Capítulo XXIV

Ignorarte

Quedé paralizada. Edward estaba frente mío y me estaba increpando con su mirada, fuerte, profunda y bella como la miel derretida.

–Eeeeee…, bueno voy al parque… –contesté sin pensarlo más.

–Y ¿Qué cosa tan interesante hay allá que vas tan entusiasmada? –curvó sus labios carmesí en una sonrisa exquisita.

Él esperaba ansioso mi respuesta. No quería ni debía metir.

–Ethan –fui seca, lo dije de una vez y sin anestesia.

–¿Qué? –la sonrisa se esfumó de su rostro.

–Sí es él.

–Y ¿Qué quiere ahora? ¿Qué acaso no sabe que eres mi novia? –su mandíbula se tensó demasiado y sus ojos se volvieron caramelo sólido.

–¡Cálmate Edward! Sólo quería hablar conmigo… –le dije casi asustada por su reacción.

–¡Qué insistente es! –continuó.

No contesté. Mi opinión era absolutamente contraria a la suya.

–Supongo que ahora que llegué no irás ¿Cierto? –insistió.

Callé. Por un minuto pensé en devolverme a mi habitación junto a Edward, pero "ellos" insistirían, sobre todo si sabían que Edward estaba aquí. Además, me daba pena y me sentía una desconsiderada al dejarlo ahí todo ebrio y con el corazón roto por mi culpa. Tomé las llaves para abrir la puerta y entrar, pero me detuve un momento, respiré hondo y le pasé las llaves a Edward.

–Vengo enseguida –fui decidida.

Edward quedó paralizado, pero mi conciencia era más fuerte. No lo seguí mirando porque probablemente me arrepentiría. Di media vuelta y corrí por los pasillos. Sentía ansiedad, profunda y tenía sentimientos encontrados, pero Ethan no se merecía que yo lo despreciara de esa manera, él era un hombre noble y maravilloso y conmigo siempre había sido fabuloso, que yo me enamorara de otro, era mi culpa, pero ya no lo podía seguir flagelando a él por mis decisiones.

Cuando llegué abajo, había empezado a lloviznar y sentía esas pequeñas y suaves gotas como invadían mi rostro. Eran tenues, pero tantas a la vez, me mojaban lentamente. Finalmente, estuve frente a él y cuando me vio se arrodilló a mis pies y me dijo.

–Mi princesa bella ¡Te amo! –su cabello rubio miel estaba húmedo por la lluvia y sobre sus labios rojos y suaves habían unas gotitas que le daban un aspecto muy especial de príncipe encantado.

–Ethan hace frío y está lloviendo ¡Te vas a enfermar! –le dije de manera maternal.

Con ayuda de Phillip, por su estado, se paró y se puso en frente de mí.

–Mi vida no me pidas que me vaya si yo te adoro –acarició mi rostro con su mano suave y tersa y luego continuó– además… ¿Qué más enfermo puedo estar? Si mi corazón está hecho pedazos sin ti…

Sus palabras calaron profundo en mí, porque a pesar de que estaba borracho, lo que decía era cierto y yo lo sabía mejor que nadie.

–Ethan n… no te hagas esto –acaricié su cabello con pequeños gatitos que decoraban su rostro de príncipe encantado.

Poco a poco empezó a llover más fuerte y Phillip se alejó de nuestro lado, dejándonos frente a frente. Ethan me miró fijamente. Podía distinguir sus pecas doradas en su rostro blanco y de aspecto infantil. Hasta mí llegaba su hálito con alcohol, pero no era nada desagradable. Sus mejillas estaban mojadas y no podía distinguir si era por la lluvia o por lágrimas, hasta que distinguí que sus pestañas color oro estaban más oscuras y mojadas y me di cuenta también que el enrojecimiento de sus ojos no era a raíz del alcohol, sino que de unas tímidas lágrimas que habían escapado de esos bellos ojos calipso. Lentamente acercó sus manos a las mías y las acarició como si tocará un cristal precioso y delicado, hasta que finalmente me cogió por la cintura y acercó sus bellos labios a los míos. Primero sólo rozó sus labios con los míos para ver mi reacción –eso creo– y luego como no encontró resistencia, nuevamente se acercó a mí y entreabrió mis labios con los suyos, dejando pasar su lengua tibia, húmeda y suave hasta encontrarse con la mía. Con su otra mano acarició mi cuello y parte de mi quijada mientras me besaba.

Desperté de la catarsis mientras oía unos aplausos que provenían del auto donde estaba los amigos de Ethan ¡Recién caí en la cuenta de lo que había hecho! Ahora si que Edward me odiaría. Miré a Ethan y sus ojos me miraron con la mayor ternura que habían mirado en mi vida, no pude evitar sentir que mi pecho se apretaba y mi estómago bailaba.

–¡Perdona Ethan! –di media vuelta y lo dejé ahí, sólo bajo la lluvia, mientras él, jamás dijo una sola palabra, sólo me miraba y finalmente sonrió, parecía comprenderme, a veces.

Subí rápidamente las escaleras, pero cuando llegué a mi habitación la puerta estaba entrejunta y dentro ¡No había nadie! En cambio, la ventana estaba abierta de par en par ¡Edward me había visto! Eso era indudable. Busqué en el baño y nada. Tomé mi móvil para llamarlo, pero antes de que lograra terminar de encontrar su número, una mano suave y tibia me tomó la mano y sutilmente sacó el celular de mis dedos. En cambio, me aferró hacia él y me volvió a besar. No sé por qué no podía detenerme y correspondí su beso y lo peor de todo ¡Lo disfrutaba y mucho! Era deliciosa su saliva, su lengua suave impregnada levemente en algún trago. Sus manos se mantenían en un lugar prudente, sin traspasar en ningún momento las barreras de la pasión. Fui yo quien lo empujó pausadamente a la cama, mientras él sólo se concentraba en besarme. Ethan estaba sobre mí y me acariciaba con tranquilidad y ternura, mientras yo me perdía en sus caricias y sentía que mi cuerpo se acaloraba cada vez más, hasta que él se percató que mis manos insistían más de lo debido y me miró fijamente.

–No mi amor, porque después de eso si que nunca más me podré separar de ti… –su mirada parecía suplicante y lo entendí.

Bajé la intensidad de la manera de besarnos y finalmente, después de contemplarnos unos minutos, él se durmió. Estaba estilando y su pelo estaba mojado, por lo que no podía quedarse de ese modo, sabía que, tanto como yo, venía saliendo de una complicada laringitis. Con mucha cautela lo desvestí para dejarlo seco, y mientras lo hacía, podía contemplar su cuerpo perfecto y fibroso, de piel casi traslúcido, pero suave como la piel de los bebés. Los bellos de su cuerpo eran casi rubios y era muy, pero muy hermoso. Parecía extraño, pero su cuerpo era muy similar al de Edward y eso me producía sensaciones encontradas. Como pude lo tapé y fui a buscar el secador para deshumedecer sus pelo de infante, con ondas perfectas. Él no pareció inmutarse. Tomé toda su ropa y la metí en el baño, junto con un calefactor para que se secara.

Me senté en el escritorio, al lado de la ventana y llamé a Edward, aunque sabía que no querría ver. Tuuut, tuuut, tuuuuuuuut, y ¡Nada! No quería contestar y era lo más obvio. Finalmente, opté por ir donde mi vecina y amiga, Alice, que se supone "dormía" justo en frente de mí, aunque por lo general no estaba, porque todo era una pantalla. Llegué frente a su puerta y golpeé despacito, peor nadie abrió. Caminé hacia mi habitación y de la nada apareció Margaret, la bella vampira.

–Veo que no estás con tus amigos… –sonrió, ahora venía vestida como un estudiante cualquiera más.

–No –respondí algo triste.

–Es una lástima… –sonrió perversa y siguió– ¿Hablaste con tu querido de nuestra conversación del otro día? –fue irónica.

Asentí, ya estaba empezando a sentir miedo, el corazón se me aceleraba y sentía una transpiración fría que invadía mi cuerpo.

–¿Entonces? –me parecía como que ella tenía una fijación especial con Edward.

–Nada –fui seca, para intentar que no notara que me tiritaba la voz.

–Y ¿seguirás con él después de todo lo que te hizo? –rió con sarcasmo.

–No lo sé…

–Qué poco te quieres Bella –volvió a reír.

–¿Qué necesitas de mí? –insistí.

–No lo sé, aún no lo tengo claro –me tomó fuerte por el brazo, pero al acercarse a mí y sentir mi aroma, pareció no agradarle.

–¡Dime! –insistí.

–¿Estás sola? –miró algo desconcertada hacia mi habitación.

–No, pero a él no lo metas en esto… –le supliqué.

–¿A quién? Parece que no es Edward –rió– creo que tienes más "amigos".

–Él es humano ¡Déjalo en paz!

–¿Quién es él que te provoca esa reacción? –parecía sorprendida.

–Ethan, mi ex novio.

Cuando escuchó su nombre, su rostro pareció desfigurarse. Soltó mi brazo y desapareció intempestivamente…