CastillosdeArena…

Capítulo XXXIX

Noticias atrasadas

Ese sábado en la mañana, como lo hacíamos hace algún tiempo con mis amigos y algunos compañeros de carrera, íbamos a ir a jugar a la pelota, a unas canchas de la universidad que arrendábamos y estaban a una hora de la ciudad. Mi hermana Grace con sus amigas, incluyendo a Eileen, nos hacían barra, en realidad, se quedaban al carrete después del juego, pero eran tardes bastante agradables, al menos me ayudaba a distraerme de pensar en Isa, porque aún la extrañaba y cada vez que su rostro se venía a mi mente, mi pecho se comprimía, y en ocasiones, sobre todo si había tomado extra, incluso me daban ganas de llorar, pero obviamente eso era para mí, nadie me había visto en esa faceta tan mamona.

Nunca en la vida había amado ni amaría a una mujer como lo había hecho con Isabella, aunque todos me consolaban diciendo que "el tiempo lo borra todo", al menos para mí, no se aplicaba, porque día a día, la recordaba como si fuese ayer ¡Aún la amaba! Y sentía que ese sentimiento se iba intensificando, a pesar de no verla y de que ella se hubiese decidido por otro. Las esperanzas se esfumaron por completo, ese día, en que nos juntamos fuera del minimarket y con sus ojos plagados de tristeza me dijo que se había decidido, bueno, en realidad no lo alcanzó a decir, pero por su voz y la expresión de su cara, supe cuál era su veredicto.

Eileen no se cansaba de insistir, a pesar que en mis carretes en estos meses había estado con varias otras, pero ninguna me satisfacía, ella lo sabía, e incluso me había visto. Este último tiempo, andaba con distintas mujeres cada noche, creo que en despecho, pero nada, absolutamente nada se acercaba a hacer el amor con Isa, eran dos cosas diagonalmente opuestas. Con Eileen era imposible que tuviéramos algo, porque aunque nos habíamos acostado, yo no la podía ver como otra cosa que no fuese la amiga de mi hermana, casi hermana mía, pero ella no desistía y yo me había cansado de aclararle la situación.

Ese día tras el partido de fútbol y cuando ya íbamos camino a las duchas, Phillip se acercó a mí, como siempre, casual, una conversación cualquiera, pero, de repente me detuve a mirar su rostro y tenía una expresión distinta, me quería decir algo, pero no se atrevía, estaba inquieto, lo conocía.

–¿Qué pasó? –le pregunté seriamente.

–Pareces mina, tienes ese "sexto sentido", que hablan ellas, desarrollado también –soltó una carcajada, pero seguía nervioso.

–¡Anda! ¡Dime! Debe ser importante, por eso estás así.

–El otro día me encontré con Isa en Asuntos Estudiantiles, venía de conversar con el Rector…

–¿Le habrá pasado algo? –pregunté alarmado, como cada vez que tenía una noticia de ella.

–Mmmm, tiene que haberle pasado, porque se va…

–¿Cómo que se va? –sentí que el corazón se me saldría del pecho.

–Se va… más bien, vuelve a Estados Unidos.

–¿Qué? ¿Ella te lo dijo? –sentía como que estaba en una pesadilla.

–Sí –fue cuidadoso.

–¿Cuándo? –sentía que unas lágrimas me quemaban los ojos.

–Creo que fue el martes o miércoles –dijo indeciso.

–¿Por qué no me lo dijiste antes Phillip? –estaba ensimismado y furioso.

–No sé, pensé que quizás no querías saber de ella… –Phillip sabía que la había embarrado.

–¡Cómo! Tú sabes que ella es lo más importante de mi vida… ¿Cuándo se va? –dije muy alterado.

–No lo sé…, no me dio fecha, pero como ya había retirado todos los antecedentes, creo que esta semana.

–¡ O sea, a lo mejor ya se fue y yo no sabía! Gracias ¡Amigo! –dije furibundo.

Di media vuelta, tomé mi bolso, las llaves, pero cuando me aprontaba a salir, Phillip me detuvo en la puerta.

–¡Para!

–¿Qué m…? –le contesté molesto.

–Eso no es todo –su rostro era de completa confusión.

–¿Cómo? –me detuve en seco.

–Quizás te lleves una sorpresa… –dijo apretando los dientes.

–¿Qué pasó? ¡Dime de una vez por todas Phillip?

–Ella estaba distinta…

–Distinta ¡¿Cómo?!

–Más gordita…

–¿Y? Sal de mi camino ya –lo hice hacia un lado bruscamente y seguí.

–¡Ella está embarazada!

Sentí sus palabras y quedé paralizado, pensé un segundo y volteé.

–¿Qué dices? ¿Estás seguro? –insistí ansioso.

–No ciento por ciento, porque ella no me lo dijo, pero era evidente, además, es muy extraño que se vaya, así, de un momento a otro ¿No crees? Todo coincide ¿no?

Pensé por un segundo ¿Existiría la posibilidad de que fuese mío? Inmediatamente una luz de esperanza se encendió en mi corazón, pero se desvaneció casi de inmediato. Quedé algo en shock, quizás…

Tomé el auto y partí sin decirle nada a nadie. Grace me paró casi en la puerta del auto.

–¿Qué te pasó? –preguntó urgida.

–Después te digo… –subí al auto, cerré la puerta y me fui a toda velocidad.

Creo que iba a más de 180 kms/hrs, pero no importaba, tenía que saber si aún estaba ahí, necesitaba conversar con ella, convencerla de que no se fuera, aunque no estuviera con ella, pero si desaparecía de mi vida, moriría, en serio.

Entre tantas imágenes y noticias, llamé a mi mama –mi nana–, ella me podría disipar algunas dudas.

–Residencia Campbell –contestó ella muy formalmente.

–¡Mama! –dije aliviado.

–Ethan ¿Qué pasó mi niño? ¿Por qué estás tan alarmado?

–Necesito que me aclares una duda ¡Urgente! –insistí.

–Dime –su voz dulce me apaciguaba.

–¿A los cuántos meses se le empieza a las mujeres a notar el embarazo? –lo lancé sin pensarlo.

–Depende, mi niño, es relativo, pero si es mamá ya, puede ser al quinto mes…

–Y ¿Si no? –casi me la comía por teléfono.

–A los seis o siete meses…

–¡Gracias mi vieja querida! –corté antes de que terminara de hablar.

Ese niño podía ser mío ¡Oh, por Dios! ¿Cuánto daría porque fuera así? Sería un pedazo de nosotros dos, de nuestro amor que alguna vez fue. Me fui con el corazón hinchando ¡Existía esa posibilidad! Y yo la amaba aún más…

El camino se hacía eterno, no llegaba nunca a la bendita universidad, hasta que por fin llegué. Estacioné en cualquier lado –a estas alturas un parte daba lo miso–, me bajé del auto corriendo, subí las escaleras y llegué frente a su puerta, sudando y con el pecho apretado. Toqué la puerta ansioso y no salió nadie… sentí que el mundo se me venía abajo, y tenía un nudo en la garganta. Di media vuelta, hasta que escuché mi nombre, de la manera más bella que había oído en la vida.

–¡Ethan! –me llamó con su voz de ángel.

Me di vuelta y cuando la vi, corrí hacia ella y la aprisioné en mis brazos, sentía que mi corazón se saldría, fue cuando noté el detalle que me había dicho Phillip, su vientre chocó con mi parte más baja. La miré y sus preciosos ojos marrones me miraban asustados y respiraba agitadamente. Toqué su cabello y me deleite con sus fibras marrones, enmarañadas, pero suaves.

–Ethan ¿Qué haces aquí?

–Supe que te ibas –dije ansioso.

–¿Phillip? –mordió su labio inferior como lo hacía siempre.

–Sí –coloqué un mechón de su cabello tras su oreja.

Efectivamente su rostro estaba más redondito y sus mejillas más rosadas ¡Se veía aún más hermosa! ¡Cuánto la amaba!

–Mi am…–corregí– Isa, ¿No me pensabas contar que te ibas? –le dije sorprendido.

Sus ojos titilaban, estaban algo rojos, creo que había estado llorando…

–No –respondió decidida.

–¿Por qué? ¿Por esto? –puse delicadamente mi mano en su precioso vientre abultado.

–¡¿Qué?! –casi se salieron los ojos de sus órbitas de la impresión.

–Por favor dime… –acaricié su rostro tibio, espectacular ¡Cuánto había extrañado la tersura de su piel traslúcida!

–No, bueno, en parte… –dijo confundida.

La miré fijamente, ella rehuía mi vista. La tomé por el mentón y no pude evitar preguntarle.

–¿Existe la posibilidad de que sea mío? –tenía esperanza…

–No lo sé… –dijo ella asustada.

Tomé su bello rostro en mis manos y le pregunté otra vez…

–Isa, la verdad por favor… –dije ansioso.

Ella levantó sus ojos llenos de lágrimas y casi en susurros respondió.

–Es lo más probable –fue la frase que más feliz me ha hecho en toda mi vida.

–¿En serio? –dije emocionado.

–Sí.

Quería saltar de alegría ¡Era la mejor noticia de mi vida! Pero ella se iba…

–¿Por qué te vas?

–No puedo mantener la beca con hijo…–sonrió apenada.

–Pero, n… no es necesario que te vayas –sentía que mis palabras se trababan unas con otras.

–Ethan, no quería decírtelo, pero ahora que lo sabes… mi decisión no cambia en nada –dijo fría, pero sus ojos demostraban lo contrario.

–¡Quédate! ¡Por favor quédate! Te lo ruego mi vida –ahora las lágrimas me embargaban a mí, pero necesitaba retenerla.

–No Ethan por favor… no me pidas eso –dijo entre sollozos.

–Yo te cuido, además es mío –la besé en la frente.

–No, me voy en cuatro horas, de hecho, un transfer me pasará a buscar en media hora… –dijo segura.

–No por favor, Isa no te vayas, sin ti, sin ti me muero… –ahora estallé en llanto como un niño, pero la emoción me superó.

–Ethan, no me digas eso… –intentó zafarse de mí, pero no lo permití.

–Isa, ¡Escúchame! Yo te amoooo, eres mi vida, mi amor, tú eres la razón para existir, en todo este tiempo no he dejado de pensar en ti ni un segundo…–dije desesperado.

Isa me miró acongojada. Finalmente se soltó de mis manos, y entró a su habitación, que tantos recuerdos me traía, pero ahora estaba vacía y sólo esperaban un par de maletas. Ella con algo de esfuerzo tomó una y su vientre quedó totalmente en evidencia ¡Qué maravillosa mujer! La amaba ¡No podía permitir que se fuera por nada del mundo!

–Isa, mi vida, no te vayas… –insistía.

–Lo siento tanto Ethan –me dijo llorando.

–Dime… lo que quieras y yo te lo doy, yo me puedo hacer cargo de nuestro hijo, lo amo, tanto como te amo a ti –lo dije del alma.

–Lo sé… –contestó pausada.

–Entonces ¡Quédate conmigo! –le suplicaba– a mí me quedan sólo un año y medio para terminar… tengo mis ahorros… ¡No te vayas mi vida! –estaba enloqueciendo, ella se iría y yo moriría eso pasaba.

–Me tengo que ir –besó mi frente, pero vi el dolor en sus ojos de mi vida.

–Isa no, por favor…

–Perdona por haberte hecho sufrir, pero es lo mejor para todos.

Quedé paralizado. Ella tomó sus maletas y se subió al transfer. Sentí que se me acababa el oxígeno, sin Isa y sin mi hijo no podría vivir.

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