DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV

Febrero 15

Yuri Katsuki es hermoso aunque también es un tonto de remate. Justo ahora, ese hermoso tonto de remate que es MI ESPOSO (escrito con mayúscula porque no lo creo todavía), está tomando una ducha antes de que los dos tengamos que ir a presentarnos como un matrimonio ante la junta de accionistas de las empresas Nikiforov. Estoy asustado. Me estoy muriendo de nervios. Y por eso creo que Yuri es un tonto, porque él no debió hacer nada de lo que hizo por mí y sin embargo aquí estamos. Una pareja de recién casados que en vez de tener una luna de miel como dios manda, tendrá que enfrentarse al infierno antes siquiera de pensar en la posibilidad de un: "y desde el primer día juntos, vivieron felices para siempre."

Sé que una vez que Yuri y yo hagamos el brindis ceremonial con el que los miembros de la junta directiva bendicen la unión del nuevo director general de la empresa, no habrá marcha atrás. Dudo mucho que alguien se oponga a lo que Yuri y yo hicimos, después de todo, a nadie le extrañará que los dos hayamos hecho esto sin una fastuosa fiesta de bodas. Sé que la gran mayoría de los hombres y mujeres que son legalmente mis subordinados ahora están acostumbrados a que las cosas dentro de la empresa sucedan así.

Sé que ellos verán este matrimonio solamente como parte de una estrategia, de un pacto hecho entre dos chicos que han sido instruidos por personas mejor preparadas que ellos en la ferocidad del mundo empresarial. Sé que para todos, esto no será más que una hábil jugada diseñada por mi madre y el padre de Yuri, y que todos lo aceptarán porque también están cansados. Sonrío al pensar que todos nos felicitarán a Yuri y a mí pero en el fondo estarán felicitándose a ellos mismos por haber elegido al bando ganador, y sé que estarán aún más felices porque el hecho de que yo soy el esposo de Yuri Katsuki les ha traído a ellos beneficios también, mis accionistas deben haber despertado con varios nuevos miles de billetes en sus respectivas cuentas. Sé que aún quedan algunos socios que respaldan a mi padre pero son la minoría, a ellos no les quedará más remedio que aceptar todo también si no quieren perder su patrimonio.

Lo que de verdad me preocupa es que sé que Mikhail Nikiforov no se quedará tranquilo. Mi padre, ese ser que me dio la vida y que sin embargo me odia con todas las fuerzas de su alma, no agachará la cabeza ni siquiera cuando el hecho de que no puede hacer nada ya de forma legal para quitarme la empresa, lo golpee. Sé que él no se tomará nada bien el hecho de que la única opción que le queda para poder tomar el control de un emporio que jamás fue suyo, será quitándome a mí de en medio y sé muy bien que mi padre es perfectamente capaz de hacerlo.

Sé que es una locura pero ahora me siento seguro al ser consciente de esa certeza, la certeza de que mi padre se concentrará en destruirme a mí y solo a mí. Mi Yuri ha dejado de ser su objetivo, ahora su único enemigo soy yo: el chico que se atrevió a desafiarlo haciendo la uncía locura que él jamás pensó que haría y aunque sigo pensando que Yuri cometido una enorme tontería al casarse conmigo, no dejo de estar agradecido con él, ni de sentir que lo amo como jamás amaré a nadie.

Yuri sí, es un tonto, pero es mil veces más valiente y generoso que yo. Él vino a mí sin que le importara más nada que ayudarme, él vino a mí y me apoyó con el poder de su nombre para ganar por fin una guerra que no era suya. Él vino a mí con su vida en sus manos y puso esa vida a mi entera disposición y sé que muy pocas personas en el mundo podrían hacer algo así por ti. Él me ha demostrado que me ama con un amor intenso, sí, intenso porque al final de cuentas no somos más que un par de adolescentes que han hecho una enorme locura, pero más allá de eso, sé que Yuri hizo una decisión completamente adulta, madura y responsable.

Ayer en la tarde, cuando los dos estábamos firmando nuestra acta de matrimonio, la decisión que había en la mirada de mi Yuri no era ya la de un niño. La mirada seria y decidida con la que Yuri puso su firma en el papel, era la de un hombre que sabe muy bien que el mundo no es un lugar agradable y sin embargo, ha decidido hacer de él un mejor lugar.

Y al verlo a él así, vestido con un elegante traje negro que mi madre compró para él, el mismo color del traje que yo estaba usando, fue lo que me hizo decidirme a dejar de ser un niño también. Alguien como yo no puede ser solamente un chico despreocupado ¿sabes? Lo sé, yo siempre lo he sabido pero cuando Yuri extendió hacia mí la pluma y yo tomé su mano para mostrarle a él que aquel acto no era para mí solo una ocasión fría y gris como la oficina del ministro, supe que esta vez no debía tener miedo porque no estaba solo: yo crecería al lado de Yuri, aprendería a su lado. En ese justo instante supe que esa estúpida clausula donde los dos podríamos deshacer el matrimonio después de tres años jamás tendría que ser usada. Yo me quedaría con él sin importar lo que el futuro nos trajera a los dos porque él me estaba regalando su presente y yo quería construirle un futuro para los dos.

Después de firmar, me acerqué a él y lo besé en los labios, rodeado del aplauso sereno de mi madre, la familia de Yuri y sus dos amigos que lo siguieron hasta Moscú. Y con ese beso quise decirle los votos que no pude preparar para él, esos votos que incluían cuidarlo siempre, amarlo todos los días y esas cosas que la gente suele decir de memoria en las ceremonias matrimoniales.

-He aceptado estar contigo toda mi vida- susurré a su oído, sin dejar de abrazarlo mientras que el padre de Yuri despedía al ministro-. Y quiero que sepas que algún día, cuando todo esté bien, te daré una boda de verdad, la boda que has soñado siempre y los dos bailaremos la más dulce canción de amor que tú quieras...

-No quiero una boda, solo quiero que tú estés bien...- dijo él con calma.

-Y estoy bien ahora, y cuando todo esto pase todo estará mejor- dije y lo miré a los ojos como si quisiera que él viera mi alma y toda la determinación que había en ella-. Te juro que haré de tu vida una vida feliz. Te prometo que no voy a defraudarte, que voy a aprender bien de las personas que saben más que yo y que dirigiré todo lo que mi abuelo me dejó con justicia y con inteligencia. Solo te pido que no te apartes de mí lado, no quiero que estés lejos de mí. Durante todo este viaje, quédate conmigo ¿quieres?

-Siempre...- dijo Yuri con la mirada brillante y una sonrisa dulce en los labios-. No tengo miedo de decir que será por siempre...

Besé ese siempre sobre sus labios porque sabía que él estaba hablando con la verdad. Yo era capaz de ver el infinito en sus ojos color chocolate, podía ver en su mirada una vida completa a su lado y saber eso no me asustó. Él es mi presente y él será mi futuro. Él es mi esposo y mi esposo es hermoso, es fuerte, es todo lo que alguien como yo podría desear incuso es más.

Sonrío ahora. Hablar de Yuri siempre me tranquiliza y creo que de verdad necesitaba tranquilizarme. Estoy a punto de vivir una de las horas más amargas de mi vida, sé que mi padre debió haber tomado un jet privado de emergencia a Moscú cuando la noticia de mi boda con Yuri apareció en el noticiero internacional de esta mañana, es imposible que él no quiera tener una última batalla conmigo. Sé que será horrible, sé que será peligroso pero no le hará daño a Yuri, ya no y yo no permitiré que me haga más daño a mí porque no pienso perderme mi vida entera al lado de Yuri Katsuki, mi esposo, el chico al que amo y por el que no temo a todos los retos que el futuro quiera traer ante mí.

Suspiro de nuevo. La puerta del baño se abre y él sale vestido ya con un traje gris perla que lo hace lucir de nuevo como un joven hombre de negocios. Vaya que es guapo. Tendré que cuidarlo bien, no queremos que todo el mundo en la junta directiva se enamore de él pero sucederá. Él es así, a veces creo que alguien como él puede convocar amor en todos lados ¿cómo no podría hacerlo cuando es capaz de sonreír de esa manera? De verdad estoy enamorado de él. Su cabello oscuro chorrea finas gotas de agua sobre su traje y yo siento la furiosa necesidad de levantarme y secarlo con mis propias manos aunque bien sé que no debo distraerme.

Me rio un poco y él me mira levantando una ceja en modo interrogativo mientras yo le mando un beso a través del aire y él se sonroja de un modo adorable que en serio, terminará matándome de amor un día de estos. Pero no, no moriré. No aunque mi padre intente matarme. Voy a vivir una vida feliz al lado de Yuri, eso haré. Aunque precisamente en este instante, mientras él me pide que deje de escribir para ayudarlo a atar el nudo de su corbata azul, seguramente solo querré quedarme con él al amparo de esta habitación donde nada malo parece posible. Amo a Yuri Katsuki y viviré con él una vida de encanto, eso es todo lo que sé y eso es todo lo que me dará el valor de enfrentarme al futuro sin importar cuantos obstáculos más tenga que vencer.

Hoy será nuestro primer día como esposos ante los ojos del mundo pero sé que para Yuri y para mí es más que eso: este es el día uno de una eternidad compartida, una eternidad de la que los dos cuidaremos hasta el final de nuestros días y quizá más allá de ellos...