DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV

Diciembre 26

Ella me miraba de un modo especial mientras Yuri y yo comíamos caramelos de navidad y abríamos los múltiples regalos que había debajo del árbol de la casa de mi madre, lugar donde los dos estábamos celebrando mi cumpleaños de una forma bastante sencilla, en medio de risas y la promesa de una comida casera después del mediodía. Claro, esa no era la forma habitual en la que hasta este día había celebrado, pero justo ahora creo que no hay mejor modo de festejar mi vida que la risa de Yuri al abrir mis regalos y los suyos también porque mi madre se aseguró de que hubiera algo para él también debajo del enorme árbol que año con año, ella prepara en medio de la sala de su casa.

(Nota mental: otorgarle a Aleshka Nikiforova el premio a la madre del año).

En esos momentos, mientras Yuri y yo nos divertíamos como un par de niños despreocupados, mi madre nos contemplaba con una sonrisa divertida que no había visto en sus labios en mucho tiempo y sus ojos azules, tan azules como los míos, estaban llenos de luz como también lo habían estado en el momento en el que le presenté a Yuri como mi novio.

Aleshka Nikiforova estaba radiante cuando abrió la puerta y vio que mi mano sostenía la de Yuri. La verdad es que mi madre siempre había sido así de cálida y amorosa conmigo, aunque es cierto también que mi padre le impedía estar mucho tiempo conmigo. Cuando los dos se divorciaron, lo cierto es que no la extrañé porque no estaba acostumbrado a estar con ella, papá siempre pensó que para hacerse fuerte, un Nikiforov necesitaba alejarse de todo cuidado y cariño maternal que pudieran poner en riesgo la idea estúpida de hombría que mi padre ha tenido siempre.

La verdad es que el divorcio que separó a mamá de mi padre, nos unió a los dos de un modo extraño, quizá porque cuando iba a su casa ella no tenía reparo alguno en darme ese amor a manos llenas que no pudo prodigarme cuando mi padre se lo prohibía. Creo que mamá siempre supo que yo sería capaz de amar a alguien del modo en el que amo a Yuri ahora, jamás me lo dijo, pero la mirada de sus ojos no hacía más que confirmar mi sospecha.

Creo que ella siempre supo que yo no soy como mi padre aunque por mucho tiempo intenté serlo, intenté ser el adefesio sin corazón que él quería que fuera. Lo cierto es que ahora que puedo verlo desde otro punto de vista, mi padre siempre ha sido el más cobarde de los dos: él es incapaz de sentir nada y no sabe hacer otra cosa que no sea dominar y destruir. Y aunque esta constancia sea una nula ventaja a la hora de enfrentarlo en los tribunales, me siento fuerte al no ser como él.

Y ahora mismo me siento estúpido por todas las veces que dije: "soy idéntico a mi padre, él me hizo ser lo que soy". Sí, quizá él haya influido en mí en muchas cosas de las que hice pero en última instancia, creo que siempre tenemos la capacidad de elegir y yo he elegido ser otra cosa, he decidido ser valiente y ser simple y maravillosamente yo mismo.

No niego que al principio me sentía idiota, ya sabes, pensando cosas cursis como decirle a Yuri que lo amo y que estoy enamorado de sus ojos y del modo en el que me mira; que jamás había pensado que sería posible amarlo del modo en el que lo hago ahora, que cada uno de los días que he pasado al lado suyo, los dos perdidos en nuestro pequeño universo, vale más que la compilación de todos los días solitarios de mi pasado.

Soy suyo, esa es la verdad y él es mío. Lo amo más allá de mí. Yuri me ha entregado su corazón, su cuerpo, su alma y espero estar dándole lo mismo de mí.

Fue Yuri quien insistió en conocer a mi madre y por eso decidí traerlo conmigo sin que me importara demasiado el hecho de estarlo presentando ante la única mujer que he amado en mi vida. La verdad es que no sabía cómo reaccionaría mamá ante la idea de un novio fijo porque vamos, mi madre ha tenido que lidiar con el hecho de que antes de Yuri yo había sido un fiel parroquiano de los clubes nocturnos de la ciudad, debido al hecho de que nadie le niega la entrada a un Nikiforov a ningún lugar sin importar la edad de éste. En realidad yo llegué a creer que Aleshka acabaría pensando que yo estaba intentando burlarme de ella.

Pero mi madre jamás deja de sorprenderme y Yuri tampoco. A los pocos minutos de estar hablando los dos, mi madre y mi novio estaban comportándose como si se conocieran de toda la vida, bromeaban acerca de mí y me hacían sentir… en familia. Aquel sentimiento era extraño, por mucho tiempo toda la familia que yo tenía se reducía a mi abuelo, era él quien me hacía sentir aquella calidez que Yuri y mamá trajeron de nuevo a mi vida. Yo sonreía como un idiota porque mi madre ya amaba a Yuri, podía leerlo en sus ojos — aunque ¿qué otra cosa puede hacerse con Yuri? No te queda más remedio que amarlo a los dos segundos de conocerlo— y Yuri estaba totalmente prendado de mi madre.

Los dos hablaban de arte, en especial de música. Mi madre había sido profesora de piano en una academia privada de San Petersburgo, así que supongo que Yuri y ella hablan prácticamente el mismo idioma puesto que mi novio debe estar acostumbrado a la belleza de las piezas musicales clásicas al ser un bailarín de ballet. De verdad era delicioso contemplarlos, ahí, junto a mí. Porque a mi lado estaban dos de las personas a las que yo amo con todo el corazón y junto a ellos, no tenía miedo.

Y es que, a pesar de los días llenos de felicidad, a pesar de las noches llenas de amor y pasión que Yuri y yo hemos compartido, hay algo que no le he dicho, hay algo que evito pensar. Yuri no sabe que mis días en San Petersburgo están contados, él no sabe que antes de que termine el año escolar tendré que mudarme a Moscú definitivamente, él no sabe que me comprometí a estar ahí para no perder el control de las que ahora, son mis empresas.

Mi madre es la encargada de manejar todo ahora y de mantenerme al tanto de los negocios, porque la nombré como mi guardiana legal con ayuda de los abogados de mi abuelo pero la presión que los partidarios de mi padre ejercen es tanta, que no podré dejarla sola más tiempo. Por muchos años, las empresas de la familia Nikiforov han sido manejadas por hombres solamente y debido a eso la gran mayoría de los socios no ven con buenos ojos el hecho de que una mujer les diga que hacer por más que se les repita que es ella quien me representa. Eso es una completa estupidez, claro, pero el problema con las compañías viejas como la de mi familia, es que no puedes cambiar todo de la noche a la mañana.

Es por ello que mi situación actual no deja de ser preocupante aunque mamá dice que no debo sentirme así. Y es que de verdad confío en ella porque Aleshka es capaz de comportarse de forma fría y serena, así como uno debe ser si se quiere triunfar en el mundo de los negocios, pero no puedo arriesgarme a dejarla sola más tiempo. Y es que aunque no era hija suya por la sangre que corría en sus venas, mi abuelo cuidó de ella toda la vida y sería una falta de respeto a su memoria no estar en el lugar que me corresponde, luchando al lado de mi madre por mantener el legado del hombre que tanto nos amó a los dos.

Pero tampoco quiero irme antes de tiempo, no quiero dejar a Yuri, no quiero separarme de él porque es cierto cuando digo que un día sin estar a su lado es insoportable. Será muy difícil dejar mi vida de ahora atrás, extrañaré al equipo de soccer, extrañaré todo en la Academia Feltsman pero sobre todo, sé que debo declinar también la invitación de la Selección Nacional juvenil y tener que decirle adiós a tantas cosas es simplemente abrumador.

Ni siquiera sé que haré, no quiero pensar en la despedida, no quiero pensar en pedirle a Yuri que espere por mí hasta que yo logre resolverlo todo porque no es justo, no será justo. Quizá hubiera sido mejor idea dejarlo al lado de Phichit pero la sola idea de que alguien más lo bese y lo toque me vuelve loco. No, él no puede estar al lado de nadie más, él debe quedarse conmigo.

¿Estoy siendo un jodido egoísta? Sí, lo soy, pero no quiero que esto se termine, no quiero que mi felicidad se termine. Paso todos los ratos libres que tengo pensando en cómo resolver este problema imposible y aún no sé qué hacer, no sé cómo lo haré. Sólo sé que tendré que irme pronto de su lado y que mi corazón no podrá con ello. Sólo sé que entre más retrase el momento de la despedida, Yuri y yo sufriremos más, lo haré sufrir… maldita sea, voy a hacerlo sufrir.

Mi corazón se rompe un poco al pensar en ello, pero no es mi corazón lo que importa, sino Yuri. Él me ama de un modo tan confiado, estoy seguro de que daría su vida por mí de ser necesario, del mismo modo en el que yo daría la mía por él. Y sin embargo, soy yo quien le hará daño, siempre lo he sabido, soy yo el que va a lastimarlo. Él siempre dice que confía en mí y yo sé que voy a defraudar esa confianza pero esta vez no es porque yo quiera, es que mi vida exige que sea de ese modo.

¿Qué voy a hacer? Mi madre y yo hablamos acerca de la situación hace un rato. La encontré en el piano de la sala, la casa estaba en silencio y Yuri dormía ajeno a todo en mi habitación. De hecho, mamá estaba tocando una de las canciones que Yuri le había platicado, sería nuestra canción de bodas. Mamá había insistido en escuchar las canciones de las que mi novio hablaba con tanta emoción en su voz y Yuri se mostró feliz de enseñarle la canción que cantó para mí aquella noche, la noche en la que los dos nos entregamos el uno al otro en medio de todas las rosas del invernadero de la Academia Feltsman.

La verdad es que no pude evitar sonrojarme al escuchar el piano de mi madre volviendo a recrear aquella canción porque el recuerdo de la piel de Yuri bajo mis dedos, la cadencia de sus besos y la sensación de placer absoluto que tuve al acariciarlo y sentirme tan cerca de él, es algo a lo que no logro acostumbrarme aún.

Por eso, mientras Yuri hablaba acerca de nuestra boda y mi madre sonreía encantada al ver mi cara totalmente escarlata, yo recordaba aquella primera noche, el sudor de nuestros cuerpos, nuestros besos, la forma en la que él me pidió que me entregara a él. Diablos… tuve que controlarme para no aparecer con una erección delante de los ojos de mi madre, quien, al escuchar la letra de mi canción de bodas, sonrió con dulzura y me miró con un brillo suave y conmovido en su mirada.

Aleshka Nikiforova se dejó llevar por la música y cuando Yuri terminó de cantar con la misma voz tímida con la que había cantado para mí, mamá lo abrazó y le agradeció algo que yo no fui capaz de escuchar. Yuri le devolvió el abrazo a mi madre y él me guiñó un ojo como diciéndome: "lo ves, Victor, he logrado hacer que mi suegra me ame, tendrás que casarte conmigo después de todo".

Yo me reí en silencio y le devolví el guiño, tentado a gritarle que me hubiera casado con él aunque mi madre se hubiera opuesto, pero sé que no debo preocuparme por eso.

Cuando bajé a la sala, mi madre tocaba la ahora conocida canción de bodas con los ojos cerrados, llenando a mi corazón de amor y fuego, transportándome de nuevo a aquella noche y a las miles de sensaciones que Yuri me hizo sentir. Me senté al lado de ella, y mamá no interrumpió la canción. Uní mi voz a su música simplemente porque amaba esa canción y Yuri me la había cantado ya tantas veces, que ya la había aprendido. Aquella era nuestra canción, lo sería siempre y de verdad era afortunado al poder decir aquello.

—Yuri tiene un gusto exquisito para la música—dijo mi madre cuando llegamos al final de la canción, ella sonrió y acomodó un mechón de cabello rubio que se había escapado de su peinado mientras tocaba el piano—. Y tú, hijo mío, eres un hombre afortunado.

Aleshka me sonrió y yo le devolví la sonrisa sabiendo que ella no estaba diciendo más que la verdad. Claro que lo era, sólo un golpe divino de suerte podía haber hecho que un ángel como Yuri pudiera amarme de aquel modo.

—Así que te gustó mi novio— dije yo, y ella rio con esa risa musical que siempre me había hecho pensar que mi padre se había enamorado de ella al escucharla reír.

—Es un chico adorable— dijo ella con cariño—. Te ama con todo su ser, Vitya, y tan solo por ese hecho yo debo amarlo toda la vida, y eso es lo que haré…

—Y yo…—dije con una sonrisa tranquila—. Mamá… ¿de verdad puedo amarlo toda la vida?

—Sé lo que estás temiendo, Vitya— dijo ella mirándome a los ojos, haciendo que me diera cuenta de que los dos nos parecíamos demasiado—. No debes temer, no cuando tú y Yuri han llegado a amarse de este modo. Mira, un amor como el suyo sucede una vez cada mil años en el universo y no estoy bromeando. Para un amor así, dudo que haya final, dudo que una vida sea apenas suficiente. Sé que temes decirle adiós antes de tiempo, pero yo te prometo que no tendrás que despedirte de él todavía. Yo haré mi mejor esfuerzo por lograr que tu vida continúe de forma normal, no quiero que tu padre te robe también esta felicidad que has encontrado…

—Yo tampoco quiero perderla— dije yo, sintiendo dolor al pronunciar mis palabras—. Pero mamá, tú sabes que debo volver a Moscú de un modo u otro, los socios están presionándote demasiado

— ¿Y? Los socios no son más que un montón hombres seniles para los que la idea de un cambio es inconcebible— dijo ella con calma—. Además, Vitya, aunque tu viaje deba adelantarse, solo tienes que ir a Moscú, no estás yéndote a otro universo. Te sorprendería saber que esa ciudad está a la distancia de un suspiro de San Petersburgo, un poco menos si usas alguno de los jets privados que tu abuelo te heredó…

—Mamá…—dije yo un poco molesto, sintiendo que ella se burlaba de mí.

—Victor Nikiforov— dijo ella con calma—. No vas a decirle adiós a ese chico, te lo prohíbo, vas a quedarte con él pase lo que pase ¿Has entendido?

—De verdad me gustaría obedecerte en eso— dije yo suspirando profundamente—. Pero… ¿Cómo se supone que no le diga adiós si debo irme y empezar con mi educación en administración a marchas forzadas? Y no solo a él mamá, también tengo que decirle adiós al único sueño que tenía para mí…

Mi madre me sonrió con paciencia y sin agregar nada más, ella se levantó del banquito del piano dirigiéndose hacia un retrato mío de cuando era un bebé. Sin dejar de sonreír, mi madre quitó el cuadro de la pared dejándome ver que detrás de él se escondía una caja fuerte. Mamá tecleó una contraseña y cuando la caja se abrió, sacó de ella un paquete con forma circular que parecía hecho de terciopelo violeta.

Aleshka se acercó a mí nuevamente y depositó el paquete en mis manos mientras yo la miraba de forma interrogativa.

—Victor, yo te juro que no tendrás que renunciar a nada mientras yo esté viva pero, si llego a fallarte quiero que le entregues esto a Yuri…— dijo mi madre con seriedad y por la intensidad que había en sus ojos, supe que mamá no estaba bromeando y que estaba hablándome desde su corazón.

— ¿Qué es? — dije yo realmente intrigado.

—Es un par de anillos dorados, cada uno de ellos tiene una joya estrella dibujada en la parte de atrás—dijo mi madre con la mirada llena de recuerdos—. Verás, cuando yo era niña, mi padre me leí historias de princesas elfas, tu abuelo era un aficionado a las historias de fantasía. Una vez, me contó acerca de dos amantes que tenían que separarse porque en el mundo había estallado la guerra, ella era una doncella elfa y él un guerrero humano. Antes de decirse adiós, ella le entregó una joya como ésta a él creando un vínculo entre los dos para siempre: mientras el corazón del otro siguiera latiendo, la esperanza de encontrarse de nuevo no moriría y por ello los dos estarían juntos siempre ¿entiendes? Mi padre mandó a fabricar una joya como esta porque yo me enamoré de esa historia, tu abuelo me dijo que yo también encontraría a alguien con quien compartir un amor como el del libro, pero no fue así. En cambio, hijo mío, creo que tú tienes entre tus manos esa clase de amor…

— ¿Me pides que le diga adiós a Yuri pero que le prometa que algún día volveremos a estar juntos? — dije yo sin lograr captar de verdad el mensaje que mi madre trataba de trasmitirme.

—No, Victor…— dijo ella con paciencia—. Te pido que al darle esto dejes de creer que estás despidiéndote de él. Necesito que sientas ese vínculo que hay entre los dos dentro de ti, sólo de ese modo podrás entender por qué no le dirás adiós.

— No entiendo…

—Claro que no, cabeza hueca—dijo ella haciéndome reír—. Deja de pensar como un hombre de negocios y empieza a pensar como el hombre profundamente amado que eres. Siente, Victor, si no dejas de sentir todo el amor que hay entre tú Yuri entonces nada será capaz de separarlos…

Mamá se levantó de nuevo sin dejar de sonreírme, beso mi frente y acarició mi cabello plateado antes de retirarse a su habitación, dejándome solo en medio de la sala, rodeado de silencio, preguntándome si de vedad podía aferrarme a aquella esperanza, la esperanza de no tener que decir adiós, la esperanza de poder seguir al lado de Yuri para toda la vida.

La verdad es que nunca me he considerado un optimista idiota, pero empecé a sentir que quedarme al lado de Yuri sería posible cuando el sonido de unos pasos lentos se escuchó en la habitación. Yuri llegó a mi lado minutos después, me encontró mirando el resplandor de las luces del árbol de navidad que se reflejaban en la ventana cubierta de escarcha. Sin romper el silencio con palabras innecesarias, Yuri me rodeó con sus brazos por la espalda y apoyó su cabeza en mi hombro, haciéndome cosquillas en la mejilla con su cabello oscuro y desordenado.

Dejamos que el silencio nos rodeara por un largo rato y mientras su cercanía me cubría, de pronto fui capaz de sentir ese lazo del que hablaba mi madre, estaba ahí, tan tangible en mi corazón que latía al compás del de Yuri, que me pareció una ofensa no haberlo notado antes y entonces lo supe: ¿Cómo puedes separar lo que desde hace mil años ha estado unido? ¿Cómo separar un amor como el nuestro? No era posible, de verdad no podría serlo. Cuando a mi alma asomó esa verdad, sonreí y tomé a Yuri en mis brazos, sentándolo encima de mí, admirando sus hermosos ojos color chocolate fijamente. Mi Yuri estaba adormilado, de verdad mi amado tenía que dormir un poco más aunque esas ojeras, fruto de la noche eterna que habíamos estado experimentando el día anterior, le sentaban bastante bien.

—No debiste despertarte— le dije besando sus labios suavemente—. Estaba a punto de ir a la cama contigo.

— ¿A dormir? — dijo él con voz alegre aunque cansada, sus mejillas enrojeciendo porque a pesar de todo, él sigue teniendo un extraño pudor al hablar de las cosas que hacemos ahora.

—A dormir, claro que sí— dije yo riendo divertido, profundizando aún más el sonrojo de su cara— ¿Qué más puede hacer alguien como yo con su delicioso y perfecto novio?

—Muchas cosas…—dijo él escondiendo su rostro en mi pecho—. De hecho, estaba soñando demasiado vívidamente con algunas de ellas…

— ¿Quieres que haga tu sueño realidad? — dije yo, comenzando a besar su cuello, mis labios descendiendo por el lugar donde palpitaba su vena yugular—. No tienes que hacer más que pedirlo, mi Yuri.

Yuri tembló entre mis brazos y dejó que mis manos lo acariciaran y que mis labios siguieran besándolo. La verdad me seguía pareciendo maravillosa aquella cercanía, poder besarlo cada vez que yo quisiera, mirarlo entregándose a mí sin reservas, escuchar cómo mi nombre salía de entre sus labios entreabiertos.

—Vitya…—dijo él tratando de contener un suspiro ansioso—. Victor… aquí no, yo… tu mamá…

—Aleshka tiene un sueño muy pesado…

—No es cierto…—dijo él entrelazando sus dedos a los míos, intentando frenar el avance de mis manos sobre su cuerpo.

Estaba empezando a sentirme enfebrecido, lo deseaba, siempre estaba deseándolo de aquel modo.

—Claro que sí…—dije yo acariciando su entrepierna, haciendo que Yuri cerrara los ojos y apretara sus labios contra los míos—. No se va a enterar de nada…

Yuri intentó agregar algo más pero yo atrapé su boca en un beso húmedo y descontrolado, ardiente, ese tipo de beso que siempre estaba amenazando con llevarnos a cometer locuras, ese beso que podía encender un bosque entero, los besos que por ejemplo, habían empezado todo en el invernadero.

—No…— dijo Yuri con firmeza, separándose de mis labios y tomando mi cabeza entre sus manos—. Tu mamá es una mujer maravillosa, no quiero decepcionarla. Esta es su casa y no me siento capaz de hacer algo así… además…

—Además…—dije yo, tratando de controlar el ritmo de mi respiración, tratando de ordenarle a mi cerebro que se olvidara de todas esas cosas divertidas que estaba pensando en realizar todavía con Yuri.

—Además de verdad quiero dormir contigo —dijo él haciéndome sonreír, convirtiendo las llamas que antes habíamos convocado en la suave caricia de la luz del sol— ¿Puedo contarte algo divertido?

— Lo que tú quieras— dije yo, mis ojos azules brillando con el amor más puro que nunca antes hubiera sentido.

—Te escuché ayer…—dijo Yuri haciendo que yo fuera quien se sonrojara ahora—. Creíste que estaba dormido y besabas mi cabello, acariciabas mi espalda y me llamabas tu amor, creo que me dormí escuchándote decir que me amabas y Victor, me sentí tan feliz, tan feliz de ser yo el chico al que tú amas.

—Pensé que no dudabas de mi amor, pensé que lo sabías ya de sobra, que tú eres mi amor…— dije yo con seguridad— ¿Por qué eso es tan especial?

—Porque soy un romántico sin esperanza— dijo él haciéndome reír—. Y me gustaría escucharte diciendo que me amas toda la vida, de hecho, lo único que quiero hacer ahora es que los dos vayamos a la cama y que me cantes nuestra canción, tú la cantas mil veces mejor que yo.

—No es cierto…— dije yo, mi alma ahogándose de ternura por las palabras de Yuri— ¿Me escuchaste cantándola con mi madre?

— Por eso me desperté…— dijo él con una sonrisa traviesa—. No quería perderme ese concierto… por cierto ¿qué te dijo ella? Parecía que estaban teniendo una conversación seria, ¿ya sabe cómo podremos vencer a tu padre?

—No…—dije yo, sintiendo que las palabras de Yuri me devolvían de pronto a la realidad—. De hecho, sólo hablamos de ti.

—De mí…— dijo Yuri mientras reía de modo tímido, sin sospechar la naturaleza de la conversación que había tenido antes con mi madre— ¿Sabes que Mari ya no me contesta el teléfono? Está harta de escucharme hablando de lo maravilloso que eres y de cuánto te amo y de todas esas cosas que tengo que contarle a todo mundo porque soy ridículamente feliz…

Besé a Yuri nuevamente, aquel chico me causaba un amor inaudito con cada pequeña cosa que hacía o decía. Siempre que hablaba de mí, de todo lo que sentía por mí, me hacía sentir el ser humano más feliz de todos los universos existentes. Después de besarlo, lo abracé con ganas de no soltarlo nunca y él hizo lo mismo conmigo, volviéndome a recordar que quizá el regalo de mi madre que estaba ahora sobre el piano, no era necesario porque de pronto entendí que el verdadero lazo que existe entre dos personas que se aman está en su corazón.

—A dormir, mi Yuri…— dije yo y él asintió sin poder reprimir un bostezo—. Por cierto, no debes fingir dormir para escucharme diciéndolo: te amo, Yuri Katsuki.

—No más de lo que yo te amo, Victor Nikiforov— dijo él y mi corazón se sintió invencible—. Ven conmigo, de verdad estoy cansado…

Asentí a las palabras de Yuri, tomé su mano y también tomé el regalo de mi madre. Él miró el paquete sin preguntarme nada, quizá pensaba que se trataba de un asunto privado entre mamá y yo. Los dos subimos a mi habitación sin soltarnos, nos acostamos el uno al lado del otro y cuando Yuri cerró los ojos, yo empecé a tararearle mil veces nuestra canción, y cuando él se durmió, cuando me quedé mirándolo dormir tranquilo y seguro entre mis brazos, me di cuenta de que tenía que escribir mis descubrimientos porque de verdad no quiero olvidar que por fin he sentido la fuerza del lazo que hay entre los dos. Y es que tal vez, sólo tal vez, después de todo encontraré la manera de no separarme de él, de seguir sosteniéndolo así, muy cerca de mi corazón para poder seguir manteniéndolo seguro y feliz entre mis brazos…