DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV
Diciembre 23
¿Por qué me detuve? No lo sé, quizá no llegue a saberlo nunca.
La luna entra por la ventana de nuestra habitación y se refleja en sus cabellos oscuros. Él está sonriendo en sueños a pesar de que sé que se sintió un poco decepcionado cuando lo rechacé. Sé que él piensa que lo alejé de mi porque pienso que es un novato y que el roce de sus manos o todas las caricias y besos que me ha entregado desde que estamos juntos, no me han excitado de ninguna manera, pero él se equivoca.
Hubiera sido tan fácil para mí continuar con aquello de no ser porque en mis brazos, todo su pequeño cuerpo había comenzado a temblar. Cuando mis manos se colaron por debajo de su ropa, cuando mis dedos trémulos se internaron debajo de la tela de su pantalón haciéndome perder la razón cuando su pene se endureció bajo la suave caricia que estaba prodigándole, Yuri empezó a temblar. Sé muy bien que aquello no era miedo, pero Yuri es tan… puro, inocente… ¿Cómo puedo corromper algo así?
Sé que mis amigos de París y especialmente Chris Giacometti quien se partió de risa cuando le confesé que Yuri y yo no habíamos tenido nada físico aún, se sentirían avergonzados de mí pero yo no.
Sonrío, me rio un poco de mí mismo pero es extraño que pueda estar aquí, con el cuerpo de Yuri tendido al lado del mío, mi mano izquierda acariciando sus cabellos y la derecha escribiendo estas palabras sin sentir ganas de despertarlo y decirle que he cambiado de opinión, que es una orden, que se desvista y me deje hacerlo mío de una buena vez por todas, que estoy harto de todo este celibato y que más le vale complacerme en todas y cada una de mis perversiones las que todavía no descubro, claro.
Pero en este instante, no puedo encontrar un placer más grande que verlo dormir al lado mío. Y además, él lo dijo… él… me ama.
Recuerdo esas palabras y soy incapaz de describir todo lo que me hicieron sentir, pero intentaré hacerlo porque no quiero olvidar esta noche y además, no había escrito nada en días. Hace casi un mes que Yuri y yo estamos juntos y quizá por eso me había olvidado de esta tarea tan tediosa.
No recordé que tenía un diario hasta que la profesora Minako me recordó amablemente que de no seguir con la escritura, reprobaría la materia y: "no te gustaría arruinar tu perfecto expediente con una nota baja en esta materia ¿verdad, Victor?". Y le hice caso, aquí estoy. No es que antes no hubieran existido cosas acerca de las cuales escribir pero… ¿Para qué hablar de una felicidad que apenas soy capaz de expresar? ¿Cómo puedes hablar de tu corazón usando solo el limitado lenguaje humano, si sientes que desde que amas, tu cuerpo es demasiado pequeño para contener todo ese amor? ¿Cómo?
Y es que no me avergüenza decir que siento amor por este chico que ahora mismo susurra mi nombre entre sueños y me hace sonreír porque nunca habían existido días más perfectos en la historia de una vida que siempre había sido una constante de vacíos y oscuridad.
Joder, amo a Yuri Katsuki, no tengo duda de eso y quizá esa es la razón por la que me detuve a tiempo. Porque la primera vez que yo ame a Yuri, la primera vez que me entregue a él, quiero que sea especial, no sólo un acto mecánico fruto de demasiados besos y estas locas hormonas adolescentes que casi son capaces de controlarnos. No sé aún cómo hacerlo especial, él dice que basta con que sea conmigo pero yo no estoy tan seguro de eso. Antes de Yuri, sí, he dejado que mi cuerpo sea sólo un instrumento de placer para mí pero jamás tuve qué pensar en nadie más.
La verdad — y el mundo se va a terminar, maldita sea— debo confesar que estoy asustado. No estoy seguro de saber cómo hacer el amor — wow, esta frase no es tan estúpida como pensaba— no estoy seguro si pueda ser tierno y amoroso como Yuri merece que lo sea. Sí, sé que lo amo pero ¿cómo voy a lograr que ese amor transforme un acto que para mí siempre fue más bien mecánico, en una muestra de entrega? Porque cuando como yo, has recibido demasiado — aunque este hermoso chico siempre esté diciendo que siente que no me da lo suficiente— algo en ti te urge a entregarte de igual forma y seamos sinceros, ¿Qué puede entregarle alguien como yo a Yuri? ¿Sólo un orgasmo maravilloso? Y no estoy presumiendo, sé cómo hacer que alguien tenga un orgasmo digno de no olvidarse, por favor, es algo vergonzoso decirlo pero mi padre jamás fue discreto en esos temas y hablaba de ellos conmigo sin ningún tapujo, además de que en Paris, tuve varias aventuras que me instruyeron en el arte del amor.
Y a pesar de mi maravillosa experiencia, siento que algo falta. Yo sé con todo mi corazón que Yuri merece más, él siempre merecerá más de lo que un desastre como yo pueda darle.
Si llego a lastimarlo, si hago que salga asustado de una experiencia que debe ser sólo placer para él creo que jamás podré perdonármelo. Por más melodramático que suene— vamos amigos, desde que estoy enamorado también me he vuelto un cursi de pacotilla— me detuve porque amo a Yuri y debo encontrar el modo adecuado de hacérselo sentir, de hacérselo saber.
Es gracioso también que antes haya tenido tanto miedo de decirle esas palabras, de decirle que lo amo. Porque antes de decirlo sentía que cuando aquel te amo saliera de mi boca, yo estaría manifestando una promesa de eternidad que alteraría el curso de mi vida para siempre. Y es que en estos días habían existido tantos momentos propicios para soltar la bomba y sin embargo, me quedaba callado. Cuando él, por ejemplo me miraba a los ojos y acariciaba mi cara, cuando él sonreía o cuando decía mi nombre y me juraba que nunca antes se había sentido tan feliz en el mundo, cuando los dos bailábamos… podría habérselo gritado ¿sabes? Podría haberle dicho que lo amo una y mil veces pero las palabras se atascaban en mi garganta.
Era como uno de esos deseos de cumpleaños que tememos decir en voz alta por miedo a que no se haga realidad. Porque yo no quería que eso pasara con esta realidad. Yo no había querido decirle que lo amo solamente para después ver con el corazón roto cómo todo empezaba a desmoronarse a mí alrededor porque soy un idiota. No quería y no quiero eso.
Por eso había dejado que mis besos lo dijeran por mí, dejé que mis labios, mis ojos, mis manos, le dijeran a Yuri en un lenguaje menos limitado que el de las palabras que de verdad lo amo y que probablemente él es lo único hermoso que tendré y que he tenido en la vida. Porque cuando él está conmigo, no tengo miedo y esa es la verdad más absoluta que hay ahora en mi vida, en esta vida mía que tiene aún demasiados desastres en el porvenir.
Hablando de desastres, mañana es mi primera cita en la corte, no le he dicho nada a Yuri, no quiero preocuparlo. Sí, le había dicho ya de esa visita antes, pero no se lo recordaré y en realidad justo ahora no siento ni siquiera nervios por estar a punto de enfrentar a mi padre. Tampoco he visto a Mikhail Nikiforov desde la muerte de mi abuelo, pero cuando mañana tenga que enfrentarme a él y a sus abogados, sé que no tendré nada qué temer.
Porque Yuri está aquí y sé que mañana, cuando despierte, lo primero que él verá será mi rostro, lo primero que él sentirá serán mis brazos arropándolo del frio de la mañana y el mundo estará bien para mí y para los dos porque quizá, las palabras con las que él se quedó dormido vuelvan a repetirse, aunque después tenga que irme.
Le he inventado que mañana no estaré en la Academia porque he de ir a visitar a mi madre y aunque es verdad que ella estará conmigo, fue necesario mentir. No quiero que Yuri deje de sonreír, él ya tiene suficiente con que la mayoría de las personas que antes lo idolatraban ahora se muestren frías y groseras con él a causa de su relación conmigo. Sé que él es sincero cuando dice que no le importa y yo estaría feliz de matar a todos los estúpidos que intentan castigarlo por el sufrimiento de Phichit, el pobre mártir de esta historia, quien por cierto, al parecer es el que sufre menos por la decisión de Yuri.
He de admitir que Chulanont se ha comportado como todo un hombre. Juro que estaba esperando como mínimo que me aventara a una hoguera de leña verde, pero sólo se acercó a mí hace unos días para advertirme que si le hacía daño a Yuri, tendría que vérmelas con él. Debo decir que me quedé pasmado, ni siquiera atiné a lograr hacer un comentario digno. Él hablaba tan en serio, él decía aquellas palabras con tanta verdad que sólo atiné a prometerle que Yuri Katsuki sería la persona más jodidamente feliz del universo entero. Él sonrió como un padre convencido de que el novio de su hijo no es el patán que había estado imaginando y me deseó la mejor de las suertes.
Después de eso se alejó y no ha dejado de ser el muchacho jovial y divertido que atrae a la mitad de las chicas y chicos de la Academia Feltsman. Jamás había expresado tal declaración pero espero que Phichit pueda ser feliz, lo merece. Sí, sé lo que están pensando, Victor Nikiforov es un blandengue y la verdad es que sí. Supongo que cuando eres así de feliz sólo puedes desear que el mundo entero pueda ser tan feliz como tú y si alguien merece ser feliz como todos los protagonistas insulsos de las comedias románticas logran serlo, ese es Phichit Chulanont.
Sonrío de nuevo, hoy, en el festival de aniversario de la Academia lo vi hablando con uno de los chicos nuevos de intercambio que llegaron hace dos semanas a la escuela, así que tal vez Phichit esté más cerca de encontrar a un príncipe de cuento para él. No logro saber cuál de los dos estudiantes recién llegados de Corea fue él que se mostró interesado en Phichit, pero no cabe duda de que Seung Gil Lee y su otro amigo son un par de dulces traseros a los que nadie podría negarse. Bueno, mi nuevo y fiel yo sí puede hacerlo, pero eso es porque a mi lado está el hombre más hermoso del mundo y no necesito más. Él es más que suficiente. Él y sólo él, mi Yuri, sólo él bastaría para poder andar el universo sin cansarme.
Acabo de leer las últimas líneas y definitivamente me voy a morir de un coma diabético en las próximas horas pero ¡No puedo hablar de mi amor de otra forma! Hoy, por ejemplo, tuve que contenerme con todas las fuerzas de mi alma para no pedirle matrimonio a Yuri en frente de toda la Academia después de nuestro dueto en el festival de aniversario, que de hecho, es la razón por la que Yuri esté aquí en nuestra habitación y no en su casa puesto que han empezado oficialmente las vacaciones de invierno.
De hecho, la señora Hiroko Katsuki, su madre, fue quien insistió en que Yuri pasara la noche conmigo después de presentarme ante ella. Sobra decir que Hiroko es adorable, no sé cómo lo hizo pero quizá supo leer en mis ojos todo el dolor que me causaba saber que después del festival Yuri tendría que irse y yo no volvería a verlo sino hasta después de mi cita en la corte.
Así que fue por eso que después de todas las presentaciones Yuri y yo termináramos juntos en nuestra vieja habitación. Y es que aquella canción que los dos bailamos, había sido como un estimulante, no podría describirlo de otra forma. Recuerdo que la plaza de la Academia donde se llevan a cabo todos los festivales, estaba llena y adornada con cientos de farolillos que caldeaban un poco el ambiente frío. Los jardines estaban cubiertos ya de una fina capa de nieve y la gente estaba esperando sólo nuestro dueto con el que se terminaría oficialmente el festival. Y es que, aunque la mitad de la escuela esté empeñada en odiarnos, nadie puede negar que Yuri y yo somos los mejores bailarines de la escuela.
Sonrío de nuevo porque después de todo decidimos que no bailaríamos "A thousand years", aquella canción se había convertido en algo demasiado íntimo para los dos como para poder compartir todos nuestros sentimientos con los demás. Así que, sí terminamos bailando esa canción que habíamos compartido en el estadio antes, esa canción que era parte de mi repertorio de: "Canciones cursis que siempre me habían gustado en secreto y que juré no compartir nunca jamás con nadie."
Después de todo, esa canción era una melodía que consideré propia de nosotros y con ella nos lanzamos al escenario y aquella magia invernal pareció conjurar algo en nuestros ojos, en nuestros cuerpos, en nuestras almas que han estado uniéndose más y más con el paso de los días.
Bailando con él, rodeado de aquella música, siendo sostenido por los hermosos ojos color chocolate de Yuri, no pude imaginarme un lugar más hermoso sobre la tierra. Así que dejé que la cálida melodía de nuestra canción entrara en cada una de las células de mi cuerpo y decidí que la audiencia me importaba un comino, que iba a bailar solo para Yuri. Así que sonreí y eso fue lo que hice.
Sí, lo sé, por mucho tiempo había desechado toda aquella porquería rosa de muchachitas de doce años acerca de que es posible perderte en la mirada de alguien, y al mismo tiempo, encontrarte a ti mismo en esos ojos, en la imagen que te devuelve aquella mirada. Vamos, había pasado toda mi vida sin creer en el amor de verdad y ver a Yuri ahí, bailando al compás de mi cuerpo sin dejar de mirarme a los ojos, me parecía aún imposible que él fuera mi amor, el amor que no esperaba y que sin embargo había llegado a mí para quedarse.
Y es que debe serlo ¿no es así? A pesar de que la mirada de Yuri hacía hervir mi sangre, a pesar de que sabía que él no se iría de mi lado en mucho tiempo e incluso ahora, a pesar de que lo tengo aquí, tan cerca de mí, todo me parece un sueño y solo temo el momento en el que he de despertarme. Yuri dice que no debo pensar en eso y de verdad lo intento. Pero mañana, aquella visita a la corte definirá ciertas cosas en mi futuro. Cosas que no importan cuando Yuri me toca, me besa o me mira pero que han de importarme tarde o temprano.
Suspiro. Dejo que mis dedos delineen el rostro sereno y dormido de Yuri y cierro los ojos unos segundos para poder perderme de nuevo en la forma en la que él unió su alma a la mía por medio de un dueto de baile. Eso me hace olvidar mi miedo, cierro los ojos de nuevo y el calor de su piel me recuerda también lo que estuvo a punto de pasar hace rato, lo que yo detuve, lo que quizá no pueda detener si vuelve a ocurrir porque esta fiebre que nos une, es ese tipo de calor en el que uno debe consumirse pues no hay otra forma de poder calmarlo. Su cuerpo, la canción que cantamos, creo que los dos estamos destinados a ser un amor lleno de fuego.
Aunque recuerdo los aplausos que siguieron a nuestro dueto, aunque recuerdo que los dos nos tomamos de la mano sobre el escenario y de ese modo reverenciamos a nuestro auditorio, no puedo sacar de mi cabeza las imágenes que siguieron después, cuando los dos estuvimos solos en nuestra habitación y aquella fiebre que inició con el beso intenso que nació de hecho como cualquiera de los miles que hemos compartido pero que también insinuaba algo más.
Yuri estaba sentado en mi regazo, mis manos acariciaban su pecho y él enredaba sus dedos en mi largo cabello plateado. La respiración de los dos era agitada y sentía que mi entrepierna punzaba. Yuri me besaba como si después de ese beso el apocalipsis fuese a ser desatado, había una dulce urgencia en sus labios que me conminaba a hacer una locura, a despojarlo de sus ropas y a simplemente acariciarlo hasta que me cansara.
Mi lengua acariciaba la suya febrilmente y él se abría para mí permitiéndome morder sus labios. Su aliento golpeaba mi boca, de la suya escapaban pequeños sonidos que delataban su excitación. Sus mejillas estaban sonrojadas y tomaron un encantador color escarlata cuando mis manos, traviesas por naturaleza comenzaron a acariciar su insinuante erección por encima de su ropa. Él no me detuvo, su pequeño cuerpo se pegó más al mío, y sé que él pudo sentir el creciente bulto en mi entrepierna. Lo deseaba, sé que él estaba dispuesto a rendirse a mí, pero… cuando mis dedos bajaron su cremallera, cuando mi mano se acopló a la caliente y dura piel de su pene, él tembló, dejó de besarme y me miró a los ojos.
Había pasión en ellos, él temblaba mientras yo seguía tocándolo, ansioso de él, tratando de no hacerle caso esa insidiosa voz que me urgía a detenerme.
—Victor…— dijo él con voz entrecortada, mirando mis ojos, temblando sí, pero un brillo decidido naciendo en su mirada—. Victor, yo…
— ¿Quieres que pare? — dije, interrumpiendo mis palabras, besando sus labios pausadamente, enloquecedoramente lento, paseando mi lengua por sus labios entreabiertos, haciendo que él temblara una vez más.
—No…—dijo él dejándome hacer—. Solo sigue, sigue…
Tembló de nuevo. Sus ojos se cerraron y la cordura volvió a mí en el peor momento. Yuri no estaba listo y yo no quería presionarlo, su cuerpo podía estar desmintiendo su temblor, pero yo sabía que había llegado el momento de detenerme.
Dejé de acariciarlo y sin dejar de besarlo, volví a subir su cremallera. Él abrió los ojos y me miró con tristeza, temiendo haberme decepcionado.
—Yo…—dijo él cuando acaricié su rostro avergonzado— ¿Hice algo mal, Victor?
—No, claro que no mi Yuri— dije yo con voz tierna—. De hecho… has estado tan bien que no sé cómo pude detenerme.
— ¿Entonces por qué te detuviste? — dijo él tomando mi mano y llevándola de nuevo hacia su entrepierna—. Sigue, por favor, no tengo miedo. Yo… yo quiero darte algo que te haga feliz, sé que disfrutas haciendo esto y…
—Shhh…—dije yo silenciando su torpe discurso—. No quiero que hagas esto sólo por mí ¿entendido? Haremos esto cuando dejes de temblar ¿está bien? Haremos esto cuando sientas que estamos haciéndolo porque entre los dos hay un amor más fuerte que nada y…
— ¿Amor? — dijo Yuri y me miró como si yo fuera lo más hermoso del universo y entonces entendí que para él, la definición de hermosura era yo, yo siendo capaz de amarlo y lo hago, vaya que lo amo— ¿Puedes sentir amor por mí?
Por toda respuesta, llevé la mano que sostenía la mía sobre su entrepierna a mi corazón y dejé que él sintiera aquel alocado latido feliz que parecía sonar dentro de mi pecho cada vez que él estaba conmigo. Yuri sonrió deslumbrantemente y tomó mi otra mano, colocándola también sobre su corazón que parecía cantar la misma intensa canción de amor que el mío. Y aquel momento fue perfecto, no voy mentir y decir que no disfruté las caricias ardientes de antes, pero aquel sentimiento que me invadió al sentir su corazón latiendo sobre mi mano, fue más valioso e intenso que toda la colección de orgasmos que he sentido en la vida. Amaba a aquel chico, tengo casi dieciocho años y mi vida es un desastre, mi padre me odia y la única persona que me amaba acaba de morir, pero yo estoy seguro de que amo a este chico.
—Ya te amo— le dije sin pensar, sin saber por qué, simplemente porque era verdad—. No tienes idea de cuánto te amo Yuri Katsuki…
—Yo te amo a ti—me dijo él sonriendo—. Te he amado desde que llegaste a la Academia Feltsman y tus ojos me miraron. Te amo Victor Nikiforov…
Lo atraje hacia mí y lo besé de nuevo, sellando nuestro nuevo pacto no con palabras, sino con la intensidad de aquel beso. La fiebre seguía ahí, entre los dos, pero algo más poderoso estaba siendo creado en nuestros pechos. Nos quedamos abrazados sobre la cama, besándonos mil veces, repitiendo hasta el cansancio aquellas dos palabras, convirtiéndonos en ese sentimiento.
¿Por qué me detuve?
Mientras lo miro dormir ahora, abrazado a mí, sé por qué lo hice: porque nuestros cuerpos van a conocer pronto el amor, porque lo de hoy no fue más que un preámbulo para intensificar lo que vendrá después.
Me detuve, simple y sencillamente porque amo a Yuri Katsuki y él, milagrosamente me ama a mí.
