DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV
Noviembre 29
Media hora antes de nuestra primera cita.
Sí, lo he escrito bien. Tengo una cita con él. Me decidí a pedirle una cita a Yuri Katsuki ayer por la noche, lo llamé.
La soledad de nuestra habitación me bombardeó toda la semana y él no parecía dispuesto a continuar con lo que los dos habíamos empezado en el estudio de danza la semana pasada. Es más, cuando volví a verlo en las clases ni siquiera me miraba, tampoco lo hacía cuando ensayábamos nuestro dueto, vamos, el muy rebelde se ha pasado también el entrenamiento del equipo de soccer por el arco del triunfo.
Sabía que algo había pasado entre él y el joven Chulanont amante de los roedores, toda escuela hablaba de eso. Todo mundo se regodeaba en la trágica historia de los dos príncipes de la Academia Feltsman que se habían separado por culpa de una astuta zorra —gracias chicos, "zorra" es mi segundo nombre— que había engatusado al pobre e inocente Yuri Katsuki provocando así la ruptura más comentada de la historia de esta escuela que, por lo visto, es tan aburrida y sosa al grado de hacer de la separación de dos chicos — que jamás debieron estar juntos, en mi nada humilde opinión— el suceso más importante de sus vidas.
A estas alturas de la semana todo aquel que ha estado en la Academia Feltsman por más de cinco minutos sabe que besé a Yuri y que Phichit terminó con él al día siguiente después de aquel acontecimiento. Todos los fans de esta entrañable pareja se han dedicado a lanzarme miradas de reproche y odio eterno a lo largo de la semana y ¿saben qué? Esas personas encabezan ahora mismo mi lista de cosas que me importan una mierda, como Yuri la nombró.
Lo que ahora me preocupa es que después de aquel beso (debo decir que ese sí que fue un beso, Katsuki tiene talento… esos labios ¡Dios mío! A pesar de haber estado besando a un idiota por meses, los labios de Yuri sí que saben cómo dar un beso) nada ha pasado entre los dos, nada de nada. Y ciertamente es preocupante porque ¿quién demonios puede resistirse al encanto Nikiforov? ¿Yuri no sintió el mismo fuego que sentí yo? ¿No sintió que la vida se le iba al separarse de mi boca? ¿No deseó poder besarme hasta el final de los tiempos como yo lo deseé? ¿Acaso no se ha quedado despierto todas estas noches pensando en ese beso, soñando con ese beso, esperando por un beso igual?
Porque ese maldito— y jodidamente hermoso, ok, lo dije— cerdito bailarín, me tiene atrapado, pendiente de él, atado a él. Después de lo que pasó en el invernadero, después de la magia de nuestro primer beso no podría ser diferente.
Estoy enamorado de él, que se detenga el mundo ¡Creo que lo amo!
Acabo de temblar al escribir esas palabras pero es cierto, es la verdad ¡Que se acabe el mundo porque Victor Nikiforov está a punto de sentir amor real! Eso es todo lo que sé y la verdad la sola idea de que Yuri no sienta lo mismo por mí, es más dolorosa de lo que pensaba. Pero si no sintiera lo mismo ¿Por qué terminó con Phichit? Pero si siente lo mismo ¿Por qué huye de mí como si fuera un leproso? ¿Por qué se aleja corriendo de mí cada que el ensayo termina? ¿Por qué ha llevado a Kenjirou con él? ¿Por qué no me mira? ¿Por qué siento que ahora soy yo el que no le importa un carajo? ¿Se arrepintió del beso? ¿Está guardándole luto a la memoria de la reciente viuda tailandesa? ¿QUÉ DEMONIOS PASA DEBAJO DE ESA MATA DE CABELLO NEGRO QUE MUERO POR TOCAR DE NUEVO?
No sé, no sé nada. Sólo sé que estoy enamorado de él y que quizá hoy, en unos minutos, por fin tenga la respuesta que busco para estas preguntas. Me lo debe. No, más bien no descansaré hasta tener esas respuestas en mis manos. Voy a salir con él, sé que hoy es su cumpleaños número dieciocho y bueno, quisiera poder hacer que el estar conmigo sea un regalo inolvidable para él.
Quiero hacerlo feliz, eso es lo que quiero. Quiero hacerlo reír y que el rumor de su risa y el brillo de sus ojos me haga olvidar todos los acontecimientos terribles que han ocurrido en mi existencia durante esta semana.
Un suspiro escapa de mis labios. He estado intentando no pensar en lo que vendrá para mí el mes próximo cuando sea yo quien cumpla dieciocho años y me convierta en el heredero legal de las empresas de mi abuelo, así como de todas las casas y propiedades que él tenía en París y en Nueva York. Lo cierto es que todo el lío con Yuri Katsuki me había distraído de pensar en lo inevitable, pero el recordatorio de la guerra que tendré con mi padre llegó hoy a primera hora de la mañana. Me ha citado a la corte el próximo mes. Quiere impugnar el testamento de mi abuelo y espera que yo sea lo suficientemente inteligente como para cederle todo.
Mi padre piensa que lo haré, sabe que nunca en mi vida he hecho algo para contradecirlo. Pero es que esta vez no está en mis manos, no puedo cederle todo, sencillamente no puedo. Los abogados de mi abuelo se aseguraron de encontrar todas y cada una de las lagunas legales que podrían hacer que las acciones de mi padre tuviera efecto. El testamento es inimpugnable. No hay más heredero que yo.
Y eso es lo que mi padre parece no entender. Y al parecer la guerra ha empezado. Mikhail Nikiforov me ha retirado todo su apoyo, me ha enviado una carta bastante explicita en la que me deja en claro que a partir de ahora, no soy su hijo. Soy su rival. Para mi padre, no soy más que ese estorbo que le ha robado todo. Sonrío fríamente sabiendo que la guerra ha comenzado.
Fue la carta de mi padre la que me motivó a llamarle a Yuri, la verdad no pienso perder más el tiempo. No sé cuánto tiempo me quede disponible para ser un chico de preparatoria normal, no sé si después de mi primera visita a la corte pueda quedarme aquí o tenga que empezar con mi educación acelerada en administración y finanzas en otro lugar que no será la Academia Feltsman.
Sé que a partir del próximo mes los contratos y negocios de las empresas de mi familia requerirán mi firma para poder llevarse a cabo; sé que muy pronto no tendré más remedio que ir a Moscú para poder seguir manejando desde allá el emporio de la familia mientras mis tutores oficiales en alta dirección se encargan de mi educación. Desde pequeño sé el lugar que me corresponde en el mundo, jamás he sido un adolescente normal, eso lo tengo en claro pero aun así desearía no tener que hacer nada de eso, desearía ser solo este idiota que está muriéndose de nervios ante la idea de su primera cita con el único chico del que se ha enamorado.
Sí, ya sé que no puedo ser sólo este tonto que está devanándose los sesos preguntándose por qué demonios Yuri Katsuki no puede simplemente besarlo hasta quedarse sin labios. Pero aunque de verdad quisiera serlo, aunque mataría por serlo, sé que mis días en esta ciudad están contados y eso me hace sentir tan triste, tan enojado. Quizá, si puedo convencer a mi madre de ello, podré quedarme hasta el final del año escolar, pero no más. Y dentro de mí sé muy bien que no puedo quedarme con Yuri Katsuki, que él no me seguirá. Y está bien, yo tampoco se lo pediría pero… si no tendremos el futuro, si no viviremos una larga historia de amor, sí quisiera por lo menos tener un poco del presente.
Quisiera ser el ahora de Yuri Katsuki. Quiero ser yo quien camine de la mano con él, quiero tener citas con él, quiero reírme con él y decirle que estoy aterrado por mi vida futura pero que si él se quedara conmigo, si Yuri se quedara a mi lado, si él volviera a besarme como lo hizo… vamos, si él volviera a prometerme que todo estará bien yo le creería y me olvidaría de mi padre, de mi herencia, del mundo que me pertenece y al que yo pertenezco. Ese mundo al que le debo mi vida, el mundo que siempre se interpondrá entre yo y cualquier otro sueño que llegue a tener.
Estoy enamorado de él y sé que esto es lo más cerca del amor que estaré jamás. Estoy enamorado de Yuri Katsuki como un chiquillo, tan enamorado que las mariposas en mi estómago empiezan a revolotear cuando miro el reloj de la pared y noto que son ya más de las nueve de la mañana y que él llegara aquí en media hora.
Tenemos una cita. Como castigo por haber faltado al entrenamiento del equipo de soccer le he exigido que una cita con el capitán se lleve a cabo. Y él aceptó. Aceptó mi cita riendo de forma divertida del otro lado de la línea, confundiéndome más con esa risa que sonaba nerviosa, alegre, adorable, como si él también hubiera estado esperando a que yo me decidiera a dar el primer paso una vez más.
— No tienes imaginación para un buen castigo— me dijo él y puedo jurar que mi corazón comenzó a latir indecentemente dentro de mi pecho al darme cuenta de que él hablaba de forma normal conmigo —. Pero debo expiar mi culpa, de otro modo temo que jamás me dejarás en paz, capitán Nikiforov…
— ¿Vendrás entonces? — le dije yo cruzando mis dedos sin poder evitarlo.
—Iré, Victor— dijo él haciéndome imaginarlo sonriendo en su casa del centro de San Petersburgo y me contuve a tiempo para no ponerme saltar por toda mi habitación como una adolescente feliz—. Después de todo tenemos una charla pendiente y… ¿sabes que es mi cumpleaños hoy? Creo que será divertido pasarlo contigo…
Le dije que sí, no pude agregar más. El hecho de que él quisiera compartir conmigo el día de su cumpleaños, un hecho tan trivial y a la vez tan significativo como ese, me hizo volar por el cielo, me hizo sentirme emocionado y confundido, con ganas de matarlo por estar jugando de ese modo conmigo, y también con ganas de exigirle el beso más largo y caliente de la historia como compensación por tantas horas lejos de él y de sus labios.
—Voy a llevarte a un lugar especial, necesito verte muy temprano en la mañana— le dije, pensando en todos los consejos románticos para conquistar a tu primer amor de modo infalible que mi amigo Chris Giacometti me había estado dando toda la semana y por el bien de Chris y el mío propio, espero que tanta cursilería funcione.
— ¿Sí? ¿Un lugar de verdad especial para ti? — dijo Yuri con una voz tímida que me hizo temblar de anticipación.
— Sí, quiero empezar a compartir mi mundo contigo— dije con una naturalidad que me tomó por sorpresa incluso a mí—. Es decir, Yuri, quiero que me conozcas, yo… mira, sé que justo ahora soy un desastre y que todo lo que ha sucedido entre los dos últimamente también lo ha sido pero… quiero empezar algo especial contigo ¿está bien? Puedes burlarte de mí todo lo que quieras pero eso es exactamente lo que quiero, quiero estar contigo…
— ¿Burlarme de ti? — preguntó Yuri con una voz dulce que hizo que mi corazón se llenara de fuego— ¿Insinúas que voy a burlarme de ti por decirme lo que he estado esperando escuchar desde la primera vez que te vi?
—Yuri…— dije yo sin saber cómo responder a su declaración.
—Victor, creo que los dos tenemos muchas cosas pendientes de las cuales hablar— dijo él con un suspiro suave que de nuevo alteró el funcionamiento adecuado de mi corazón—. Así que cuando te vea mañana, hablemos con el corazón ¿quieres?
— ¿Hablaremos mañana entonces? — pregunté sin que el anhelo de mi voz me diera vergüenza alguna.
—Sí capitán, te veré mañana…— dijo él riendo nuevamente.
— ¿Quieres que te lleve un regalo de cumpleaños? — pregunté yo sin gana alguna de colgar el teléfono. Quería seguir escuchando su voz, quería quedarme hablando con él por horas y horas.
—No, no hace falta…— dijo él riendo de nuevo—. Solo, bueno…
—Dilo Yuri, haré lo que sea por ti…
— ¿Lo que sea?
— Lo que sea… mira, hay una historia muy oscura detrás de esto que te diré pero ahora soy dueño de la mitad de Rusia, así que si quieres un regalo costoso, puedo dártelo, así que dime ¿qué quieres Yuri?
—Solo quiero verte…— dijo él haciendo que mi corazón se detuviera por completo—. Eso es lo que quiero así que… te veré mañana, Victor.
Colgó. Después de decir esas palabras que hicieron que mi mundo temblara hasta los cimientos, Yuri Katsuki colgó y yo me quedé sonriéndole a la pared como un imbécil que se pasó la mitad de la noche suspirando e imaginando la cita que tendría al día siguiente con el amor de su vida quien es capaz de alterarlo de este modo.
¡Yuri Katsuki hace que mi corazón revolotee, se detenga, que mi corazón muera y viva! Creo que él también podría romper mi corazón en mil pedazos y no me importaría, juro que no me importaría porque mi corazón es suyo y ya no quiero esconderlo. Quiero decírselo. Voy a decírselo. Voy a hacer que él me diga también todas las respuestas a todas mis preguntas y si me dice que su corazón también es mío, bueno… si eso pasa creo que de verdad podré enfrentarme a la oscuridad que me espera.
Pero aunque tenemos una cita, aunque me he cambiado tres veces de ropa para eso, aunque ahora mismo faltan tan solo unos minutos para que él toque a mi puerta y me llame a él como siempre lo ha hecho, las mismas dudas atacan a mi mente… ¿Qué pasará si esto no es nada de lo que espero? ¿Qué pasará si después de todo, el presente con Yuri Katsuki también me está negado?
Bueno… sólo hay una forma de saberlo y si después de esta cita sigo sin respuestas, será mejor que Mikhail Nikiforov piense en la mejor manera de asesinarme y de ese modo me evite el dolor de encontrarme en este mundo sin mi abuelo, sin un padre y también sin Yuri…
