Capítulo XXII

Encuentro

No sé si ella me iba a perdonar… Era bastante complicado todo, mi traición había sido demasiado grande y ahora Bella lo sabía… No me quedaba más que esperar su veredicto, su real resolución.

Fui un imbécil, lo sé, ni yo sé por qué me comporté de ese modo y la engañé. En parte, fue inseguridad, no me sentía capaz de establecer una relación, aunque la amaba más que a mi vida, además todo estaba recién comenzando cuando sucedió, aún no sabía para dónde iba nuestra relación, aunque por supuesto no es una justificación, es tan solo un consuelo de tontos.

Su manera de mirarme era totalmente distinta desde que se había enterado de la verdad, esos expresivos ojos marrones ya no me contemplaban con la ternura y devoción de antes, ahora me miraban con desconfianza, yo lo sentía, sus ojos lo irradiaban, pero debía esperar, darle una vuelta de tuerca a esta situación y sobreponernos a los inconvenientes, era el único modo, no había una manera más rápida, por mucho que lo deseara, eso era lamentablemente imposible.

Cuando ella me dijo que no sabía que decirme, supe que todo había cambiado en ella y para nosotros.

La amaba y estaba dispuesto a hacer lo que fuera por recuperarla, ella era el amor de mi vida eterna, la adoraba, era la luz en mi infierno personal. La había esperado por casi dos siglos, y la iba a continuar esperando cuanto tiempo ella necesitara.

Era tan profundo lo que sentía por ella, que sería su guardaespaldas por siempre, ella era mi vida. Amaba cada trocito de Bella, era lo más maravilloso que me había pasado. Su amor era todo para mí, era vital recuperarla y estar a su lado, sin complicaciones. Lamentablemente, y lo que a veces me hacía dudar de insistir, era que no tenía mucho que ofrecerle, no lo que le podía ofrecer su ex novio, por ejemplo. No podía tener hijos, tampoco días soleados y una vida completamente normal, aunque intentaría todo por hacerlo, por Bella, mi amor, era capaz de todo.

Esa semana que no nos vimos, yo sabía que había pasado algo extraño. Alice me bloqueó sus pensamientos. Yo estaba con ella, y de repente, hubo una especie de "interferencia". Alice se inquietó. Estábamos conversando, junto a Jasper y vi que Alice estaba monitoreando a Bella, a petición mía, y de repente no hubo más imágenes. Lo último que vi, era a Bella caminando por un pasillo oscuro de la facultad de economía de la universidad, venía de vuelta de la biblioteca, y después de eso se apagaron las imágenes.

–¿Qué pasa Alice? –le pregunté inquieto.

–No hay nada más Edward –su voz melódica me mentía.

–No me mientas… ¿Qué pasó? ¿Algo malo? ¿Bella corre peligro?

–No, ella está bien Edward.

–Entonces ¡Déjame seguir viendo!

–Pareces paranoico Edward ¡Para! ¡Déjala en paz un segundo! –fue hiriente.

Quedé mudo. Me paré del lado de ellos y me fui, sin embargo, me dejó inquieto el no poder verla, sabía que algo pasaba, pero si ella no corría peligro, de lo contrario Alice me lo hubiese dicho, algo tendría que haber pasado que a ella no le causara daño, pero que a mí no me gustaría ver, era obvio: Ethan.

Los celos me quemaban las venas, tenía mucha rabia e impotencia a la vez, quería correr a verla y alejarla de quien era mi más acérrimo competidor. Ella me había escogido, pero después de que se enterara de lo que le había hecho en su vida pasada, era todo diferente, ella quedaba susceptible a los estímulos externos, estaría confundida y eso era un gran riesgo, pero no podía hacer nada, debía dejarla en paz, no podía ahogarla, no tenía derecho. No obstante, que el hecho era casi evidente, albergaba la esperanza de que no fuera así, que efectivamente Alice me bloqueara sus pensamientos porque me estaba volviendo paranoico y la estaba siguiendo como un verdadero psicópata. Más tarde me topé con mi querida hermanita nuevamente y le dije.

–Era Ethan ¿Cierto?

No me respondió, pero su bello rostro de duende, a través de sus ojos dorados intensos, me lo confirmaron. Tiempo después, cuando llevé a Bella enferma al hospital, noté que ella miró algo que la inquieto, entonces desvié mi vista por un segundo y leí la maldita ficha. Ya no había duda, Bella había estado con su ex novio. La ira me inundó, pero me controlé, o al menos lo intenté, a veces encontraba que mi Bella era extremadamente débil ante los sentimientos de los otros, tanto míos como los de su ex. El diagnóstico fue certero, era exactamente igual que al de Bella: laringitis. Y esa enfermedad se contagiaba por contacto directo de saliva, todo coincidía, pero al menos esperaba que ella me lo hubiese contado y no que lo negara hasta el final, eso me dio más rabia, pero me hizo sentir que de algún modo me estaban devolviendo la mano. Ahora no sabía si era por venganza o por que realmente hubiese sido fortuito, aunque me inclinaba más por lo segundo, porque sentía que ella no era una persona de sentimientos oscuros y además, creo, me amaba tanto como yo a ella.

Dos días después de que Bella cayera enferma, estaba afuera del casino, esperando a Alice, porque nos habíamos quedado de juntar ahí, para ir a casa. Estaba atardeciendo y una brisa suave invadía el parque. Sé que Alice estaba cerca, pero por más que intentaba comunicarme con ella con no podía, pensé que algo podía haber pasado e traté de inmiscuirme en sus pensamientos, pero nada.

Cuando estaba algo distraído mirando la hora, veo que frente a mí estaba él, el ex novio de Bella en gloria y majestad, parado en frente mío. Era de mi altura y de contextura media. Sin duda era un "niño bonito", que venía muy confrontacionalmente a hacia mí.

–¿Puedes darme un minuto? –fue muy cortés. Su mirada parecía honesta.

–Por supuesto –fui amable también.

–Mira, no sé cuánto tiempo llevan Isa y tú , pero quiero que sepas que aún la amo y mucho y no me voy a dar por vencido tan fácilmente –sus ojos calipsos era imponentes, algo igual que su voz.

–Está bien, lo tengo clarísimo –intenté sonreír, traté de controlar mi rabia– pero yo tampoco la pienso dejar. En realidad todo depende de ella, más que de nosotros.

–De todos modos, por favor cuídala… ella está muy sola aquí en Londres, no tiene ningún familiar y una sola amiga, Eileen, así que, independiente de nuestras diferencias, protégela –se puso colorado, porque comenzó a toser, aún estaba enfermo ¡Qué rabia me dio! Me recordó de inmediato por qué estaba con laringitis Bella también.

–Dalo por descontado, por supuesto que la cuidaré… es mi novia –clarifique quién era.

–Ella es mi vida… –sonrió, aún se notaba afiebrado. Dio media vuelta y se fue.

Era curioso, pero él me recordaba a mí mismo cuando era humano, pero la gran diferencia que él por ningún motivo dejaría a la mujer que amaba, todo lo contrario, haría todo lo que estuviese a su alcance por recuperarla y eso me inquietaba. Él tenía una fortaleza, mayor a la que yo había tenido, era una persona noble y transparente, realmente era un gran contendor, no debía desatender su amor por mi Bella, porque continuaría ahí, aunque yo no lo quisiera.

Sonó mi celular y era Alice.

–Edward lo siento, no podré ir, tengo clases hasta más tarde.

–¿Por qué no me avisaste antes'

–No pude, disculpa. Mándale mis cariños a Bella y dile que la pasaré a ver más tarde.

–Está bien. Nos vemos allá.

Me fui donde Bella, pero no pude sacarme la imagen de su ex de mi mente. Realmente me preocupaba su presencia, él tenía más influencia en Bella de lo que él mismo se podría imaginar. Finalmente llegué donde mi amor, aún tenía algo de fiebre.

–Hola Bella.

–Edward, que bueno que llegaste, ya me sentía muy sola –sonrió.

–Mi amor, te traje algunas cosas para que comas, estás más delgada que antes –acaricié su cabello y le di un beso en la frente.

Cuando acabó de comer. Se paró estrepitosamente de la cama.

–¿Dónde vas? –le pregunté ansioso, porque aún estaba enferma.

–Voy a ducharme.

–Bella el pelo no todavía –me sentí algo paternal.

–Son tonteras Edward –sonrió.

La esperé y mientras aproveché de ordenar su pieza. Abrí las ventanas unos segundos para que salieran los microbios y la cerré de inmediato para que estuviese tibia cuando ella llegara a acostarse nuevamente.

Se abrió la puerta y venía envuelta en una toalla.

–Mi amor no te vayas a enfermar. Sécate el pelo por favor –insistí.

Ella se acercó a mí y me hizo sentar en el borde de su cama. Bella se sentó en mis piernas, quedando de frente a mí. Sentí como sus piernas frágiles se acomodaron alrededor de las mías y me besó con mucha efusividad. Quedé absorto, pero feliz, no me lo esperaba. Hábilmente quitó la toalla de su cuerpo, quedando completamente desnuda. Con una de sus manos cogió la mía, poniéndola en uno de sus suaves pechos. Mi reacción no pudo esperar y la besé por el cuello, sintiendo cada parte de su piel, algo más tibia de lo usual, creo que a raíz de la fiebre. Su lengua húmeda besó mi cuello, dando unos mordisquitos leves y muy sensuales. Sentía que mi cuerpo explotaría. Quería sentirla, su piel era tan suave por fuera como por dentro. La amaba y la deseaba más que nada en la tierra, la sensación era aún más fuerte que antes, éramos ella y yo, éramos uno. La tomé y la posé sobre la cama, contemplando su cuerpo perfectamente delineado ¡Era la mujer perfecta! Unas gotitas de su pelo húmedo habían mojado sus hombros y parte de su pecho; haciéndola ver aun más sexy e irresistible. No pude más y su esencia de mujer me cautivo hasta las entrañas y no la pude dejar hasta hacerla completamente mía.