Capítulo XVIII
Ethan
Era la mujer perfecta. La amaba… tanto, tanto, que ni siquiera lo sé explicar. Cuando la conocí en esa fiesta a principio de año, fue como ver una luz resplandecer en medio de la noche. Esos bellos ojos marrones me cautivaron y su sonrisa, me encapsuló el corazón. No sé, jamás me había sucedido antes, había tenido otras novias, pero ninguna fue tan importante para mí como ella. Recuerdo que su timidez, me llamó aún más la atención, hizo que todo el resto del mundo se convirtiera en nada y sólo existiera Isabella y yo.
Rápidamente nos afianzamos y poco a poco me fui enamorando como un loco de ella, de sus besos, sus caricias, sus gestos, su rostro, su mirada, su piel suave, tibia y traslúcida ¡Era maravillosa! Para mí no existía nadie más… Isabella era todo para mí, y yo por ella dejaría mi vida y renunciaría a todo por su amor…
Si tan solo me diera una segunda oportunidad… ya no haría caso a nadie, sólo estaría con ella las veinticuatro horas del día, y si a los Eximius no les gustaba porque no era como "nosotros" no me importaba, renunciaría a pertenecer a esta sociedad. Ahora no me interesaba la opinión de nadie más que de ella.
Mi grave error fue ese maldito viaje a las Islas Griegas, no sé, siempre intuí que algo no bueno pasaría esa noche, por eso le pedí a Phillip que se asegurara de que nos encontráramos el mismo lugar, para aprovechar ese viaje juntos. Lamentablemente, mi querido amigo no hizo las cosas bien y gané el concurso, concurso en el que jamás debí participar, porque ese día comenzó mi desgracia, lo sé, lo siento…
Nuestra primera vez fue fabulosa, la recuerdo con su bikini que la hacía verse espléndida y su pelo marrón y ondulado le daba un aspecto de inocencia. Estaba atardeciendo y nos comenzamos a amar con tanta pasión que jamás había sentido. La piel se me erizaba tan sólo con rozarla y sus besos tibios y suaves me transportaban al paraíso. Su rostro acalorado y el pelo desordenado la hacía verse aún más hermosa, quería que fuera mía, más que nada en este mundo, necesitaba sentirla, hacerla mía y por fin ese perfecto día lo fue, y desde ahí, mi corazón quedó prendado a su alma, nunca encontraré a nadie que me haga sentir igual, jamás podré amar a otra persona como a mi Isa.
Quería amarla en todo momento, no quería estar un segundo separada de ella ¡Era mi vida! Tan sólo acordarme de ella hacía que me costara respirar y sentía la necesidad imperiosa de estar con mi vida…
Todo era perfecto y un día, sin más, se derrumbó y caí del paraíso a las brasas del infierno sin su amor… cuando me dijo que no me quería y que debíamos terminar, sentí que el mundo se me venía abajo y que moriría de pena. En primera instancia bloqueé mi mente y no entendí lo que me decía, yo iba a buscarla para pasar el día con ella, llevaba un mes pensando a diario en mi vida, en cada segundo, imaginaba nuestro reencuentro, queriendo estar con ella más que cualquier otra cosa en la vida y cuando su reacción fue otra, pensé que mi vida llegaría hasta ahí y no podría salir adelante.
Ese día llegué a mi casa y mi mamá me preguntó.
–¿No ibas a buscar a Isabella? –me miró extrañada.
No respondí y me encerré en mi cuarto. Miré por la ventana y recordé cada minuto vivido con el amor de mi vida… cuantos momentos en esa misma habitación, cuando me había hecho el hombre más feliz del mundo, y ahora no estaba, me había dejado y lo peor, ya no me amaba. Me senté en el borde de la cama y comencé a llorar como un niño, con un llanto ahogado y profundo. Escuchaba como mi mamá y mi hermana golpeaban la puerta, pero no me importaba nada, ya no estaba con mi Isabella y eso me había destrozado el alma.
Por varios días no quería saber nada de nada. Poco a poco me fui animando a salir, por insistencia de Grace y Phillip, principalmente, quien siempre me decía:
–Hermano no vale la pena… como ella hay millones ¡Hoy te encuentro una diez veces mejor! –intentaba animarme, pero sólo lograba sacarme una sonrisa.
Efectivamente salí incontadas veces y conocí muchas mujeres, de todo tipo: lindas, inteligentes, simpáticas, serias, pero ninguna le hacía el peso a la Isa. Todo me hacía recordarla, realmente seguía enamoradísimo de ella.
Uno de esos días nos encontramos y no sabía si acercarme o saludarla de lejos, porque nunca fue mi intención hostigarla…, pero finalmente no resistí y fui con ella. Me miró descolocada y con cierto rubor en sus mejillas que la hacía resplandecer. Nuestra conversación fue breve, pero noté que estaba preocupada por lo que le "informé" que había sobrevivido al desamor. Ella pareció más tranquila.
La segunda vez que nos volvimos a ver opté por saludarla de lejos, no quería que ella sintiera que la acosara, era su decisión dejarme y yo no era quien para entrometerme en su vida…
Pero cuando la vi besándose con él, nuevamente pensé que moriría ¡No lo podía creer! Quise correr y matar a puñetazos a ese desgraciado que se había llevado a mi amor ¡Cuánto lo odiaba! Nunca había tenido ese sentimiento por nadie…, era la primera vez. Después sentí mucha rabia con Isabella, porque pensé que él había sido la razón de que ella me dejara, me molestó su poco transparencia, porque se notaba a la legua que esa relación no era de ahora, se veían muy afianzados y enamorados, eso me partió el corazón. Si no hubiese estado Phillip acompañándome y dándome apoyo moral, no sé que hubiese hecho. En ocasiones pensaba que él me escondía, que tenía más información de la que yo sabía, pero por alguna razón extraña lo negaba y sólo se limitaba a ser mi gran amigo de siempre.
Ese día cuando la vi de vuelta de la biblioteca, no lo pensé mucho, sólo quería estar con ella, necesitaba besarla, amarla, aunque fuese un segundo. Fue entonces cuando decidí abordarla y "secuestrarla" por unos minutos. La tomé por la cintura y la entré a esa oficina solitaria, que parecía haber estado en el momento justo para que nos amáramos. A penas la tuve en frente de mí, la besé con tanta impaciencia y amor, que sentía mi pecho prensado. Entreabrí sus labios con los míos y ella no se resistió, más bien, después de unos segundos, respondió a mis besos y enredó sus tibios dedos de princesa en mi cabello. En ese momento creí estar nuevamente en la gloria y no quería dejarla por ningún motivo, pero después de un rato me di cuenta que era un error, quizás la estaba forzando…, pero al mismo tiempo sentía que me merecía esa despedida.
Amo a Isabella Swan más que a mi vida, necesito su amor y entregarle el mío, pero si ella no me ama, no la puedo obligar, aunque en ocasiones lo quisiera.
El amor es cruel, es frío. Verla era como tener agua y no poder beberla… Ella era mi amor, mi ilusión y mi vida… y no estaba junto a mí.
