saber! De lo contrario me hubiese llamado… Me sentí muy triste y unas lágrimas tontas comenzaron a rodar por mis mejillas, me imaginé su sonrisa angelical y esos bellos ojos calipsos iluminados de alegría ¡Me sentía podrida! ¿Me perdonaría algún día? ¡Qué atroz! Nunca imaginé sentirme de esa manera y me odiaba a mí misma por tener sentimientos poco transparentes y traicioneros.
Miré el reloj nuevamente, eran casi las cinco y media, y aún no sabía nada… Fui al baño y me miré al espejo ¡Tenía cara de demacrada y estaba más delgada y ojerosa! Además de tener la nariz roja por el llanto, así que abrí la llave y me lavé la cara ¡Y fue peor! Me veía aún más extraña, parecía zombi. De repente oí mi móvil, corrí a mirarlo y era Alice.
- Hola Bella –me dijo muy contenta,
como siempre.
- Hola –contesté algo desilusionada.
- ¿Pasa
algo? –me preguntó intrigada.
- Nada –mentí
- Tienes una
voz extraña Bella ¿Estuviste llorando? ¿Por qué? –no tenía
certeza si ella efectivamente había sentido mi voz o me había visto
en sus premoniciones.
- Mmmm, no importa… son tonteras mías
Alice
No alcanzamos a hablar más, porque se escucharon unos golpecitos en la puerta de mi dormitorio, pero antes de cortar Alice me dijo:
- Bella piensa bien lo que harás, después no te vayas a arrepentir… -su voz era dictatorial.
Corté el móvil y corrí a abrir la puerta ¡Era Ethan! Venía algo bronceado y sus ojos turquesa destellaban alegría. Entró estrepitosamente y me tomó en un gran abrazo, dejándome a su altura. Acto seguido, me besó. Él venía feliz y yo lo esperaba con tremendo notición ¡Qué horror! ¡Era una porquería de persona! Cuanto me odiaba en ese minuto. No supe cómo reaccionar, quedé inmóvil, él lo notó y me dejó en el suelo.
- ¿Pasa algo Isabella? –su sonrisa de niño bueno se apagó por completo.
No contesté, no sabía qué decirle.
- ¿Por qué no me fuiste a buscar al
aeropuerto? Hubieses ido con Phillip –me dijo extrañado.
- ¿Ya
viste a Phillip? –fue lo único que atiné a decir.
- Sí,
obvio, él nos pasó a recoger…
- ¿Y te dijo algo… de mí?
–casi susurré.
- No –ahora estaba dudoso -¿Tendría que
decirme algo? –fue suspicaz
Me pasé una mano por el rostro para darme fuerzas… no sabía cómo empezar.
- Ethan debemos
hablar… -esa frase era lapidaria, todo el mundo sabe qué significa
esa oración.
- ¿Qué pasó? –parecía algo extrañado y
angustiado, también.
- Ethan, no sé como decirlo...
- Sólo
dilo rápido y claro, así es más fácil… -fue seco. Noté que
tragó saliva en espera de mis palabras.
- Debemos terminar…
Su rostro palideció de un momento a otro y sus ojos calipsos se nublaron por completo. Nuevamente tragó saliva y casi llorando se acercó a mí.
- ¿Qué paso Isa? ¿Hice algo mal? ¡Perdóname por haberme ido! Ves yo sabía que esto del viaje era mala idea… -continuó con el rostro desfigurado por la impresión.
Al escucharlo mi corazón se comprimió tanto, tanto que me dolía el pecho. Un nudo en la garganta se apoderó de mí y las únicas palabras que pude articular fueron:
- Lo siento…
Sus bellos ojos de océano de ensueño me increpaban y exigían responder millones de preguntas. No sabía qué decirle, no quería mentir, él no se lo merecía. Con la cara llena de tristeza me preguntó.
- ¿Es por la sociedad? ¿Por los Eximius?
Negué con la cabeza.
- Porque si es así yo renuncio… de verdad… yo por
ti daría mi vida Isabella –sus ojos estaban rojos y húmedos.
-
No, por favor Ethan no lo hagas más difícil –intenté calmarlo,
pero no resultaba, yo también estaba confundida.
- ¿Entonces?
¿Por qué?
No contesté.
- Sabía que algo raro te pasaba…, pero mi amor te amo… -acarició mi rostro con los ojos vidriosos.
Un dolor intenso invadió mi pecho y casi no podía respirar y tampoco hablar.
- Ethan… perdóname…
Me miró un rato más, respiró hondo y me dijo.
- Si cambias de idea sabes como ubicarme, pero ten presente que te amo Isa… -antes de salir besó mi frente.
Se fue y me sentí tremendamente vacía y a la vez, miserable. Su mirada de tristeza había quedado plasmada en mi mente y me destrozaba el corazón en mil pedazos. Lo más terrible es que ni siquiera sabía toda la verdad, sólo le había dicho una parte, no sabía que existía otro, y cuando se enterara, me odiaría.
Poco a poco comenzó a oscurecer y yo no dejaba de llorar, tenía muchísima pena e intentaba convencerme que lo que había hecho era lo correcto, sin embargo, su imagen estaba timbrada en mi mente y no podía dejar de sentirme mal. Tenía una confusión terrible en la cabeza, estaba entre dos amores, y recalco estaba -tiempo pasado- entre dos amores, ya no era así… Me dormí extasiada y muy angustiada, cerraba los ojos y el dolor era más fuerte, más punzante. De frío desperté un par de horas después, fue cuando oí unos golpes suaves en la puerta de mi habitación… era mi otro hermoso amor.
- Bella… -fue muy
sutil al acariciar mi cabello.
- Hola –no respondí a su
caricia.
- ¿Quieres que me vaya? –me preguntó extrañado.
-
No lo sé… quizás es lo mejor Edward, no me siento bien y además
estaba durmiendo –mentí.
Él era demasiado astuto para no darse cuenta de qué estaba pasando realmente, y si no lo hubiese notado, probablemente Alice se lo contaría…
Su mirada era muy tierna y comprensiva y su reacción, fue la misma, me besó la frente y me dijo:
- Si quieres saber de mí ya sabes cómo ubicarme…, pero no olvides que te amo –me sonrió con su dulce mirada de miel.
