Capítulo XXXIII

Visiones

Eileen partió de inmediato, no había que ser adivina para saber dónde iría con el comentario. Quise seguirla, pero Edward me miraba inquieto, con esos bellos ojos de miel líquidos, que me derretían por completo. Hice un gesto para ponerme de pie, pero cuando osé levantarme, su mano gélida me tomó con suavidad y sus ojos me suplicaron que no fuera.

—Bella…

—Edward, es que…

—Sí, irá para allá, no lo dudes —parecía muy tranquilo.

No pude hacerlo, no fui capaz de correr tras ella para impedir que hablara con Ethan. Mientras, Edward me cautivaba con su sonrisa y ternura. Cuando finalmente se convenció que no iría, me tomó la otra mano e inclinó su bello rostro de príncipe y me besó apasionadamente. Sus caricias comenzaron a ser cada vez más fogosas, su mano me aferraba a su cuerpo como queriéndose fundir con el mío. Me dejé llevar por el momento y acaricié su hermoso pelo broncíneo, tan suave y con ese aroma dulce tan particular, podía sentir que su manera de besar y acariciarme estaba surtiendo un fuerte efecto en mí, sin embargo, estábamos en un lugar público.

Nos continuábamos observando el uno al otro, pero su mirada era distinta, me miraba con demasiada ternura, como lo hacía sólo Ethan. Tomó mi mano y se la paso por su rostro, rozándola con sus labios. Él me miraba de tal manera que pareciera que quería grabar mi imagen en su mente para llevársela por siempre.

—¿Qué pasa Edward? —le dije confundida.

—Tan sólo es que te amo y no puedo parar de convencerme de lo bella que eres —curvó sus labios en una hermosa sonrisa que dejó al descubierto sus perfectos dientes marmóreos.

—Yo creo qué te pasa algo más —insistí.

—Bueno, además, estoy en espera de tu veredicto —sonrió medio burlesco.

—¿Mi veredicto?

—Sí, saber si es él o yo —la luz de sus ojos pareció apagarse.

—¿Por qué dices eso?

—Porque es cierto. Bella sé que se han visto con Ethan —su mirada era absolutamente comprensiva.

Lo miré horrorizada ¿Cómo lo podía decir así tan campante? Yo en su lugar moriría de celos.

—Te amo Isabella Swan, quiero que siempre lo tengas claro, pase lo que pase —parecía muy desesperanzado.

—Edward yo…

—No me tienes que dar ninguna explicación, sólo piensa bien lo que realmente quieres y yo respetaré tu decisión.

Edward, pacíficamente, me llevó hasta mi habitación, pero se negó rotundamente a entrar, realmente estaba extraño y eso me hacía dudar.

—¿Te quedarás un rato conmigo? —lo invité a pasar.

—No creo que sea conveniente, mejor dejémoslo hasta que te decidas —sonrió muy sexy.

—Entonces, ¿Te vas? —dije intrigada.

—Sí, Bella —lo dijo rápidamente.

Me quedé junto a la puerta, mientras él se iba, pero intempestivamente se devolvió y me tomó por la cintura, besándome con mucha pasión, pero con demasiado dolor, lo podía sentir por la manera en que lo hacía.

–Te adoro mi vida, tú eres la razón para existir –sus bellos ojos estaba emocionados.

Topó sus labios con los míos y se fue.

Quedé tremendamente confundida ¿Era posible amar a dos hombres a la vez? Porque yo me sentía enamorada de ambos, pero debía decidir y luego, los estaba haciendo sufrir muchísimo, y por último, yo también lo estaba haciendo, pero ¡¿Por qué era tan difícil?!

Esa noche no podía dormir, las imágenes de Ethan y Edward se revolvían en mi mente, y eran como fantasmas ¡Era imposible escoger! ¡Los amaba a ambos! Eran dos seres maravillosos, dejar de ver a alguno sería como si me sacaran un pedazo del corazón, porque cada uno tenía una función intrínseca y única en mi vida; eran como dos polos opuestos, como los imanes, pero que finalmente tenían que ser uno para funcionar, había una fuerza mayor que los unía y no tenía tan claro que fuera yo.

Cuando vi partir a Edward y después de la manera en que me besó, pude sentir su dolor en mis entrañas, él estaba distinto, algo me ocultaba y que le tenía el corazón destrozado, hecho trizas. Me sentía tan culpable de verlo destruido, era como si me apretaran el pecho y me faltara el aire, necesitaba ayudarlo, no podía dejarlo de ese modo, pero si no confiaba en mí y me contaba qué era lo que realmente le sucedía sería imposible. Su dolor también era mío.

No recuerdo en qué minuto me dormí, pero sé que pensaba en mis dos amores, pero cuando los abrí, desperté en un cuarto cerrado y oscuro, el aire era irrespirable y estaba completamente sola, sin ver ninguna puerta ni ventana donde salir, y, como soy media claustrofóbica me empecé a exasperar, comencé a tantear porque no veía nada; traté de caminar más rápido para tocar las paredes y ver si había alguna ranura que me indicara un escape, ya que cada vez sentía más fuerte el olor a polvo y humedad. Tocaba, y por todos lados, era madera vieja y nada ¡Nada! Continuaba con más fuerza tanteando las paredes, pero no encontraba nada, empecé a gritar por si alguien me escuchaba, y tampoco, me empecé a sentir desesperada, tenía muchísima angustia ¡No sabía cómo salir de ese cuarto oscuro! Cada vez estaba más desesperada, pero no me oía nadie, y no encontraba ninguna salida, y ahora, sentía que me ahogaba, que ya no quedaba ni una partícula de aire.

No tenía opción, me senté apoyada contra una de las paredes y abracé mis piernas, llorando con consternación y desasosiego, la mayor que había sentido en toda mi vida. Tenía los ojos cubiertos de lágrimas, ya me había dado por vencida, hasta que apoyé mi cabeza sobre mis rodillas y esperé lo peor, pero cuando ya estaba resignada vi que por entremedio de mis brazos y mis piernas se colaba una luz tenue y blanca, levanté el rostro y me di cuenta que una luminosidad se pasaba, formando el contorno de una puerta y mostrándome la salida.

Me levanté con las pocas fuerzas que me quedaban y caminé hacia la puerta, hasta que di con la manilla de ésta, la giré, y abrí, y cuando puse un pie fuera, me di cuenta que era arena, blanca y suave. Miré hacia atrás, pero ya no había nada, sólo un hermoso paisaje de frondosa vegetación, un bello sol, y un celeste mar en frente de mí. Caminé por la orilla de la playa y una brisa suave se colaba por mis ropas livianas de lino blanco, sentía el tibio mar que mojaba mis pies descalzos, el agua era suave y liviana ¡Era una sensación maravillosa! Era una hermosa playa solitaria. Seguí caminando y al final de ésta los vi: Ethan y Edward, juntos conversando, sentados en la orilla de la costa, se veían muy relajados y amigables, ambos también vestidos de blanco, como la ropa que usan en el caribe; el viento suave revoloteaba en sus hermosos cabellos. Sonreían y se notaba un diálogo muy amigable, parecían grandes amigos o incluso parientes, primos, hermanos, personas muy cercanas. Caminé hacia ellos, mientras los observaba, me agradaba verlos así, tranquilos y felices. Poco a poco me fui aproximando, mientras comenzaba a atardecer, disfrutaba de verlos tan contentos y del roce de mi piel por la arena y el paseo por la playa paradisíaca. Hasta que llegué a menos de dos metros de ellos, y era raro, no me habían visto ni oído, estaban tan entusiasmados hablando, que me ignoraban, por lo que me acerqué unos pasos más, pero no podía pasar, a pesar de que no había nada que lo impidiera, lo intenté nuevamente, pero era imposible y ellos no se giraban a mirarme. Comencé a gritar sus nombres, pero no me escuchaban, nuevamente me empecé a angustiar ¿Por qué me ignoraban? ¿Por qué me bloquearían? Mi desesperación era evidente, pero ellos no me oían, hasta que no sé por qué, Edward, se giró, y me vio, se paró calmadamente y con una gran sonrisa en su rostro ¡Se veía maravilloso! Su pelo broncíneo brillaba ante la luz del sol, dio unos pocos pasos hacia mí, mientras, Ethan me miraba también con una gran sonrisa y sus hermosas pecas doradas se hacían más evidentes bajo el sol. Entonces, Edward, dio un último paso y me tomó la mano para que yo pasara la barrera invisible.

Desperté aliviada ¡Había sido un sueño! Pero ¿Tendría algún significado? Traté de repasarlo para saber si existía alguna señal en él, pero lo único que hallé fue la mano de Edward, acogiéndome, esperándome, quizás, ese era el significado: Edward era el indicado.