Capítulo XV
Brisas Cruzadas
Ya lo había decidido, era el momento de estar con Edward sin esconderme… no tenía sentido. Este fin de semana había sido el más maravilloso de la vida y Edward era el único artífice de tanta perfección ¡Lo amaba! Y no lo podía seguir ocultando…
El lunes a la hora de almuerzo nos juntamos –en eso habíamos quedado- me acompañó Alice y por supuesto, Eileen también vino con nosotras. Cuando llegamos al casino, Edward nos esperaba en una mesa ¡Se veía perfecto! Y era claramente notorio como casi toda la gente que estaba en el lugar lo miraba, algunas con disimulo y otros grupitos de mujeres se hacían las desentendidas, pero cuchilleaban entre ellas, Edward, sonreía, no lo podía importar menos… y eso me tranquilizaba. Camino a la mesa Eileen preguntó.
- Alice
¿Ese es tu hermano del que nos habías hablado? –parecía muy
interesada. Me dio mucha rabia. Alice me miró y sonrió.
- Así
es… él es mi hermanito menor, Edward.
- ¡Es guapísimo Alice!
¿Por qué no lo habías presentado antes? –no se aguantó, tuvo
que decirlo.
- Mmmm, es que está comprometido –me guiñó un
ojo.
- Y ¿quién es la afortunada? –preguntó ansiosa.
- Ya
la conocerás –dijo entre risas.
Llegamos finalmente y mi amor le brillaban los ojos de ámbar. Alice no nos quitaba la vista de encima, quería saber como reaccionaría Eileen cuando se enterara. Edward saludó a su hermana y a Eileen, y ella se ruborizó ¡Tanto le había gustado! ¡Qué rabia! Urg. Luego, se giró hacia mí y como en cámara lenta posó sus labios fríos y dulces en mi boca. Yo respondí, obvio. Claro que moría por ver la cara de Eileen. Me di media vuelta y vi que tenía los ojos redondos como platos y una sonrisa pícara en sus labios.
- ¡Lo tenías muy
escondidito Isabella Swan! –sonrió ahora con ganas –y que
quieres que te diga… te entiendo –volvió a reír y Alice rió
junto a ella.
- Bueno no te podía contar todavía… -le respondí
haciéndome la desentendida.
- ¿Y cuánto tiempo…? –se dio
cuenta enseguida que esto había tenido que ver con mi término con
Ethan.
- Mmmm, un tiempo ya… -contestó Alice por mí.
- Así
veo –me miraba fijo y sus ojos sonreían ¡Me había pillado!
Nos quedamos conversando hasta que nos tocó volver a las clases de la tarde. Edward estaba especialmente contento, al parecer porque por fin me había decidido a hacer público nuestro amor. Eileen y Alice partieron primero y me dejaron un rato a solas con mi dios griego y personal. Él reía solo y se veía aún más bello. Nos paramos de la mesa y cuando salimos me tomó la mano firmemente y luego, al salir, me abrazó y caminamos juntos por unos de los parques de la universidad.
- Me haces tan feliz mi vida –torció sus
exquisitos labios de miel.
- Tú también Edward –me puse en
puntillas de pie para besarlo.
No tuve que hacer mayor esfuerzo porque el prontamente me cogió por la cintura y me arrastró hacía él. Con su mano derecha acarició mi cabello y luego inclinó su rostro para besarme. Sus besos eran un manjar delicioso y divino, siempre terminaba sucumbiendo a su encanto sobrenatural. Eran tantas mi ansias por estar con él que le propuse irnos a mi habitación, en vez que a clases, pero Edward tan correcto, me dijo que no… aunque intenté convencerlo, pero fue en vano.
- No es bueno que te
distraigas en horario de clases… -fue tajante.
- ¿En serio?
Pero si es sólo por ahora… -hice un puchero para doblar su
voluntad, pero fue implacable.
- No mi Bella, yo también te amo,
pero que estemos tranquilos y no quiero tener ningún cargo de
conciencia.
Nuestros besos eran bastante afiebrados y mi cuerpo lo necesitaba imperantemente, él era como una droga para mí y yo era una adicta sin remedio. Cuando todo iba subiendo de nivel, Edward se detuvo.
- Estamos en un lugar público –me dijo sonriendo.
¡Uy! Se veía aún más exquisito cuando me miraba así. Sus labios rubí me estaban enloqueciendo ¡Lo amaba! ¡Lo adoraba! Quería estar con él siempre y en cada minuto y ahora era ese minuto. Cuando finalmente decidí ir a clases, recién miré a mi alrededor y lo vi… ¡Ethan tenía los ojos clavados en mí! Y a su lado, su incondicional amigo, Phillip. Casi morí, quedé paralizada… no sabía que hacer ni decir… La mirada de Phillip era inquisidora, pero la de Ethan ¡Oh no! Era todo lo que había temido durante este tiempo, mis pesadillas… vi que se sintió traicionado… Noté que sus ojos estaban húmedos y la cara de impresión era aún peor. Mi corazón empezó a latir con desenfreno y sentí mis piernas débiles. Edward me tenía aferrada a él y yo no sabía qué hacer, no podía seguir y pasar por al lado de él como si nada… Ethan me miraba sin descanso hasta que finalmente Phillip le dio un golpecito en la espalda y él reaccionó. Dio media vuelta y se fue. Seguí paralizada y más encima, muda. Edward se puso al frente mío y me dijo.
- ¿Te sientes bien? –sus ojos parecían tristes.
-
No lo sé… -sentí como unas lágrimas tontas caían por mis
mejillas.
Su mano fría y suave secó una de mis lágrimas.
-
No quiero causarte este sufrimiento Bella –me miraba muy preocupado
y sus ojos irradiaban culpabilidad, que por supuesto, no tenía.
-
No se trata de eso…
- Dime qué necesitas Bella y yo lo hago…
-besó mi frente.
- Edward, no es tu culpa, soy una tonta… y le
amargo la vida a todo el mundo…
- No es así mi vida… eres
todo para mí, jamás digas eso por favor
Acercó sus espectaculares labios cereza a los míos y me besó con tanta efusividad que me aferré a él como lo había hecho hace un rato atrás, antes de ver a Ethan. Acaricié su pelo broncíneo y su piel marmórea ¡Era perfecto y tremendamente misterioso! Después de lo recién acontecido no tuvo opción y aceptó mi proposición.
Pasaron un par de semanas y todo continuó igual, ahora ya andaba por todos lados con Edward, ya no importaba que nadie me viera, lo peor había pasado. Ahora estábamos tan juntos que parecíamos casi matrimonio, pero yo era feliz y creo que él también. Me pasaba a buscar en la mañana, nos juntábamos a la hora de almuerzo, cuando nos coincidían los horarios, y nos veíamos por las noches –que era lo mejor-.
Alice y Eileen se hicieron muy amigas, aunque Eileen ni siquiera sospechaba qué era su nueva amiga, sin embargo, eran de gustos muy parecidos y por lo tanto, pasaban gran parte del día juntas… Obviamente, con mayor razón fue aislada Eileen del grupo de Ethan, ya casi nadie la saludaba, pero ella parecía no importarle en absoluto.
Uno de esos días en que se hizo tarde en una clase de los miércoles, pasé a la biblioteca y me tuve que desviar hacia la otra facultad. Ya casi anochecía y quería ir pronto a dormir, estaba completamente exhausta. Había muchas puertas por todos lados, y algunos pasillos estaban bastante oscuros. Al final se veía una luz que daba al siguiente parque ¡Por fin! Tanta soledad y oscuridad me producía algo de pánico. Una fuerza rápida y tibia me tomó por la espalda y me entró en una oficina que parecía vacía. Mi respiración se agitó fuertemente y sentí terror…, hasta que unos tibios labios me besaron tan suavemente, pero con tanto énfasis que no opuse resistencia. Me tomó con fuerza y ternura y me apoyó contra la pared mientras no paraba de besarme, fue entonces cuando lo vi y reconocí esos bellos ojos calipsos. Sentí un presión en el pecho y unas mariposas inquietas merodearon por mi estómago…
Gritar quién o cuál, ahora da igual, te juro de igual
que
hagas bien o mal, si es que al final la gente se va
y ahí estás.
a tí que puedes arreglar mi vida,
capaz como eres de ser día a
día...
...tía, sin tu alegría seré un pringa´o.
yo no
merezco la pena.
tía, sin tu valía caeré en pica´o. me
quedaré solo...
...sabes bien, tal vez no pueda cambiar,
no
vaya a cambiar jamás.
caer bien o mal, se acerca el final, mi
triste final.
y tú que ansías controlar mi vida.
la paz con
guerras son mi día a día...
...si un día sin tu alegría seré
un pringa´o...
...sin tu valía caeré en pica´o...
-Amistades
Peligrosas-
