Capítulo XXXVIII

Últimos trámites

Habían pasado cuatro meses desde que no veía a Edward, y seis, desde que estuve la última vez con Ethan. Mi vientre estaba más abultado, pero no completamente, sin embargo, debía usar poleras y blusas más anchas que las habituales. La idea era salir "digna" de esta universidad, sin que nadie se enterara, porque para todos los efectos, yo me devolvía a Estados Unidos por una "decisión familiar", nadie, absolutamente nadie, con excepción de Edward y su familia, sabían la verdad.

Esa dulce familia se había portado de mil maravillas conmigo, me tendió la mano cuando más lo necesité, incluso considerando mi situación —que lo más probable era que mi bebé no fuera de Edward—, sin embargo, Carlisle me había conseguido hora con un amigo de él que era el mejor ginecólogo de Londres, quien me revisó y con la sabiduría de un médico de prestigio, me anunció qu, lo más probable, por las fechas, esa cosita que tenía en mi vientre, fuera de Ethan. El doctor, estaba al tanto de todo, por Carlisle.

Edward, como siempre, había sido un ángel, me acompañó en todos mis exámenes iniciales, sin más retribución de mi parte, que una sonrisa y un gracias desde lo más hondo de mi corazón. Lamentablemente, para mi salud mental y la de él, tuve que pedirle que nos dejáramos de ver, porque yo ya me sentía lo suficientemente mal como para seguir aprovechándome de él y su familia. Él me miró con esos dulces ojos de miel, transparentes, bellos y nobles y con una sonrisa dulce respondió.

—Bella, respeto tu decisión… —me dijo emocionado, casi hasta las lágrimas— pero quiero que sepas que eres el amor de mi vida y si en diez años más decides buscarme, yo estaré ahí, esperándote, tan sólo bastará que lo sientas del alma —tomó mi rostro entre sus manos pálidas como la cal y continuó con demasiada convicción— y si te decides por otro…, es mejor que sea Ethan, sé que él te ama tanto como yo, como si fuera la misma alma —sonrió con ternura y me besó la frente.

Quedé absolutamente atónita ante lo que acababa de escuchar ¿Cómo podía ser tan noble? No sabía qué contestarle.

—Edward, bueno yo… no me quedaré con Ethan —sentí demasiada pena.

—No lo sabes aún… —sonrió— Bella sé que lo amas.

Sus ojos me traspasaban el alma y sentía como si una ola de amor puro me envolvía por completo.

—Es cierto… —balbuceé— me voy a devolver a Estados Unidos, mi mamá ya lo sabe todo, y no le quedó más opción que aceptarlo —sonreí sin ganas.

—¿Por qué te vas a ir? —abrió los ojos como platos.

—No puedo quedarme aquí sola, ni siquiera tengo con quién dejar a mi hijo o hija, además, creo que me hará bien.

—Te puedes quedar en mi casa ¡Nos turnamos con mi familia! Créeme que estarán felices, ese niño o niña es parte mía también —dijo entusiasmado y sus ojos ocres se iluminaron.

—No podría Edward, muchas gracias…en serio.

—Sin ningún compromiso —acarició mi cabello con ternura.

—De verdad, no podría… es más te quería pedir algo —mordí mi labio inferior— prefiero que no nos veamos más… por ti y por mí —sentía un nudo en la garganta, pero sabía que era lo correcto.

—No es necesario Bella, yo no te hostigaré —me dijo incrédulo.

No pude evitar sonreír ante sus palabras.

—Jamás me sentiría asfixiada por ti —besé su mejilla para tranquilizarlo— es sólo que en mi territorio estaré más cómoda.

—Bella y si te vas, quiere decir que no se lo contarás… —me dijo incrédulo.

—No, mi relación con Ethan terminó definitivamente hace más de dos meses —sentí que el corazón se me compungía cuando me acordaba de él.

—Perdona Bella, pero creo que eso no es justo —exclamó muy serio.

—No, no puedo hacer eso…

—Mi pequeña —besó mi frente y me abrazó— si necesitas algo, no dudes en llamarme ¡Prométemelo! —insistió.

—¡Uy! Está bien —dije para tranquilizarlo, pero no lo quería hacer por ningún motivo.

—Confío en ti Bella… —su mirada me estremeció por completo, si había alguien en que no se podía confiar era justamente en mí.

—¿Cuándo te quieres ir? —dijo desilusionado.

—En cuatro meses más, ya lo tengo conversando, me cerrarán el semestre antes —respondí segura.

—¡Uf! ¡Qué poco! Te voy a extrañar tanto —apretó mis manos, mientras las acariciaba con sus pulgares— es más, ya te estoy echando de menos —sonrió con tristeza— después de todo, esta es nuestra despedida —estaba muy emocionado.

Sentí caer unas lágrimas en mis ojos y me refregué los ojos para secármelas.

—Mi vida… —sonrió con tristeza, porque sus ojos estaban opacos— te adoro… —me besó la frente y se fue.

Esa noche lloré mucho ¿Cómo le había destruido la vida a dos personas? ¡Qué tonta! Nunca, jamás, tendría dos hombres tan maravillosos a mi lado, sin embargo, los había espantado con mis niñerías y ahora estaba absolutamente sola. Sentía una presión fuerte en el pecho, pero decidí seguir adelante y dejé todo listo para irme en cuatro meses más.

Continué yendo a clases normalmente, dentro de lo que podía, porque las nauseas eran terribles, en cualquier minuto vomitaba, sin mucho control, pero hacia lo posible para ir cumplir con mis obligaciones.

Cada vez que me encontraba con alguien que conocía a Ethan, me escondía, no quería que me vieran, porque se podían dar cuenta: tenía la cara más redonda y el cuerpo, también estaba distinto, casi no tenía cintura, y mis pechos habían crecido, poco, pero ya estaban más abultados.

El último martes antes de irme, fui a la oficina de Asuntos Estudiantiles, me estaban entregando todos mis documentos, porque ya habían cerrado el semestre. El sábado viajaba a las nueve de la noche, ya estaba todo listo y sacramentado. Mi vientre ese día, particularmente, estaba más tenso y abultado y costaba trabajo esconderlo, creo que el Rector lo notó, su mirada fue inquisidora y desconfiada.

—Es una lástima que te vayas… eres tan buena alumna —sobó mi brazo, mientras de reojo observaba mi vientre.

—Sí, problemas familiares —dije algo preocupada, él me miraba demasiado.

—Bueno, si quieres volver, ya sabes, las puertas están abiertas —me dio una gran sonrisa.

—Gracias…

Salí algo agitada por la incómoda situación, incluso sentía que mi rostro hervía por la presión. Tomaba mis carpetas con fuerza, pero iba tan acelerada que choqué con alguien sin darme cuenta ¡Tan torpe como siempre! Y mis papeles ¡Volaron! Le pedí disculpa a la persona, sin mirarla, y me puse en cuclillas rápidamente, para recoger mis documentos. De repente noté que me observaban perplejos.

—¡Isa! —su mirada tenía un toque de incredulidad.

No quería mirar para arriba, esa voz me era familiar.

—¡Isa! —insistió.

Finalmente miré, era ¡Phillip! Con sus rizos dorados desordenados como siempre y la piel rosada.

—Hola —respondí. Noté que me miraba demasiado.

—¿Qué haces aquí? ¿Te mandó a llamar el Rector? —dijo entre risas, pero no quitaba sus ojos de mí.

—No… bueno, vengo a retirar mis antecedentes… —contesté confundida.

—¿A retirar? ¿Por qué? —su tono denotaba preocupación.

—Vuelvo a Estados Unidos… —contesté complicada.

—¿Por qué? —parecía alarmado.

Cuando vi la preocupación de Phillip, no pude evitar acordarme de mi Ethan, no lo volvería a ver nunca más y él ni siquiera se enteraría que sería padre. Mi corazón se comprimió, y sentí que mis ojos estallarían en lágrimas y la pera me empezaba a tiritar.

—Problemas en mi familia —mentí.

—Y ¿Cuándo te vas? Porque si vienes a buscar tus papeles, será pronto —hablaba serio.

—Esta semana —no quise especificar el día.

—Mmmm —exclamó mientras pensaba y me observaba a la vez.

—Sí, es pronto —mi voz se trababa.

Me miró unos segundos, y como jamás pensé, se acercó y me dio un gran abrazo.

—¡Suerte Isa! —me guiñó un ojo, dio media vuelta y se fue, sin antes, volver a echarme un vistazo suspicaz.

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