Capítulo XVII
Explicaciones
Cuando llegó, venía extremadamente serio, no sabía si como otras veces había leído la mente de su hermana y me había visto con Ethan, o bien, sabía que yo estaba al tanto de lo que me escondía y no tenía más opción que confesarme todo lo que me había escondido este tiempo. Realmente tenía muchísima rabia ¿Por qué no había sido honesto desde el principio? Yo había dejado a Ethan con el corazón destrozado por él, y él, ni siquiera era sincero conmigo.
En menos de diez minutos tocaron la puerta. Era Edward.
- Hola Bella –realmente estaba muy complicado.
- Edward, pasa. Tenemos que hablar –fui cortante.
- Lo sé... Sólo pregúntame lo que necesites saber...
- Primero quiero saber por qué me mentiste todo este tiempo... -tenía mucha rabia.
- Lo siento, temía perderte, pero fue un error –sus dorados líquidos me pedían perdón, pero su cuerpo mantenía cierta distancia de mí.
- ¡No es excusa Edward! Sé que eres un vampiro... ¡Y no me cuentas otras cosas! No te entiendo... Y Alice, Jasper ¿Todos lo saben cierto?
- Sí –casi murmulló
- ¡Son todos unos traicioneros! –me salió del alma -¿Cómo es eso de la reencarnación?
Suspiró y tragó saliva o ponzoña, a estas alturas no sé.
- Si, eres una reencarnación ¿Te acuerdas qué me dijiste que "Bella" le decían a varias generaciones de tu familia?
Asentí y él prosiguió.
- Bueno, yo conozco a la primera "Bella" que eres tú misma...
- No entiendo ¡Explícate!
- Así es, las almas son cíclicas y cada siete generaciones las mismas almas vuelven a reencarnarse, por eso tú eres la primera Isabella, del amor de mi vida.
- Y ¿Por qué no me lo dijiste desde un principio? –fui seca
- Pensaba que ya con la noticia de que yo era un vampiro era suficiente por el momento –torció sus labios rubí en una sonrisa.
- Pero no era toda la verdad... Además, la vampira me dijo que tú me habías abandonado y que yo tenía una deuda con ellos ¿Por qué?
Él estaba muy acongojado y la luz en sus ojos se había esfumado.
- Es verdad, fui un idiota y te dejé, y cuando volví ya era tarde... Pero, créeme que he pagado mi error con creses... el dolor de no tenerte me ha carcomido lo que me queda de alma y esperé este tiempo tan impacientemente, que cuando te vi no quería dejarte nunca más, por eso no te conté nada... –sus bellos ojos dorados estaban consternados.
- No te entiendo Edward, la excusa que me das la entiendo..., pero me duele mucho que me hayas mentido... ¿No pensabas contarme nunca acaso?
- Sí debía hacerlo, pero aún no me armaba de valor... –sus rostro estaba tenso y sus bellos ojos tostados ahora eran de color caramelo oscuro.
- ¿Y cuándo pretendías hacerlo?
- No lo sé...
- ¿Y qué hay de eso de que me abandonaste? ¿Qué pasó?
- Es complicado...
- Espero... –dije aún enojada.
- Éramos muy jóvenes en ese tiempo. Yo te amaba mucho, jamás lo dudes, pero era inmaduro... y no tenía claro como abordar el enamoramiento.
- ¿Y qué pasó?
- Nos íbamos a casar...-bajó la vista.
- ¿Y?
- Yo te dejé prácticamente en el altar...-sus ojos parecieron humedecerse.
- ¡¿Qué?! –no podía creer lo que escuchaba.
- Sí, fui el hombre más imbécil del mundo y me arrepiento tanto, tanto, aún me duele recordarlo –sus ojos parecían titilar y sus labios estaban tensos en una línea.
- ¡¿Y tienes cara de volver a mi vida a destruirla nuevamente?! –ahora si estaba profundamente encolerizada y dolida.
- Lo peor fue cuando me di cuenta que sin ti no podría vivir y volví a buscarte, pero tú... ya te habías casado. En ese momento enloquecí totalmente y vagué por distintas ciudades hasta que me una enfermedad me hizo caer en coma y ahí fue cuando Carlisle, mi padre actual, me salvó convirtiéndome en esto –se miró contrariado.
- ¿Y nunca intentaste hablar conmigo? –le dije furiosa
- No, menos cuando me enteré que habías tratado de encontrarme a través de gente no muy correcta y que tú desconocías que eran vampiros, ya en esa época.
- ¿Y quiénes eran ellos?
- August y la mujer que conociste el otro día... Margaret. Ellos te querían convertir y yo lo impedí... es por eso que te buscan...
- ¿En serio? ¡Qué sórdido es todo esto!
- Lo es..., pero tiempo después, cuando quedaste embarazada de tu primera hija... moriste en el parto... –unas gotas comenzaron a rodar por sus mejillas.
- No creo todo lo que escucho –me senté en estado de shock en la cama.
- ¡Bella perdóname por favor! –Edward estaba de rodillas a mi lado y me suplicaba.
Lo ignoré y cuando acercó su mano a mi rostro, me tiré hacia atrás ¡No quería nada con él! En este momento no quería saber de él ¡Era un mentiroso y traicionero! Y yo que lo amaba tanto... Él me miraba destrozado.
- Edward ándate por favor –ya era tarde, unas lágrimas idiotas corrían por mis mejillas y un nudo me aprisionaba la garganta y no me dejaba hablar.
- ¡Bella te amo! No lo olvides nunca... –intentó besar me frente, pero hice hacia un lado.
Lo vi salir con los hombros caídos y los ojos cubiertos de lágrimas ¿era posible que llorara o era producto de mi imaginación? Pero antes de que saliera del cuarto, noté que era absolutamente cierto.
- Edward... –moví la cabeza y cerré la puerta.
Esa noche lloré profundamente, no podía creer que ese hombre maravilloso me hubiese abandonado ¡Me dolía el corazón! Yo estaba profundamente enamorada de él y esto era demasiado difícil ¡No sabía qué hacer! Sentía que me habían enterrado un puñal frío en el corazón y en este momento me desangraba, pero de pena. Lloré tanto, tanto que me dormí encima de la cama y cuando despertaba intentaba dormir nuevamente para olvidarme de todo...
La mañana siguiente el sol pegaba fuerte en la ventana. Me duché y salí a caminar, sin miedo de encontrarme con alguien, en verdad estaba tan confundida que quería devolverme a Phoenix y olvidarme de todo lo sucedido en Londres... Quería olvidarme de Edward, Ethan y lo que había vivido con ellos... ahora eran un mal recuerdo.
Sentía tanta pena y desilusión... yo lo había aceptado tal cual y él me había defraudado, había sido poco honesto y me mantenía engañada... yo había dejado todo por él, incluso a Ethan...
Me dolía el alma... y no sabía si sería capaz de superarlo...
