DIARIO DE YURI KATSUKI
Noviembre 14
No puedo dormir.
Las sombras de la madrugada me rodean al igual que el silencio de mi soledad. No, no he vuelto a la Academia Feltsman y creo que incluso de haber podido regresar no lo hubiera hecho porque aún no puedo entender del todo qué demonios sucedió entre Victor y yo.
Me besó, sí, me besó. Pero también lo besé yo y sé que ese beso ha empezado con algo y también ha terminado con tantas otras cosas. Aunque... ¿es muy optimista pensar en un inicio? Y más importante aún ¿estoy seguro de que quiero un inicio con él?
Ante esas preguntas, mi corazón responde de forma inmediata que sí. Ni siquiera tengo que pensarlo demasiado. Después del beso que compartimos, el beso que encendió mil llamas en mis labios y en mi cuerpo, llamas que jamás había sentido, sé que Victor Nikiforov no es solo para mí un problema propio con nombre y apellido: él es lo que yo quiero, sé que esto no tiene lógica, pero lo quiero, quiero que esté junto a mí y quiero que me diga una y mil veces que yo soy una de esas cosas que de verdad le importan.
Lo sé, sé que soy patético, sé que esto he querido desde el primer momento en el que lo vi y hasta este instante soy capaz de aceptarlo. Y también sé que esta idiota felicidad que siento cuando cierro los ojos y vuelvo a sentir los labios de Victor sobre los míos, le causará dolor a otra persona, le causará dolor a alguien que no ha hecho más que quererme y cuidarme por varios meses.
Al pensar en Phichit, un remolino de culpa me envuelve, me llena por completo. Me siento la peor persona del universo al pensar en él y en el hecho de que he traicionado su confianza del peor modo en el que puedes hacerlo con alguien que de verdad creía en ti. Sé que no merezco sino lo peor de parte del mundo entero por lo que hice hace unas horas pero aun así, aun así el beso de Victor se siente como la primera cosa sincera que he hecho en mucho tiempo, es como si el beso en el que me fundí con él fuera una de esas cosas en las que mi alma, mi mente y mi corazón estuvieron en completo acuerdo.
Estoy enamorado de Victor, lo sé. Estoy enamorado como un estúpido de él y después de lo que pasó esta tarde algo en mí me dice que un beso no será suficiente, que un único beso jamás podrá bastar para los dos porque esto es algo de los dos ahora. Porque yo le importo, de verdad le importo.
Y algo en mí quiere saber si de verdad puedo importarle como algo más que el chico al que acaba de darle un beso que jamás olvidará, porque yo jamás voy a olvidarlo, eso lo sé.
Suspiro una vez más y me dejo caer sobre el respaldo de la cama pensando en todo aquello que debo hacer para ser sincero conmigo, con Victor, pero sobre todo con Phichit. Sé que él va a odiarme, sé que él tiene todo el derecho a hacerlo pero aun así será muy triste y me odio profundamente por todo el dolor que voy a provocarle.
Pero una cosa es segura, no puedo seguir mintiéndome, no puedo seguir escondiéndome de lo que quiero de verdad. Por la tarde, tuve una plática con mi hermana mayor que me ayudó un poco a ordenar mis ideas y emociones porque cuando llegué a casa, corriendo como un pequeño niño asustado, me impacté con ella y terminé llorando en sus brazos.
Sí, estaba llorando. Creo que había tantas emociones distintas y contradictorias dentro de mí que el llanto fue la única forma en la que pude lidiar con todo: con la sorpresa, con la felicidad, con la culpa. Entré a la casa que papá rentó hace días para tener un sitio en el cual poder cuidar a mi madre de una mejor forma, y me impacté con Mari quien seguramente estaba a de camino a la sucursal de Yutopia de la que ella es directora en San Petersburgo.
Mi hermana me rodeó con sus brazos sin preguntarme nada. Me dejó llorar en silencio mientras me sentaba a su lado en los escalones de entrada de la casa y sus manos acariciaban mi espalda en pequeños círculos que poco a poco hicieron que me tranquilizara. Sí, creo que Mari me conoce mejor que yo mismo, Mari tiene el puesto de mejor hermana mayor de la historia quizá, desde el momento en que nací y les dijo a mis padres que él cuidaría de mi toda su vida.
— ¿Quién es él? —dijo mi hermana después de un rato, cuando mis sollozos se callaron del todo y ella se dio cuenta de que estaba en condiciones de tener una plática decente con ella.
— ¿Quién es quién? — dije yo sabiendo que había llegado el momento de una de las charlas serias que ella solía tener conmigo cuando lo necesitaba.
—El chico del que has estado enamorado desde hace meses — dijo Mari con calma, como si algo que yo pensaba como un secreto no lo fuera para ella —. Vamos Yuri, sé que sientes algo muy intenso por alguien así que dime quién es el chico del que tratabas de olvidarte estando con Phichit...
Un balde de agua fría cayó sobre mis huesos al escuchar las palabras de mi hermana. Que ella lo supiera, que ella se hubiese dado cuenta de la estupidez que había cometido me hacía sentir mil millones de veces peor. Dicho así en voz alta, lo que le había hecho a Phichit sonaba horrible, horrible como lo es siempre la verdad para los humanos, esa verdad que nos pone de frente ante las cosas terribles que somos capaces de hacer.
—Soy horrible, ¿verdad? — dije yo en voz baja, sintiéndome profundamente avergonzado —. Te juro que no quería lastimarlo Mari, no así...
—La raza humana es destructiva y estúpida por naturaleza, Yuri, deja de castigarte. No estoy diciendo que no debes hacerte responsable de lo que hiciste porque debes de hacerlo, pero pequeño, tienes diecisiete años, a tu edad las personas hacen cosas peores — dijo mi hermana levantando mi rostro entre sus dedos, obligándome a mirar sus ojos color marrón claro herencia de nuestros padres —. Además, una vida sin dolor no es posible jamás, no lo es para ti y para las personas que coincidirán contigo. Ese es el riesgo Yuri, vivir es la cosa más arriesgada que harás toda tu vida y pretender que los demás no nos hieran o no herir a los demás es un tanto imposible si lo piensas con cuidado...
Sonreí a las palabras de mi hermana. Como siempre, tenía razón. Suspiré de nuevo y sabiendo que ella no me diría que soy una zorra como los demás chicos de la Academia Feltsman seguramente lo harían una vez que se enteraran de mi rompimiento con Phichit, le conté a ella toda la historia. Le dije que llevaba dos años de mi vida muriendo por vivir lo que había pasado aquella tarde en la sala de ensayos del grupo de danza, que había besado a Victor Nikiforov y aunque él seguía siendo un misterio para mí, estaba luchando de verdad por no dejarme llevar y correr a sus brazos y olvidarme de mi cuerda y maravillosa vida para siempre porque eso es lo que quería hacer en realidad con todas las fuerzas de mis alocados diecisiete años de vida pero que tenía miedo.
Miedo que haber entendido mal una vez más los actos y las palaras de Victor. Miedo de ser llamado una zorra cualquiera. Miedo de desear algo con tantas fuerzas y miedo de tenerlo, de realizar mi sueño solamente para perderlo cuando Victor se diera cuenta de que en realidad no me quería a mí, sino que solamente quería el reto de tenerme a pesar de que dije que lo odiaba.
— ¿Y si Victor solo quiere reírse de mí? — le pregunté a mi hermana en un susurro.
— ¿Eso fue lo que te hizo sentir el beso que le diste? — preguntó Mari con calma.
—No, su beso me dijo que soy diferente para él, no sé cómo lo sé, Mari, pero lo sé...
—Pues hay miles de cosas que pueden ser dichas con un beso, cosas que no pueden ser una mentira...— dijo ella con una sonrisa conmovida—. Mira Yuri, en el amor adolescente no hay nada definitivo porque tú y Victor son un par de niños. No, no me mires así, los dos son niños que tienen ganas de comerse el mundo entero, niños que creen que lo saben todo y ¿adivina qué? No saben todo, pero sí pueden descubrir algo nuevo y especial para los dos si se dan la oportunidad ¿Y si Victor y tú están destinados a descubrir algo nuevo de la mano? Yuri, si eso es lo que quieres hacer ¿qué más da el miedo? De cualquier modo, enano, siempre podrás venir a llorar en los brazos de tu vieja hermana mayor y ya me encargaré yo de patearle el trasero a ese Victor Nikiforov si no se da cuenta de que eres lo mejor que puede pasarle en su loca adolescencia rusa...
— ¿De verdad vas a patearle el trasero a Victor Nikiforov? — pregunté yo con una sonrisa conmovida.
— ¿Lo dudas?
—No...— respondí con seguridad haciendo que ella riera—. Ya sé que es imposible pero no quiero causarle daño a nadie más, si alguien va a salir dañado de todo esto, ese debo ser yo y solo yo. No quiero decepcionar a nadie, no quiero cometer una locura de la que me arrepentiré el resto de mi vida solamente porque soy un niño inexperto y...
—Mi pequeño Yuri, solo arriesgándote es cómo puedes dejar de ser un niño inexperto— dijo mi hermana suspirando profundamente—. Mira, en tu afán por no hacer locuras, por no dejarte llevar te causas daño y no te importa y eso también está mal, tampoco debes ser cruel contigo mismo. Si algo he aprendido de esta vida, hermanito, es que siempre vas a decepcionar a alguien, así que ¡al diablo! La vida es demasiado corta Yuri, debes darte permiso para ser feliz y complacerte a ti mismo en primer lugar y si el mundo piensa que eres una zorra, demuéstrales lo felizmente zorra que alguien puede llegar a ser.
— ¡Mari! — dije yo mirando a mi hermana con las mejillas llenas de rubor.
— ¿Qué? — dijo ella riendo divertida—. Sabes que solo bromeo con eso. Lo que debes hacer, jovencito, es poner todo en su lugar ¿entiendes? Primero habla con Phichit, cuéntale todo, dile que le fallaste pero que sería peor seguir engañándolo. Tienes que afrontar esto de forma directa como un hombre ¿está bien? Eres responsable de eso Yuri, de lo que tú hiciste y de lo que harás pero no tienes control sobre lo que los demás pensarán de ti. Así que una vez más, cuando todo esté en orden, busca a Victor Nikiforov y pregúntale directamente, dile que se deje de juegos y te diga exactamente qué es lo que siente por ti.
— ¿Crees que me responda? — dije yo maravillado por la inmensa sabiduría de mi hermana que me había hecho sentir más tranquilo.
— A este punto, hermanito, creo que el señor Nikiforov estaría dispuesto a hacer lo que sea por ti si le prometes que vas a besarlo hasta que los dos se queden sin labios...
— ¡Mari!
Mi hermana y yo seguimos riendo por varios minutos hasta que ella no pudo retrasar más la hora de la cita que tenía que atender en Yutopia. Me despedí de ella con un abrazo fuerte que solamente trataba de hacerle sentir a ella lo mucho que la amo y lo agradecido que estoy por el hecho de que ella me hubiese escuchado con atención, sin juzgarme, diciéndome que todo el embrollo en el que me había metido tenía una solución y que yo tenía que ser sincero, sincero y valiente. Había llegado la hora de dejar de ser un niño en algunos aspectos porque ser un niño, no es lo mismo que ser un idiota que va por ahí haciéndole daño a la gente. Yo no quería ser eso, no quiero ser un idiota.
Justamente hace unos minutos acabo de enviarle un mensaje a Phichit, hablaremos mañana. No quiero que alguien más le diga lo que sucedió y tampoco quiero seguir lastimándolo. La gente dice que las heridas más profundas son hechas por mentiras y yo debo decir la verdad, debo ser sincero con el mundo entero porque ahora por fin puedo ser sincero conmigo mismo. Es cierto que la verdad también hiere, pero se trata de una herida limpia, una herida que puede sanar, una herida de la cual quizá pueda brotar el perdón después.
Y quisiera que Phichit me perdone aunque si no puede hacerlo, también me haré cargo de su odio, lo merezco. La gente hablará, claro que lo hará, siempre lo hace. Pero Mari tiene razón, no puedo hacerme cargo del mundo entero. Solo puedo ser responsable de lo que hice. Solo puedo ser responsable de lo que haré.
Y lo que haré me llevará a Victor Nikiforov, a él y a sus brazos otra vez pero en esta ocasión, lo haré de forma consciente y esperando lo mejor de esta aventura aunque bien es cierto que también puede suceder lo peor...
