Noviembre 15

Yuri estaba serio. Su mano aún estaba en la mía pero yo sabía que pronto tendría que dejarlo ir. Yuri no sonreía. Sus ojos color chocolate se perdían en el horizonte como si en él se encontrara el libreto que podría dictarle todas esas cosas que yo sabía que quería decirme pero que no podía decir.

Quise romper el silencio pero no pude. La verdad estaba siendo cobarde, estaba decidido a hacer durar aquella tregua tanto como pudiera. Sí, el final era inevitable pero aquel momento me pertenecía, en aquellos minutos la mano de Yuri estaba todavía en la mía aunque bien sabía que su corazón estaba ahora en los labios de Victor Nikiforov y no es que antes no hubiera estado ahí. Yo sabía que el corazón de Yuri estaba en otro lado, quise creer que no, pero no hay mentira que pueda durar mil años, no hay realidad que puedas tapar con un dedo simplemente porque lo deseas así.

Suspiré y él me miró con aire compungido. Había culpa en su mirada y yo le sonreí como si de verdad aquella fuera una tarde cualquiera, una de esas muchas tardes que los dos compartimos, todo parecía estar en su lugar: el sol tibio de finales de otoño, las nubes negras que anunciaban las futuras heladas del invierno ruso al que Yuri y yo nos habíamos acostumbrado a pesar de estar tan lejos de nuestros países de origen.

Esta tarde de verdad me pareció perfecta y supongo que fue así porque también yo estaba en mi lugar, o en el que yo siempre creí que sería mi lugar. Estaba al lado de Yuri Katsuki, su mano estaba en la mía y eso me bastaba para ser feliz aunque aquella tarde no estuviera destinada a durar por siempre. Y es que si bien a los diecisiete años la única seguridad que tienes es que nada dura para siempre, aquel momento me pareció a su manera un esbozo de una eternidad posible, una eternidad que de cualquier modo, no viviría al lado de Yuri.

Por eso no quería romper el silencio. Sabía que con las palabras vendría también el dolor, la despedida, las disculpas. Se trataba de palabras que me negaba a escuchar a pesar de que había ido a la casa de Yuri precisamente a eso, a terminar con todo porque mi historia con él había llegado a su final y no había nada que yo pudiera hacer para evitarlo, aquel final se había empezado a escribir tiempo atrás, creo que yo también puse mi grano de arena para que aconteciera aquel final.

La verdad es que aunque mi corazón dolía desde el día de ayer cuando recibí el mensaje de Yuri quien me pedía que fuera a verlo a la casa donde él y su familia están cuidando a Hiroko, decidí ser valiente y afrontar la situación. La verdad es que no sabía cómo enfrentarme a un final, no me sentía preparado y aun ahora me sorprende sobre manera el modo suave y civilizado en el que fui capaz de reaccionar.

Porque la verdad es que la tarde anterior me había sentido mortalmente herido, completamente destrozado. Cuando en mis ojos se reflejó la imagen de Yuri besando a Victor del modo en el que jamás me había besado a mí, apenas encontré fuerzas en mi interior para alejarme de ellos sin hacer un escándalo, sin ser el cliché del novio traicionado que haría mil estupideces por defender su honor. Y de verdad temí convertirme en eso y sin embargo, al ver a Yuri esperándome en el jardín de su casa temporal no sentí odio, ni rabia.

Lo cierto es, que después de que se me pasó el impacto empecé a pensar que haberlo visto besándose con Victor Nikiforov había sido algo tan natural como respirar. Lo cierto es que una parte de mi ser había contemplado aquella escena sin sentir el menor asomo de sorpresa. Era como si estuviera viendo la escena más predecible de una película, esa escena que le da sentido de pronto a todo. Además, yo mismo había ayudado a que aquello sucediera, hubiera sido mentirme el hecho de decir que no había imaginado que estando juntos, algo así pudiera llegar a suceder entre Victor Nikiforov y Yuri. En cierto modo, yo provoqué que los acontecimientos se desataran con mi estúpida propuesta de que ellos dos presentaran el dueto de danza principal de la fiesta de aniversario de la Academia Feltsman ¿no es así?

Y es que cuando el dolor dentro de mí me dejó pensar con frialdad, también me di cuenta de que Yuri no era y no sería feliz conmigo, y de que a mi vez, yo jamás sería feliz con Yuri porque su corazón no era para mí. Tenía que dejarlo ir, en realidad nunca lo había tenido y del mismo modo en el que él estaba destinado a otros brazos, yo también tenía que recorrer otro camino. Nadie merece vivir a la sombra de alguien más, nadie merece ser sólo un sustituto de lo que no pudo ser. Yo no lo merezco.

Mi corazón rodó por el suelo cuando el frío de aquella verdad me golpeó en la cara. Todo sonaba tan lógico dentro de mí, pero aun así pensar en el final era como ser atravesado por una daga. Ante mis ojos la escena del beso de Yuri y Victor se repetía y es que me quedé mirándolos hasta que su beso, ese beso prohibido y mil veces deseado se terminó. Y aunque yo estaba lejos de ellos, aunque la puerta del estudio de danza me cubría, yo podía sentir la energía que aquel beso había desatado y me di cuenta de que entre aquellos dos había un sentimiento inmenso, innegable y por lo mismo incontenible, un sentimiento que ninguno de los dos parecía dispuesto a nombrar ni a aceptar.

Una sonrisa apareció en mis labios porque también me di cuenta de que ellos dos eran un par de tontos y yo mismo me di cuenta de mi propia estupidez. Sólo somos chiquillos jugando a entender el amor, eso es lo que somos, pero para vivir el amor de verdad uno debe dejar de jugar y enfrentarse a uno mismo, algo que ninguno de los tres estábamos haciendo.

Por eso había decidido ir a verlo, incluso si Yuri no me hubiera enviado el mensaje donde me pedía verme, yo mismo le hubiera dicho que era necesario terminar con una historia que no nos correspondía vivir. Después de recibirme en la entrada de su casa yo no busqué sus labios para dejar sobre ellos un beso y en cambio deposité uno suave en su mejilla. Yuri intentó sonreír con naturalidad ante mi gesto que presagiaba el último acto de nuestra historia pero también empezó a resguardarse en el silencio haciéndome notar que del mismo modo en que me sucedía a mí, él tampoco tenía la menor idea acerca de cómo empezar con nuestro final.

Pero aquel silencio debía terminar, con cada segundo que pasaba me resultaba más difícil pero también más sencillo soltarme de aquella mano. Así que lo hice, separé mis dedos de los de Yuri lentamente, gentilmente. Aquel fue el momento en el que él empezó a llorar y aunque era yo quien tenía todo el derecho del mundo a sentirme ofendido, sus lágrimas me dolían, yo no quería que el sufriera, yo seguía deseando que Yuri, que mi Yuri fuera feliz.

Las lágrimas salieron de sus ojos y yo no dije nada. Sabía que no me correspondía a mí romper aquel silencio. Dejé que Yuri llorara sin consolarlo, dejé que todo pasara. A veces eso es lo único que podemos hacer, solamente eso: nos sentamos frente a la tormenta y simplemente miramos cómo pasa hasta que ésta se convierte en una suave llovizna bajo la cual es posible seguir andando.

—Pasó algo con Victor ayer — dijo él tratando de imprimirle a su voz temblorosa tanta fuerza como podía reunir en aquel momento en el que sus emociones y las mías estaban a flor de piel.

—Lo sé — le dije yo sin querer alargar más aquella escena, quería que todo aquello que debía pasar sucediera de una buena vez.

— ¿Lo sabes? — dijo él y sus ojos se llenaron de dolor, de pánico y de culpa a partes iguales.

—Los vi, fui a buscarte pensando que su ensayo había terminado, ya era tarde. No te había visto en varios días y bueno, te extrañaba un poco así que por eso fui a buscarte— le dije yo con total naturalidad—. Yuri, tú y Victor se ven muy bien juntos.

— Phichit, yo...— dijo él y nuevas lágrimas de amargura rodaron por sus mejillas—. Sé que soy la peor persona del universo, sé que ahora vas a odiarme pero yo...

—No tienes que explicarme nada— dije yo con calma, sin alterarme, sin llorar—. Tú y yo sabemos qué significa esto, lo sabíamos desde el principio. No voy a decirte que no sabía a qué estaba jugando cuando empezamos esto y no quiero culparte de nada. Estas cosas pasan Yuri, creo que a nuestra edad es lo normal del universo...

—No, no ¡No es normal! — dijo él con una furia que me sorprendió—. No es normal ser un idiota, no es normal devolver mal por bien. Phichit, no es para nada normal dejar que un estúpido como yo rompa tu corazón, no quiero que digas eso porque no lo mereces, no lo mereces y todo fue mi culpa...

—Ya te dije que yo sabía muy bien en qué estaba metiéndome cuando decidí ir más allá de nuestra amistad contigo— dije yo sintiendo dolor de verdad—. Yuri, esto es culpa de los dos, no soy tan modesto como para darte todo el crédito en esta historia ¿sabes? Este fue un juego que los dos decidimos jugar...

— Yo no jugué contigo —dijo él realmente dolido—. No era un juego para mí, te juro que no lo era. Yo de verdad quería amarte, lo deseaba con todo mi corazón Phichit, yo no jugué contigo. Sí, te fallé del peor modo posible porque soy un cobarde y un estúpido, pero tú no fuiste un juego, tú no significaste eso para mí, eres mucho más que eso para mí...

— Y tú sabes que tú también eres mucho más para mí, más que un juego, Yuri—dije yo intentando sonreír—. Pero vamos, no es tan grave. Nos enseñan desde pequeños que no podemos amar más que una sola vez en la vida y creo que eso es un error. Amamos tantas veces como sea necesario amar ¿De qué otro modo podríamos saber que un amor está destinado a durar mucho tiempo y otros no? Somos tan jóvenes Yuri y tan idiotas... ni tu mundo ni mi mundo se acaban aquí. Tú quieres estar con Victor y... bueno, creo que eso es lo que debes hacer. Lucha por él, si de verdad quieres que este dolor tenga sentido para los dos, no seas un cobarde Yuri, yo tampoco quiero ser un cobarde, los dos merecemos algo mejor que esto ¿no crees?

Mis palabras hicieron eco en el jardín mientras los ojos de Yuri me contemplaban sin saber qué decir a todo lo que yo había dicho. No sabía cuál era el origen de mis palabras pero sabía que todo cuanto decía era verdad. Era tiempo, de verdad era tiempo de que las cosas volvieran al curso que debían tomar de verdad.

— ¿Qué va a pasar con nosotros? —dijo él aceptando quedamente mis palabras— ¿Tú y yo...?

—No voy a evitarte y a esconderme de ti si es lo que estás pensando—dije yo con un suspiro—. Después de todo los dos somos compañeros de clases, estamos en el mismo grupo de danza y lo cierto es que no quiero perder a mi mejor amigo. Sin embargo, debemos dejar que el tiempo corra, Yuri, y estoy seguro de que las cosas volverán a ser normales después de un tiempo.

— ¿Cuánto tiempo? — dijo él en un tono un poco aprehensivo y yo me reí porque sé que Yuri odia totalmente el hecho de no sentirse en control de la situación.

—El que sea necesario, Yuri— dije yo sintiéndome por fin leal a mí mismo y misteriosamente libre y ligero en mi interior—. Ahora tú sólo tienes que preocuparte por ti y por tu historia con Victor Nikiforov ¿está bien? Si no te veo caminando con él de la mano por la Academia en los próximos días, me temo que tus padres se verán obligados a heredar todo el emporio de hoteles a Mari solamente y no podrás cumplir tu sueño de ser el director general de Yutopia, ¿me escuchaste, jovencito?

—Phichit...

— ¿Qué sucede, Yuri? — dije yo sintiendo la imperiosa necesidad de irme de ahí antes de que la sensación de haber hecho lo correcto me abandonara por completo.

— ¿Podrás perdonarme algún día?

— ¿Y qué se supone que voy a perdonarte? — dije yo levantándome de la banca en la que estábamos sentados.

—Ser una rata traicionera, haber hecho lo que hice, haber roto tu corazón...— dijo él y nuevas lágrimas asomaron a sus ojos.

— ¿Y para qué se hizo el corazón si no para romperse? — dije yo un tanto divertido mientras lo tomaba en mis brazos y lo abrazaba con fuerza, con esa fuerza que nace del hecho de saber que tendrá que pasar mucho tiempo para poder volver a abrazar a alguien amado una vez más— ¿De qué modo podría entrar a él el amor verdadero si permaneciera cerrado e intacto toda nuestra vida?

Yuri me miró sin poder comprender del todo mis palabras y yo lo solté lentamente, tan lentamente que fui capaz de sentir cómo mi corazón se partía por la mitad al hacerlo. He de admitir que ahora mismo, después de haberlas escrito yo tampoco les encuentro tanto sentido como en aquel momento. Pero es de verdad. Algunas cosas simplemente deben morir para darle paso a algo más hermoso, como una oruga que se transforma en mariposa, como los árboles que duermen en invierno para brotar más verdes y fragantes la próxima primavera.

Me alejé de Yuri un rato después sin decirle adiós, no podía decirle eso porque al día siguiente también iba a verlo. Después de todo como le dije a él, somos compañeros de escuela, compañeros de danza y es estúpido pretender que no existe cuando estará ahí presente en mi vida diaria. Mi corazón dolió en mi pecho a medida que me alejaba de él. Los recuerdos felices de nuestros días juntos me bombardearon y el llanto corrió por fin por mi rostro. Al día siguiente sería mi día número uno sin Yuri y tenía que afrontar aquel hecho con tanta entereza como pudiera hacerlo.

Mi primer amor había terminado, sí, pero dentro de mi corazón, detrás de todo el dolor y la desesperanza, estaba seguro de que ese amor no estaba destinado a ser el último...