DIARIO DE YURI KATSUKI

Noviembre 30

Mi madre siempre me dijo que algunas horas, que algunos momentos de verdad le hacían creer en la existencia de la magia. Una de esas horas fue la primera vez que miró a mi padre, los dos se conocieron en la escuela secundaria de Hasetsu, el pequeño pueblo japonés del que mi familia es originaria. Sus siguientes horas mágicas sucedieron cuando Mari y yo venimos al mundo, mamá dice que cuando nos tuvo entre sus brazos fue como si ella hubiera sido capaz de contemplar un mundo diferente, dijo que vernos a nosotros dos había sido para ella como una prueba terminante de que el universo es más que dolor, es más que solo sufrimiento.

Siempre había escuchado el relato de mi madre deseando poder encontrarme yo mismo con una de esas horas, las horas que esperas toda la vida y que en tan sólo ese pequeño conjunto de segundos hacen que tu pasado, tu presente y tu futuro se mezclen haciéndote creer que todo es posible.

Bueno, creo que hace unas horas viví una de esas horas, y no solo una sino un día completo y lo más curioso, lo más maravilloso es que la viví al lado de Victor Nikiforov, sí, del Victor Nikiforov al que creía odiar y del que sin duda alguna, estoy idiota y felizmente enamorado.

Es imposible no suspirar como una quinceañera pero él… ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me decidí a negar que me enamoré de él desde el momento en el que lo vi? Justo ahora, en este instante en el que miro las estrellas y recuerdo nuestra cita de hoy, me doy cuenta de todo el cansancio que me dejó el negar mis sentimientos por él. No es hasta ahora que he sentido el alivio, que me doy cuenta de lo cansado que fue negarlo, negar que estoy enamorado de él, de Victor.

Estoy enamorado de Victor.

Creo que estoy a muy poco de empezar a sentir amor por él.

Y es que de algún modo extraño y sobrenatural él también está enamorado de mí. Él me lo dijo, lo puso en palabras pero sobre todo, me lo demostró el día completo. Lo vi en sus ojos, lo sentí en sus labios. Volví a besarlo. Estuve aferrado a sus brazos mucho tiempo, lo sostuve cerca de mí sintiéndome dueño del mundo entero, sintiéndome el chico más afortunado del universo al saberme al lado de una persona realmente especial justo el día de mi cumpleaños.

Mi madre tiene razón, las palabras pueden mentir pero no los labios besando. Creo que Victor se ha robado definitivamente mi alma con su boca, creo que… creo que no podría alejarme de él ahora, no aunque quisiera, no aunque justo ahora todo mundo esté diciendo que soy la peor basura del mundo por haber engañado a Phichit del modo en el que lo hice, que también soy una zorra, que sólo dos personas tan horribles como Victor y yo podríamos estar juntos sin sentir remordimientos.

Y la verdad es que siento remordimientos, la verdad es que los primeros días después de mi ruptura con Phichit fueron sólo un conjunto de culpa y tristeza a partes iguales. Era eso lo que hizo que retrasara el momento de acercarme a Victor, fue eso lo que me impedía correr a él y decirle que… que sin importar lo estúpido que eso sonara, quería estar con él y con nadie más. Que el mundo podía decir de mí lo que quisiera pero que después de dieciocho años de vida perfecta y comportamiento intachable estaba dispuesto a mandar al mundo a la mierda, que esperaba volverme loco a su lado, loco y estúpido como todos los chicos de mi edad son. Que ya no quería mentirme, que si estar enamorado de él y tener la esperanza de ser correspondido me hacia una zorra, sí, lo era.

Porque su beso quemaba en mis labios aún, porque quería sentir de nuevo sus manos enredándose en mi cabello, quería tocarlo, quería perderme en sus ojos azules de nuevo y olvidarme de mi nombre. Quería que nuestra vida fuera mágica, encontrar en cada día una hora especial, volvernos los dos la magia en sí misma.

Pero no me sentía merecedor de algo así. Aunque mi madre me lo había dicho, aunque Phichit también me había dicho que no fuera un cobarde como siempre lo he sido, seguía cargando con mi estúpida manía de querer complacerlos a todos, de seguir siendo ante los ojos de todo el mundo el chico perfecto que piensan que soy.

Pero yo no era perfecto, nadie puede ser perfecto siempre, es imposible.

A mi mente acudieron entonces las palabras que Mari me había dicho días atrás. Ella me había invitado a ser valiente, ella me había dicho que si el mundo decía que yo era una zorra entonces no había más remedio que demostrarles a todos lo felizmente zorra que una persona podía ser.

Me reí con ganas de las palabras de mi hermana en la soledad de mi habitación. Me reí porque la amaba por ser capaz de ver la vida de ese modo simple y maravilloso en el que yo jamás he podido hacerlo. La verdad es que todas sus palabras eran ciertas. No quería una vida perfecta, en aquel momento me di cuenta de que la vida era y sería siempre un desastre y que sería una locura seguir pretendiendo que podía estar en control de todo, no lo estaba. Porque Victor Nikiforov había puesto mi mundo de cabeza desde que llegó a la Academia Feltsman, pero todo ese desastre tenía sentido cuando estaba al lado suyo, bastaba por ejemplo recordar nuestro beso para sentir que todo valdría la pena.

La verdad es que había repetido tantas veces en mi cabeza el momento en el que nos habíamos besado que me parecía un milagro que aquel recuerdo no se hubiera desgastado ya. Quería besar a Victor de nuevo, quería abrazarlo y reír con él. Quería volverme loco, quería dejar de ser perfecto y convertirme en un imperfecto desastre al lado de él. Así que sonreí en silencio y subí a mi habitación, dispuesto a llamar a Victor pero alguien había tomado la misma decisión que yo en ese mismo instante y mi corazón se aceleró porque mi celular estaba sonando. Era él. Él me había llamado para invitarme a salir.

Miles de mariposas volaron a través de mi cuerpo. Cuando colgué, me di cuenta de que vería a Victor y de que volveríamos a estar solos de nuevo, porque durante los ensayos de nuestro dueto, Kenjirou había estado ahí en la sala, yo lo había obligado a acompañarme amenazándolo con revelarle a Christophe Giacometti que en todas las historias de amor que Kenji escribe, están de hecho basadas en su crush con el mejor amigo de Victor. Aquella amenaza funcionó a diario. Kenjirou fue conmigo evitándome tener que enfrentar a Victor a solas y en ese instante, mientras pensaba todas esas cosas, me di cuenta de lo increíblemente cobarde que podía llegar a ser. Siempre huyendo de mí mismo, siempre deseando poder escabullirme de aquello que no puedo manejar.

Pero el día de ayer estaba dispuesto a hacer las cosas de forma diferente. Sin esperar más, comencé a prepararme para mi cita con Victor después de que mi familia me despertara con el tradicional desayuno que incluía el tradicional tazón de Katsudon de mi madre, y en aquel momento juro que el miedo a todo lo que las demás personas pudieran decir o pensar de mí dejó de importarme. Lo único de lo que me preocupé en los minutos que antecedieron a mi cita con Victor, fue en pensar si me veía bien, si él pensaba que era guapo, si no iba a aburrirlo contándole de mi perfecta vida, si no iba a arrepentirse de haberme invitado a salir una vez que se diera cuenta de que yo no he experimentado ni la mitad de las cosas que seguramente él sí que había vivido.

Bajé a la sala una hora y media después y Mari y mamá quienes veían una película juntos, me miraron de pies a cabeza levantando los pulgares con aprobación al verme. Los dos rieron y recordándome que tenía que regresar a mi fiesta de gala de cumpleaños en Yutopia a tiempo, me desearon suerte con Victor y no me detuve a preguntar cómo era que sabían con quién iba a encontrarme. Supongo que era obvio. Supongo que la emoción que me embargaba al pensar que estaría por fin viviendo la aventura que siempre había querido vivir brillaba dentro de mí y salía al exterior sin que pudiera hacer mucho para detenerla.

Mi corazón seguía martilleando en mi pecho, tenía un poco de miedo pero también demasiada emoción. Iba a estar con Victor, era una cita oficial con Victor, él estaba esperando por mí. Mis pies parecieron caminar más rápido después de que aquel pensamiento apareciera en mi mente. Quería verlo, quería que todo comenzara de una vez.

Y cuando estuve por fin frente a su puerta, en la habitación que los dos habíamos compartido todo el año anterior, cuando él abrió esa puerta y me recibió con la sonrisa más brillante que hubiera visto jamás en sus labios, de verdad me olvidé del universo y de todas las complicaciones que vendrían después. Cuando la imagen de Victor Nikiforov vestido con aquel abrigo oscuro que le daba una profundidad hermosa a sus ojos claros, se reflejó en mis ojos color marrón, entendí mejor lo que Mari había querido decirme y era verdad, que se jodan todos, yo quería estar con Victor.

Recuerdo que no había incomodidad entre los dos cuando nos vimos, salimos de la Academia Feltsman sonriendo, sabiendo que el tiempo de los dos estaba a punto de comenzar. Recuerdo que mientras caminábamos por la calle con rumbo al lugar especial de Victor que estaba algo lejano del centro de la ciudad al que los dos habíamos acordado ir, sentí paz dentro de mí, ya no había miedo. Victor caminaba muy cerca de mí y mi cuerpo se sentía ligero, relajado, no debía tener miedo porque por fin estaba en el lugar en el que tenía que estar, en aquel enorme estadio que su abuelo construyó para él, me sentí por fin en el lugar en el que me correspondía estar en el universo.

Y en aquel enorme lugar que me robó el aliento, Victor me contó muchas cosas importantes, cosas que jamás me hubiera imaginado de su vida. Cosas que sin duda alguna inflamaron mi deseo de cuidar de él, de protegerlo, porque debajo de su fachada fuerte e inquebrantable, se esconde un corazón que ha sufrido demasiado en silencio. Victor necesita que yo sane su corazón y lo haré, quiero hacer que nada le duela ya.

Victor también me hizo un montón de preguntas serias y yo las respondí todas porque sabía que no podía empezar una nueva historia hasta que todo lo que había en el pasado quedara claro para el joven Nikiforov y para mí. Él me escuchó en silencio, y en sus ojos pude leer que todo estaría bien. Que el pasado era el pasado y que él y yo éramos un nuevo presente. Victor era ese presente que yo quería vivir. Y ese presente se iba pareciendo cada vez más a un sueño. Después de hablar volvimos a besarnos y yo sentí que mi alma completa estaba de fiesta. Sentí que aquel efectivamente era mi cumpleaños porque por fin tenía un enorme motivo para celebrar mi vida y que estuviera viviéndola de forma honesta.

Y las sorpresas siguieron y siguieron. Ahora tengo un cachorro, Victor me lo regaló. El pequeño Vicchan como lo ha bautizado la familia al conocerlo, duerme ahora sobre mi cama, me encuentro ahora en una de las habitaciones de Yutopia después de haber celebrado mi fiesta de cumpleaños. Todos me dijeron que me veía perfecto y radiante usando el traje negro con detalles azules que mis padres prepararon para mí, pero la verdad es que si estaba resplandeciendo era por Victor, por los recuerdos de los besos de Victor, por la promesa de verlo hoy y mañana, todos los días. Porque voy a volver a la Academia Feltsman y ahora mismo considero mi propio milagro personal que Victor y yo seamos compañeros de habitación.

Espero que mis padres no se sientan asustados por eso. Creo que debo jurarles una y mil veces que Victor y yo nos comportaremos como un par de jóvenes caballeros… o bueno, eso creo. Rio de forma divertida ante ese pensamiento, la verdad es que estoy tan feliz que quizá salga volando de mi habitación de un momento a otro. Porque mi sueño de amor adolescente es real por fin, porque Victor y yo merecemos una gran historia de amor, creo que de verdad la tendremos.

Suspiro una vez más y dejo que los recuerdos del final de nuestra cita me invadan de nuevo. Victor había decidido acompañarme hasta Yutopia y aunque lo invité a ser parte de la cena de gala, él se negó. Creo que él también quería que nadie supiera de nuestra felicidad todavía, creo que él también quería guardar la felicidad de nuestro día juntos en su corazón solamente.

— ¿Puedo preguntarte algo, Victor? — le dije yo una vez que estuvimos en la recepción del hotel y seguíamos abrazándonos sin gana alguna de separarnos en realidad.

— ¿No estás cansado ya de preguntas e historias, mi Yuri? — dijo él con ese tono de voz dulce que había usado todo el día, llamándome de ese modo especial que hacía que todo mi cuerpo temblara de placer.

—Solo una más, te lo prometo. Además, soy el chico del cumpleaños, haz ese deseo realidad para mí ¿sí? — le dije y él sonrió asintiendo después —. Tú… ¿Tú habías sentido algo por mí antes de que me besaras?

Las mejillas de Victor se sonrojaron un poco, no al grado en el que las mías solían hacerlo, pero aquello me pareció adorable. Sus ojos azules brillaron como si contemplaran una fotografía que le trajera recuerdos agradables y tristes al mismo tiempo. Se demoró un momento en contestarme pero yo estaba seguro de que lo que escucharía a continuación sería verdad.

—No soy un chico que se jacte de haber sentido muchas cosas en su vida, mi Yuri — dijo él y sus ojos me miraron fijamente —. Pero contigo… contigo siempre ha sido distinto. Me haces sentir miles de cosas al mismo tiempo, no sé qué nombre darles a muchas de esas cosas pero siempre supe que yo sólo quería que me miraras ¿sabes? Y ahora me miras, de verdad me miras pero no sé… de verdad no sé si de verdad vaya a gustarte lo que ves una vez que empieces a conocerme más...

Sonreí. Sonreí porque aquella era la respuesta más sincera que hubiera recibido nunca de Victor y me sentí con ganas de bailar la conga al escuchar aquello. Él quería que lo mirara sin saber que eso era exactamente lo que había estado haciendo todos los días desde que había aparecido delante de mí. Fue por eso que sonreí y volví a besar sus labios con suavidad mientras el sol de la tarde se escondía definitivamente y las luces de la recepción del hotel se reflejaban en esas pupilas azules que estaban pidiéndome que dijera algo al respecto de la declaración de su dueño.

—Bueno, señor Nikiforov sólo hay una forma de averiguar eso, ¿no cree? Tengo que seguir mirándote y tú tienes que mirarme a mí. Además, ya te lo dije Victor, me gustas tal y como eres, el día de hoy me he enamorado una y mil veces de ti… así que no tengas miedo ¿está bien? Voy a intentar hacerte feliz del mismo modo en el que me has hecho feliz a mí todo el día de hoy… — dije yo y tomé su mano haciendo que el suave sonrojo de sus mejillas volviera a aparecer, y después, sintiéndome tan valiente como no lo había sido todos estos años, me acerqué más a él y lo besé.

Dejé que mis labios impactaran en los suyos con suavidad, no tenía prisa esta vez porque sabía que podía tener un beso de aquella boca todas las veces que quisiera a partir de aquel día. Los labios de Victor me besaron con calma también y sus brazos me rodearon, su cercanía me hacía ver estrellas de nuevo, su cuerpo pegado al mío parecía traer a mi piel toda la fuerza del verano de golpe.

—Mi Yuri, creo que debes entrar ahora, de seguir así, tus padres me odiarán por apartarte de su lado y robarles a tus invitados el placer de tu compañía… — dijo él sobre mis labios.

— ¿No podemos ser rebeldes una o dos horas más? — dije yo haciéndolo reír.

— ¿Quién eres tú y que hiciste con mi dulce y bien educado Yuri Katsuki? — dijo él acariciando mis mejillas de forma suave —. Anda, apuesto a que tu hermana debe de haber preparado una enorme fiesta digna del futuro presidente de la cadena hotelera Yutopia…

—Lo sé, es lo mismo todos los años — dije suspirando con resignación —. Sería menos tortuoso si estuvieras conmigo ¿estás seguro de que no quieres quedarte?

— ¿Y verte bailar con las herederas de otras cadenas hoteleras? No creo que pueda soportarlo, no sé si lo has notado pero suelo sentirme celoso de todo aquel que te mira por más de un minuto seguido…

—Exageras, Nikiforov…

—Para nada, señor Katsuki — dijo él besándome en la frente y supe que la dulzura de ese beso era el punto final de nuestra maravillosa cita —. Tienes que cumplir con tus obligaciones ¿está bien? Sé que es una mierda, yo también odio estos eventos sociales pero del mismo modo en el que tú quieres que cumpla mis sueños, yo también quiero que luches por los tuyos y si vas a ser un ejecutivo poderoso algún día, debes de conocer a las personas correctas ¿no crees?

— ¿Quién eres tú y qué hiciste con mi rebelde y mal educado Victor Nikiforov? — dije yo y él rio alegremente.

—No soy tan rebelde como me gusta presumir, Yuri —dijo él suspirando de forma dulce —. Ahora, ve a esa fiesta y diviértete un poco ¿quieres? Aunque procura no coquetear con nadie, los chicos se enamoran de ti con solo verte respirar imagina lo que pasará si intentas conquistarlos de verdad…

—Exagerado… — dije yo apartándome de él con desgana.

—Hablo en serio, guapo… —dijo él sonriendo alegremente —. Te veré mañana en la Academia ¿no es así?

—Sí…

—Ya te extraño…

—Yo también…

—Feliz cumpleaños, mi Yuri…

—Gracias por regalarme un feliz cumpleaños, Victor… — dije yo mirándolo con profundo anhelo.

— ¡Oh deja de mirarme así, ahora tendré que besarte de nuevo! — dijo él y sin poder contenerse volvió a besarme y creo que fuimos rebeldes al menos veinte minutos más.

Fue Mari la que tuvo que salir a buscarme a la recepción del hotel. Mi hermana me encontró abrazado a Victor y se rio de nosotros y del ímpetu de nuestro enamoramiento. Finalmente, Victor se despidió de mí y yo lo miré alejarse con un suspiro dramático que hizo que Mari se riera de mí por horas y horas. No me importó. Ni siquiera me importó la algarabía de la fiesta, ni todas las conversaciones de compromiso en las que tuve que participar.

En mi interior, yo seguía festejando con Victor del mismo modo en el que lo hago ahora. Victor es la felicidad de mi mundo. Victor, es sin duda el día número uno de una larga vida para los dos. Estoy seguro de ello porque voy a defender a Victor, a este principio y a nuestro futuro juntos con todo mi corazón. Nadie me alejará de él, nadie me hará perderlo. Ya no.