DIARIO DE VICTOR NIKIFOROV

Noviembre 28

La boda será mañana exactamente durante el día de nuestro primer aniversario juntos como pareja, y es adorable verlo caminar de un lado a otro llamando a todo el mundo para darles la buena nueva, una buena nueva que de todos modos sus amigos conocían ya.

No puedo dejar de sonreír mientras la cara de Yuri se llena de desconcierto al saber que todas las personas que él ama están ya en Japón y que podrá verlos mañana durante nuestra ceremonia. No, no tendremos una fiesta fastuosa pero sí sé que Hiroko y mi madre se han encargado de preparar algo de verdad hermoso para los dos.

Solo nuestras familias y amigos, esas personas que siempre nos han apoyado estarán aquí. No necesito más falsas felicitaciones, en realidad no he tenido ningún tipo de problema con los miembros de la junta directiva. Creo que todo el mundo en las empresas Nikiforov está enamorado de mi Yuri, lo aman por sus ideas, lo aman por su trato amable y por ser endemoniadamente inteligente y temerario en los negocios. Creo que a la gran mayoría de mis subordinados les encanta la idea de tener a un chico como Yuri al mando, he escuchado en los pasillos comentarios que dicen que sería desafortunado tener que enfrentar a Yuri como un competidor en los negocios y creo que es cierto.

Mi esposo puede parecer dulce y delicado, pero su mente es fiera. Creo que cada vez que hace una presentación frente a la junta, me enamoro más de él. Su actitud segura, imperturbable, eso cala hondo en mi corazón y en mi cuerpo. Creo que mi abuelo lo hubiera amado también, es decir, Yuri no solamente es mi compañero de vida, es un as en los negocios y es divertido saber que es así como lo llaman ahora: el as japonés de las empresas Nikiforov—Katsuki.

Sin embargo, a pesar de que su estampa de hombre de negocios me hace desear perderme con él en el infinito después de cada reunión importante, creo que siempre me gustará un poco más verlo con esa sonrisa tierna en sus labios, la misma sonrisa que no se ha borrado de su boca desde hace una semana, desde aquella noche mágica en la que sin ponerme a pensarlo más, le pedí matrimonio, es decir, que celebráramos el matrimonio que ya tenemos con una boda de verdad.

La verdad es que estaba un poco asustado aquella noche porque, ¿cómo demonios saber si estaba planeando una buena propuesta de matrimonio? Lo cierto es que aunque me guste presumir, no tenía ni idea de cómo un esposo perfecto tendría que actuar en estos casos. Vamos, una propuesta matrimonial es algo que se hace una sola vez en la vida y por ello ha de ser mágico y quería planearlo yo mismo, ni siquiera quería preguntarle a mamá para no molestarla. Así que después de mucho pensar, lo único que se me ocurrió fue reproducir para Yuri la propuesta matrimonial que mi abuelo había preparado para mi abuela: un enorme baile en la mansión familiar, solamente que en nuestro caso, los únicos invitados a la cena de celebración seriamos mi Yuri y yo.

Preparé todo con calma en la gran casa de Moscú en la que había vivido solo desde que mi padre decidiera enviarme a estudiar a la Academia Feltsman, y en la que ahora Yuri pasará conmigo toda la vida. Para ello, le pedí a las chicas del servicio de la casa que prepararan una cena para dos y que me ayudaran a preparar el salón de baile, pues, quería mostrarle a Yuri que lo amaba más allá de todo uniendo a mi propuesta, eso que él ama hacer con todo el corazón: bailar.

Mientras arreglaba todo y la casa se iba llenando de los olores deliciosos de la comida, y las chicas limpiaban el salón a conciencia, me vestí con esmero, eligiendo uno de los trajes de seda azul oscuro que hacían brillar mi mirada. Por la mañana había pasado por Yutopia y después de saludar a los padres de Yuri, yo le había entregado a mi novio un paquete enorme que contenía un traje negro, el mismo que usó al llegar a mi casa.

Yo estaba nervioso, lo cierto es que quería hacer de este evento en la vida de Yuri algo simplemente inolvidable y no sabía si estaba lográndolo. Admitámoslo, antes de él no tenía que preocuparme por nada ni por nadie que no fuera yo mismo, así que, pensar en la felicidad de alguien más, todavía me resulta extraño a veces, temo equivocarme, temo no estar haciendo lo suficiente por el hombre que prácticamente puso su vida en mis manos.

Una hora antes de que Yuri llegara, me paseaba por la sala de la enorme y solitaria casa pensando, sólo pensando… ¿mi propuesta sorpresa iba a gustarle? ¿No era una tontería eso de reproducir uno de los muchos bailes a los que yo había acudido? ¿El traje le había quedado bien? ¿No era acaso todo una cosa absurda y sin sentido? ¿Yuri estaría feliz? De verdad estaba ansioso, aquel era un día especial para mí amado y yo no quería decepcionarlo, al menos no aún, no en ese instante.

Sin nada mejor que hacer durante los próximos minutos, decidí caminar al salón de baile y al descubrir la decoración que las chicas del servicio habían hecho para mí, perdí el aliento: la cena que ellas habían preparado, estaba ya lista sobre una mesita baja con dos enorme fuentes, al lado de la cual, había sendos cojines de terciopelo oscuro. El enorme candelabro de cristal lanzaba destellos por toda la habitación y una botella de vino tinto de la mejor calidad estaba enfriándose. Había rosas por toda la estancia y su perfume me golpeó con la fuerza de los recuerdos: recuerdos del jardín de mi abuelo donde las rosas parecían vivir por siempre y recuerdos un poco más recientes de aquella noche que Yuri y yo compartimos en el invernadero de la Academia Feltsman. Eran recuerdos tristes y felices y me pregunté cómo era posible que un aroma así pudiera contener dolor y amor al mismo tiempo.

Mis ojos azules se quedaron clavados en la decoración del lugar, rememoré de nuevo el funeral de mi abuelo que estuvo lleno de rosas también, pero al dolor de aquellas memorias se iba sobreponiendo una y otra vez la imagen del cuerpo de Yuri unido al mío, la imagen de sus cabellos oscuros bañados en sudor, la imagen de sus mejillas sonrojadas y sus labios abiertos en éxtasis aquella noche en la que los dos descubrimos el amor en el cuerpo del otro.

Mis labios sonrieron y después de unos segundos, una mano suave tomó la mía causándome un sobresalto y también, la felicidad más grande que alguien pudiera sentir alguna vez.

—Por fin llegaste, mi Yuri— le dije yo al chico que ahora contemplaba conmigo aquel salón tan bellamente preparado para pedirle a él que viviera una nueva aventura a mi lado— ¿Te gusta?

—Vitya…— dijo él con los ojos brillantes, la respiración agitada y su mano en la mía, cálida y suave—. Ahora sé por qué necesitaba el traje, aunque, vas a tardar más tiempo en quitármelo.

—Tenemos toda la noche…— dije yo en tono travieso logrando hacer que él se sonrojara con facilidad. Y es que aquello era adorable, él es adorable de los pies a la cabeza.

Yuri se abrazó a mí después de sonreír de manera deslumbrante y yo disfruté de nuevo de su cercanía, me llené de ella. En ese instante, mientras los brazos de Yuri se aferraban a mi cintura y yo besaba sus cabellos oscuros, supe que de verdad no lo dejaría ir jamás. Cuando sus labios buscaron los míos, lo besé prometiéndome que mi vida entera sería de Yuri también y que mi principal propósito sería hacerlo feliz por tanto tiempo como me fuera posible.

Porque lo que Aleshka había dicho acerca de que no podíamos separarnos era cierto, simplemente no me imaginaba lejos de él. El lazo que nos mantenía unidos estaba ahí de nuevo, en nuestros labios, en la armoniosa soledad de aquel lugar y en el beso lleno de amor y gratitud que Yuri me estaba regalando. Si, los dos no seguíamos siendo más que un par de chicos de dieciocho años pero yo estaba seguro de que cuando los dos cumpliéramos setenta nuestros corazones sentirían lo mismo, una y otra vez, por siempre como Yuri había escrito en su canción.

—Quería preparar algo hermoso para ti esta noche— le dije a Yuri tomándolo de la mano, llevándolo a la escalera que descendía de la segunda planta hacia el salón con una elegante curva de mármol blanco.

— ¿Un baile? ¿Qué estamos celebrando hoy, Vitya?— dijo él siguiéndome con paso lento hacia la cima de la escalera.

—Quiero preguntarte algo importante, mi Yuri, y creo que un baile me ayudará a hacerlo…

—Victor… ¿Está todo bien?

—Ahora que estás aquí, sí, todo está completamente bien…

— ¿Y qué pregunta quieres hacerme? — dijo él, sin dejar de sonar intrigado.

Lo miré sin dejar de sonreír antes de responderle. No me gusta que él se sienta intranquilo así que tomé sus manos y lo miré a los ojos antes de decir:

— Yuri, ahora eres mi esposo pero no me gusta la idea de no haber tenido un baile de cuento de hadas contigo después de una ceremonia cursi, llena de flores y de todas las sonrisas de nuestros amigos. Mi Yuri, sé que esas cosas siempre te han gustado y yo quiero hacer ese sueño realidad para ti. Sí, sé que todos dicen que somos jóvenes aún pero estoy seguro de que no querré separarme de ti, no puedo hacerlo. Así que, como estoy seguro de que nuestra vida será un camino que recorreremos juntos, Yuri, mi amado Yuri ¿quieres hacerme el honor de tener una boda cursi como los cuentos de hadas mandan a mi lado? ¿Puedo ser el inicio de tu "felices para siempre"?

Mis ojos azules se perdieron en aquel intenso chocolate por un largo rato. Aquella era una pregunta que incluía también una promesa que yo quería cumplir de todo corazón. Sonreí con calma y aunque no recibí una respuesta inmediata, no estaba asustado. Los ojos de Yuri estaban llenos de un alegre desconcierto que sin embargo, me decía que él estaba a punto de desmayarse de felicidad.

—Ábrelo…— le dije poniéndolo en sus manos la caja con las joyas que mi madre me había regalado para los dos lo que parecía ser una eternidad antes de ese día, esas joyas que Yuri no había querido aceptar el día en el que estúpidamente quise alejarme de él—. Aleshka quería que los dos lo tuviéramos estos anillos porque ella pudo notarlo Yuri: no podemos separarnos así que claro mi amor, claro que quiero estar contigo en más días especiales como este…

Yuri sonrió y contempló las joyas con adoración, mientras que yo, en lo más profundo de mí, trataba de contener mi propia emoción.

— ¿De verdad podemos tener una boda cursi como siempre soñé? — dijo él al fin.

—Una o doce, las que tú quieras… — dije yo haciéndolo reír.

—Una es suficiente, solo quiero que sea contigo — dijo él y yo puse el anillo en su dedo haciéndolo sonreír con la fuerza de un sol de mediodía.

—Mi Yuri, me haces tan feliz. Ahora, ven conmigo. En mi familia, cuando una nueva pareja se compromete se supone que los dos nuevos prometidos deben descender la escalera de esta mansión a las nueve de la noche— le dije yo y los dos comenzamos a bajar los escalones con gracia—. Los dos debemos saludar a todos los presentes y aceptar tarjetas de presentación y costosos regalos. Después de todo eso, es nuestro deber ir al centro del salón. Los dos bailaríamos lentamente y todos los demás nos observaba rían girar.

— ¿Y ahora bailarás conmigo?— dijo Yuri cuando los dos alcanzamos el centro del salón.

— ¿Me permites este baile, Yuri Nikiforov-Katsuki?— dije yo con coquetería—. Eres el hombre más guapo en el salón y mi prometido, y si este salón estuviera lleno de gente, todos nos apremiarían a bailar juntos.

—Bailaré contigo, Victor Nikiforov-Nikiforov— dijo él riendo divertido—. Porque aunque hacemos todo al revés, de verdad cuando es a tu lado, todo me parece perfecto…

Me reí de las palabras de Yuri y lo atraje a mis brazos mientras el salón se llenaba de la música alegre y sencilla de una canción que le escuché cantar a Seung Gil Lee en una de sus presentaciones en la Academia Feltsman, y es que, cuando la escuché por primer vez, pensé que sería divertido bailarla con Yuri algún día.

Mi voz llenó la estancia, mi canción era un eco de lo que estaba sintiendo en ese justo instante: sentía que amaría a Yuri toda mi vida, sentía que cuando fuéramos viejos los dos escucharíamos la canción que estaba cantando ahora y nos sonreiríamos el uno al otro diciendo "¿Lo ves? Nos amamos desde que teníamos dieciocho años, vamos a seguir amándonos mil años más, mil vidas más, te amaré como te amé desde el primer día"

Los dos nos movíamos despacio aunque la música era animada e invitaba a mover el cuerpo. Pero ahí, con Yuri entre mis brazos, era necesario que el tiempo transcurriera lento, sus manos en las mías, sus ojos perdidos en mi mirada, mi voz uniéndonos, haciéndome creer que la palabra separación no existiría entre los dos:

Tengo un alma y tengo un corazón, créeme los dos viven por ti.

Tuvimos un inicio extraño, parecía falso, lo sé.

Querido, no quiero sentirme solo.

Así que bésame mientras estamos aquí el uno al lado del otro, mientras mis manos acarician tus mejillas.

Hemos tenido un largo viaje desde el patio de juegos.

Te he amado desde que tenía dieciocho, incluso desde antes que los dos quisiéramos lo mismo: amar y saber lo que era ser amado.

Y siempre te diré que estos brazos fueron hechos solo para sostenerte.

Y siempre te amaré del mismo modo en el que te amo ahora que tenemos dieciocho años.

Yuri sonreía con calma, nuestros cuerpos giraban bajo los intensos destellos del candelabro. Sus ojos me guiaban, la música hacia vibrar mi sangre y entre los dos, parecían saltar chispas y llamas por doquier. Pegué el cuerpo de Yuri al mío y sus brazos se enredaron alrededor de mi cuello. Podía ver en su mirada que aquella noche no habría tiempo para ir directamente a la comida, quizá la cena vendría después de que el chico al que yo amo y yo hiciéramos magia una vez más con nuestros cuerpos.

Me detuve en medio del salón y con los labios de Yuri sobre los míos, labios sobre los que seguí cantando después de pasear mi lengua sobre ellos, haciendo que Yuri se estremeciera de anticipación, susurré el resto de la canción, prometiéndole a aquel chico en silencio que trataría de cumplir la promesa que antes no había podido sellar, que estaríamos juntos y que el amor que compartíamos ahora en nuestros corazones de 18 años, sería el mismo que compartiríamos en los año venideros porque un amor así, como el vino, sólo podía volverse mejor con el tiempo:

Tomamos la oportunidad, los cielos saben que siempre lo intentamos.

Y a lo largo del camino, siempre supe que estaríamos bien.

Así que brindemos, amor, volemos en medio de la noche.

Y veremos todo aquello que viviré a tu lado en cámara lenta.

Te he amado desde que tenía dieciocho, incluso desde antes que los dos quisiéramos lo mismo: amar y saber lo que era ser amado.

Y siempre te diré que estos brazos fueron hechos solo para sostenerte.

Y siempre te amaré del mismo modo en el que te amo ahora que tenemos dieciocho años.

—Victor…— dijo él cerrando los ojos, abandonándose a la sensación de mis labios besando su cuello, succionando su piel, mis manos pegándose a la suya con ganas de no despegarse de ella jamás.

Yuri temblaba mientras mis dedos lo desnudaban despacio, poco a poco, deteniéndose apenas lo necesario para que mis pasos no tropezaran en mi camino hacia la pared más cercana del salón. Él gemía suavemente, su lengua deshaciéndose en la mía, su saco quedando tirado en el suelo marmoleado del salón, al lado de mi corbata verde que él deshizo hábilmente. Sonreí en medio de nuestro apasionado beso porque parecía que poco a poco Yuri y yo estábamos acoplándonos el uno al otro.

Sabía ahora, por ejemplo, que a Yuri le volvía loco el hecho de que me demorara acariciando la piel de sus pectorales y de su vientre antes de deslizar su camisa de seda por sus hombros. En aquel momento, los dos habíamos alcanzado la pared así que apoyé la espalda desnuda de mi amado sobre el muro y seguí besándolo, pegando mi cuerpo al suyo, sintiendo la dureza de su miembro por encima de la ropa.

— ¿Qué quieres que haga contigo, mi amor?— dije yo hablando a su oído, mis labios deslizándose por su lóbulo derecho, mi lengua entrando a su oído de forma sugestiva—. Dímelo, tus deseos son órdenes esta noche…

—Tócame…— dijo Yuri y volvió a temblar cuando mis manos buscaron el cinturón de su pantalón oscuro y lo abrieron, mis manos introduciéndose por debajo de la ropa, encontrando la caliente erección de mi amado, quién dejó escapar un suspiro satisfecho cuando mis dedos tocaron la piel roja de su pene de forma distraída.

— ¿Así?— dije yo bajando el pantalón por sus piernas de forma suave, mis labios lamiendo la piel de su cuello y descendiendo lentamente hacia sus pezones duros y oscuros.

—Sí…— dijo Yuri con los ojos cerrados y la respiración agitada—. Vitya… tócame despacio, muy despacio… ¡Oh, así! Quiero… quiero sentir tus manos en toda mi piel, quiero que me toques mil veces. Quiero besarte y que muerdas mis labios, quiero sentir tu boca en todo mi cuerpo… quiero…

— ¿Qué me meta en ti?— dije yo bajando por fin su ropa interior, dejando que su pene rebotara en su abdomen.

—Sí…— susurró él y yo me separé un poco de su cuerpo para poder desnudarme—. Te quiero a ti, a ti completamente…

—¿Quieres esto?— le dije, bajando mis ropas con cuidado, lentamente, mirando el adorable sonrojo en las mejillas de Yuri, sus ojos brillando a la par de los destellos de los cristales del candelabro.

Mi ropa caía al piso despacio y Yuri lamió sus labios cuando mis dedos empezaron a jugar con mi erección. Tocaba mi pene con calma, haciendo que Yuri gimiera, quizá, imaginando lo que haría con él a continuación. Los labios de mi amado se entre abrieron dándome a entender que él estaba listo para regalarme placer como siempre lo habían hecho, pero yo no iba a permitirlo. Aquella era la noche de Yuri, yo no quería recibir nada a cambio.

—Ven…— dijo el chico de los ojos color chocolate con voz suplicante— ¡Oh Vitya!

Caminé lentamente, reuniéndome con él en un segundo que se hizo eterno. Yuri me estrechó entre sus brazos, deslizando sus manos desde mi cadera hacia el inicio de mis nalgas. El beso en el que nos fundimos era caliente como el infierno y nuestros miembros, libres por fin de ropa, se acariciaban chocando el uno encima del otro. Yo tomé las manos de Yuri entre las mías, deteniendo la caricia de aquellos dedos sobre mis glúteos y llevé las manos de Yuri por encima de su cabeza, pegándolas a la pared.

Yuri gimió a la vez excitado y molesto porque aquel gesto mío le impedía tocarme, pero yo estaba hablando en serio: aquella noche todo el placer sería para Yuri. Rompí el beso sin separar mi cuerpo del de mi amado, lo miré a los ojos y tomé nuestros miembros en mi mano, acariciándolos al mismo tiempo. Los gemidos de placer de Yuri resonaban por toda la habitación, sus ojos estaban cerrados y sus mejillas más rojas que de costumbre.

Seguí con aquellas caricias por un rato, Yuri se retorcía de placer con la espalda pegada a la pared y una de mis manos sosteniendo las suyas lejos de su piel.

—Vitya…— dijo él en medio de un gruñido—. Tu boca… bésame, bésame y después…

—Después te haré ver estrellas— dije yo soltando nuestros miembros y recogiendo del suelo mi corbata negra.

Yuri suspiró cuando mis dedos dejaron de acariciarlo, y después, de forma rápida, até las manos de mi amado con la corbata y volví a colocar sus manos encima de su cabeza, pegadas a la pared. Yo me concentré después en besar todo el cuerpo de Yuri, de verdad quería cumplir aquel deseo: empecé besando su cara, deteniéndome solo el tiempo justo en sus labios; lamí sus mejillas y dibujé miles de formas en su barbilla y en sus oídos donde mi lengua le hacía cosquillas hasta descender por su cuello, la perfecta curva de sus hombros y sus axilas pobladas de un suave vello que lamí con calma.

El chico de los ojos color chocolate se retorcía aún más bajo la sensación de mi boca recorriéndolo, probándolo. Mordí sus pezones sabiendo que él también quería tocarme, pero yo no iba a permitírselo. Él era el chico del cumpleaños después de todo, y yo sabía que privarlo de la sensación de mi piel bajo sus dedos lo excitaría aún más. Yuri gemía sin pena alguna, sabiendo que me encantaba escucharlo susurrar mi nombre en medio de aquellos sonidos. Mi boca se apresuró a lamer sus pectorales y los suaves pero marcados cuadros de su vientre. Me entretuve jugando con mi lengua en su ombligo, dejé resbalar un poco de saliva por el cuerpo del chico de los cabellos oscuros, saliva que llegó hasta los duros y llenos testículos de mi amado quien sabían muy bien que era lo que seguiría a continuación.

Mis labios dibujaron la línea de vello oscuro que rodeaba el pene erecto de Yuri y me tomé mi tiempo para pasear mi boca por aquel hermoso y rojo eje que palpitaba debajo del contacto de mi lengua húmeda. Después, mis labios rodearon el pene de Yuri y empezaron a descender por él de forma lenta y calculada, mis dedos empezando a acariciar el ano de mi amado mientras mi boca lubricaba su miembro con saliva. Yuri gruñía totalmente extasiado y yo sentía que mi propio miembro iba a estallar de un momento a otro. Pero tenía que concentrarme, tenía que darle placer a Yuri.

—Vitya… quiero tocarte…— dijo Yuri retorciéndose de placer cuando la punta de su pene tocó mi garganta—. Quiero tomar tu cabello entre mis dedos, quiero joder tu boca, quiero… ¡Oh!

Mis dedos se internaban en la entrada de Yuri jodiéndolo despacio, haciéndole olvidar el hecho de que quería tocarme. No, aquello no era posible porque solo yo podría tocarlo aquella noche. Él era mío, estaba a mi merced y aquello, aquello era un regalo para los dos. Mis labios subieron de nuevo por el eje de Yuri y soplé sobre él de forma suave, haciendo que mi amado gritara de satisfacción. Era hermoso ver a Yuri temblando de aquel modo, yo acariciaba su pene con mi lengua y mis dedos seguían abriéndose paso en aquella estrecha y cálida entrada en la que quería hundirme.

—Vitya…— dijo él minutos después, mientras mi boca seguía lamiéndolo y mis dedos preparaban a su cuerpo para tenerme dentro—. Te quiero dentro, vamos amor, te quiero embistiéndome ya…

Aquella era una orden que yo estaba encantado de cumplir. Dejando un suave beso sobre la punta de su miembro, volví a subir por el cuerpo de Yuri y tomándolo por la cintura le di vuelta de modo que su pecho impacto con la pared y su espalda se apoyó contra mi pecho. Empecé a mover mi miembro entre las nalgas de Yuri, haciendo que él deseara cada vez más aquel trozo de carne hundiéndose en lo más profundo de su cuerpo. Yo besaba su nuca y mis manos traviesas tocaban sus pectorales y después, se aferraron a su miembro caliente que estaba a punto de estallar.

—¿Qué es lo que quieres mi amor?— dije yo con la voz grave por la pasión que sentía.

—Sentirte dentro de mí…— dijo Yuri, ofreciéndome sus labios para que yo pudiera besarlos. Acepté la boca de mi amado y mordí sus labios, dejando que él probara su propio sabor en mi lengua.

—¿Cómo quieres que sea?— dije yo mordiendo su cuello después de romper el beso, mis manos sintiéndose resbalosas por todo el pre semen que el miembro de mi amado dejaba salir.

—Duro…— dijo él con las mejillas sonrojadas y pegando más aún sus nalgas a mi miembro.

Aquellas palabras encendieron mi sangre. Era maravilloso como la pasión hacia que Yuri perdiera los pudores y exclamara cosas como aquella en voz alta. Yo sonreí y besando su nuca, me alejé de él solo lo suficiente para poder traer a mí el tubo de lubricante que había guardado en el pantalón de mi traje. Unté con él mi erección, sentía que mi cuerpo estaba a punto de estallar. Yuri me producía todas aquellas cosas, él y su cuerpo pequeño, sus ojos color chocolate nublados por el deseo, sus cabellos oscuros revueltos y sudorosos, aquel ano rosado y caliente, tentándome a meterme en él y cabalgar aquel cuerpo toda la noche.

Acerqué la cabeza de mi pene a la entrada de Yuri y me demoré ahí lo suficiente para hacer que Yuri temblara de anticipación, yo sabía que estaba jugando con él, pero no podía negar que era sumamente placentero. Me hundí en el cuerpo de mi amado de a poco, sintiendo una vez más aquella gloriosa sensación que me presionaba al tiempo que me iba metiendo en aquel chico. Yuri gruñó, yo sabía que después de tantas noches de práctica, mi penetración apenas le causaba dolor a mi amado quien perdió el aliento cuando la piel de mis caderas chocó con su piel.

—Muévete…— dijo él con la voz cargada de lujuria—. Muévete y tócame… ¡Oh Victor, bésame mientras te mueves dentro de mí!

Mi amado no tenía por qué pedir aquello. Apenas las palabras se perdieron en la soledad del salón, comencé a moverme dentro de él, mis embestidas eran lentas, y trataba de tocar el punto aquel en el que Yuri sentiría más placer. Tomé los labios hinchados de mi amado entre los míos y los besé con desesperación. Sus manos seguían atadas, así que él no podía tocarse ni tocarme pero aquello no pudo importarme menos. El placer que me recorría al embestir a Yuri no podía compararse con nada en el mundo, y los gemidos de mi amado me hacían saber que él también estaba llegando al clímax. Él volvió a ofrecerme su boca una vez más y yo la tomé con desesperación al tiempo que mis embestidas se hacían cada vez más rápidas.

Hundirme en Yuri me hacía perder el juicio, por lo que levanté su pierna derecha para tener un mejor acceso a él y las manos atadas de mi amado se anudaron a mi cuello. Yo besaba sus labios sin dejar de joderlo, él gemía, susurraba mi nombre y me pedía más. Aquello era la gloria, así que me dejé ir, derramando mí esencia dentro de Yuri, quien, al sentir mi esperma resbalando por sus piernas, se estremeció una última vez derramándose por completo en mi mano que seguía acariciándolo.

Los dos resbalamos por la pared después de que el estallido de placer nos inundó. Yo no salí de él hasta que nuestros cuerpos tocaron el suelo y él se acostó encima de mí, mirando mis ojos azules con adoración, haciéndome pensar una vez más que yo era el hombre más jodidamente feliz del universo entero.

—Creo que esta es la mejor propuesta de matrimonio de la historia— dijo él deshaciéndose de mi corbata y acariciando después mis labios hinchados y mi cabello plateado totalmente húmedo—. Te amo, Victor, gracias por hacer todo esto por mí…

—Te amo Yuri…— dije yo perdiéndome en sus ojos— no sabes cómo agradezco que hayas llegado a mi vida para no irte jamás…

—Awww…— dijo él conmovido, y a la vez, hablando con un tono de voz travieso—. Creo que el mejor regalo de compromiso de todos, es haber hecho que mi Victor Nikiforov sea un romántico sin esperanza ahora.

—Cállate Katsuki— dije yo sintiéndome sonrojado de pronto, pero sabía que aquella afirmación era cierta—. Tú sabes que sólo puedo ser así contigo.

—Lo sé, Vitya— dijo él besando mis labios con suavidad—.Y estoy agradecido por eso… ¿Sabes algo? No voy a compartirte con nadie, jamás…

— ¿Ah no?— dije yo riendo con calma.

—No— dijo él con seriedad, sus ojos color chocolate centellaban de convicción—. Ya eres mi esposo y ahora que tendremos una boda de verdad, nadie te llevará de mi lado nunca.

Me reí de las palabras de Yuri y él me besó con fuerza, como si hiciera falta dejarme en claro que yo era suyo y de nadie más. Suyo y de nadie más… de verdad lo soy. Y mañana celebraremos esta unión como los dos merecemos que sea, como él lo deseó siempre. Aunque ¿sabes algo? Creo que dentro de mi corazón yo también deseaba un cuento de hadas pero ahora tengo algo mucho mejor que eso: tengo una vida real al lado de Yuri por descubrir, y eso es mejor que cualquier fantasía jamás escrita…


NDA: La canción es 18 de One Direction, la traducción al español es mía. Estamos a dos capítulos de terminar esta historia. Gracias personitas que me acompañaron hasta este punto por su eterna paciencia, me tardé mucho más de lo que pensé con el desarrollo de esta historia pero por fin podré darle un final. Ojalá sigan por acá hasta ese momento :3