DIARIO DE YURI KATSUKI
Diciembre 24
Supe que algo andaba mal desde el primer momento en el que lo vi, de nuevo, de pie en medio del invernadero.
Victor me había dicho que él y su madre tendrían una reunión el día anterior, me había platicado que aquello era algo normal en su vida puesto que, cuando su padre ganó su custodia al divorciarse de su madre, sólo le estaba permitido estar con ella una vez al mes.
La verdad es que cuando vi sus ojos azules empañados por el pesar, cuando noté que sus hombros se encorvaban y que sus puños se cerraban con firmeza a sus costados, me di cuenta de que Victor se había sentido preocupado desde días atrás y que aquel día no había sido sino la gota que había derramado el vaso. Suspiré. Sin duda alguna debo ser el novio más idiota del universo, mira qué no darme cuenta de aquello…
Aunque si somos justos, Victor y yo hemos tenido tantos días felices que por ello mismo se me ha dificultado enterarme de las cosas que van mal, no podría creer que algo va mal, no cuando estoy al lado suyo todo el día, no cuando él me besa, me abraza y me toca como lo hace, como lo ha hecho hoy, como se entregó a mí en este lugar, rodeados de flores, trayendo la primavera a esta ciudad donde el invierno está a punto de comenzar.
Mis ojos descansan ahora sobre su cuerpo medio desnudo, la luz de la luna hace brillar su piel blanca que descansa sobre el revoltijo de ropas en las que se convirtieron nuestros uniformes después de que…de que yo y él… ¿Cómo puedo llamarle a lo que pasó hoy, en esta noche que fue la última antes de pasar algunos días en casa de su madre? Porque mañana, Victor será legalmente mayor de edad y puede visitar a su madre tanto como quiera a partir de ahora.
Supongo que precisamente por eso, pasó lo que pasó. Aunque justo ahora con las mejillas sonrojadas, me niegue a darle un nombre. Mi cuerpo se siente extraño ahora, pero esa sensación rara se desvanece si pienso en las otras cosas que sentí: placer, sorpresa, paz, pasión y sobre todo amor, un amor tan grande que se desborda de mí, que pronto tendrá que volver a expresarse del modo en el que lo hicimos antes porque es como una necesidad, la necesidad de volver a sentir las manos y la boca de Victor sobre mí, reclamándome como suyo y dejándome reclamarlo a él como mío.
Sí, sé que nuestras almas y nuestros cuerpos demostraron cuánto nos amamos en un nivel en el que las palabras no pueden expresar, pero también fuimos profundamente libres. Jóvenes, libres y apasionados, dueños del mundo y de un amor que quizá no vuelva a repetirse, dueños de un amor que jamás olvidaremos. Creo que sin importar que antes de mí hayan existido miles de caricias grabadas sobre la piel de Victor, son mis manos ahora quienes pueden regalarse del tacto de esa piel. Mis besos borraron los recuerdos del ayer, mi saliva mojando su piel lavó las malas experiencias y mi calor desvaneció el dolor que él había estado sintiendo.
Y es por eso que desde hoy me he propuesto defender a Victor. Yo tengo que protegerlo, tengo que cuidar de él y de lo que nos une. Sé que tendremos días difíciles, él me lo dijo de forma tranquila aunque sus ojos estaban nublados por todas aquellas lágrimas que se negaban a salir.
—Victor, mi Vitya… — susurro ahora mientras acaricio su cabello plateado que sigue mojado por el sudor y se pega a su frente haciendo que él parezca no más que un niño dormido— ¿Por qué siempre tienes que ponerte esa coraza que no hace más que lastimarte? Dices que no quieres darme lastima pero no lo haces, me hiere más verte sufriendo en soledad.
Las palabras resuenan en la quietud del invernadero, no hay nadie aquí. Es sábado y la Academia Feltsman ya está vacía, todo el mundo ha ido de vacaciones ya. Parece ser que los únicos seres vivos que habitaran el mundo fuéramos solo este chico al que amo con toda mi alma y yo. Él duerme ajeno a todo, sé que descansa, sé que lo he hecho feliz y yo también lo estoy.
Y a pesar de que vendrán tiempos difíciles, sé que si estamos juntos todo estará bien. Él me prometió que no nos vamos a separar nunca y yo le creo, porque yo también quiero estar a su lado todo el tiempo que tengamos disponible, es verdad cuando digo que voy a defenderlo contra todo el mundo. Su padre quiere hacerle daño y yo no voy a permitírselo. He hablado con papá hace rato y él me ha pedido que le envíe una copia del testamento en el que Victor es nombrado heredero universal. Papá quiere revisarlo para poder defender a Victor, me ha prometido que los dos cuidaremos de él, no por nada mi padre es un fiero abogado además de ser el dueño actual de nuestra cadena hotelera.
— No hay nada de lo que debas preocuparte, Vitya— digo yo sin dejar de tocarlo, pensando en que papá hará lo que sea necesario hacer— yo estoy aquí. Tú padre no volverá a hacerte daño, no voy a permitírselo. Incluso le daría a él mi propia herencia si con eso consigo que te deje en paz. Vitya, ¿me has escuchado? Nada podrá separarnos, vamos a estar bien…
Él sonríe en sueños como si me hubiera escuchado y yo no puedo hacer más que suspirar al recordar lo que esa sonrisa puede hacer cuando se encuentra en otros lugares de mi cuerpo. Me sonrojo como un tonto, pero es que esto es todavía muy nuevo para mí, amar en cuerpo y alma, a eso me refiero. Es increíble lo que el contacto con la piel de aquel a quien amas puede hacer: dejarte llevar, entregar y recibir amor todas esas nuevas sensaciones me superan.
Victor fue tan paciente, tan absolutamente tierno y apasionado cuando llegó el momento de volvernos completamente locos. Me olvidé del miedo que había sentido la última vez, me olvidé de todo lo que no fueran mis labios besándolo y mordiéndolo, me olvidé de todo lo que no fuera su cuerpo junto al mío, sus manos acariciándome, sus labios susurrándome promesas de amor.
¿Que si esto fue lo que yo esperaba de mi primera vez? No, claro que no. Fue más, simplemente fue mucho más de lo que yo me hubiera llegado a imaginar.
Y es que cuando lo vi aquí de pie en el invernadero con aquella pose derrotada, lo que hicimos fue lo último que tenía en mente, ni siquiera estaba pensando en que algo así podría pasar. Al verlo de ese modo, triste y devastado simplemente corrí hacia él y lo sostuve en mis brazos. Victor no me impidió acercarme, simplemente se abrazó a mí del mismo modo y dejó que su babilla descansara sobre mis cabellos oscuros recién lavados.
—Te extrañé…— me dijo él besando mi cabello— ¿Por qué no puedo estar contigo así toda la vida?
—Yo me estuve preguntando lo mismo todo el día— le dije, al tiempo que acariciaba su espalda y él dejaba que lo reconfortara—. Pero ahora estamos juntos, todo está bien Vitya…
—No, no lo está— dijo él con voz helada—. Sólo tú estás bien en mi vida, sólo tú mi Yuri…
Él exhaló un suspiro cansado y se apretó más a mi cuerpo. Yo le respondí sosteniéndolo con todas mis fuerzas, sabía que no debía dejarlo derrumbarse, sabía que tenía que sostenerlo de ese modo, en silencio, porque él odiaba hablar de aquellas cosas que lo hacían sentirse débil.
—Mi padre es un canalla, Yuri— dijo él después de un rato—. Me odia y va a destruirme…
—No lo dejaré hacerlo— le dije yo sin entender el porqué de aquella afirmación- no voy a dejar que nadie te destruya.
—Yuri…—dijo él un tanto conmovido—. No lo entiendes, no es tan sencillo.
—Explícame entonces—le dije apartándome de él para poder mirarlo a los ojos—. No es justo que me dejes al margen si algo está causándote daño ¿Por qué tu padre te odia?
—No lo sé…—dijo él, la coraza cayendo un poco—. Siempre lo ha hecho, supongo que no había querido demostrarlo delante de mi abuelo. Yuri, de verdad no tenemos que hablar de esto, no quiero molestarte más con mis quejas…
— ¿Molestarme? — dije yo con seriedad—. Victor Nikiforov, esto tiene que parar ¿entiendes? Si es cierto que nos amamos, debes dejar de intentar mantenerme al margen de las cosas que crees que no podré soportar. Yo soy fuerte, y si debo ayudarte, lo haré. Deja de hacerte daño pensando que debes guardarte todo para ti solo, eso es estúpido. Eres mi novio, Victor, eres el hombre al que yo amo y tú no eres ningún estúpido…
— Claro que lo soy…—dijo él con la mirada pérdida—. Si no lo fuera te habría tenido junto a mí desde hace mucho tiempo y ahora no tendría miedo de perderte…
—No vas a perderme— dije yo sintiendo un dolor en el pecho al escuchar la palabra "perderte" —. Aquí estoy ahora ¿no lo ves?, así que dime qué está pasando, por favor…
Sus ojos azules me parecieron un mar cubierto de nubes cuando me devolvieron la mirada. Había lágrimas en ellos, pero él no dejó que cayeran. Estaba intentando ser fuerte, estaba intentándolo con tanto empeño que me pareció que ese esfuerzo iba a romperlo. Fue por eso que lo atraje a mí y lo besé suavemente, sorprendiéndome cuando en nuestro beso se mezcló el salado sabor de las lágrimas. Nuestro beso se rompió un poco después y los dos nos sentamos sobre el suelo del invernadero, sobre un par de mantas que había sacado del armario del jardinero. Me senté frente a él, mirando sus ojos y sosteniendo su mano mientras él me relataba toda la historia de su visita a la corte.
Su padre lo ha demandado por miles de millones de dólares, ha amenazado con despojarlo incluso de las acciones que Victor ha ganado por derecho propio, pues él es un experto en inversiones desde la escuela primaria. Victor tendrá que hacerse un estudio de ADN pues su padre alega que no es hijo suyo. Su familia está dividida, algunos de sus parientes apoyan la decisión de su abuelo y otros tantos, los que fueron comprados con el dinero de Mikhail Nikiforov, alegan que un chico de dieciocho años no sabe nada del mundo de los negocios como para heredarlo todo. Las visitas a la corte continuarán los próximos meses y mientras tanto, él debe hacerse cargo de las empresas que necesitan su firma y aprobación para llevar negocios a cabo. Y es que, cuando la preparatoria termine, Victor tendrá que viajar a Moscú, allá está su lugar, después de todo, él es el Director General de todo el emporio Nikiforov.
Aquella declaración me asustó un poco, saber que él tendría que irse, saber que él deberá estar en otro lugar era algo con lo que yo jamás hubiera pensado enfrentarme, era como si lo que nos une tuviera una fecha de caducidad. Sin embargo, no dije nada, no quería causarle más dolor. Las palabras de Victor me hirieron un poco, pero en aquel momento eso no importaba. Tenía que cuidar de Victor, tenía que sostenerlo hasta el final. Mi novio terminó su largo discurso diciéndome que aquello había sido más de lo que había esperado poder soportar.
La verdad no sabía qué decirle después de la historia de terror que me había relatado, de verdad era algo difícil, aquellos eran problemas de verdad que ningún chico de nuestra edad tendría por qué soportar. Él me miro entendiendo que yo no podría decir nada que pudiera ayudarle, pero aun así sentía que debía decirle algo, algo que le hiciera saber que aunque todo fuera un desastre, yo no lo iba a dejar solo, que los dos podríamos enfrentar al mundo, que yo lo amaba y que mi amor iba a protegerlo.
Y de verdad quería guardarlo de todo aunque lo cierto es que Yuri Katsuki siempre ha sido un desastre con las palabras, jamás sé que decir. Pareciera como si las palabras huyeran de mí en el preciso instante en el que las necesito, como si se burlaran de mi haciéndome sentir inútil, justo como me sentía en ese momento. Yo seguía sosteniendo la mano de Victor entre mis dedos y él me miraba sin pedirme nada a cambio, pero aquella tristeza en sus ojos azules, aquellas lágrimas que habían brotado de ellos con tanta dificultad… no podía permitirlo, no podía dejar que ese dolor siguiera ahí, sus ojos, sus hermosos ojos azules no habían sido hechos para llorar, no…
—Vitya… sé que nada de lo que diga o haga hará que las cosas cambien y sé que tú también lo sabes— dije yo tratando de sonar sereno—. Pero no voy a dejarte solo, esa es la única promesa que puedo hacerte. Yo me quedaré contigo y sé que podremos encontrar una solución y mientras tanto… creo… creo que lo único que puedo darte ahora es, no sé… ¿puedo adelantar tu regalo de cumpleaños?
— ¿De verdad vas a salir desnudo de un pastel de cumpleaños? — dijo él con un asomo de sonrisa juguetona en sus labios con lo que de pronto me sentí más animado, pues él se había pasado la mitad de diciembre bromeando con ese asunto — ¿Por qué sigues vestido entonces?
— ¡Oh! — dije yo sin poder evitar sonrojarme, pero adoptando una profunda resolución en ese momento—. No pude conseguir el pastel, pero… aquí estoy yo.
—Yuri…— dijo él soltando mi mano de pronto—. No… no es necesario, ya te lo dije… no hasta que…
— ¿Hasta que sintamos que entre los dos hay un amor más grande que todo lo demás? — dije yo con firmeza—. Creo que es evidente que eso sentimos, si no fuera así ¿Por qué estarías conmigo? ¿Por qué yo estaría aquí? ¿Sabes? Eres la primera persona por la que he pensado en cambiar mi vida, de hecho, cambié todo y no siento que haya sido un sacrificio. Siempre soñé volverme loco con alguien y ese alguien eres tú. Siempre temes lastimarme, pero yo sé que no lo harás y yo… Victor… ¿podemos…?
—No, no lo haremos— me dijo él con calma, atrayendo mi rostro al suyo—. No estás listo, ya has hecho suficiente ¿Por qué siempre piensas que debes darme algo más? Tú eres todo lo que quiero y aquí estás. Puedes abrazarme toda la noche, puedes besarme y hacerme olvidar, no necesito otra cosa, tú estás conmigo, me basta con eso…
—Pero a mí no…— dije yo, mi corazón volviéndose loco de ansiedad—. Para mí no es suficiente. Yo quiero vivirlo todo contigo, todo ¿me entiendes?
—Y eso estamos haciendo— dijo él acercando sus labios a los míos, atrapando mi boca en la suya de ese modo suave y estudiado que me hacía perder el aliento y que elevó mi temperatura mil grados.
Nos besamos así un largo rato, mi cuerpo empezaba a reaccionar de más. Yo sabía que él estaba hablando en serio, que con mis besos y caricias le bastaba, que no estaba apurado de ningún modo. Pero de verdad yo seguía pensando que no era suficiente, no sentía que debía esperar más. Había llegado el momento de emprender otra aventura, lo sentía en el calor de mi cuerpo, en la forma en la que mi entrepierna cosquilleaba y en cómo mis manos ansiaban tocar la piel desnuda de Victor.
Más que saberlo, podía sentirlo: aquello debía pasar, debía ser real pero ¿Cómo hacerle saber a él? ¿Cómo hacerle saber que yo lo deseaba de ese modo tempestuoso y alocado que me había hecho despertarme varias mañanas con las sabanas húmedas y el recuerdo de un sueño especialmente candente detrás de mis parpados? ¿Cómo hacerle saber que mis hormonas me jugaban malas pasadas cada vez que recordaba uno de sus besos o si a mi mente volvía el modo en el que él había acariciado mi cuerpo la otra noche? Y sobre todo eso, ¿Cómo podría hacerle saber que lo amaba, que por eso mismo no sentía ningún miedo?
Cuando nuestros labios se separaron leí la respuesta a mis preguntas en sus ojos azules, la respuesta estaba escrita en sus labios entreabiertos, en sus mejillas sonrojadas y en sus manos que seguían sosteniendo mi rostro entre ellas.
—He estado pensando en otra canción para el día de nuestra boda— dije yo por decir, y el río divertido porque yo siempre le hacía bromas con respecto a nuestro futuro matrimonio.
— ¿No te gustó la que yo elegí? — dijo él acariciando mis mejillas.
— Todo el mundo la escuchó ya ¿no crees? — dije yo tratando de calmarme—. Tú y yo necesitamos algo que nadie más haya tenido antes.
—Evidentemente, amor mío…—dijo él y yo me estremecí por la resonancia de aquellas palabras. Era la primera vez que me llamaba así y sonaba tan hermoso, tan verdadero.
— ¿Quieres escucharla? — le dije yo y sus ojos brillaron—. Aunque no la tengo aquí conmigo…
—Cántame…—dijo él sin soltarme—. Estoy seguro de que bailaría lo que sea contigo, aunque cantaras algo de Lady Gaga el día de nuestra boda. Así que venga…
—Victor, yo no sé cantar…
— ¿Y qué? — dijo él riendo con más alegría—. Solo yo voy a escucharte…
Suspiré profundamente y asentí acariciando mi mejilla con su mano. Él sonrió y yo me pregunté cuándo se iba a terminar toda aquella magia, cuando iba a parar de sentir todo eso que él traía a mí, y entonces lo supe: nunca, nada iba a terminar, yo amaría a Victor Nikiforov toda mi vida, lo amaría una y otra y otra vez… las notas que había escuchado en la sala de música días atrás vinieron a mi cabeza y mi voz salió de mis labios dulce, llena de amor y menos desafinada de lo que había imaginado. Las palabras se volvieron una caricia y Victor me escuchaba embelesado, haciéndome saber que las palabras que yo estaba cantando, eran un eco de lo que había en su corazón:
Desde la forma en la que sonríes, hasta la manera en la que luces,
tú me capturaste como ningún otro.
Desde la primera mirada, eso fue todo lo que bastó y de repente, nos teníamos el uno al otro.
Y no te dejaré, siempre seré fiel. Uno más uno, seremos los dos de por vida una y otra vez.
Así que no pienses que necesito más, ya tengo lo que siempre quise para poder vivir.
Nadie jamás será como tú, y estoy pidiéndote que pongas tu corazón en mis manos.
Te prometo que jamás va a romperse y que jamás olvidaremos este momento.
Los dos permaneceremos como al principio porque voy a amarte una y otra vez.
Mi voz se detuvo en aquel momento porque la boca de Victor se estampó en mis labios. Yo me dejé llevar por la energía de aquel beso convocado por mi canción. Victor dejó que su cuerpo cayera encima de las mantas y me atrajo hacia él, besándome con energía, diciéndome con aquel beso que él entendía y sentía cada una de las palabras de mi canción. Mis piernas abrazaban el cuerpo de Victor y él acariciaba mi espalda y mi cuello, mientras su lengua se abría paso en mi boca, encontrándose con la mía en una batalla que ninguno de los dos estaba destinado a ganar. Mis manos se aferraban con fuerza a su largo cabello plateado y mi cuerpo empezó a moverse encima del suyo.
Podía sentir que su pene crecía debajo de la ropa, del mismo modo en el que el mío estaba haciéndolo al sentir la fricción de nuestros cuerpos. Y es que todo en el invernadero era embriagador: el resonar de mi canción, el aroma penetrante de las rosas, el sabor salado de la piel de Victor, sus manos empezando a desabotonar mi camisa del uniforme, las mías alejándose de su cabello para intentar deshacerme de mi molesto pantalón… no, no debíamos detenernos, no sería posible volver atrás, no después de eso.
Creo que volví a temblar cuando Victor abrió el último botón de mi camisa y, levantándose, me despojó de la blanca prenda con lentitud, paseando sus manos sobre mis hombros, y después sobre mis pectorales y mi vientre. Sus ojos azules me miraban de forma profunda, yo estaba sentado en su regazo, mis piernas abiertas a sus costados. Sé que yo estaba sonrojado como una virgen, pero no sentía vergüenza. Quería que Victor siguiera tocándome, quería que él siguiera mirándome de ese modo, quería que él me deseara y me tuviera de una vez.
Sus labios besaron mi cuello y yo cerré los ojos porque la humedad de su boca en mi yugular, ahí donde podía sentir los latidos de mi corazón, era demasiado excitante. El camino de besos siguió hacia mis pectorales y al sentir su lengua enredada en mis pezones, un gemido bajo escapó de mi boca. Aquello era demasiado placentero, demasiado bueno… la boca de Victor volvió a subir hacia mi cuello, dejando pequeñas marcas que aún ahora son visibles. Sus labios besaron mi barbilla, mis mejillas y después, regresaron a mis labios de forma suave, rozándose con la fuerza de una pluma…
— ¿Estás seguro…?— dijo él con la voz cargada de pasión, pero también con un miedo que jamás creí escuchar en voz de un Nikiforov, de mi Victor Nikiforov.
Por toda respuesta, le devolví el beso y levantándonos a los dos de las mantas, me despojé de mi pantalón y de mi ropa interior, bajo su atenta mirada. Él sonrió sabiendo que no debía tener miedo de lastimarme nunca más y dejó que mis manos torpes y temblorosas empezaran a desvestirlo.
Me demoré demasiado en abrir el saco oscuro y la camiseta de seda blanca que lo cubrían y mis manos se regalaron del tacto de la piel caliente de sus pectorales. Me sentía como un niño emocionado, tocando por vez primera el cuerpo desnudo de la persona amada, recorriendo aquella piel, contrastando la dureza de los músculos de sus brazos con la firmeza de su abdomen y la suavidad de sus dedos que se aferraban ya a mis caderas desnudas. Las manos de Victor acariciaban mis nalgas, y yo no pude hacer otra cosa que temblar.
Con decisión, mis manos tocaron su vientre y desabrocharon su cinturón, bajé su pantalón sin calma alguna y cuando liberé su pene semi erecto de su ropa interior, instintivamente dejé que mi propio pene se acariciara con el suyo. Sentí una descarga de electricidad que erizó todo el vello de mi cuerpo y encendió mis células. Estaba quemándome, el cuerpo de Victor era hermoso, firme y suave en los lugares correctos.
Victor me pegó más a él, acariciando mi desnudez de forma febril también, descubriéndome con sus manos, pidiéndome con aquellas caricias que me entregara a él.
—No quiero lastimarte…— susurró, sin dejar de tocarme.
—No vas a lastimarme— dije yo, tomando una de sus manos entre la mía—. Tienes que olvidarte de todo conmigo. Tú serás el primero para mí, tú serás mí por siempre porque te amo, porque siempre voy a amarte…
—Mi Yuri…
A pesar de que aquellas palabras volvieron a electrificarme, a pesar de que las manos de Victor seguían recorriéndome, supe que él seguía temiendo lastimarme. Así que, tomándolo de la mano, llevándolo de nuevo hacia las mantas, recostándolo ahí, recostándome al lado suyo, y sin dejar de mirarlo a los ojos, seguí cantando mi canción deseando que él se diera cuenta de una vez, que él notara que lo deseaba, que lo amaba más allá de mí, que lo que haríamos no debía asustarnos, porque nada que se haga por amor es un error. Nosotros no éramos un error, no éramos algo de lo que debiéramos avergonzarnos; nosotros éramos amor verdadero, eso éramos:
Desde el calor de la noche hasta la luz del día, te mantendré seguro y te sostendré por siempre.
Y las chispas volarán, nunca se desvanecerán porque cada día será mejor que el anterior.
Porque cuando estoy contigo me olvido del tiempo.
Cuando estoy lejos de ti, te tengo en mi mente.
Seré todo lo que necesites hasta el día en el que muera.
Te amaré siempre una y otra vez…
Mis labios, que habían estado cantando sobre los suyos, descendieron una vez más hacia su rostro y se fundieron en un beso ardiente con los de Victor. Esta vez pude notar que no había más nada que temer y me dejé llevar. Él susurraba mi nombre mientras mis labios besaban su cuello de forma desordenada. Quería besar todo su cuerpo, quería que el sabor de su piel se quedara en los míos para toda la vida. Era más que obvio que sólo estaba dejándome llevar, no tenía ni idea si aquello era correcto, pero mis labios besaban y mis manos tomaron la erección de Victor haciéndola, crecer, haciendo que mí amado respondiera con un gruñido profundo que elevó mi pulso. Le gustaba, le gustaba cómo estaba tocándolo.
Guiado más por el instinto que por la práctica, mis labios descendieron por todo su pecho y siguiendo su ejemplo, me demoré en sus pezones succionándolos y mordiéndolos, haciendo que Victor se estremeciera debajo de mí. Mis labios siguieron su camino y al llegar hacia la fina capa de vello platinado que rodeaba su pene, empecé a sentirme nervioso. Jamás había hecho aquello, así que, sin dejar de acariciar aquel trozo de piel con mis dedos, me llevé la punta a los labios, besándola tímidamente, saboreándola con mi lengua que no encontró desagradable el sabor. Mis labios dejaron un reguero de besos en aquella área, y Victor empezó a acariciar mi cabello invitándome a abrirme más, urgiéndome a tomar más de su piel dentro de mi boca, y eso hice.
Mis labios subían y bajaban por su miembro erecto, mi saliva escurría hacia la tensa piel de sus testículos y yo lo contemplaba: sus ojos cerrados, sus mejillas rojas y la forma en la que me pedía más era algo simplemente hermoso. Tuve que acariciarme llegados a ese punto, la forma en la que él gemía cada vez que mis labios resbalaban por su piel, cada vez que yo lo succionaba, era hermosamente enloquecedor. Él acariciaba mi cabello, lo estrujaba guiando a mi boca cada vez más profundo. Mi mano acariciaba mi erección y el sonido de la succión, junto con el sonido de los gemidos de Victor era simplemente encantador...
—Sabes lo que haces…— dijo él cuando dejé un suave beso en la punta de su erección—. Ven aquí mi Yuri, voy a devolverte un poco de lo que me has dado…
Victor me atrajo hacia él y me besó duro, sin reservas. Después, me apoyo sobre mis piernas y brazos en el suelo, y empezó a lamer mi entrada haciéndome ver estrellas. Su saliva fría resbalaba de mi entrada hacia mis testículos que se apretaron con fuerza cuando la lengua de Victor se internaba en aquel apretado agujero. Cerré los ojos pensando que tanto placer iba a enloquecerme. La lengua de Victor era hábil, me saboreaba como se saborea a un caramelo delicioso y sus dedos acariciaban mi erección de arriba a abajo, la piel de mi miembro estaba totalmente roja.
Victor seguía lamiéndome, adentro y afuera, internándose en mí de a poco. Después de aquellos besos que parecían ser una dulce tortura, Victor me acostó sobre la manta, y se hincó delante de mí, levantando mis piernas para tener mejor acceso a mi ano y a mi palpitante erección.
— Quiero mirarte— dijo él mientras sus labios se acercaban a mi pene haciéndome ver estrella—. Quiero ver cómo me deseas, quiero verlo… quiero amarte, Yuri… quiero que no seas capaz de olvidar cómo estoy tocándote, cómo voy a hacerte pedir más, como vas a correrte pronunciando mi nombre… sí mi amor, seré el primero, voy a ser el último…
— ¡Oh, Vitya!
La boca de Victor tomó mi pene y lo succionó sin decir más. Yo estaba retorciéndome de pasión, su boca chupaba mi piel, y él llevo uno de sus dedos a mi boca, pidiéndome que lo succionara. Eso hice sin dejar de mirarlo y él soltó un gemido por la forma sensual en la que estaba lubricando su dedo. Cuando dejé de lamer, él llevó aquel dedo a mi entrada y de mis labios escapó un grito de sorpresa, aquella sensación ardía un poco al principio, pero Victor seguía lamiendo mi pene con dedicación y su dedo se movía dentro de mí, lentamente, cuidadosamente, adentro y afuera hasta que me acostumbré a la presión y empecé a sentir que podía resistir un dedo más, necesitaba aquello, necesitaba aquella invasión… se sentía bien, tan bien…
Mis manos acariciaban los cabellos de Victor, y su boca me tomaba por completo, pronto al primer dedo se unieron dos más, y aunque dolía al principio, también era insuficiente. Estaba empezando a sentirme a punto de estallar. Aquello debía pasar de una vez, tenía que saberlo, tenía que saber cómo sería tener a Victor dentro de mí. Estaba listo para eso, la presión de los tres dedos de Victor dentro de mí era deliciosa, pero sabía que había más, estaba listo, quería a Victor dentro de mí…
— Victor…—dije yo con la voz ronca de pasión—. No podré aguantar más, yo…
Sus ojos azules me miraron de forma traviesa. Sus labios me regalaron una última succión y su lengua lamió mi eje desde la piel de los testículos, hacia la punta siguiendo la marcada vena de mi pene. Él asintió, marcándome con el fuego de su mirada y sus labios volvieron a besar mi entrada, la lamian con determinación y yo sentía en mí una urgencia como nunca antes. No quería dejarme ir, mi columna vertebral estaba siendo cruzada por rayos de electricidad que estaban llevándome lentamente a la locura. Necesitaba a Victor, necesitaba que él siguiera tocándome así.
— No voy a presionarte, solo quiero que te relajes, déjate llevar— me dijo a modo de respuesta ante mi mirada interrogativa—. No Yuri, no haré todo esta noche, pero te prometo que te sentirás bien, ya te lo dije, no voy a lastimarte. Voy a ir lento mi amor, dime si quieres que pare, no hay prisa… puedo esperar por ti…
Yo asentí incapaz de decir nada, mi corazón latía demencialmente. Victor me pidió que me relajara, y así lo hice. Metió tres dedos en mi interior, dolía un poco, pero el dolor fue haciéndose menos cuando sus manos volvieron a tomar mi erección entre ellas. Él me acariciaba con suavidad, reviviendo mi pasión con cada caricia, abriéndose paso dentro de mi estrechez con cuidado, con amor.
Victor me miraba a los ojos, aquel inmenso mar azulado que se escondía en sus ojos me pareció infinito, me perdí en él mientras la presión en mi entrada se iba haciendo cada vez más cómoda. Él seguía penetrándome con sus dedos, y acariciándome de modo febril y la felicidad que vi en sus ojos al verme susurrando su nombre, era más de lo que yo podía soportar. De algún modo, yo sabía que Victor estaba dentro de mí, yo era suyo, suyo y él… él era mío, mío como jamás había sido de nadie más porque en sus ojos podía leer todo el amor del universo. Nuestros labios se juntaron una vez más y mi amado empezó a mover sus dedos con más rapidez.
Las embestidas me hicieron temblar, seguía doliendo, pero cuando los dedos de Victor tocaron el lugar indicado dentro de mí, el placer que sentí fue tan brutal y tan agudo que gemí con todas las fuerzas, grité de felicidad pura, grité con pasión porque el hombre que amaba estaba haciéndome suyo, moviéndose dentro de mí, Victor estaba regalándome placer.
Victor se acercó a mis labios y me besó sin cuidado, mordió mis labios sin precaución y yo respondí de la misma forma enredando mis manos en su cuello mientras seguía acariciándome y yo tomaba su propia palpitante erección entre mis dedos, llevándonos a los dos poco a poco a la locura.
—Te amo, Victor… — dije sobre sus labios, sus manos acariciaban mi erección y sus embestidas habían elevado la velocidad—. Te amo, soy tuyo, siempre seré tuyo…
—Te amo, Yuri— me dijo él en medio de un gemido—. Te amo tanto, ¡Oh, mi amor!
Victor siguió besándome y cuando sentí que su semen se derramaba entre mis dedos gemí de nuevo y me dejé ir, llenando el abdomen de Victor con mi esencia. Los dos seguimos besándonos después de eso, él se abrazó a mí y los dos rodamos sobre las mantas. Los dos reíamos, y repetíamos te amos una y otra vez. Habíamos conocido el amor de la mano del otro, nos habíamos entregado sin reservas y yo sabía que aquella no sería la única vez…
—Victor— dije yo cuando sus labios se separaron un poco de los míos y él me atrajo hacia sus brazos, acunándome en ellos—. No creo que alguien haya sido más feliz en este mundo de lo que yo me siento en este momento…
—Creo que sí lo hay, mi Yuri— dijo él acariciando mi cabello oscuro bañado en sudor-. Yo, mi Yuri, yo soy tan feliz que ni siquiera sé por qué estaba triste antes…
—¿Te olvidaste de todo lo malo? — dije yo con timidez— ¿No fui un completo desastre?
—Mi Yuri es perfecto…—dijo él besando mi frente—. Eres perfecto, sexy, hermoso… te amo Yuri Katsuki…
—Me hace falta más practica…—dije yo haciéndolo reír, sonrojándome con mi sugerencia.
—La tendrás de sobra—dijo él besándome de forma juguetona—. Entonces ¿Jamás olvidaremos este momento?
—Jamás…
— ¿Me amarás por siempre?
—Por siempre…
—Por siempre…—repitió él mirándome a los ojos—. No sé por qué contigo, todas esas cosas cursis tienen tanto sentido…
—Porque me amas— le dije yo con una sonrisa—. Y yo te amo…
—Mil puntos para el señor Katsuki—dijo él—. Gracias mi Yuri…
Lo besé porque yo sabía que no había nada que agradecer. Ahí sólo existía el amor que los dos sentíamos, el amor del cual estábamos hechos los dos, el amor que habíamos creado con nuestros cuerpos. Seguimos besándonos hasta que él se quedó dormido entre mis brazos y yo sé que no podré dormir. Quiero verlo toda la noche, quiero seguir recordando lo que ha pasado, es cierto cuando digo que no olvidaremos este instante jamás. Los dos estamos destinados a vivir más allá del tiempo, a caminar de la mano y a amarnos como ya no se acostumbra a amar en este mundo. Yo soy suyo, él es mío, y creo que esa es la única certeza que necesito para saber que cuanto dije en mi canción es cierto: voy a amar a este hombre, hasta el fin de los tiempos y después de ellos una y otra vez.
Canción: Over and over again-Nathan Sykes
