DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV

Noviembre 29

Después de nuestra cita, la primera cita que sin duda no será la última.

Antes de ponerme a escribir una vez más, había estado recostado en mi cama. Miraba el techo sintiendo que miraba las estrellas y en ellas, los ojos de Yuri Katsuki, mi Yuri. Suspiro como un estúpido al escribir esas palabras pero ahora es hermosamente cierto, él es mi Yuri.

¿Puede el corazón humano morirse de felicidad? ¿Puede alguien como yo morirse de amor, sentir que vuelo, sentirme tan feliz como nunca me había sentido?

Y todo esto es por él, por Yuri Katsuki y sus ojos marrones donde se esconde el secreto de la felicidad. Todo es por Yuri Katsuki y sus manos suaves, su sonrisa dulce, su voz contándome secretos que jamás le contará a nadie que no sea yo. Toda esta felicidad es porque me encontré con él y al hacerlo, creo que me encontré conmigo mismo.

Supongo que a veces sucede que llevas mucho tiempo cayendo en la nada, estás tan acostumbrado a la caída que ni siquiera notas que estás cayendo. Y de repente, la mirada de alguien detiene la caída. Y te miras en esos ojos, te ves en ellos por primera vez tal y como eres, no como los demás te han dicho que debes ser. Y lo que ves no te asusta, no te avergüenza y te dices que en esos ojos está bien ser tú y quieres ser uno mismo con esos ojos.

Yo me hubiera quedado a vivir en su mirada. Cuando nos despedimos y lo besé de nuevo, después de haberlo besado una y mil veces a lo largo del día, quise traerlo conmigo, quise pedirle que no me volviera a dejar solo en la oscuridad de nuestra habitación. Pero su familia había preparado para él una cena fastuosa en Yutopia y aunque él me ofreció ir con él a ese enorme evento donde estarían presentes todos los conocidos de la familia Katsuki, decliné la oferta.

Supongo que no quería compartir con nadie más mi felicidad, porque me siento completamente feliz y quiero seguir sintiéndome como el único chico que conoce la felicidad por más tiempo. Yuri Katsuki es maravilloso ¿saben? Yuri Katsuki es sin duda alguna todo lo que está bien en este mundo de oscuridad y miseria, Yuri Katsuki es mi pequeño lugar feliz.

Sí, sí, ya sé que me voy a morir de un coma diabético cuando me dé cuenta de que todo lo que he escrito es pura y vergonzosa mierda rosa pero no me importa ¡No me importa nada! Solo quiero seguir perdido en mi ensueño, quiero seguir pensando en Yuri y en todas las cosas que me dijo, en todas las cosas que yo le dije a él.

De verdad todo fue como un sueño.

Debo decir que cuando él tocó la puerta de la que por un año ha sido nuestra habitación, sentí que mi corazón se detenía. Él había llegado puntual a la cita y cuando abrí la puerta y lo vi sonreír, sentí que todo en el universo estaba bien de nuevo porque Yuri Katsuki estaba ahí, Yuri Katsuki estaba conmigo y sentí dentro de mi corazón que, como sucedió desde el principio, desde que a los dos nos asignaron como compañeros de habitación, ninguno de los dos estaba en el lugar equivocado.

Él sonrió al verme, estaba usando un abrigo color azul claro que contrastaba de modo perfecto con el negro de su cabello y hacía resaltar el brillo de sus ojos debajo de la montura de sus lentes también azules. Sus mejillas estaban sonrojadas y no pude contenerme, miré sus labios. Él me sonrió y se sonrojó más al sentir la intensidad de mi mirada, pero es que él estaba ahí frente a mí ¿entiendes? Él estaba ahí y yo estaba loco por tomarlo entre mis brazos. Pero me contuve, no quería asustarlo, no quería ser un idiota, ya no.

Yo sabía que tenía que tratarlo con cuidado, él era algo precioso y yo tenía que comportarme como un caballero aunque fue difícil, fue completamente difícil porque se veía hermoso, completamente hermoso y yo estuve a nada de volverme loco para lanzarme a sus brazos solo porque sí.

—Hola Victor… — dijo él sonriéndome de nuevo, sacándome del estupor en el que había estado sumergido al contemplarlo.

—Ho-Hola Yuri — dije sintiendo que mi rostro se sonrojaba también cuando sus ojos se posaron en los míos —. Yo… te ves muy bien hoy…

—Es que es mi cumpleaños — dijo él riendo con nerviosismo —. Mamá dice que las personas lucen más guapas cuando festejan un día especial…

—Entonces creo que debe ser tu cumpleaños todos los días… — dije yo recobrando mi calma habitual.

— ¿Por qué? — preguntó él con sincero interés.

—Porque tú luces hermoso todos los días, no solo hoy — dije y me complací al notar que el sonrojo de sus mejillas se hacía más intenso —. Por cierto, feliz cumpleaños, Yuri…

Lo abracé. Sé que debí contenerme más, pero no pude, lo tomé en mis brazos y lo pegué a mí sintiendo su cercanía y embriagándome de su perfume fresco, dulce, profundamente masculino. Sus brazos se enredaron tímidamente en mi espalda y Yuri susurró un suave "gracias" que hizo cosquillas en mi hombro. Nos quedamos así un rato que a mí me pareció largo e infinitamente corto, todo a la vez.

— ¿Quieres salir ahora? — le pregunté separándome de él con muy pocas ganas de hacerlo.

—Sí, de verdad quiero ver tu lugar especial…— dijo él sonriendo de manera preciosa y como si eso no fuera suficiente para causarme un infarto, Yuri tomó mi mano.

Yo entrelacé sus dedos a los míos y él sonrió, creo que ese fue el momento en el que me di cuenta de que Yuri se sentía genuinamente feliz de estar a mi lado y entonces me dije que tenía que dejar de temer, que no había motivo alguno para seguir temiendo. Yuri Katsuki caminaba de la mano conmigo, estaba saliendo de nuestra habitación de mi mano y aquello era un inicio perfecto para cualquier historia de amor ¿no es así? Su mano en la mía parecía ser como la primera línea de una historia de amor larga y feliz y quise aferrarme a ese pensamiento con todas las fuerzas de mi alma.

Ninguno de los dos dijo gran cosa mientras caminábamos por las calles desiertas de San Petersburgo que aquella hora de la mañana de un sábado, no lucia tan ajetreada como de costumbre. El sol se levantaba apenas entre los densos nubarrones que presagiaban un día frío de verdad, pero los rayos del astro dibujaban aureolas de colores sobre los ríos que Yuri y yo mirábamos a nuestro paso antes de que yo detuviera un taxi para indicarle el destino de nuestra siguiente parada.

—Al estadio Krestovski— le indiqué al conductor cuando Yuri y yo subimos al asiento trasero del vehículo.

El conductor asintió con una seca cabeceada y yo dejé que mis ojos se perdieran en Yuri una vez más quien me miraba con un signo de interrogación en sus ojos (y yo deseé que no me estuviera mirando así porque la ropa que había elegido no había sido de su gusto) pero luego sonrió como si él pensara que el hecho de que un jugador de soccer lo llevara a un estadio y que dicho estadio fuera su lugar especial, no era una idea tan descabellada (y yo suspiré de forma aliviada porque vamos, mi abrigo negro hacía que me viera más alto y delgado, y mi cabello plateado caía por mi espalda atado en una cola alta que sin duda me hacía lucir guapo).

No dije nada durante el transcurso del viaje, no quería que nadie más que nosotros escuchara la conversación que tendríamos, esa conversación que Yuri y yo habíamos retrasado tanto. Por eso hicimos el viaje en silencio observando a nuestro paso los cientos de puentes y autopistas que cruzan los ríos de la ciudad, hasta que la nítida imagen de un enorme estadio de setenta y nueve metros de alto se dibujó en nuestros ojos y yo no pude evitar sonreír con cierta tristeza.

Y es que mi abuelo al igual que yo, había sido un verdadero fan del soccer, mi abuelo estaba emocionado porque Rusia sería la sede de la copa mundial el próximo año y su emoción había sido tal, que se había convertido en uno de los principales patrocinadores de la remodelación del lugar en el que ahora, mi familia tenía reservado un palco completo para los partidos de la copa mundial que se llevarán a cabo ahí en unos meses.

Así pues, el estado Krestovski también había sido el último lugar donde mi abuelo habló conmigo con una sonrisa en los labios, ese fue el sitio en el que me dijo que en algunos años, él me imaginaba jugando ahí, que me veía corriendo sobre un majestuoso campo como aquel como un jugador de la selección nacional rusa. Yo sonreí al escucharlo. Él siempre fue la única persona que no se rio de mí cuando le conté acerca de mi sueño de convertirme en un jugador profesional de soccer.

—Puedes ser lo que te dé la gana ser en esta vida, Vitya— me había dicho él la primera vez que me llevó a ver los avances del estadio—. No quiero que sientas que tu destino está decidido solo por llevar el apellido Nikiforov, de hecho, es eso lo que te permite tener la seguridad de poder ser lo que te venga en gana ser y si quieres correr de un lado a otro usando el jersey rojo de nuestro equipo nacional, claro que puedes hacerlo y créeme, yo seré tu mayor fan…

Mi abuelo había sonreído con firmeza después de decirme aquellas palabras y yo quise creerle, quise aferrarme a la calidez de su voz pero ahora sus palabras no tienen sentido porque él se fue antes de tiempo, él no está aquí para defenderme y sé que en aquel instante, mientras Yuri caminaba conmigo y se adentraba en aquella inmensa mole de concreto, no debí estar pensando en eso pero no pude evitarlo.

— ¿Estás bien? — me dijo Yuri con una sonrisa preocupada mientras subíamos una de las enormes escaleras eléctricas que nos llevaría al palco de la familia Nikiforov, que era el sitio en el que había preparado un almuerzo romántico de cumpleaños para Yuri.

—Sí…— dije yo intentando sonreír otra vez.

—Pensé que habíamos prometido hablar con sinceridad y con el corazón…— dijo él tomando mi otra mano y llevándose con ese gesto la pesada tristeza que comenzaba a invadirme sin que yo lo deseara.

—No quiero arruinar tu día especial con mis tonterías, Yuri— le dije con una sonrisa avergonzada.

—No son tonterías…— dijo él soltando mi mano simplemente para dejar la escalera eléctrica y pararse frente a mí en suelo firme—. Dijiste que ibas a contarme todo de ti ¿no es así? Quiero saberlo, es parte de mi regalo de cumpleaños, quiero saber todo de Victor Nikiforov, quiero conocerte mejor…

— ¿Y si no quieres estar más conmigo una vez que me conozcas mejor? — le dije mirando al suelo y él me sorprendió tomando mi rostro en sus manos sin dejar de sonreír.

—Quiero estar contigo ahora, incluso después de que intentaste que creyera que eres un completo idiota— dijo Yuri con calma—. Pero yo sé que no eres un idiota, simplemente estás demasiado triste, demasiado solo y bueno… de verdad creo que eres una persona especial, una persona fuerte y maravillosa así que… no tengas miedo, por favor, yo tampoco tendré miedo de dejarte verme tal como soy ¿está bien?

Sonreí. Tomé las manos de Yuri entre mis manos y deposité un beso en sus dedos antes de volver a encaminarlo hacia el palco donde un par de ayudantes del lugar nos esperaban ya para darnos la bienvenida al sitio desde el cual, podíamos contemplar la majestuosidad de la cancha vacía, metros y metros de verde césped pulcramente cuidado. El estadio olía a nuevo, olía a la expectación contenida de un sitio en el que sucedería una enorme fiesta. Yuri se quedó maravillado al contemplar la magnitud del lugar, soltó mi mano para acercarse a la primera fila de los asientos del palco y soltar una exclamación de asombro puro que me hizo sonreír.

Sí, la cancha de la Academia Feltsman no tenía nada que ver como un sitio como aquel, un sitio donde los sueños de los jugadores y de los fans de uno de los deportes más famosos del mundo, podían frustrarse o hacerse realidad cada cuatro años.

— ¡Wow, Victor! — dijo mi acompañante sonriéndome como un pequeño niño emocionado— ¡Esto es hermoso!

— ¿Verdad que lo es? — dije yo sin poder evitar sentirme conmovido por su genuina emoción, por su alegría natural y si es posible hacerlo, creo que me enamoré un poco más de Yuri en aquel momento.

— ¿Habías venido antes? — preguntó él y yo lo abracé por la espalda para poder contemplar el panorama de una forma más agradable, cosa que a él no le molestó.

—He estado viniendo muchas veces a lo largo del año, solía venir con mi abuelo a supervisar los avances de la construcción. Los dos somos un par de locos fans del soccer y él patrocinó parte de los gastos de la remodelación del estadio y…

— ¡Entonces es el estadio de tu familia! — dijo Yuri realmente sorprendido.

—Yo no lo diría así, este es uno de los estadios más caros del mundo ¿sabes? Mi abuelo no habría podido pagarlo del todo, no sin dejar a la familia en banca rota. Él solo quería cooperar ¿sabes? Decía que quería construirme un lugar en el cuál poder realizar mis sueños…

— ¿Tu sueño es ser un jugador profesional de soccer? —me preguntó él y sentí que su brazo derecho se aferraba con fuerza a mi cintura, como si él buscara protegerme de la tristeza que era perceptible en mi voz.

— ¿Es un jodido cliché, verdad? — dije yo un poco avergonzado—. Pero sí es mi sueño, es más que eso, Yuri. Yo soy bueno de verdad jugando al soccer, creo que es la única cosa verdadera que tengo, la única cosa que me he ganado yo mismo y no solo por tener el apellido Nikiforov…

—Claro que eres bueno, eres un excelente delantero y un capitán muy inteligente y… ¿no has pensado dedicarte a esto en serio?

—Sí, lo he hecho…— dije yo con un profundo suspiro—. Varios equipos de la liga local han hablado con del entrenador Cialdini, creen que soy un fenómeno de la liga juvenil de soccer. De hecho, hace pocos días recibí una invitación de la Federación Rusa de soccer, fui convocado a la Selección Nacional juvenil…

—¡Victor! — dijo Yuri con sus hermosos ojos color chocolate llenos de orgullo—. Les dijiste que irás ¿verdad?

—No, no puedo…

— ¿Por qué no? — dijo él verdaderamente intrigado.

—Porque tengo responsabilidades que atender, Yuri, creo que yo como todos los miembros de mi familia, no tenemos permitido atrevernos a tener un sueño propio…

—Pero tú eres Victor, eres un rebelde por naturaleza, siempre lo has sido ¿por qué no serlo ahora y luchar por lo que quieres de verdad?

Sonreí al escuchar las palabras de Yuri. Que él me viera así, que él sintiera que yo era capaz de lograrlo todo me hizo feliz. Fue por eso que volví a tomarlo en mis brazos y sin separarme de él, le conté todo. Le conté de la muerte de mi abuelo y de lo que eso significaba para mí, le hablé del testamento, de la guerra con mi padre, de que yo era responsable del futuro de nuestras empresas y que no podía hacer lo que quisiera porque muchas personas dependían de mí: mi madre, los trabajadores que le habían sido leales siempre a la familia Nikiforov, miles de personas sin rostro y nombre que eran parte fundamental del legado de mi abuelo.

—Bueno, Victor…—dijo él, separándose de mi abrazo para mirar mis ojos—. Sigo creyendo que podrías encontrar la forma de lograr hacer lo que deseas, creo que si lo pensamos mejor, podremos hacer que puedas jugar en la Selección Nacional sin descuidar tu legado…

— ¿Si lo pensamos? ¿Tú y yo? — dije yo, maravillándome de lo hermoso que sonaba el plural que nos incluía a él y a mí en la misma oración.

—Sí, bueno…— dijo él con las mejillas llenas de rubor—. Verás, yo… yo quiero estar contigo y eso significa que quiero estar contigo para apoyarte, para no dejarte solo, para llevarme la tristeza de tu corazón porque no quiero volver a verte llorar jamás, yo… yo quiero que seas feliz, Victor, yo quiero que cada sueño que tengas se vuelva real, quiero ayudarte a conseguirlo…

—Mi Yuri…— dije yo sintiendo que empezaría a volar por encima del estadio de un momento a otro—. Mi Yuri quiere que un idiota como yo sea feliz, pero él no sabe que ya lo soy, que justo ahora soy la persona más feliz del universo porque él está conmigo por fin…

— Victor…— dijo él, temblando un poco mientras mis dedos delineaban su labio inferior.

—Sé que he sido un patán contigo, no creas que no lo sé…

—Eso ya no importa, no son tus palabras lo que importan, sino lo que has hecho por traerme a ti…

—Sí importa, mi Yuri, debí haber sido más inteligente, debí haberme acercado a ti de modo sincero, dejarme de juegos, dejarme de estupideces y decirte de forma directa que he estado enamorado de ti prácticamente desde que te miré, que eres la única persona que me ha hecho sentirme así. Yuri, de verdad estoy enamorado de ti…— dije yo y me sentí profundamente feliz al hacer aquella declaración que llevaba tanto tiempo callando.

—Y yo de ti, yo estoy enamorado de ti Victor…— dijo él acelerando los latidos de mi corazón—. Yo también debí de ser valiente y decírtelo y sin embargo, me escondí de lo que sentía y eso no estuvo bien, Victor, fue estúpido y cobarde y herí a alguien que me importaba y… Victor, por es no corrí a ti de forma inmediata, tenía miedo. Soy un jodido cobarde ¿verdad?

—No, no lo eres, claro que no lo eres…— le dije mirándolo a los ojos de forma firme—. Yuri, creo que es normal tener miedo, yo mismo estoy muriéndome de miedo ahora ¿sabes?

— ¿Tú tienes miedo? — preguntó él como si mi confesión fuera de sobra increíble— ¿Victor Nikiforov siente miedo?

—Cuando se trata de ti, sí…— le dije sonriendo de forma avergonzada—. Tengo miedo de hacerte daño de nuevo, miedo de olvidarme de que la persona que soy cuando estoy contigo es mi verdadero ser. También temo no poder hacerte feliz ¿sabes? Yuri, yo jamás he sido el novio de alguien, esa es la verdad y…

— ¿Tú quieres ser mi novio? — me preguntó él con los ojos llenos de luz y en serio, tuve que reprimirme para no besarlo y terminar la charla de una buena vez.

—Oye, esa es la pregunta que tenía que hacerte yo, tramposo—le dije con las mejillas sonrojadas—. Pero ahora que lo has dicho, sí, Yuri Katsuki, quiero ser tu cursi y fiel novio, eso es lo que quiero ¿y tú?

—Yo también quiero que seas mi cursi y fiel novio— dijo Yuri riendo con una felicidad radiante que apuesto era la misma que yo sentí en mi corazón—. Y yo seré el tuyo, aunque quizá no sea tan cursi, yo… quizá no sea suficiente para ti, Victor…

—Lo eres, eres más que suficiente—dije yo susurrando las palabras sobre sus labios—. Y ahora, novio mío, déjame darte un regalo de cumpleaños inolvidable…

Yuri sonrió y enredó sus brazos en mi cuello y yo lo abracé por la cintura antes de fundirme con él en un beso suave, un beso que no entendía nada de la noción del tiempo, que no sabía de nuestra edad, un beso al que no le importaba nuestra juventud, un beso que era un día uno, un beso que era el inicio de un nuevo tiempo.

Y era hermoso poder besarlo así, tan libremente, lenta y suavemente, sin temor alguno de no poder volver a besarlo después. Él quería besarme, él quería estar conmigo y yo me dejé llevar simplemente. En aquel momento ninguno de mis problemas me importaba, yo solo era un chico besando a otro chico, un chico al que seguramente amaría, un chico al que llevaría por siempre en lo más profundo de mí. En aquel instante me sentí infinito, brillante, poderoso. En aquel instante, creo que sentí lastima de todos aquellos que no eran yo porque estaba seguro de que ningún otro ser humano en la galaxia se había encontrado con el amor antes de mí.

Yuri y yo nos separamos varios minutos después y la sonrisa en su rostro me dijo que en efecto, mi beso había sido un regalo de cumpleaños perfecto para él pero no, aun no le había entregado ni la mitad de las cosas que quería entregarle, así que llevándolo a la parte interior del palco, lo ayudé a sentarse en la pequeña mesa en la que el staff del estadio había preparado bocadillos y bebidas pulcramente servidas para festejar a Yuri quien lo miraba todo con los ojos llenos de maravilla. Creo que aún no soy capaz de procesar del todo que toda la felicidad de su rostro era por mí, que yo también era un mundo feliz para él.

El desayuno transcurrió de forma tranquila. Los dos reíamos y comíamos rodeados por la soledad del estadio y yo me encontré contándole a Yuri más anécdotas de mi vida, todos esos momentos que dentro de mí no eran un recuerdo triste y él me dejó saber más de él, de su familia. Y cada pequeño detalle de su vida, cada palabra que él decía solo me hacían sentir más seguro de que a su lado todo estaba bien, de que el mundo se sentía perfectamente correcto cuando era él quien estaba a mi lado.

—Sé que no querías un regalo, así que preparé dos— le dije cuando la comida se terminó y él me miró con sus ojos llenos de una emoción que quería decirme: "jamás dejarás de sorprenderme ¿verdad?"

—Te dije que no era necesario, Victor…— dijo él soltando una risa un tanto resignada.

—Sí bueno, ya sabes que no soy muy bueno obedeciendo a las personas así que…—dije yo poniendo frente a él una caja bastante grande que estaba adornada con un enorme lazo azul.

— ¿Qué es? — dijo Yuri quien lucía emocionado de verdad.

—Ábrela…— dije yo sintiéndome expectante también, me moría de ganas por ver su reacción.

Yuri asintió a mis palabras y sin esperar más, abrió la caja por la que un rostro peludo y amigable asomó y Yuri soltó un grito de alegría antes de tomar al pequeño caniche entre sus brazos y empezar a acariciarlo y a decirle lo hermoso que era.

—Tu hermana me dijo que te gustaban los cachorros y que estaba bien que tuvieras uno…— dije yo totalmente feliz de verlo disfrutar su regalo de aquel modo.

— ¿Hablaste con mi hermana? — dijo Yuri realmente sorprendido, pero sin apartar sus hermosos ojos del cachorro que parecía haberse enamorado de él a primera vista también.

—Sí, bueno, ser el dueño de la mitad de Rusia tiene sus ventajas, parece que tengo el número de todas las personas importantes en este país ¿sabes? Y el número de la directora general del hotel Yutopia de San Petersburgo no podía faltar en mi agenda…

— ¡Victor, muchas gracias! — dijo Yuri acercándose a mí para depositar un beso suave en mi mejilla.

— ¿Qué nombre vas a darle? — dije yo acercándome a él una vez más—. Yo también tengo un caniche ¿sabes? Aunque vive con mi madre, a papá jamás le gustaron las mascotas así que Maccachin vive con mamá, siempre que puedo escaparme de todo voy a visitarlo, es un gran perro…

— ¿Maccachin? ¡Qué nombre tan adorable! — dijo Yuri mirando a su cachorro en busca de un nombre para él—. Creo que tengo el nombre perfecto para él…

— ¿Cuál?

—Victor…

— ¿Sí?

—Ese es el nombre, lo llamaré Victor— dijo Yuri riendo alegremente—. Quiero que tenga el nombre más hermoso del mundo, por eso se llamará Victor…

Juro que quise besarlo una vez más pero en lugar de eso me dediqué a derretirme por dentro mientras lo miraba jugando con su cachorro a quien le había puesto mi nombre. En otras circunstancias, creo que habría fruncido el ceño ante la idea pero era Yuri Katsuki quien estaba frente a mí, quien le hacía carantoñas a su cachorro mientras yo intentaba no ahogarme en todos esos sentimientos que él estaba haciendo brotar dentro de mí. Él creía que mi nombre era hermoso, mi nombre es suyo, él puede hacer lo que quiera con mi nombre y conmigo así que lo dejé ser.

— ¿Y cuál es el segundo regalo? — dijo Yuri una vez que su cachorro se durmió y él volvió a depositarlo dentro de la caja de regalo para no despertarlo de nuevo.

—Bueno, más que un regalo, es una propuesta…—dije yo notando que sus mejillas volvían a sonrojarse—. No esa clase de propuesta que estás imaginándote, qué mente tan sucia tienes…

—No estaba imaginando nada malo…—dijo él con una mirada asustada que me hizo reír.

—Espero que no…— dije yo volviendo a tomar sus manos— ¿Sabes algo, Yuri? Todos estos días que no estuviste a mi lado estuve pensando que yo también tengo derecho a decidir en nuestra canción de bodas, es decir, en la canción que los dos bailaremos frente a la Academia Feltsman antes de las vacaciones de navidad…

— ¿Nuestra canción del dueto? — dijo Yuri sonriendo un tanto aliviado.

—Esa misma, verás, no sé tú pero yo no me siento con ganas de compartir con los demás la magia de esa canción, ¿te parece si la guardamos para el día de nuestra boda y elegimos otra para mostrarle al mundo?

— ¿Nuestra boda? — dijo Yuri con los ojos llenos de ilusión y por un minuto completo, juro que deseé que en mi vida algo como eso, la idea de una boda con él, fuera realidad alguna vez—. Es decir, tú… ¿tú has pensado en otra canción?

—Claro que sí…— dije yo chasqueando mis dedos en el aire haciendo que de pronto el palco se llenara de una melodía suave y moderna que en seguida hizo que Yuri y yo comenzáramos a danzar sin tener que pensar en ello realmente—. Creo que esta canción también cubre la descripción de ser un vals moderno, dice muchas cosas que siento por ti y… bueno, de verdad creo que podemos compartirla con el mundo…

Yuri sonrió y los dos dejamos que la música nos inundara como siempre lo hace cuando bailamos juntos. Él miraba mis ojos y yo me perdí en los suyos y en las palabras de esa canción que había elegido especialmente para él porque según Chris, el amor de tu vida no podrá resistirse a una canción romántica que te hace pensar en él. Y aunque ciertamente al principio de todo este embrollo, esa idea me habría hecho reírme y rodar los ojos al mirar la sonrisa suave en los labios de Yuri quise hacerle un monumento a Christophe Giacometti porque definitivamente él tiene toda la experiencia en el romance que me falta a mí.

Así que me perdí en los ojos de Yuri, me perdí en aquella canción y decidí dejar que el tiempo corriera felizmente al sentirme de nuevo en los brazos de Yuri Katsuki para quien sin duda alguna aquella canción había sido escrita:

Nada de esto es una coincidencia.

Siento que el mundo es diferente de cómo era ayer tan solo con tu alegría.

Cuando me llamaste me convertí en tu flor.

Como si hubiéramos estado esperando florecemos hasta que nos duele.

Quizá sea una providencia del universo, simplemente tiene que serlo

Tú lo sabes, yo lo sé

Tú eres yo, yo soy tú.

Aunque mi corazón se agita, estoy preocupado.

El destino tiene celos de nosotros.

Estoy tan asustado como tú, cuando me miras, cuando me tocas.

El universo se ha movido por nosotros, no hubo ni el más mínimo error.

Estábamos destinados a ser felices porque tú me amas y yo te amo.

Tú eres mi medicina, eres mi salvación.

Eres mi ángel, mi mundo.

Yo soy tu señal de la buena suerte.

Estoy aquí para mirarte.

Ámame ahora, tócame ahora

Solo déjame amar, déjame amarte.

Desde que se creó el universo todo estaba destinado

Solo déjame amar, déjame amarte.

— ¿De verdad quieres compartir esta canción con el resto del mundo? — me dijo él después de que la música se detuviera y yo lo besara profundamente una vez más.

—Sí… ¿por qué no lo haríamos? — dije yo susurrando las palabras sobre sus labios—. Creo que es linda, bailaríamos bien con ella, la profesora Baranovskaya morirá de un coma diabético al vernos…

—También es intensa ¿no crees? — dijo él suspirando profundamente—. Hace que yo sienta… bueno, lo que sentí la primera vez que te besé…

— ¿Te asusta eso, Yuri?

—No, no me asusta es solo que… en fin, tienes razón, creo que sin importar la canción que bailemos terminaremos igual…

— ¿Igual? ¿Cómo? — dije yo riendo divertido.

—Con ganas de besar al otro hasta el cansancio…— dijo él con las mejillas sonrojadas y una risa nerviosa que efectivamente, me hizo querer besarlo hasta que el mundo dejara de girar.

— ¿De verdad? — dije yo riendo alegremente—. Creo que acabo de encontrar mi canción favorita, siempre que estemos juntos, vas a bailarla conmigo…

— ¿Es una orden, capitán? — preguntó él sonriendo de forma traviesa.

—Sí, es una orden y como acabo de recordar que de hecho esta cita es un castigo, vuelva a besarme ahora, señor Katsuki…

—Como usted ordene, capitán, como usted ordene…

Lo besé de nuevo. Me reí de nuevo. Me sentí una vez más el ser humano más feliz del mundo y sus alrededores. Las horas al lado de Yuri fueron horas de colores. Las horas a su lado sin duda alguna me han hecho sentir fuerte. Después de eso, nuestra cita se prolongó hasta que el sol se ocultó entre las nubes y una llovizna fría de noviembre comenzó a caer sobre el mundo que no me parecía el mismo mundo en el que había vivido los últimos diecisiete años.

Y creo que me gusta este mundo, de verdad me gusta y quiero quedarme a vivir en él sin pensar en el futuro, sin pensar en nada.

¿Qué sucedió con nosotros el resto del día? Dejaré eso a la imaginación y a los recuerdos, que baste lo escrito hasta ahora.

¿Qué sucederá conmigo y con Yuri a partir de ahora? Cosas felices, solo cosas felices y si no es así, bueno, bastará con besar a Yuri una vez para recordar que si el mundo es oscuro, él me ayudará encontrar la luz dentro de mí. Hay luz dentro de mí cuando estoy cerca de él, cuando estoy cerca de Yuri todo está bien.

Mi Yuri, Yuri Katsuki es la luz dentro de mí.


CANCIÓN: Serendipity- Jimin (BTS)