CastillosdeArena…
Capítulo XXXII
Opción II
La noche fue fabulosa, pero, ¡Ahora sí que estaba más confundida!
La lluvia nos acompañaba mientras nos amábamos. Hasta el amanecer todo había sido dulces besos y exquisitas caricias. Ahora me sentía muy enganchada a Ethan, él tenía algo especial, no sé qué era, pero ya no era tan niño, había crecido, en este tiempo se había hecho más hombre, y lo demostraba en todos los sentidos, aunque su rostro tenía un dejo deliciosamente infantil. Su aroma era fresco y tibio a la vez, su cuerpo era perfecto y esas preciosas pecas me encantaban ¡Realmente me enloquecían! Porque rodeaban sus hermosos ojos turquesa y lo hacía verse como un perfecto dios del Olimpo.
Él era tan tierno, me observaba como si yo fuera una piedra preciosa ¡Era fabuloso sentirse de ese modo! Cada cosa que yo hacía me miraba como si fuese algo sagrado; Ethan era muy transparente y eso lo valoraba demasiado.
Después de amarnos tan fogosamente y con tanto ímpetu, nuestros cuerpos estaban completamente sudados y acalorados, pero había algo especial esta vez, esta especie de amor tenía un gusto distinto, era como afrodisíaco y aún sentía mariposas revolotear por mi estómago. Ethan me miró fijamente, traspasándome todo su amor a través de esos inigualables ojos calipsos, y acarició mi rostro y me besó dulcemente en los labios.
—Esto es peligroso Isa —me dijo suspirando, podía ver la respiración en su pecho.
—Lo sé —le sonreí y mordí mi labio inferior.
—Tú sabías que cada vez que hacemos el amor te amo aún más… —me miró suplicante, pero con una sonrisa en sus labios. Sus mejillas aún estaban rosadas por efecto de nuestro encuentro.
No sabía qué decirle, aún no tenía claro qué pasaba en mi corazón, sólo lo miré y él pareció comprenderme. Nos acostamos debajo de la cama, porque a pesar de que había mucho calor corporal, en condiciones normales hacía mucho frío. Me puse un camisón y él se puso sus boxer. Me acomodé en su hombro tibio y suave y noté que él miraba hacia el techo.
—¿Qué pasa? —dije preocupada, pensé que se había arrepentido.
—Es que aún no puedo creer lo que está pasando… —sonrió y se le iluminaron los ojos.
—Ethan, bueno, esto, no es…
—Lo sé, aunque no niego que me cuesta asumirlo —la luz de sus ojos se apagó.
Lo miré como pidiéndole disculpas, pero él no me dijo nada.
—Isa y cómo va eso… —me preguntó medio indeciso.
—¿Qué cosa?
—Tu noviazgo, siento preguntarte, pero necesito saber —hizo una hermosa mueca que lo hizo ver muy sexy e hice un esfuerzo para concentrarme y no comérmelo a besos.
—Terminamos, es decir, no, le pedí un tiempo —le dije algo complicada.
Ethan sonrió, al parecer no pudo evitarlo.
—Todo esto es muy extraño, pero estoy muy feliz de estar contigo Isabella.
Cuidadosamente se puso hacia mi lado y acarició mi cabello, mientras yo estaba acostada de panza. Tomó mi pera y se acercó a mí para besarme. Rápidamente nos deshicimos de la poca ropa que nos cubría. Cuando desperté ya se había ido, pero su aroma estaba impregnado en mis sábanas.
El martes, después de clases me encontré frente a frente con mi otra alma gemela ¡Edward! Su pelo broncíneo estaba perfectamente desordenado y en cuanto me vio, torció sus exquisitos labios cereza y sus ojos de miel líquidos se iluminaron en cuanto me vieron.
—Hola —sonrió como niño travieso.
—¡Edward!
—Sí, yo mismo —rió ante mi reacción.
Nos quedamos mirando en el pasillo por unos instantes, hasta que él me preguntó.
—¿Tienes cinco minutos?
—Sí, obvio —no podía dejar de mirarlo.
Caminamos hacia un banquito apostado en el parque de la facultad. Una brisa tibia cruzaba por nuestros cuerpos. Nos sentamos y él no me quitó la vista de encima ni un segundo.
—¿Cómo has estado Edward?
—Bien, gracias, y tú mi linda Bella —acarició mis manos con ternura.
Inmediatamente sentí un chispazo que traspasó mis entrañas, el contacto con su piel fría me estremecía completamente.
—Bien…, bueno, pensando…
Él no dejaba de contemplarme hasta que tomó mi rostro y poco a poco se acercó a mí. Sentí sus labios fríos rozar los míos, hasta que me besó. En un principio no sabía si dejarlo, pero luego cedí, era una fuerza mayor. Sin más me tomó por la cintura y me arrastró a su lado, con firmeza. Lentamente abrí mis ojos y él se separó de mí sólo unos centímetros.
—Te amo Isabella Swan, aunque el destino no esté de mi lado —sonrió triste.
—¿Por qué dices eso?
Suspiró y acarició mis mejillas.
—Porque es así, pero yo igual quiero luchar por tu amor —su mirada era apesadumbrada.
—¿Algo más que yo no sepa?
—No lo sé aún, si lo confirmo, te cuento, antes no.
—¿Por qué? —insistí.
—Cuando lo sepas me entenderás —curvó sus labios en una sonrisa que no le iluminó los ojos.
Ahora fui yo quien lo besó, hasta que sentí que mi miraban, pero lo ignoré, pero fue tanta la presión energética que eché un vistazo ¡Era Eileen! Noté que negó con la cabeza, dio media vuelta y se fue…
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