Capítulo XXX

La Noticia

Sentía que nuestra relación empeoraba cada vez más, porque en realidad se había cumplido lo que temía y desde que Bella descubrió la verdad de nuestro pasado, algo se rompió entre nosotros. Yo la amaba mucho, ella era todo, absolutamente todo lo que tenía en la vida, era mi razón de sobrevivir este infierno personal que es ser vampiro.

Cuando me volví a encontrar con ella, sentía que mi corazón abstracto explotaría de emoción. Es cierto, siempre esperé por ella y seguí sus pasos, incluso celebraba cada vez que había un nuevo nacimiento en su familia, porque sabía que poco a poco se acercaba el momento de volver a verla ¡Y cuándo me enteré que ella había nacido! Nos mudamos todos a Forks, y luego cuando su madre se la llevó a Phoenix, cada cuanto monitoreaba qué era de ella. Todos los veranos que visitó a su padre, miraba cuánto crecía, y esperaba ansioso poder acercarme a ella, pero debía esperar. Finalmente decidió mudarse a Londres, según vio Alice en sus premoniciones, entonces todos partimos para allá ¡Un país neutral sería lo mejor que nos podría pasar! Era una nueva oportunidad, incluso en un tierra distinta ¡Nada podía ser mejor!

Cuando llegué a Londres, fue fácil, por las influencias de Carlisle, ingresar a la universidad y que me convalidaran los dos años anteriores de medicina desde Estados Unidos. Hasta que finalmente la vi ¡Estaba más hermosa que nunca! Pero, por la misma razón, no tardó mucho en encontrar compañía, y lo peor parecía muy enganchada en su nueva relación, sin embargo, mi gran oportunidad para acercarme a ella sería la fiesta de fin de año, y lo mejor todavía, era ambientado en la época medieval, existirían máscaras, trajes y juegos al azar.

El bufón fue muy sobornable —en el amor y la guerra todo vale— y fue fácil para Emmett pedirle que entregara los mismos lugares a las personas indicadas —Rosalie, Ethan, Bella y yo—. Al principio Rosalie estuvo en completo desacuerdo, pero Emmett como estaba de mi parte, la persuadió hasta que al fin accedió. Fue así como logré tomar contacto por primera vez con Bella, y fue maravilloso, sus ojos marrones, algo asustados cuando me vieron, me recordó inmediatamente a la mujer que siempre había amado, y que era ella misma. Quise tomarla entre mis brazos y besarla, era lo que más anhelaba, pero debía esperar, ella no entendería las cosas tan estrepitosamente, primero, debía conquistarla, y no sería tarea fácil, considerando que había gente en el camino. Sin embargo, las cosas se dieron de manera más rápida de lo que yo había pensado ¡Estaba feliz! Me costaba trabajo creerlo, temía haberla forzado, pero continué adelante. Después de eso, nuestros encuentros fueron más seguidos y cada vez más intensos y podía sentir, que ella se estaba inclinando por mi amor, poco a poco.

Lamentablemente, mi pasado y cómo me comporté con ella en la vida pasada, traería inevitablemente consecuencias, que iba a pagar sí o sí, pero ahora, ya por segunda vez, y por supuesto, el precio más caro sería el amor de mi amada Bella.

Cuando me pidió un tiempo supe que todo había cambiado entre nosotros, ahora estaba más fría y desconfiada y lo peor, sabía que era mi culpa, sus bellos ojos me lo mostraban. Me costó muchísimo asumir su decisión, pero no tenía opción, no podía insistir, de lo contrario, arruinaría todo aún más.

Esa noche merodeé por Londres, pensando en ella ¿En qué terminaría todo esto? Y sentí desesperación, impotencia y finalmente, tristeza, porque la amaba sobre todo en la vida y me sentiría morir si nuevamente no podía continuar nuestra vida juntos.

Llegué a mi casa, casi de madrugada, y cuando abrí la puerta ¡Estaba Margaret! Tal cual que hace más de un siglo, bella, pero su hermosura significaba mi desgracia, creo que la detestaba. Cuando llegué, ella iba saliendo y Carlisle la acompañaba a la puerta. Nuestras miradas se cruzaron y no pude evitar decirle.

—¿Qué haces aquí Margaret? —sentía la mandíbula tensa.

Ella me miró desafiante.

—Vine a conversar con Carlisle. Tampoco quiero saber de ti —sé que mentía.

Miré a mi padre y me di cuenta, por sus pensamientos, que algo grave ocurría.

—No te bastó hacerme infeliz por más de un siglo ¡Aún me odias por no amarte! —fui hiriente, pero no me importaba.

—Edward ¡Cálmate! Margaret ya se va —sus ojos de miel me tranquilizaron por un minuto.

—Gracias por todo Carlisle —se despidió de mi padre y me dirigió una mirada furibunda

La vi desaparecer entremedio del bosque, oscuro. Inmediatamente miré a mi Carlisle.

—¿A qué vino Carlisle? —sentía la ansiedad por mi cuerpo.

—Edward, no tengo buenas noticias —su mirada reflejaba preocupación, sin embargo, bloqueaba sus pensamientos, pero, con toda calma me contaba qué había pasado.

—Margaret no puede haber venido a nada bueno —insistí.

—¿Tú sabes qué pasó con tu hijo después que nació?

—No —me dolía recordar mi pasado, porque también estaba en deuda con mi hijo, pero me negaba a saber de su paradero.

—Bueno, de eso vino a hablar Margaret —los ojos de Carlisle se iban clarificando a medida que me conversaba.

—No es un poco tarde —reí con ironía, aunque sentía que pagaría por este error también.

—Para tu hijo sí, para ti no —su palabras fueron honestas.

—Por favor Carlisle, dime qué sucede realmente —insistí.

—Verás, obviamente tu hijo murió y tuvo descendencia.

—Y ¿Cuál es la novedad en eso? —dije nervioso.

—Qué sus descendientes y los tuyos, aún viven y están más cerca de ti de lo que piensas.

—¿Quién es? —dije asustado, casi paranoico, tenía miedo a enfrentar la realidad.

—El ex novio de Bella, Ethan.

Sentí que una puñalada me había dado justo en el pecho ¡Eso era imposible! ¡Era absolutamente absurdo! ¡No podía ser! ¡Oh, no! Esto si que era pagar mis pecados de la manera más cruel y terrible. Me sentí impotente, esto sólo tenía que ser obra de Margaret ¡Qué mujer tan mala! No se cansaba de hostigarme y entrometerse en mi vida, a lo mejor era mentira, aunque en el fondo de mí tenía serias sospechas de que fuera cierto, no sé lo intuía, algo distinto sentí cuando conversé con él, me recordaba a mí mismo ¡No podía ser! Luego, me dio mucha rabia.

—Carlisle debe estar mintiendo —insistí desesperado.

—Sabes que no hijo —tocó mi hombro con cariño.

—Pero es que no puede ser —me sentía completamente desmoralizado.

—Edward, y hay algo más —Carlisle me miraba con compasión.

—¿Qué más? —no sabía si sería capaz de soportarlo.

—Lo de las almas cíclicas… Ethan también es la séptima, es decir, correspondería que fueras tu misma alma.

—No ¡Por favor Carlisle! ¿Qué dices? Es decir, que como yo tengo dudas de si tenemos alma o la perdimos, mi alma, está en él —sentía que el mundo se me derrumbaba y con toda razón.

—Bueno Edward, que no mantengamos el alma es sólo una teoría, sabes que no lo podemos comprobar, pero sí, a él le correspondía la tuya, pero lo si estamos seguros es que es sangre de tu sangre —mi padre intentaba tranquilizarme, pero yo estaba completamente desolado.

Bruscamente me levanté y me perdí en las calles, enloquecido por la noticia. Las imágenes de Bella, antes y ahora, de Ethan y de mí se cruzaban y sentía que mi cabeza estallaría, sentía ganas de llorar, esto era terrible, realmente lo peor que me podía haber sucedido. No estaba dispuesto a renunciar a ella, pero obviamente, él tampoco.

Desde ese día comencé a poner atención en cada detalle de Ethan, quería descartar de plano que esto fuera verdad.