Capítulo XXXI

Alternativa I

Habían pasado tres semanas que no sabía nada de Edward ni de Ethan y creo que era peor ¡Pensaba en los dos cada segundo! Estaba muy, demasiado confundida, por una parte estaba Edward, algo me ligaba a él, quizás y lo más probable es que haya sido nuestra relación de la vida pasada, las heridas en el mundo karmático aún no sanaban y por otro lado, estaba Ethan, hermoso y noble ¡Qué confusión tenía en el alma! El estómago se me contraía cada vez que pensaba en ellos y el corazón explotaba de emoción cada vez que recordaba cada minuto que viví junto a cada uno de ellos. Parezco una fresca, pero la verdad es que estoy inmersa en un océano profundo y embravecido que no me deja pensar ni un segundo.

Ninguno de los dos se había intentado contactar conmigo, creo que estaban respetando mi espacio, sobre todo Edward, aunque me preocupaba que se aburriera de mis eternas indecisiones, en cambio, de Ethan, aunque me costaba reconocerlo, lo que más me inquietaba era que estuviera con Eileen, sólo el hecho de imaginármelos me daba ira ¡Traicionera Eileen! ¿Cómo me había hecho esto? Aún no me conformaba en cómo había actuado, y por supuesto, estaba absolutamente desaparecida del mapa, y yo por mi parte, no tenía intenciones de saber de ella, porque con esas amigas para que se quieren enemigas ¿cierto?

Era sábado en la tarde y estaba en mi habitación, sola como dedo, la verdad ya no me quedaban amigos, porque Alice nunca estaba al frente en realidad, y era complicado llamarla, después de todo era la hermana de Edward, y no creo que tenga ánimos de ser mi amiga ahora, además tenía novio y todo eso, no tenía otra opción que quedarme sola.

Me puse a leer, porque ya estaba aburrida de tanto ver televisión. Salí a dar una vuelta y aproveché de ir a comprar al minimarket de siempre. Cuando estaba ahí, ya terminando de comprar, vi que venía Eileen distraídamente a comprar, y detrás de ella Grace y Ethan ¡Qué hacía él con ella! Quedé perpleja ante la escena, aunque no estaban haciendo nada, pero ¡Estaban juntos! Por poco se me caen las bolsas que llevaba en las manos, y para el colmo, vi como antes de entrar, la estúpida de Eileen acarició el pelo de Ethan, como jugando, él pareció alejarse, pero luego le sonrió. Sentía que estaba fucsia de rabia. Mi corazón latía a mil y tenía ganas de decirle un par de cosas a esa mala amiga, idiota. Rápidamente salí por la puerta de vaivén, cuando justamente ella venía entrando y más encima, nos golpeamos en el hombro.

Salí furia y ella me miró perpleja, no me dijo nada, y yo igual, sentía pena de estar enojada con ella ¡Pero había sido una traicionera! No podía hacer nada contra eso, además, los celos me estaban comiendo. Me imaginé a Ethan y Eileen haciendo el amor ¡Uyyyyyy! ¡Qué rabia! Tenía que sacar esas imágenes de mi mente ¡Qué atroz! ¡Fuera, fuera, fuera! Trataba de pensar en cosas bonitas, es decir, la misma escena, pero conmigo, no con ella.

Cuando salí del minimarket, Ethan me vio e intentó hablarme, pero comencé a caminar rápido para no escucharlo.

—¡Isa! ¡Isa! ¡Isa! —insistía, mientras me seguía.

Continuaba a paso rápido, no quería saber de él en ese momento, pero insistió tanto, que finalmente volteé.

—¿Qué quieres? —le dije furiosa.

—¡Isa! No te pases rollos por favor —sus ojos calipsos eran suplicantes.

—No me tienes que dar explicaciones, nosotros no somos nada —fui hiriente, pero me hervía la sangre.

Quedó mudo por un momento y la luz se apagó en sus ojos turquesas. Luego, se acercó un poco más a mí y me dijo.

—Sabes que te adoro —su mirada era profunda.

—Entonces qué haces con ella —le exigí, aunque inmediatamente me di cuenta que era un error.

—No estoy con ella, de verdad o crees que si estuviese con ella, saldría corriendo detrás de tuyo —su voz era suave y convincente.

No sabía qué decirle y luego le hice la pregunta que no sabía si quería oír la respuesta realmente.

—Dime una cosa Ethan —lo increpé con la mirada.

—Sí —sus ojos mostraban ansiedad.

—¿Te acostaste con ella?

Miró hacia el suelo y luego levantó su pelo con un soplido en la frente.

—Sí.

Cuando oí su respuesta empecé a ver como entre nubes, como si fuese un sueño o una mala broma ¡Oh, no! Ahora si que la detestaba… era una p…, desgraciada, no podía pasar por alto a Ethan, si tenía cuántos amigos con ventaja ¡Ahora estaba más furiosa que antes! Di media vuelta y seguí caminando. Noté que unas lágrimas tontas cayeron por mis mejillas. No quería que Ethan me viera, no tenía sentido, así que caminé más rápido para que no me alcanzara, pero era absurdo, en menos de dos segundos, ya estaba frente a mí nuevamente. Sus bellos ojos de océano de ensueño me miraban suplicantes y profundamente tristes.

—Lo siento.

Su disculpa me partió el corazón. Lo miré y seguí mi rumbo. Cuando llegué a mi habitación comencé a llorar como una Magdalena. Me sentía una tonta por no decidirme, tenía el corazón y el alma dividida, los amaba a los dos y poco a poco los empezaba a perder por indecisa. Además, no podía sacarme la imagen de Eileen y Ethan de mi mente ¡Era atroz!

Con algo de hipo de tanto llorar y ya más tranquila después desahogarme, finalmente me dormí. Cuando desperté ya estaba oscuro y llovía torrencialmente, con truenos y relámpagos incluidos. Cerré la ventana que se había quedado entreabierta y estaba dispuesta a ponerme pijama, cuando escuché que golpeaban mi puerta. Me dio susto, ¿Serían otra vez los vampiros malos? ¡Qué haría si era así!

—¿Quién es? —pregunté algo ansiosa, intentando que no se notara.

No respondieron de inmediato, esperé un segundo y lo escuché.

—Soy yo, Ethan —su voz era hermosa.

No sabía si abrir o no la puerta, era complicado, quería y no quería verlo. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y tuve que tragar saliva para abrir la puerta.

—Pasa —intentaba no mirarlo, de hacerle la ley del hielo.

Venía empapado de pies a cabeza, su bello pelo color miel claro, venía completamente mojado.

—Permiso —dijo al pasar, en ocasiones, era graciosamente educado.

Me miraba algo incómodo, en realidad estaba mojando el piso, así que no me quedó más opción que pedirle al menos la chaqueta para tenderla en el baño y no me inundara con la lluvia que traía puesta.

Mi habitación estaba tenuemente iluminada, sólo con la lámpara de noche encendida, pero todavía así, la luz de sus ojos iluminaba el cuarto y mi alma. Nos miramos en silencio unos instantes hasta que rompí el hielo.

—¿Qué pasa Ethan? —fui pesada.

—Necesitaba hablar contigo mi niña —no se movía de su lugar, sin embargo, sólo con la mirada me estaba abrazando.

—¿De qué? —era inquebrantable.

—De lo que viste hoy…

—No me interesa —fue lo primero que le dije, aunque en realidad, lo único que quería saber era qué miechica hacía él con ella.

—Sólo somos buenos amigos… —me dijo tiernamente.

–¿Buenos amigos?, no será amigos con ventaja —le corregí aún dolida.

Negó con la cabeza.

—Isa, no, te lo juro, yo no siento nada más que una amistad por Eileen.

—No te creo —fui honesta.

—Es cierto —insistió.

Sentí que se me hizo un nudo en la garganta y no quería hablar para no llorar, pero no me aguanté de decirle.

—No se supone que me esperarías —dije dolida.

—Lo estoy haciendo —sonrió dulcemente.

—Pero era solo ¿cierto? —reclamé.

—Y lo estoy…

Cuando me dijo esto último sus labios ya estaban sobre los míos prácticamente, incluso sentí su hálito tibio y exquisito emerger de entre su boca rosada intensa. Suavemente entreabrió mis labios con los suyos y su lengua se encontró con la mía. Cuando nos besamos finalmente, sentí que unas mariposas revoltosas paseaban por mi estómago y subían hasta mi pecho. Abrí los ojos mientras nos devorábamos a besos y vi esas bellas pecas doradas más hermosas que nunca, al igual que sus pestañas largas y rubias. Subí mis manos hacia su pelo húmedo y lo acaricié, estaba tibio y mojado a la vez. Él mientras me besaba, acariciaba mi cuello y sigilosamente bajó una de sus manos hacia mis pechos, un corrientazo me sacudió completamente, no me lo esperaba, últimamente Ethan se conformaba con solo besos y manos en la cintura, pelo y cuello.

Sentí latir su corazón enérgico y también, palpaba como su piel suave se iba acalorando poco a poco. Como ya la chaqueta no estaba, ahora sólo quedaba el polerón y la polera. Tomé el primero por el borde de abajo y lo comencé a subir lentamente, luego, hice lo mismo con la polera. Quedó con su dorso completamente desnudo y yo podía sentir la tibieza de su piel. Su respiración se iba agitando paulatinamente y sacó mi blusa sin mayor esfuerzo, pasó cautelosamente sus manos por mi espalda y desabrochó mi corpiño, besándome completamente. Ahora su sensual y dulce boca subió hacia mi cuello y lo besó apaciblemente, sin dejar de acariciarme. Ahora era el turno de nuestros pantalones y su dificultoso cinturón. Cuando estuvimos libres de la molesta ropa, me tomó con fuerza y yo crucé mis piernas por sus caderas. Nuestras pieles se rozaban y ahora sólo quería ser de él.